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Análisis de La Naranja Mecánica: ¿Obra maestra o clásico sobrevalorado?

Poster La Naranja Mecánica

Ficha Técnica

  • Título original: A Clockwork Orange
  • Año: 1971
  • Director: Stanley Kubrick
  • Reparto: Malcolm McDowell, Patrick Magee, Michael Bates
  • Género: Ciencia Ficción / Drama / Crimen
  • Duración: 136 minutos

Valoración Personal

★★★★☆

(8/10 por su estatus de leyenda)

«Gran Bretaña, en un futuro indeterminado. Alex (Malcolm McDowell) es un joven muy agresivo que tiene dos pasiones: la violencia desenfrenada y Beethoven. Es el jefe de la banda de los drugos, que dan rienda suelta a sus instintos más salvajes apaleando, violando y aterrorizando a la población. Cuando esa escalada de terror llega hasta el asesinato, Alex es detenido y, en prisión, se someterá a una innovadora experiencia de reeducación que pretende anular drásticamente cualquier atisbo de conducta antisocial.»

¿Obra maestra inmortal o un clásico que empieza a oxidarse?

A ver, seamos sinceros desde el principio. Cuando uno se sienta a escribir sobre La Naranja Mecánica, le tiemblan un poco las manos sobre el teclado. Estamos hablando de Stanley Kubrick, estamos hablando de una de las películas más icónicas de la historia del cine, y estamos hablando de una obra que, visualmente, ha marcado a generaciones enteras. Pero aquí estamos, en pleno 2026, y me he propuesto ser honesto con vosotros. Me considero un amante del cine, un «experto amateur» que devora todo lo que le echen, y anoche, por petición expresa de mi pareja que nunca la había visto, le dimos al play de nuevo a esta cinta de 1971. Y tengo que decirlo, aunque me lluevan piedras: la experiencia fue agridulce.

No me malinterpretéis, le he cascado un 4 sobre 5 estrellas (y un 8 en mi escala mental) porque entiendo lo que significa. Entiendo el contexto, la ruptura que supuso en su momento y la valentía de mostrar esa «ultraviolencia» estilizada al ritmo de la Novena de Beethoven. Pero, amigos, hay que reconocer que el tiempo no perdona, ni siquiera a los genios. Lo que en los setenta debió ser un puñetazo en el estómago que te dejaba sin aire, hoy se siente, por momentos, extrañamente teatral. La puesta en escena, tan característica de Kubrick, con esos grandes angulares y esa simetría obsesiva, sigue siendo hipnótica, pero el ritmo… ay, el ritmo se me hizo cuesta arriba.

La naranja mecánica escena bar korova

El icónico Bar Korova, visualmente impactante incluso hoy.

Hablemos de Alex DeLarge. Malcolm McDowell está inmenso, eso es innegable. Esa mirada, esa pestaña postiza en el ojo derecho, esa mezcla de carisma psicopático y vulnerabilidad infantil es lo que sostiene la película. Sin embargo, viéndola ayer, me di cuenta de que muchas de las actuaciones secundarias rozan la caricatura extrema. Y sé lo que me vais a decir los puristas: «Es que es así, es una sátira distópica, tiene que ser exagerado». Vale, os lo compro. Pero hay una línea muy fina entre lo grotesco intencionado y lo que simplemente parece una función de teatro amateur mal dirigida. La escena de la visita del escritor y su mujer, o los «drugos» peleándose en el agua a cámara lenta, se sienten hoy día un poco… ¿tontas? Quizás estamos demasiado insensibilizados por el cine moderno, pero la violencia que se supone debe horrorizarnos, hoy parece coreografía de baile.

Lo que sí que no ha envejecido mal es el debate moral. De hecho, diría que está más vigente que nunca. ¿Tenemos derecho a «curar» la maldad si el precio es anular el libre albedrío? El tratamiento Ludovico sigue siendo una idea aterradora. La segunda mitad de la película, cuando Alex se convierte en una víctima del sistema, es donde la cinta recupera fuerza. Verle indefenso, incapaz de defenderse o incluso de disfrutar de su amada música clásica, te genera esa incomodidad que Kubrick buscaba. Ahí es donde la película justifica su nota alta. Te hace empatizar con un monstruo, y eso es un logro narrativo brutal.

Malcolm McDowell técnica ludovico

La escena de los ojos abiertos: historia pura del cine.

Pero volvamos a la sensación de «vejez». Mi pareja, que es de esas personas que disfrutan del cine pero no se obsesionan con la técnica, se pasó la mitad de la película mirando el móvil. Y eso es el mejor termómetro. «Se me está haciendo larga», me dijo. Y tenía razón. Hay secuencias que se estiran innecesariamente, diálogos que dan vueltas sobre lo mismo y una estética futurista «setentera» que ahora se ve retro-kitsch en lugar de vanguardista (aunque las mesas con forma de mujer desnuda siguen siendo perturbadoras). Es curioso como 2001: Odisea en el Espacio, del mismo director y anterior a esta, parece visualmente más atemporal que las aventuras de estos drugos con bombines.

Técnicamente, el uso de la música electrónica de Wendy Carlos adaptando a los clásicos sigue siendo un punto a favor enorme. Crea una atmósfera de pesadilla sintetizada que encaja como un guante. Pero visualmente, insisto, he notado las costuras. Quizás es que yo también he cambiado, o que el cine ha evolucionado hacia una narrativa más ágil. Ver La Naranja Mecánica en 2025 es un ejercicio de arqueología cinéfila: aprecias el hueso, la estructura, la importancia del hallazgo, pero no es necesariamente una experiencia «divertida» o fluida.

Escena final naranja mecánica

En conclusión, familia, estamos ante un clásico incontestable, sí. Un 8/10 en los libros de historia. Pero si me preguntáis si volvería a verla mañana… la respuesta es no. Ha envejecido regular. Es como ese tío abuelo que cuenta historias fascinantes pero que tarda tres horas en llegar al final de la anécdota. Se merece el respeto, se merece el visionado obligatorio al menos una vez en la vida para entender de dónde viene mucho del cine actual (desde Tarantino hasta Fincher), pero hay que ir preparado para un ritmo y una teatralidad que ya no se estilan.

Si sois cinéfilos empedernidos, la seguiréis defendiendo a capa y espada. Si sois espectadores casuales que buscáis entretenimiento de fin de semana, avisados quedáis: puede que se os atragante un poco esta naranja. Aún así, Kubrick es Kubrick, y solo por la composición de los planos y la mirada de McDowell, el viaje merece la pena, aunque el coche tenga ya el motor un poco gripado.

💬 ¿Y tú qué opinas?

¿Crees que es una herejía decir que ha envejecido mal o estás de acuerdo conmigo en que el ritmo se siente pesado hoy en día? ¡Os leo en los comentarios!

Por qué Training Day sigue siendo el mejor thriller policial del siglo XXI

Póster oficial de Training Day

⚡ Ficha Técnica: Training Day

  • Título original: Training Day (Día de entrenamiento)
  • Año: 2001
  • Dirección: Antoine Fuqua
  • Reparto principal: Denzel Washington, Ethan Hawke, Scott Glenn, Tom Berenger, Harris Yulin, Eva Mendes.
  • Género: Thriller policiaco, Drama, Acción.
  • Duración: 122 minutos.
Valoración CP Cine: ★★★★★ (5/5 OBRA MAESTRA)
« Jake Hoyt (Ethan Hawke) es un joven policía recién asignado a narcóticos en Los Ángeles. Su primer día de prueba lo pasa con el veterano detective Alonzo Harris (Denzel Washington), un agente condecorado cuyos métodos difuminan la línea entre la legalidad y la corrupción. Durante 24 horas intensas en las calles más peligrosas de L.A., Hoyt deberá decidir si las lecciones de Harris son una forma necesaria de supervivencia o un descenso directo al infierno moral. «
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=VQ-SCoyUwfg?si=0MMYoRVw8zPSyoh6]

La jungla de asfalto y el lobo feroz

A ver, gente, vamos a ponernos serios un momento. Soy «CP Cine», y sabéis que veo de todo, desde la serie B más cutre hasta el cine de arte y ensayo más pretencioso. Pero hay días, hay momentos específicos en la vida de un «experto amateur» como yo, en los que te topas con algo que te agarra del cuello, te sacude y te dice: «Esto es CINE, chaval». Y eso, amigos míos, es exactamente lo que pasa con Training Day. No estamos ante otra peliculita de policías y ladrones del montón que ponen un domingo por la tarde. No. Estamos ante una bestialidad, un viaje alucinante de 24 horas por el infierno de Los Ángeles que te deja sin aliento desde el minuto uno hasta los créditos finales. Es, sin exagerar, un peliculón absoluto, un 10 de 10 y una de esas 5 estrellas que doy muy pocas veces. Es una obra maestra del cine policiaco moderno que redefinió el género a principios de los 2000.

