#QuiqueGonzález #TerciopeloAzul #1973Disco #MúsicaEspañola #CanciónDeAutor #NuevoSingle #CulturaPop #CríticaMusical #LanzamientoMusical #CulturaProvisional
Durante un tiempo pensé que Quique González se había rendido a la comodidad de mirar atrás. Su disco anterior, Copas de yate (2023), era una carta de amor a las canciones que marcaron su juventud, un homenaje sobrio, elegante, casi académico. Pero también era una señal de algo que inquietaba: ¿seguía habiendo canciones nuevas en su guitarra? ¿Quedaban versos por escribir o estábamos ante el inicio de un lento fade out?
La respuesta llega en forma de canción, y no una cualquiera: “Terciopelo azul”. Este primer single de su próximo disco, titulado 1973, no solo es un regreso, es una confirmación. Quique sigue ahí, componiendo, cantando, abrazando su identidad con más claridad que nunca. Y lo hace desde un lugar donde la nostalgia no es una trampa, sino una forma de estar en el mundo.
Volver al origen sin repetir el camino
Grabar con banda en directo, sin excesos ni capas innecesarias, no es algo nuevo en su carrera. Pero en Terciopelo azul hay un matiz distinto. El sonido es cálido, redondo, con una producción que huele a madera, a amplis valvulares, a estudio con luz tenue y músicos concentrados. El mérito es compartido: Toni Brunet repite como productor, rodeado de una banda sólida y sin florituras. Edu Olmedo a la batería, Jacob Reguilón al bajo, César Pop en los sintes, Javier Pedreira y Brunet en guitarras, y Raúl Bernal a los teclados. Todos aportan, pero ninguno eclipsa. La canción respira.

El título remite inevitablemente a la película de David Lynch, y aunque no hay relación directa aparente, ese terciopelo oscuro y suave funciona como metáfora perfecta del tono de la canción: algo hermoso, pero con una sombra detrás. La voz de Quique acaricia el texto con una serenidad que ya no necesita impostar dolor. Hay madurez, hay temblor, pero también hay aceptación.
Una canción que entra sin pedir permiso
“Terciopelo azul” no necesita estribillos coreables ni crescendos épicos. Se mueve con la calma de quien ya ha aprendido que las emociones más intensas no hacen ruido. Es una canción de madrugada, de esas que acompañan mientras piensas sin querer en lo que ya no es, en lo que fue pero no supiste ver. Y ahí está su poder: no te agarra, te observa desde la esquina y se deja descubrir poco a poco.
El videoclip, dirigido por Daniel Molina, captura ese espíritu con una estética sobria y muy cuidada. En lugar de grandes metáforas visuales, vemos lo esencial: músicos tocando, grabando, compartiendo. No hay artificio, no hay narrativa forzada. Hay verdad. Y eso, en estos tiempos de sobreproducción y algoritmos, vale oro.
El año en que todo empezó
El disco completo saldrá el próximo 3 de octubre y llevará por título 1973. No es casual. Es el año en que nació Quique González, pero también una época simbólica para la música: Dylan estaba en transición, Lou Reed lanzaba Berlin, y la canción de autor española se debatía entre la censura y la resistencia. Ese título parece anunciar un viaje personal, quizás no literal, pero sí emocional. Como si el artista decidiera, tras 25 años de carrera, hacerse las preguntas más difíciles: ¿quién soy ahora? ¿qué queda de aquel chaval que escribía canciones por necesidad? ¿Dónde está la raíz de todo esto?
Después de tantos discos —algunos brillantes, otros irregulares pero siempre honestos—, Quique parece haberse dado permiso para mirar atrás no con melancolía, sino con propósito. Terciopelo azul es una carta abierta a ese pasado, pero también una declaración de amor al presente. A lo que queda cuando dejas de correr.
Lo íntimo como fuerza creativa
Hay algo profundamente generoso en la forma en que Quique González se muestra en esta etapa. Su voz ya no busca la perfección ni la rabia juvenil. Busca la emoción, la grieta, la pausa. Y esa manera de interpretar se convierte en una guía para el oyente. No tienes que entender la letra al 100%, ni falta que hace. Lo importante es sentir que lo que dice es verdad. Que no hay pose. Que detrás de cada verso hay una experiencia vivida, un pensamiento masticado, una memoria compartida.
Quizá por eso su música no ha sido nunca masiva, pero sí profundamente querida. Quique es de esos artistas que no necesitan un hit viral para llenar salas. Su público no le exige reinventarse cada vez. Le pide otra cosa: seguir siendo él. Y en ese contrato emocional, Terciopelo azul cumple con creces.

Quique no es tendencia. Es hogar.
En un panorama musical donde todo parece diseñado para durar lo que dura un story de Instagram, encontrar una canción como esta es casi un acto de resistencia. No por reaccionaria, no por anclada en el pasado, sino por apostar por lo atemporal. Quique González no suena a 2025, pero tampoco a 1973. Suena a él. Y eso, en estos tiempos líquidos, es un valor enorme.
El anuncio del disco y este primer adelanto llegan en plena gira veraniega, con paradas en festivales como Azkena Rock y fechas en recintos más íntimos. Todo indica que 1973 será un disco para disfrutar en directo, para sentir en carne viva lo que en el estudio ya suena como un susurro potente.
¿Y ahora qué?
Queda esperar al disco completo. Pero si Terciopelo azul es el tono general, nos espera una obra profunda, emocional, sin artificios. Un disco que probablemente no aparecerá en las listas de lo más escuchado en streaming, pero que sí dejará huella en quienes seguimos creyendo en las canciones como refugio, como espejo, como consuelo.
La pregunta no es si volverá a escribir himnos como “Salitre” o “Vidas cruzadas”. La verdadera cuestión es si aún puede emocionarnos sin repetir fórmulas. Y sí: puede. Y lo hace. Con una canción como esta, lo difícil es no dejarse tocar.
Conclusión:
Terciopelo azul no es solo un single. Es una puerta. Una invitación a volver a lo esencial. A recordar que hay artistas que no hacen ruido, pero que suenan más fuerte que nadie cuando se permiten ser vulnerables. Quique González ha vuelto. O quizás nunca se fue. Lo que está claro es que, con esta canción, vuelve a tocar esa fibra que pocos alcanzan. La de la emoción verdadera.
¿Y tú? ¿La has escuchado ya? ¿Qué te hizo sentir? Cuéntamelo. Que al final, la música se completa cuando se comparte.
Deja una respuesta