Ficha Técnica
- Título original: Copshop
- Dirección: Joe Carnahan
- Guion: Kurt McLeod, Joe Carnahan
- Reparto principal: Gerard Butler, Frank Grillo, Alexis Louder, Toby Huss
- País: Estados Unidos
- Año: 2021
- Género: Acción, Thriller
Mi Valoración
★★★★★(2.5 de 5 estrellas)
«En un pequeño pueblo, una comisaría de policía se convierte en el insólito campo de batalla entre un asesino a sueldo profesional, un inteligente estafador y una policía novata que se ve atrapada en el fuego cruzado. Huyendo del letal sicario Bob Viddick, el astuto estafador Teddy Murretto trama un plan para esconderse en un lugar en el que nadie podría alcanzarle: se hace detener y encerrar en una comisaría. Sin embargo, Viddick no es de los que se rinden y la cárcel no será un impedimento para él.»
Crítica: Balas, Sudor y Clichés en una Comisaría Olvidada
A veces, uno no busca la película que le cambie la vida. A veces, solo quieres sentarte, apagar el cerebro y ver a gente dura haciendo cosas duras. Con esa mentalidad me acerqué a «Juego de Asesinos» (o «Copshop», que suena bastante mejor, seamos sinceros). El principal imán, cómo no, era Gerard Butler. Ese actor que parece que nació con una pistola en una mano y un vaso de whisky en la otra, perfecto para papeles de tipo rudo que no se anda con tonterías. Aquí, la promesa de verlo en un rol de «pseudomalo», un asesino a sueldo, era demasiado tentadora. La premisa es sencilla y directa, casi de manual: un estafador (Frank Grillo) se hace arrestar a propósito para escapar de la mafia, solo para descubrir que en la celda de al lado han metido al sicario que lo persigue (Butler). Y por si fuera poco, un segundo asesino, mucho más psicópata, aparece para limpiar el estropicio. Todo ello en una comisaría aislada y con una policía novata como única defensa. Suena a un cóctel explosivo, ¿verdad? Y lo es, aunque con un regusto a algo que ya hemos probado antes, muchas, muchas veces.
La película arranca con fuerza, estableciendo el tono de thriller de acción setentero que el director Joe Carnahan parece adorar. Hay grano en la imagen, una paleta de colores desaturada y un ambiente polvoriento que te transporta a ese cine de tipos duros y diálogos afilados. Carnahan sabe cómo rodar acción. No hay duda de eso. Las escenas de tiroteos son caóticas, viscerales y, sobre todo, comprensibles. No hay mil cortes por segundo que te impidan saber quién dispara a quién. Aquí las balas duelen, los impactos se sienten y el caos se organiza de una manera que resulta entretenida. El problema es que esta premisa, la del asedio a un lugar cerrado, se ha visto hasta la saciedad. Desde «Asalto a la comisaría del distrito 13» hasta «Jungla de Cristal». «Juego de Asesinos» no inventa nada, simplemente coge los ingredientes conocidos, los mete en una coctelera con Red Bull y los agita con violencia. El resultado es una bebida energética que te da un subidón momentáneo, pero que carece de matices y te deja con un ligero dolor de cabeza.
Gerard Butler y Frank Grillo, un duelo de titanes encerrados.
Hablemos de los protagonistas. Gerard Butler cumple con lo que se espera de él. Su Bob Viddick es un profesional, un tipo cansado del negocio pero letalmente eficiente. Tiene carisma, suelta frases lapidarias y sabes que cuando la cosa se ponga fea, él será el último en caer. Es un papel que podría hacer dormido, pero le pone el empeño justo para que funcione. Frank Grillo, otro habitual del cine de mamporros, hace de Teddy Murretto, el estafador escurridizo. Es el contrapunto perfecto a Butler: hablador, cobarde cuando toca y siempre con un as bajo la manga. La química entre ambos, a base de insultos y amenazas a través de los barrotes, es de lo mejor de la película. Sin embargo, y aquí viene la gran sorpresa, la que de verdad se roba la función es Alexis Louder como la agente novata Valerie Young. En un mundo de testosterona y pólvora, ella es el ancla moral y la verdadera heroína. Es creíble como una policía competente pero superada por las circunstancias, mostrando vulnerabilidad, pero también una determinación de acero. Cada vez que aparece en pantalla, eleva el nivel y te hace creer en la situación. Es una pena que esté rodeada de personajes masculinos tan arquetípicos, porque su actuación merecía una película con un guion más pulido.
Y entonces, cuando crees que la dinámica está clara, aparece el verdadero villano: Anthony Lamb, interpretado por un Toby Huss absolutamente desquiciado y maravilloso. Si Butler es un asesino profesional, Huss es un psicópata que disfruta con cada gota de sangre derramada. Llega con su sombrero, su sonrisa de maníaco y un maletín lleno de sorpresas, y convierte la comisaría en su parque de juegos personal. Su actuación es tan excesiva, tan pasada de rosca, que resulta hipnótica. Es el tipo de villano que amas odiar, impredecible y genuinamente peligroso. Cada escena en la que participa es oro puro, y su energía caótica es lo que realmente enciende la mecha de la segunda mitad de la película. Es gracias a él y a la agente Young que la película evita caer en el aburrimiento. Su enfrentamiento es el verdadero clímax, un choque entre el orden y la anarquía pura que te mantiene pegado al asiento, a pesar de que la lógica brille por su ausencia en muchos momentos.
La agente Young, la inesperada heroína en el centro del caos.
No obstante, el guion tiene agujeros más grandes que los que dejan las balas en las paredes de la comisaría. Las motivaciones de algunos personajes son difusas, las decisiones que toman son, en ocasiones, estúpidas, y la policía de todo el pueblo parece haberse ido de vacaciones. Se pide al espectador una suspensión de la incredulidad bastante generosa. ¿Por qué nadie manda refuerzos? ¿Cómo es posible que un solo tipo pueda asaltar una comisaría con tanta facilidad? Son preguntas que es mejor no hacerse si quieres disfrutar del espectáculo. La película funciona a un nivel puramente visceral. Es un chute de adrenalina, un western moderno donde los caballos son coches patrulla y el saloon es una comisaría mugrienta. No hay desarrollo de personajes profundo ni un mensaje trascendental. Lo que hay son diálogos ingeniosos, tiroteos bien coreografiados y un ritmo que, aunque decae en algún momento, sabe recuperarse para el acto final.
En definitiva, «Juego de Asesinos» es comida rápida cinematográfica. No es una comida gourmet, ni siquiera una buena hamburguesa de autor. Es más bien esa hamburguesa grasienta que te comes a las 3 de la mañana y que, en ese preciso momento, te sabe a gloria. Es una película hecha por y para amantes del cine de acción sin pretensiones. La vi por Butler, me quedé por la tensión y la dinámica entre él y Grillo, pero la recordaré por las soberbias actuaciones de Alexis Louder y un Toby Huss que se lo pasa en grande siendo el malo más loco de la función. Es entretenida, sí. ¿Sobrehormonada? También. ¿Pasable? Totalmente. Es el tipo de película que te pones un sábado por la tarde y que olvidas el lunes por la mañana. No aspira a más, y en su honestidad reside su pequeño encanto. Le doy un 2.5 sobre 5, porque aunque el menú es reconocible y algo simple, los ingredientes principales (los actores) están en su punto y consiguen que la experiencia, al menos, no sea insípida.
El caos personificado: una actuación memorable y desquiciada.
Y tú, ¿qué otra película de «asedio en un lugar cerrado» consideras que es imprescindible? ¡Te leo en los comentarios!
Deja una respuesta