La premisa parece sencilla sobre el papel: el policía novato e idealista (Ethan Hawke como Jake Hoyt) tiene su primer día de evaluación con el veterano curtido y de vuelta de todo (Denzel Washington como Alonzo Harris). Hemos visto este esquema de «buddy cop» mil veces, desde Arma Letal hasta Rush Hour. Pero aquí, el director Antoine Fuqua coge ese cliché y lo retuerce, lo ensucia y lo sumerge en un realismo crudo y sudoroso. No hay chistes fáciles, no hay camaradería instantánea. Hay tensión. Una tensión que se puede cortar con cuchillo desde que Hoyt se sube al Monte Carlo negro de Alonzo. El coche, por cierto, es un personaje más; es la guarida del lobo, el trono desde donde Alonzo dicta su ley en las calles. La película te mete de lleno en un L.A. que no sale en las postales, el de los callejones traseros, las bandas, el tráfico de drogas a plena luz del día y la violencia latente en cada esquina.

Denzel Washington y Ethan Hawke en el coche en Training Day

El Monte Carlo: la oficina móvil donde la moralidad se queda en el maletero.

Hablemos del elefante en la habitación, o mejor dicho, del King Kong en la habitación: Denzel Washington. Madre mía. Mira que Denzel tiene papeles icónicos, ha hecho de Malcom X, de abogado luchador en Philadelphia, de piloto alcohólico en El Vuelo… pero lo de Alonzo Harris es de otra galaxia. Es, en mi humilde opinión de consumidor voraz de cine, la mejor actuación de su carrera, y eso es decir muchísimo. Alonzo es un villano fascinante porque no se ve a sí mismo como un villano. Él se ve como el «mal necesario». Su filosofía es brutal pero, en el contexto de la película, casi tiene sentido: «Para proteger a las ovejas, tienes que ser un lobo». Denzel te vende esta filosofía con un carisma arrollador. Es aterrador, es seductor, es impredecible y es absolutamente magnético. No puedes apartar los ojos de él. La forma en que manipula a Hoyt, cómo se mueve por los barrios más peligrosos como si fuera el dueño del cortijo (que en cierto modo lo es), y cómo suelta frases lapidarias que ya son historia del cine, es un espectáculo actoral de primer nivel. El Oscar que ganó no fue regalado, fue ganado a pulso en cada escena.

Pero para que un personaje como Alonzo brille tanto, necesita un contrapunto perfecto, y ahí es donde Ethan Hawke merece un aplauso monumental. Es fácil quedar eclipsado por el huracán Denzel, pero Hawke aguanta el tipo de forma increíble. Su Jake Hoyt es nuestros ojos en la película. Es el tipo bueno, el que cree en las reglas, el que quiere «servir y proteger» de verdad. Ver cómo Alonzo va desmantelando sistemáticamente la inocencia y los principios de Hoyt es doloroso. Hawke transmite perfectamente esa lucha interna, el miedo, la confusión y, finalmente, la desesperación de darse cuenta de que está atrapado en una trampa mortal diseñada por su propio mentor. La química tóxica entre los dos es el motor de la película; es un duelo interpretativo de titanes, una partida de ajedrez donde uno juega con las piezas blancas y el otro ha quemado el tablero.

La película no solo se sustenta en sus dos protagonistas. El guion de David Ayer (que sabe un par de cosas sobre las calles de L.A., ya que creció allí) es una bomba de relojería. Está estructurado de tal manera que la presión nunca deja de aumentar. Cada parada que hacen a lo largo del día es más peligrosa y moralmente ambigua que la anterior. Desde incautar drogas a unos camellos de poca monta hasta enfrentarse a situaciones de vida o muerte en territorios controlados por bandas reales (sí, Fuqua usó a miembros de bandas reales como extras para darle autenticidad, y se nota). El realismo es sucio. No hay filtros embellecedores. El calor de Los Ángeles traspasa la pantalla, casi puedes oler el asfalto caliente y el peligro. Los secundarios, incluyendo cameos de lujo de músicos como Dr. Dre, Snoop Dogg o Macy Gray, lejos de distraer, añaden una capa más de textura a ese mundo urbano y caótico que Alonzo dice controlar.

Escena de tensión en Training Day con armas

La tensión es constante: en este «día de entrenamiento», un error te cuesta la vida.

Lo que hace que Training Day sea una obra maestra y no solo una buena película de acción es su profundidad temática. Es una exploración brutal de la corrupción, no solo la corrupción monetaria (que la hay, y mucha), sino la corrupción del alma. Plantea preguntas incómodas: ¿Hasta dónde estamos dispuestos a dejar que lleguen los «buenos» para detener a los «malos»? ¿El fin justifica los medios cuando los medios implican convertirse en aquello que juraste combatir? Alonzo Harris es el resultado extremo de un sistema roto. Él ya no distingue el bien del mal; solo distingue el poder y la supervivencia. Ha cruzado tantas líneas rojas que ya no ve la línea original. Y la película nos obliga a mirar ese abismo. Hay momentos en los que, como espectador, casi te encuentras del lado de Alonzo, seducido por su lógica retorcida, hasta que hace algo tan monstruoso que te devuelve a la realidad de golpe.

Tengo que mencionar un par de escenas clave sin destripar demasiado, porque si no la habéis visto (¿en qué cueva habéis estado viviendo?), tenéis que experimentarlas vírgenes. Hay una escena en particular, que involucra una partida de cartas en una casa en el barrio de «The Jungle», que es una clase magistral de tensión cinematográfica. Sabes que algo va mal, los personajes lo saben, el ambiente es irrespirable, y cuando todo estalla, es de una violencia seca y realista que te hiela la sangre. Y luego está el clímax final. No es la típica persecución de coches con explosiones gigantescas al estilo Hollywood. Es un enfrentamiento crudo, físico y desesperado. Es el momento en que el alumno tiene que decidir si usa las herramientas del maestro para sobrevivir, o si mantiene su integridad aunque eso signifique morir. La resolución es perfecta, cerrando el círculo de este día infernal de una manera satisfactoria pero amarga.

En resumen, como vuestro fiable «experto amateur», os digo que Training Day es de visionado obligatorio. Ha envejecido increíblemente bien. De hecho, en el mundo actual, sus temas sobre el abuso de poder policial y la desconfianza en las instituciones quizás resuenen aún más fuerte que en 2001. Es una película que te entretiene, sí, pero también te golpea el estómago y te hace pensar. Es cine con mayúsculas, con actuaciones que definen carreras y una dirección que te sumerge en un mundo que preferirías no conocer en la vida real. Si te gusta el thriller, el drama intenso o simplemente ver a dos actores en estado de gracia dándolo todo, no busques más. Alonzo Harris te está esperando para darte una lección que nunca olvidarás.

Primer plano de Denzel Washington como Alonzo Harris

El rostro de la corrupción: Denzel Washington en la actuación de su vida.

🔥 El debate de CP Cine 🔥

«¿King Kong no tiene nada que hacer conmigo?»

Después de ver la película, sed sinceros: ¿Creéis que los métodos de Alonzo son, en algún punto, necesarios para combatir el crimen real, o es simplemente un villano corrupto sin redención? ¡Os leo en los comentarios!

American Psycho: ¿Mito o Decepción?

American Psycho: ¿Mito o Decepción?

Poster American Psycho Patrick Bateman

🎬 Ficha Técnica

  • Título original: American Psycho
  • Año: 2000
  • Dirección: Mary Harron
  • Protagonista: Christian Bale (El inigualable)
  • Género: Thriller / Sátira negra / Terror
⭐⭐⭐☆☆ (3 de 5 estrellas – Salvada por Bale)
«Patrick Bateman es un yuppie de Wall Street obsesionado con el éxito, el estatus y el estilo. Sin embargo, detrás de su impecable rutina de cuidado personal y sus trajes de diseño, esconde una psicopatía asesina que se descontrola a medida que pierde la conexión con la realidad en la Nueva York de los años 80.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=d1QmQsRD9_w?si=kIxZr0Zgt11PhHGe]

A ver, voy a ser totalmente sincero con vosotros. Sabéis que consumo cine como si no hubiera un mañana y que, por norma general, Christian Bale es para mí una especie de deidad de la actuación. El tipo se transforma, se deja la piel y suele elevar cualquier cinta en la que participa. Sin embargo, me he sentado a ver American Psycho a principios de este 2025, con toda la fama que arrastra, con todos los memes de «Sigma Male» inundando internet, y el resultado ha sido… bueno, me ha dejado más frío que la mascarilla facial que se pone Patrick Bateman por las mañanas.

Quizás el problema sean las expectativas. Cuando ves una película de la que todo el mundo habla, esperas que te vuele la cabeza. Pero lo que me he encontrado es una obra que, si le quitas la actuación magistral de Bale, se queda en un ejercicio de estilo un tanto hueco. Sí, entiendo que esa es precisamente la intención de la sátira: reflejar el vacío existencial de los yuppies de los 80, esa gente preocupada más por el grosor de su tarjeta de visita que por la vida humana. Pero entender el mensaje no significa que la película me haya entretenido o impactado como esperaba.

Patrick Bateman con hacha

Esa mirada lo dice todo, y Bale lo borda, pero la trama no acompaña.

Hablemos de Christian Bale. Es lo único que realmente salva los muebles aquí. Su compromiso con el personaje es brutal. La forma en que cambia su expresión de una sonrisa falsa y encantadora a una mirada de depredador absoluto en microsegundos es digna de estudio. Hay escenas donde brilla con luz propia, como el famoso monólogo sobre la música pop antes de cometer una atrocidad. Ahí ves al actorazo que es. Pero siento que la película abusa de su carisma para tapar agujeros narrativos que, a día de hoy, se sienten torpes.

Lo que no me ha gustado nada es el tono. Se mueve en una línea muy fina entre el terror slasher y la comedia negra absurda, y para mí gusto, no termina de cuajar en ninguno de los dos lados. Hay momentos que deberían ser tensos y resultan ridículos (y no de la forma divertida), y momentos que deberían ser sátira mordaz y simplemente se sienten aburridos o repetitivos. Esa desconexión me sacó de la película varias veces. Estaba viendo la pantalla y pensando: «¿Se supone que tengo que reírme o asustarme?». Y al final, no hice ninguna de las dos cosas.

Christian Bale fumando puro American Psycho

Luego está el tema del desenlace y la trama en sí. Sin querer hacer grandes spoilers para el que (como yo hasta hace poco) no la haya visto, el final me pareció frustrante. Entiendo la ambigüedad, entiendo el juego de «¿fue real o fue todo imaginación?», pero la ejecución me pareció floja. Me dio la sensación de que la película no sabía cómo cerrar todo el caos que había generado y optó por la salida más pretenciosa posible. Me quedé mirando los créditos pensando: «¿Ya está? ¿Para esto me he tragado dos horas de narcisismo?».

Creo sinceramente que American Psycho se ha hecho famosa por el meme. La imagen de Bateman con los auriculares, o la escena de las tarjetas de visita, son perfectas para clips de 15 segundos en TikTok o Instagram. Han creado una mitología alrededor del personaje que la película no logra sostener por sí misma. Muchos adoran la *idea* de Patrick Bateman, esa figura extrema y nihilista, pero dudo que disfruten realmente de la narrativa errática de la cinta completa. Es un icono pop vacío, irónicamente, tal y como el personaje querría.

Escena American Psycho Christian Bale

La estética es impecable, eso no se lo niego.

En definitiva, es una película visualmente limpia, con una actuación estelar de un Bale jovencísimo que ya apuntaba maneras de leyenda, pero que narrativamente hace aguas. No he conectado con su humor, su violencia me ha parecido a ratos gratuita sin aportar mensaje real, y su conclusión me dejó esa sensación de tiempo perdido. Quizás soy yo, que esperaba un thriller psicológico más sólido y menos una galería de arte moderno salpicada de sangre. Se deja ver, pero si buscas profundidad real más allá de la crítica social obvia al materialismo, aquí no la vas a encontrar.

¿A ti también te pareció sobrevalorada?

Se habla mucho de esta peli en redes, pero quiero saber la verdad. ¿Crees que es una obra maestra incomprendida o solo una fuente de memes con un gran actor?

¡Déjame tu comentario abajo, que os leo a todos!

Análisis de «Era de idiotas», el libro que explica por qué tu vecino te cae mal.

Portada Reseña Era de Idiotas CP Cine

Ficha Técnica

  • Título: Era de idiotas: Educar en la confianza para crecer en sana convivencia
  • Autor: David Pastor Vico (@granvico)
  • Editorial: Ariel / Planeta
  • Género: Ensayo / Filosofía práctica
  • Valoración CP Cine: ★★★★☆ (4.5/5)
Veredicto del Experto Amateur: ★★★★½ «Un abrazo asfixiante pero necesario»

En resumen…

Vico nos habla de la dualidad de la educación de antaño y de ahora y de cómo se están perdiendo los valores de grupo por una sociedad individualista y competitiva acérrima.

Vico en acción (Dale al play)

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=bbxKq9ymko4?si=9wGnsCv4p8cWmUny&w=560&h=315]

*Contexto visual para entender el tono del libro.

Crítica: La bofetada filosófica

He leído el libro de David Pastor Vico (@granvico) «Era de idiotas: Educar en la confianza para crecer en sana convivencia» y he de reconocer que ha sido como un abrazo asfixiante. Ya sabéis, un abrazo de alguien que te quiere bien pero que no mide la fuerza. Un gesto rudo, pero necesario, siempre necesario. En mi época decían (y esto va totalmente contra el criterio pedagógico moderno y del propio libro) «que una buena ostia a tiempo evitaba muchas más». Y qué razón tenían haciendo la analogía con este abrazo asfixiante a modo de ensayo del señor Pastor. No es violencia, es despertar. Es sacudirte el polvo de la tontería moderna.

David Pastor Vico

Vico: el filósofo que no te regala el oído, te lo retuerce para que escuches.

El libro podría resumirse en un «quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos» como dirían los míticos Siniestro Total. Pero aquí viene el problema: lejos de llegar a galaxias lejanas y avanzadas tipo Star Wars, donde al menos hay sables de luz y rebeliones organizadas, estamos más en la órbita de la película Idiocracia. Y mira que en esa película ellos inventaron los viajes en el tiempo… Que ya es decir para el mochuelo de sociedad que nos está quedando a nosotros. Nos estamos convirtiendo en una parodia de nosotros mismos, regando las plantas con bebidas energéticas porque «tienen electrolitos», metafóricamente hablando.

Escena de la película Idiocracia

¿Ciencia ficción o documental del futuro próximo?

Vico nos habla de la dualidad de la educación de antaño y de ahora y de cómo se están perdiendo los valores de grupo por una sociedad individualista y competitiva acérrima. Pone un foco brutal sobre la infancia y el juego y de cómo se ha perdido la calle. Este es un tema que, como terapeuta ocupacional —que es a lo que me dedico cuando no juego a ser crítico de cine— me encanta y me preocupa a partes iguales. Ese aislamiento de los niños, cada vez más de puertas para adentro de las últimas décadas, puede afectar drásticamente en el día a día. Estamos criando unas generaciones que, con recursos cada vez más limitados, buscan más su propia autocomplacencia inmediata que el bien común. El «nosotros» se diluye en un mar de «yos» gritando en redes sociales.

Por otro lado, el libro nos enseña ese famoso concepto de los «otros». Ese enemigo invisible que, puede que como causa o consecuencias según quien lo lea, nos está llevando a ese egocentrismo. Un individualismo absoluto que, si la ciencia es lo que vende (la evolución premia la cooperación, no el egoísmo estúpido), nos llevará al fracaso más absoluto como especie. No es pesimismo, es biología básica aplicada a la sociología: si no colaboramos, nos extinguimos o nos volvemos irrelevantes.

Yo lo recojo fundamentalmente como un libro de educación obligatorio para padres jóvenes. Pero también es un libro de advertencia roja para abuelos, padres y noveles. Y ojo al matiz de clase: es un libro pensado sobre todo para la clase media hacia abajo. Entendido al «rico» como lo entiende Vico: como ese porcentaje mínimo que controla el máximo del planeta y que vive en otra realidad. Para el resto, para los que madrugamos y peleamos la nómina, este libro es el manual de instrucciones que perdimos al nacer.

Niños en Independence Day

Esperando a los aliens… o el fin del mundo tal como lo conocemos.

En definitiva, «Era de idiotas» es una bofetada en la cara sobre la sociedad en la que nos hemos convertido. Y, siendo negativos —o realistas—, seguiremos siendo sin mucho esforzarse en imaginarlo. Olvidaos de esa imagen heroica de las naciones del mundo unidas de Independence Day luchando contra los alienígenas. Si eso pasara hoy, nosotros seríamos ese corte de minuto y medio de la película de los que… bueno, o no se creían nada y morían por idiotas, o los que intentaban ceder ante una raza superior para salvar su propio pellejo y morían igual. Como diría Mark Rutte (Secretario General de la OTAN): «Sí Papa…» A Donald Trump…. Una lectura imprescindible si quieres entender por qué el mundo gira a veces al revés.

🤔 Debate Amateur

«¿Crees que el individualismo nos hace más fuertes o simplemente más fáciles de romper? ¿Somos la generación de Idiocracia?»

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El origen del mal: Reseña completa de la temporada 1 de Welcome to Derry

Poster Welcome to Derry

Ficha Técnica

  • Título: IT: Welcome to Derry
  • Plataforma: HBO Max
  • Género: Terror / Drama / Sobrenatural
  • Basado en: La obra de Stephen King
  • Estado: En emisión (Temporada 1)
★★★★★

9 de 10 – «Sublime pesadilla»

«

Ambientada en la década de 1960, años antes de los eventos de ‘IT: Capítulo Uno’ (2017), esta precuela explora los orígenes de la maldición que asola la pequeña ciudad de Derry, Maine, y el despertar de la entidad cambiaformas conocida como Pennywise. Mientras las tensiones raciales y sociales hierven en el pueblo, un grupo de inadaptados comienza a descubrir que la historia de su hogar está escrita con sangre.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=SXeHztWl0Ec?si=43SJKzagqZhvC9fh]

El retorno del Rey (del terror) a Derry

He de reconocer que últimamente, aunque consumo como loco series y películas, así como libros, no estoy muy al tanto de lo que se estrena. Vivimos en una era de saturación absoluta, con una cantidad ingente de material pendiente de ver, listas de «ver más tarde» que parecen pergaminos infinitos y estrenos que te atropellan sin avisar. Muchas veces me encuentro con las cosas de sopetón, casi por accidente, y eso es exactamente lo que me pasó un día bicheando por HBO Max (o Max, como quieran llamarlo ahora) sin rumbo fijo. De repente, ahí estaba: tres episodios ya disponibles de IT: Welcome to Derry.

Os seré sincero, porque aquí estamos entre amigos y no soy ningún crítico de esos de monóculo y pipa. Esos tres primeros episodios me costaron. Quizá fue el momento en el que los vi, un martes cualquiera después de trabajar, con la cabeza en mil sitios. No estaba yo muy fino ni centrado, y el ritmo inicial me pareció denso, cargado de una atmósfera que requiere paciencia. Estuve a punto de dejarla aparcada en ese limbo de «series que empecé y no terminé», pero algo me llamó. Volví a ponerme el segundo y el tercero días después, con otra mentalidad, para reengancharme de cara a la mid season y el final de temporada. Y madre mía, menos mal que lo hice.

Escena de la serie Welcome to Derry

La ambientación de los 60 es, sencillamente, otro personaje más.

He de reconocer también que Pennywise tiene algo que me atrae de una forma fatal. Es esa relación tóxica que tenemos los fans del terror con nuestros monstruos favoritos. Lo odiaba de pequeño, con un miedo visceral que me impedía acercarme a las alcantarillas, y lo admiro de adulto. Pero ojo, es una admiración desde la distancia, muy de «te admiro, sí, eres un icono, pero por si acaso no te pienso mucho antes de dormir no vaya a ser que sueñe contigo». Y es que el payaso de Derry es, cuanto menos, inquietante. En esta precuela, que se toma la libertad (y el acierto) de explicar parte de su origen y su ciclo de alimentación en una época distinta, nos han dejado claro algo fundamental: Pennywise no es un «antihéroe» ni un villano comprendido. Es el mal.

Siempre he pensado que, en el panteón de los monstruos modernos, hay clases. Tienes a Jason, que es una fuerza bruta; tienes a Michael Myers, que es la maldad sin rostro. Pero Pennywise… Pennywise juega en la liga de los que disfrutan. Junto a Freddy Krueger, el payaso es uno de los malos de verdad, de los que se regodean en el dolor ajeno, que hacen chistes crueles antes de arrancarte el brazo. La serie recupera esa crueldad juguetona y la eleva. No es solo susto por susto (que los hay, y muy buenos), es la sensación constante de que algo está mal en el pueblo, de que la tierra misma está podrida.

No voy a profundizar mucho en la trama específica de la serie ya que la idea es que la veáis sin spoilers, pero de verdad… qué sublime gozada de producción. HBO rara vez falla en los valores de producción, pero aquí se han lucido. La fotografía es sucia cuando debe serlo y preciosista en los momentos de calma tensa. Juega con los colores saturados de los años 60, pero siempre con ese filtro enfermizo que te recuerda que estás en Derry. Y la música… ay, la música. Esos violines chirriantes y los silencios incómodos acompañan perfectamente a los cortes de edición, que son bruscos, agresivos, diseñados para mantenerte en tensión.

El terror en Derry

No solo es el payaso, es lo que el payaso hace a la gente.

Pero si algo sostiene una historia de Stephen King, incluso cuando King no es el guionista directo, son los personajes humanos. Los niños. Esos niños rotos que tienen que enfrentarse a cosas que los adultos prefieren ignorar. El casting es espectacular. Te crees su miedo, te crees su amistad forjada en la desgracia. Hay una química entre los protagonistas que recuerda a la magia del «Club de los Perdedores» original, pero con sus propios matices, sus propios demonios y un contexto social muy potente que la serie no tiene miedo de explorar.

Es curioso cómo una precuela, de la que en teoría ya sabemos el final (o al menos sabemos que el monstruo sigue vivo años después), logra mantener la tensión. Y eso es mérito de la escritura. Nos importa quién vive y quién muere, aunque sepamos que Derry seguirá maldita. La construcción del lore alrededor del pueblo es fascinante, ampliando lo que vimos en las películas de Muschietti sin traicionar la esencia del libro. Se siente como una novela visual, densa, rica en detalles, de esas que te piden pausar para mirar el fondo de la escena.

Para ir cerrando, porque podría estar horas hablando de la estética del payaso y de cómo han logrado que vuelva a dar miedo incluso a los que ya tenemos una edad. Si sois fans del universo de IT, si os gusta el terror que se cocina a fuego lento pero que explota con violencia cuando menos te lo esperas, tenéis que verla. Dadle una oportunidad si el primer capítulo se os hace bola, creedme, la recompensa merece la pena. Es una carta de amor al género y una demostración de que las series de terror pueden ser televisión de prestigio.

Pennywise acechando

La pesadilla ha vuelto a casa.

Para mí, sin duda es un 9 de 10 y un rotundo 5 estrellas de puntuación. Merecida reputación y esperando ver si hay algo más allá del final, porque con este nivel de calidad, yo estoy dispuesto a flotar las temporadas que hagan falta. No dejéis que se os escape entre el mar de estrenos, pescadla y disfrutad del miedo.

🎈 ¿Tú también quieres tu globo?

¿Has visto ya la serie? ¿Crees que supera a las películas o el libro es intocable? ¡Cuéntame en los comentarios si te ha dado tanto miedo como a mí!

OBEDECE Y CONSUME: La sátira política detrás de los aliens de Están Vivos

Poster Están Vivos John Carpenter

Ficha Técnica

  • Título original: They Live
  • Año: 1988
  • Dirección: John Carpenter
  • Reparto: Roddy Piper, Keith David, Meg Foster
  • Género: Ciencia Ficción / Terror / Sátira
Valoración del «Experto Amateur»: ★★★★☆ (3.5/5)
Nota numérica: 6/10
«Un trabajador nómada encuentra unas gafas de sol que le permiten ver el mundo tal y como es. Al ponérselas, descubre que las vallas publicitarias y los medios de comunicación esconden mensajes subliminales de obediencia y consumo, y que la clase dirigente está compuesta por alienígenas de aspecto cadavérico que pretenden dominar a la humanidad.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=ampNU-oYGZQ?si=KB23iZwx2353OOIB]

Gafas de sol, alienígenas y la cruda realidad

Jamás pensé que una película de este calibre, con estos efectos especiales tan desfasados, me haría reír tanto 37 años después. Pero así es el cine de John Carpenter: una delicatessen, un café para muy cafeteros del género sci-fi que, si entras en su juego, te regala una experiencia inolvidable. Están Vivos (o They Live para los puristas) es esa joya de 1988 que ha envejecido de una forma extraña: visualmente es hija de su tiempo, pero temáticamente parece que se escribió ayer por la tarde mirando Twitter (o X, o como se llame ahora).

No soy ningún crítico de la academia, solo un tipo que consume cine como si se fuera a acabar el mundo, y desde mi humilde sofá de «experto amateur», tengo que decir que esta película es una genialidad disfrazada de serie B. La premisa es tan absurda como brillante: un obrero de la construcción, interpretado por el inmenso (literalmente) Roddy Piper, encuentra una caja de gafas de sol en una iglesia abandonada. Hasta ahí, todo normal en el universo de lo raro. Pero cuando se pone las gafas, el mundo cambia. El color desaparece y la verdad se revela en blanco y negro.

Escena Están Vivos visión gafas
Cuando te pones las gafas y ves que tu revista favorita solo quiere que obedezcas.

Aquí es donde entra el concepto de la «Pseudo-Matrix» ochentera. Mucho antes de que Keanu Reeves esquivara balas en cámara lenta, Carpenter ya nos estaba diciendo que la realidad no es lo que parece. Sin ordenadores cuánticos ni trajes de cuero ajustados, Están Vivos nos planta una invasión alienígena silenciosa. No vienen con naves gigantes destruyendo la Casa Blanca; vienen con trajes caros, relojes de oro y puestos directivos. Los aliens han invadido la Tierra a través del capitalismo salvaje. Al mirar a través de las lentes, los carteles de publicidad ya no venden ordenadores o vacaciones, sino que gritan órdenes directas: «OBEDECE», «CONSUME», «CÁSATE Y REPRODÚCETE», «NO PIESES». Es una crítica social tan directa y sin sutilezas que resulta refrescante en estos tiempos donde todo el cine intenta ser políticamente correcto o excesivamente complejo.

Lo que hace que esta película sea una experiencia tan divertida es su honestidad. Sabe que es una película de acción barata y lo abraza con fuerza. Los efectos especiales de los alienígenas, con esas caras de calavera azulada y ojos saltones, hoy en día parecen máscaras de Halloween compradas en un bazar de todo a cien. Pero, ¿sabes qué? Da igual. De hecho, eso le añade encanto. No necesitas CGI de millones de dólares para entender que esos tipos son los malos. Su fealdad exterior es solo un reflejo de su corrupción interior. Y ver a Roddy Piper, que recordemos era luchador de wrestling profesional y no actor de método, pasearse con una escopeta y gafas de sol soltando frases lapidarias, es un placer culpable.

Alienígenas en Están Vivos
Roddy Piper listo para mascar chicle y patear traseros… y se le acabó el chicle.

Hablemos de la dupla protagonista, porque esto es oro puro. Roddy Piper (Nada) y Keith David (Frank) tienen una química brutal. Son dos currelas intentando sobrevivir en un sistema que los aplasta, y su relación pasa de la desconfianza a la hermandad a base de puñetazos. Y cuando digo puñetazos, me refiero a *esa* escena. Hay una pelea en un callejón que dura una eternidad (creo que son más de 5 minutos de reloj) solo porque uno quiere que el otro se ponga las malditas gafas de sol. Es absurda, es excesiva, es agotadora de ver, y es absolutamente genial. Es Carpenter diciendo: «Me da igual el ritmo narrativo, quiero ver a estos dos moles dándose de tortas hasta que no puedan más». Es testosterona ochentera en su máxima expresión.

La trama te lleva fácil hasta el final. No hay giros de guion incomprensibles ni tramas secundarias que no llevan a nada. Es lineal: descubre el pastel, busca aliados, consigue armas, intenta salvar el mundo. A veces, como espectador saturado de tramas enrevesadas tipo Nolan, se agradece una historia que va de A a B sin pedirte que tomes apuntes. Te sientas, te ríes, te sorprendes con la crítica mordaz al yuppismo de la era Reagan y disfrutas del viaje.

Por supuesto, no es una obra de arte al nivel de El Padrino, ni lo pretende. Tiene fallos de ritmo, actuaciones que rozan la parodia y agujeros de guion por los que cabría una nave espacial. Pero como curiosidad, recomiendo verla encarecidamente. Es, que ya merece. Es historia del cine de culto. Es el origen de memes, de logotipos de marcas de ropa urbana (como OBEY) y de una forma de entender la ciencia ficción como vehículo de protesta política.

Roddy Piper Están Vivos
Los villanos: feos, corporativos y directos al grano.

En conclusión, Están Vivos es una película necesaria. Nos recuerda que a veces hay que ponerse unas gafas diferentes para ver la realidad que nos rodea, aunque lo que veamos no nos guste. Y nos enseña que, si te quedas sin chicle, siempre puedes empezar a patear traseros. Si te gusta el cine imperfecto, con alma, con mensaje y con ganas de divertir sin pretensiones, esta es tu película. Dale una oportunidad, aunque solo sea por ver a los aliens tomando café mientras planean la dominación mundial a través de la televisión por cable.

¿Y tú qué opinas?

«Si tuvieras esas gafas de sol ahora mismo y salieras a la calle en tu ciudad… ¿Qué mensaje subliminal crees que verías más a menudo?»

¡Déjame tu respuesta en los comentarios! 👇

Stranger Things 5: Superando los retoques estéticos de Eleven para un cierre épico

Póster Final Stranger Things Temporada 5

Ficha Técnica

  • Título: Stranger Things 5 (El Capítulo Final)
  • Creadores: Los Hermanos Duffer
  • Estreno del final en España: 1 de enero de 2026
  • Plataforma: Netflix
  • Género: Ciencia Ficción, Terror, Aventura ochentera
  • Reparto Principal: Winona Ryder, David Harbour, Millie Bobby Brown, Finn Wolfhard, Noah Schnapp, Gaten Matarazzo, Caleb McLaughlin, Natalia Dyer, Charlie Heaton, Joe Keery, Maya Hawke, Sadie Sink, Jamie Campbell Bower.

Valoración de CP Cine

★★★★★

10 / 10 – ¡OBRA MAESTRA!

Sinopsis Oficial de la Temporada Final

«La oscuridad se cierne sobre Hawkins por última vez. Con la barrera entre mundos colapsada, el grupo de amigos, ahora disperso y marcado por las batallas pasadas, debe reunirse para enfrentar la amenaza definitiva. Vecna, más poderoso que nunca, desata su plan final para fusionar el Upside Down con nuestra realidad. En una carrera contrarreloj, lealtades serán probadas, sacrificios serán necesarios, y el destino del mundo dependerá de la última resistencia de Eleven y sus aliados.»

Tráiler del Final

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=CUv2mLF2cm0?si=Vl8qrrH6N_PHSdnt]

El Fin de una Era

Han pasado seis días. SEIS DÍAS desde que terminaron los créditos del último episodio de Stranger Things y sigo aquí, intentando procesar todo, gesticulando en el salón y diciéndolo en alto para quien quiera escucharme (básicamente mi gato y mi chica, y ahora vosotros): ME HA ENCANTADO. Os lo juro, estoy todavía con el subidón. Sabía perfectamente que esto iba a pasar. En los tiempos que corren, donde todo se polariza, con la cantidad de teóricos de la conspiración, ufólogos de salón y gente que discute hasta la redondez de la Tierra, era imposible que el final de la serie más grande de Netflix saliera indemne.

Ya me veía venir la oleada de críticas. Que si el ritmo, que si «no era lo que yo pensaba», que si la teoría de fulanito en Reddit era mejor. Lo vimos con Lost, lo sufrimos con Juego de Tronos, y Stranger Things no iba a ser la excepción. Siempre habrá gente analizando frame a frame para justificar que no les ha gustado algo, buscando agujeros de guion como si fueran auditores de Hacienda. Pero mirad, a mí, como espectador que se sienta con un bol de palomitas a disfrutar, me da absolutamente igual todo ese ruido. La serie, como producto completo, es una auténtica gozada. Y esta quinta temporada, que madre mía lo que ha tardado en llegar (casi se nos hacen los niños abuelos), la he disfrutado como un auténtico monete de principio a fin.

El grupo principal de Stranger Things mirando con preocupación

La tensión en el grupo original ha sido palpable desde el minuto uno de esta temporada final.

Ha sido una locura ver el cierre de todo el elenco. Desde el grupo inicial de amigos jugando a Dragones y Mazmorras en un sótano, pasando por los «hermanos mayores» (Nancy, Jonathan, Steve) que ahora son prácticamente los líderes de la resistencia, hasta los «nuevos pequeños» y los extras que han brillado con luz propia. El crecimiento de los personajes ha sido bestial. Esta temporada nos ha dado momentos para todos, aunque tengo mis cositas que comentar, claro, que para eso estamos aquí.

Vamos a meternos en el barro con los personajes, que hay tela que cortar. Empezando por Eleven. A ver, cómo digo esto sin que suene terrible… Me ha costado un poco conectar visualmente con ella esta temporada. No sé si son cosas de la producción o qué, pero el cambio físico de Millie Bobby Brown me ha sacado un poco de la inmersión. Deberían haber controlado eso en el contrato, porque en algunos planos me costaba ver a la niña descorazonada de las primeras temporadas y veía más a una estrella de Instagram operada. Dicho esto, su trama ha sido de mis favoritas. Su protagonismo casi solitario, esa alianza inesperada con Kali (¡por fin recuperaron ese cabo suelto de la temporada 2!), ha sido brutal. Ver a «hermanas» uniendo poderes ha sido épico, aunque tengo que admitir que por momentos era la parte menos creíble de la temporada, un poco *deus ex machina* de superhéroes.

Max Mayfield en trance flotando

El papel de Max ha sido crucial, moviéndose entre planos de existencia.

Y claro, con tanto poderío de Eleven, ¿qué ha pasado con Mike? Pues lo que me temía. Mike ha sido el gran «bluff» de la temporada. Se ha quedado totalmente eclipsado. Sí, ha estado ahí de apoyo emocional, pero comparado con el resto, se ha sentido muy secundario. Sus minutitos de narrador final en el último episodio han estado emotivos, para cerrar el círculo, pero poco más ha aportado a la acción real. Una pena, porque era el corazón del grupo.

Por otro lado, las dinámicas de grupo han sido una montaña rusa. La dupla Dustin-Steve sigue siendo oro puro, esa química no se pierde. Y el trío amoroso/heroico de Steve, Jonathan y Nancy… ay, madre. Por un lado genial verlos trabajar juntos como un equipo táctico, pero por otro lado, la resolución del triángulo amoroso y ciertas interacciones me han parecido un poco forzadas, como que había que cerrar carpetas sí o sí. Aunque la moralina final sobre la amistad por encima del romance y cómo cada uno encuentra su misión en la trama ha sido una gozada de ver.

Escena oscura y tensa de la temporada final

La atmósfera de terror ha superado todo lo visto anteriormente.

Hablemos de Max. ¡Qué maravilla! Me ha encantado cómo han manejado su «retorno». El tándem Lucas-Max ha sido precioso, puro corazón. Es verdad que, estando como estaba, me hubiera gustado que Max tuviera algo más de acción física, pero han sabido darle la vuelta. Su papel haciendo de «Campanilla» espiritual, guiando a Holly Wheeler (la hermana pequeña de Mike, ¡menuda sorpresa!) contra Vecna en el plano mental ha sido un *win-win* tremendo. Y ese momento «femme fatale» psíquico junto a Ce y Kali contra Vecna… pelos de punta. Ha sido una forma muy inteligente de mantenerla en el centro de la batalla sin ignorar lo que le pasó en la temporada 4.

Tengo que mencionar una dupla que me ha parecido curiosa: Robin y Max. He notado una subtrama ahí bastante forzada entre ellas dos. Entiendo que partían de puntos muy diferentes y la serie quería unirlas en la adversidad, y aunque el camino ha sido un poco raro, el final de ambas colaborando ha dejado buen regusto. Es de esas cosas que sientes que los guionistas metieron con calzador pero al final dices «bueno, vale, lo compro».

Personajes de Stranger Things mirando algo fuera de cámara

El equipo dividido pero unido en propósito, enfrentando el horror final.

Pero si tengo que elegir a un MVP de los chicos, ese es Will. Para mí, uno de los amos absolutos de la temporada. Su crecimiento ha sido brutal. Ese papel de «hechicero», su conexión con el Upside Down, su revelación final… ha sido el eje sobre el que ha girado gran parte de la resolución. Aparte del cliffhanger de mitad de temporada que nos dejó locos, todo su arco en el último tramo es un 10. Noah Schnapp se ha salido.

Los adultos, Jim Hopper y Joyce, pues bueno, han tenido el papel plano de «padres preocupados y luchadores» que llevan teniendo casi toda la serie. Cumplen, son geniales, les queremos, pero no han sido el foco de sorpresa. Sin embargo, los secundarios como Karen Wheeler (que por fin se entera de algo), el incombustible Murray, Erica con su látigo verbal, o la Dra. Kay han estado totalmente a la altura, dando soporte y momentos cómicos o tensos cuando hacían falta.

Primer plano intenso de uno de los protagonistas

La intensidad emocional ha estado al nivel de los efectos especiales.

Y finalmente, de Henry/Vecna… ¿qué decir? Sin palabras es poco. Jamie Campbell Bower ha creado un villano para la historia. Aunque es verdad que durante parte de la temporada lo han ido llevando un poco a menos para dar espacio a otras tramas, creo que el culmen del último episodio le sitúa sin reparos como el verdadero PROTAGONISTA en la sombra de toda la serie. Su desenlace es trágico, horrible y perfecto a la vez. Es el reflejo oscuro de todo lo que representa Hawkins.

En resumen, he disfrutado como un enano. Me he reído, he llorado, me he tapado los ojos y he saltado del sofá. Con sus fallos, con sus cosas forzadas y con sus retoques estéticos cuestionables, para mí es un cierre perfecto para una serie que ha marcado una época. Para mí, cinco estrellas y un 10 de 10. Gracias, hermanos Duffer.

¡Tu turno, friki del Upside Down!

¿Estás conmigo en el barco del 10/10 o eres de los que ya está redactando la hoja de reclamaciones a Netflix? ¿Qué te ha parecido el papelón de Will?

¡Déjame tu comentario abajo y discutamos (sin sangre) el final de esta era!

Kaley Cuoco como asesina en «Juego de Roles»: Lo mejor de una película mediocre

Póster oficial de Juego de Roles (Role Play)

Juego de Roles (Role Play)

Otra vez la misma historia de «mi pareja es espía», pero con Kaley Cuoco.

Ficha Técnica Amateur

  • Título original: Role Play (2024)
  • Dirección: Thomas Vincent
  • Reparto principal: Kaley Cuoco, David Oyelowo, Bill Nighy
  • Género: Acción, Comedia, Thriller… lo típico.
  • Dónde verla: Prime Video

La nota de CP Cine:

★★½☆☆

(5 sobre 10 – Pasable, no te duermes)

«Emma y Dave disfrutan de una vida tranquila y aparentemente normal en los suburbios de Nueva Jersey. Tienen un matrimonio estable, dos hijos y una rutina cómoda. Sin embargo, Emma esconde un secreto explosivo: en realidad es una asesina a sueldo de élite internacional. Cuando deciden avivar la llama de su matrimonio con un pequeño juego de roles en un hotel, el pasado de Emma la alcanza, poniendo su vida y la de su desprevenido esposo patas arriba.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=htBWvf8gEBE?si=Nfn6Ru20n-58dx1Z]

Más de lo mismo, pero con encanto televisivo

A ver, cómo os lo digo sin sonar demasiado vinagre. Hace muy poco hablé por aquí de esa película de Cameron Diaz y Jamie Foxx, «Vuelta a la acción», y comentaba que era la típica película de Netflix hecha con algoritmo. Pues bien, Prime Video ha dicho «sujétame el cubata» y nos ha traído «Juego de Roles». Y amigos, es exactamente la misma premisa, el mismo esquema y casi el mismo resultado. Parece que en Hollywood hay una fotocopiadora gigante que solo sabe escupir guiones sobre familias suburbanas donde uno de los miembros es un súper asesino retirado de la CIA, el FBI o la T.I.A.

La historia ya os la sabéis de memoria antes de darle al play: pareja aburrida de la rutina, deciden hacer algo «loco» para reavivar la llama (en este caso, un juego de roles en un bar de hotel, de ahí el título), y pum, resulta que ella es una máquina de matar y el pasado vuelve para un «último trabajo» o simplemente para intentar liquidarlos. Y ahí tenemos al marido, con cara de no entender nada, siendo arrastrado por tiroteos y persecuciones. Es una fórmula tan gastada que ya ni siquiera sorprende cuando ocurre el giro inicial.

Kaley Cuoco y David Oyelowo como la pareja protagonista
Kaley Cuoco y David Oyelowo como la pareja protagonista

Entonces, si es «la misma mierda» (perdón por mi francés, pero ya sabéis que yo hablo claro), ¿qué es lo que la salva de la quema absoluta? ¿Por qué le doy un aprobado raspado? Pues sinceramente, por una razón muy sencilla que me sorprendió gratamente: los protagonistas. Kaley Cuoco (nuestra querida Penny de The Big Bang Theory) y David Oyelowo tienen una química extrañamente funcional. Y lo más importante, y esto es algo que valoro mucho últimamente: parecen padres de verdad.

Estamos acostumbrados a ver a héroes de acción en sus cincuenta o sesenta años, pasadísimos de bótox, con caras inexpresivas y cuerpos que no cuadran con la realidad, intentando hacernos creer que son padres jóvenes y dinámicos. Aquí no. Kaley y David tienen un aspecto natural, parecen esa pareja que te encuentras en la reunión del AMPA del colegio. Eso le da un puntito de credibilidad a la relación, aunque la trama sea un disparate. Te crees que se quieren y que están agobiados por la hipoteca y los niños, antes de que empiecen a volar las balas.

Kaley Cuoco en una escena de tensión
Los Ñus, los Ñus

Hablando de Kaley Cuoco, soy fan desde el primer frame que vi de ella en Big Bang. Tiene un carisma natural para la comedia que aquí intenta explotar, aunque el guion no le ayuda mucho. Se nota que se esfuerza en las escenas de acción, y aunque no va a ganar un Oscar por esto, sostiene la película sobre sus hombros. Es ella la que hace que no quites la película a los veinte minutos. Su transición de «mamá de los suburbios» a «John Wick con mechas» es un poco abrupta, pero eh, hemos venido a jugar.

El problema principal de «Juego de Roles» es que no termina de decidir qué quiere ser. Como comedia, los chistes son bastante flojos y predecibles. Como película de acción, las coreografías son estándar, de esas que has visto mil veces mejor ejecutadas en otras cintas. No hay ninguna «set piece» memorable de la que vayas a hablar al día siguiente. Todo es… correcto. Mediocremente correcto. Incluso aparece el gran Bill Nighy, un actorazo que siempre es un placer ver, pero aquí está totalmente desaprovechado en un papel de villano genérico que parece escrito en una servilleta durante un almuerzo rápido.

El marido, David Oyelowo, en medio de la acción sin entender nada
Kaley Cuoco en una escena de tensión

En resumen, «Juego de Roles» es la definición perfecta de «película de plataforma de streaming para un domingo por la tarde con lluvia». Ambas, esta y la de Cameron Diaz, son malas, o para ser más suave, pasables. Son comida rápida cinematográfica. La consumes, te entretiene lo justo mientras dura, y en cuanto aparecen los créditos finales, ya la estás olvidando. Le doy un 5 sobre 10 porque, sinceramente, no me dormí (cosa que me pasa a menudo con estos refritos) y porque el carisma de Kaley Cuoco salva los muebles. Si no tienes absolutamente nada mejor que ver, dale al play. Si tienes pendiente alguna serie buena de verdad, ni te molestes.

🎬 La pregunta del experto amateur 🎬

¿Vosotros también estáis hartos de este subgénero de «pareja aburrida que resulta ser espía», o creéis que todavía se puede sacar algo bueno de ahí? ¡Os leo en los comentarios!

Por qué no veré Happy Gilmore 2: Revisión de la original de 1996

Poster Terminagolf Happy Gilmore

Ficha Técnica

  • Título Original: Happy Gilmore
  • Año: 1996
  • Director: Dennis Dugan
  • Reparto: Adam Sandler, Christopher McDonald, Julie Bowen, Carl Weathers
  • Género: Comedia / Deporte
  • Duración: 92 minutos

Mi Puntuación: Truñamen

★☆☆☆☆

(1 de 5 estrellas – Un 4 «pelao»)

¿De qué va esto?

«Happy Gilmore (Adam Sandler) es un fanático jugador de hockey y, ahora, el único capaz de recuperar la casa de su abuela con tal de que no sea subastada. Debido a su falta de talento para el hockey, un buen día decide dedicarse al golf y aprovechar su potente swing. A pesar de su extraño temperamento y sus modales poco convencionales, pronto se convierte en un héroe para los medios de comunicación.»

Tráiler / Clip

Crítica: El paso del tiempo no perdona (ni siquiera a Sandler)

Normalmente me gustan las películas de Adam Sandler. Lo digo sin ironía y sin esconderme. Soy de esos que pueden disfrutar de una tarde tonta con Niños Grandes o reírme con las tonterías absurdas que suele montar con sus amigos. Pero tengo la sensación de que Adam Sandler está envejeciendo mal… o quizás el que se está haciendo mayor soy yo y mi paciencia ya no es la que era. Sabiendo de antemano que sus películas no son precisamente un alarde de guion ni buscan ganar un Oscar a la mejor fotografía, uno entra al juego esperando al menos entretenimiento, desconexión y un par de carcajadas limpias. Sin embargo, revisitar Terminagolf (Happy Gilmore) ha sido una experiencia dolorosa, como encontrarte con un ex del instituto y darte cuenta de que no tenéis absolutamente nada de qué hablar.

Esta ha sido, y perdonadme la expresión técnica de experto amateur, un truñamen de categoría. La vi este pasado verano, impulsado por esa curiosidad morbosa que nos entra cuando anuncian una secuela tardía. Sí, han estrenado la segunda parte (o la van a estrenar) después de casi 30 años (sí, 1996 queda lejísimos), y yo, en mi infinita inocencia, pensé que sería buena idea refrescar la memoria. Grave error. La premisa es tan absurda como recordaba: un jugador de hockey frustrado que descubre que puede golpear una pelota de golf más fuerte que nadie y decide entrar al circuito profesional para salvar la casa de su abuela. Sobre el papel, es la clásica comedia de «pez fuera del agua» que tanto funcionaba en los 90. En la pantalla, hoy en día, se siente como una sucesión de gritos y chistes físicos que no terminan de aterrizar.

Adam Sandler jugando al golf

El swing de hockey en un campo de golf: la única broma recurrente que funciona a medias.

Lo que más me duele es que no puedo conectar con el personaje principal. Happy Gilmore es un tipo iracundo, violento y bastante desagradable. Se supone que debemos animarle porque quiere ayudar a su abuela, pero se pasa la película agrediendo a gente, rompiendo cosas y gritando a la pantalla. En los 90, este arquetipo de «hombre-niño enfadado» era la marca de la casa de Sandler (y funcionaba en Billy Madison), pero visto con ojos de 2025/2026, resulta agotador. No hay un viaje real, no hay una evolución cómica inteligente. Es simplemente ruido. Y ojo, que entiendo el slapstick y la comedia física, me encanta cuando se hace bien, pero aquí se siente perezoso, como si confiaran en que ver a alguien caerse o pegarse es suficiente para sostener 90 minutos de metraje.

No creo que pueda llegar a ver la segunda parte que han sacado en Netflix. De verdad, mi intención era hacer el maratón completo, ver la original y luego la nueva para comparar. Pero después de sufrir con esta, se me han quitado las ganas de vivir. Si termino viendo la secuela, será única y exclusivamente por mi TOC. Tengo esa necesidad patológica de «completar» cosas, de cerrar círculos, de ver todas las películas de una saga aunque sepa que me van a doler. Es la maldición del completista. Pero si me preguntáis ahora mismo, la pereza gana por goleada al fanatismo. Es triste reconocer que una película que probablemente me hubiera hecho gracia con 12 años, ahora me parece insoportable.

Shooter McGavin villano

Shooter McGavin, lo único salvable de la quema.

Hay que hablar, eso sí, de Christopher McDonald como Shooter McGavin. Si le doy un 4 «pelao» a la película y no un cero absoluto, es prácticamente gracias a él. Hace de villano engreído, clasista y odioso con una naturalidad pasmosa. Es el contrapunto perfecto al caos de Sandler y, sinceramente, cada vez que sale en pantalla la película mejora un poquito. Sus gestos, su forma de disparar con los dedos («Shooter!»), su arrogancia… es un villano de comedia de manual. Pero ni siquiera él puede salvar un barco que hace aguas por culpa de un guion que parece escrito en una servilleta durante una borrachera. También está por ahí Julie Bowen (la de Modern Family) haciendo lo que puede con un papel de «interés romántico» que está ahí porque tenía que haber una chica, sin más profundidad ni lógica.

La escena de Bob Barker. Vale, lo reconozco, la pelea con Bob Barker sigue teniendo su punto. Es icónica por una razón. Ver a un presentador de televisión octogenario (en aquel entonces) dándole una paliza a Adam Sandler es un momento de cultura pop que transciende la calidad de la película. Pero una escena de 3 minutos no justifica una hora y media de bostezos. El resto de cameos y secundarios se sienten forzados o simplemente no tienen gracia. Carl Weathers (Apollo Creed en Rocky) hace de entrenador con una mano de madera… y el chiste de la mano se estira tanto que se rompe a los diez minutos. Es el problema general de la cinta: tienen una idea graciosa y la repiten hasta la saciedad pensando que la repetición es comedia.

Escena de golf

El «lugar feliz» de Happy Gilmore… el nuestro está en los créditos finales.

En conclusión, Terminagolf es una reliquia de una época donde el humor de Sandler estaba en pañales, buscando su identidad a base de gritos y golpes. Ha envejecido mal, muy mal. Visualmente es plana, narrativamente es torpe y cómicamente es deficiente para los estándares actuales (y mira que el listón de la comedia actual a veces está bajo). Le doy un 1 de 5 estrellas siendo generoso, un 4/10 en filmaffinity si me apuras mucho. Si tenéis nostalgia, dejadla tranquila en el cajón de los recuerdos. No la abráis. No cometáis mi error. Quedaos con el recuerdo difuso de que era divertida, porque la realidad es un «truñamen» que cuesta digerir. Ahora me toca pelear con mi cerebro para decidir si veo la segunda parte o si me quiero lo suficiente a mí mismo como para pasar página.

«¿Sois de los que veis las secuelas por pura obligación moral o sois capaces de abandonar una saga a tiempo?»

Déjame tu opinión en los comentarios (y dime si la 2 merece la pena, por favor).

¿Es Mamá te quiere el mejor thriller sobre el Síndrome de Münchhausen?

Póster oficial de Mamá te quiere (Run)

Ficha Técnica Amateur

  • Título original: Run
  • Año: 2020
  • Dirección: Aneesh Chaganty
  • Reparto TOP: Sarah Paulson, Kiera Allen
  • Género: Thriller psicológico, Terror, «Madres intensitas»
  • Duración: 90 minutos (se pasan volando)

(3 de 5 estrellas – «Buen café para empezar el año»)

«Dicen que no hay nada como el amor de una madre, pero Chloe (Kiera Allen) empieza a sospechar que el de la suya, Diane (Sarah Paulson), no es normal. Diane ha criado a su hija completamente aislada, controlando cada uno de sus movimientos, pero Chloe pronto empezará a descubrir los oscuros secretos que guarda su madre.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=grbtoBZORIo?si=8FYASgwMePCmUkTO]

La Opinión de CP Cine: Amor de madre… tóxico

¡Feliz 2026, compañeros de sofá y manta! Esta ha sido mi primera película vista este año y la verdad es que, para empezar la temporada cinéfila, no he quedado nada decepcionado. A veces uno empieza el año con expectativas demasiado altas y se pega el batacazo, pero otras veces buscas simplemente un entretenimiento sólido, algo que te mantenga pegado a la pantalla sin pedirle que te cambie la vida. Y eso es exactamente lo que me ha dado «Mamá te quiere» (o «Run», como se la conoce en su título original más escueto).

Vamos a quitar el elefante de la habitación desde el principio: el tema del Síndrome de Münchhausen por poderes. Sí, lo sé, y vosotros lo sabéis. Está más trillado en el cine de thriller y terror que el camino a la cocina. Hemos visto «Misery», hemos visto series recientes sobre casos reales, y parece que el subgénero de «cuidadora loca que en realidad te está enfermando» no tiene fin. Cuando leí la premisa, pensé: «Uf, otra vez lo mismo». Pero aquí viene el giro: a veces no importa tanto *qué* te cuentan, sino *cómo* te lo cuentan y, sobre todo, *quién* te lo cuenta.

Escena de tensión en Mamá te quiere

La tensión se palpa en cada interacción entre madre e hija.

Y el «quién» aquí es la clave absoluta de que la película funcione. Hablo, por supuesto, de la presencia desgarradora de Sarah Paulson. Os digo una cosa como «experto amateur» que ha visto mucha televisión: Paulson tiene un don para interpretar a mujeres al borde del abismo, con una intensidad que te pone los pelos de punta. Aquí, como madre ida, es una auténtica delicia para el espectador. Pasa de la dulzura maternal más empalagosa a una mirada fría y calculadora en milésimas de segundo. Es esa clase de actuación que sostiene toda la estructura de la película; si pones a una actriz mediocre en este papel, la película se cae a pedazos en diez minutos.

Pero no sería justo darle todo el crédito solo a la «madre». La película funciona como un duelo actoral, y la réplica la da fantásticamente Kiera Allen en el papel de la hija, Chloe. Me parece muy importante destacar que Allen es usuaria de silla de ruedas en la vida real, lo que aporta una capa de autenticidad física a su interpretación que se nota muchísimo en pantalla. No es una actriz fingiendo limitaciones; es alguien que entiende la fisicalidad de su personaje. Su lucha por la supervivencia, estando limitada físicamente en una casa que se convierte en una ratonera, es angustiosa de ver.

Kiera Allen como Chloe en Run

Kiera Allen aporta una autenticidad brutal al papel de la hija atrapada.

En cuanto al ritmo, la película es rápida y eficaz en su propósito. No se anda con rodeos. Es un thriller de 90 minutos, una duración que agradezco enormemente en esta era de películas de tres horas infladas. El director, Aneesh Chaganty (que ya me sorprendió mucho con «Searching»), sabe cómo manejar los espacios cerrados. La casa se siente claustrofóbica, casi como un tercer personaje que respira y vigila. Pone en jaque desde el minuto uno la tensión del que está al otro lado de la pantalla. Sabes que algo va mal desde la primera escena, y la película se dedica a apretar las tuercas poco a poco hasta que te falta el aire.

Es cierto que el guion no reinventa la rueda. Hay momentos en los que tienes que suspender un poco la incredulidad (¿cómo es posible que nadie sospeche nada en tantos años?), pero como buen consumidor de thrillers, estoy dispuesto a perdonar esos deslices si el viaje es entretenido. Y «Mamá te quiere» es, ante todo, muy entretenida. Es de esas películas para ver con un bol de palomitas y gritarle a la pantalla: «¡No entres ahí!» o «¡Corre, corre!».

El enfrentamiento psicológico en la película

El duelo interpretativo es el verdadero motor de la cinta.

Sobre el final, sin hacer spoilers graves, diré que tiene una resolución rápida. Quizás no sea la más efectiva desde un punto de vista puramente narrativo, ni tampoco la más esperada (tiene un puntito de justicia poética un tanto retorcido), pero sí que es resultona. Te deja con esa sensación de «vale, esto ha cerrado el ciclo de locura». No te cambiará la vida, pero cumple su función de cerrar la historia con un lazo, aunque sea un lazo hecho de alambre de espino.

En resumen, para ser el primer visionado de 2026, «Mamá te quiere» es como un buen café de máquina un lunes por la mañana. Es básico, sabes a lo que sabe, pero cumple su función de despertarte y ponerte en marcha. Es un thriller competente elevado por dos actrices en estado de gracia. Si te gusta sufrir un poquito en el sofá y ver a Sarah Paulson haciendo de las suyas, es una apuesta segura. Le doy un 6 sólido de 10, esas 3 estrellas sobre 5 que significan «Me ha gustado, la recomendaría para una tarde de domingo, pero no entrará en mi top histórico».

🗣️ La pregunta de CP Cine

¿Cuál es vuestra película favorita sobre relaciones tóxicas entre padres e hijos? ¿Sois del equipo «Misery» o tenéis alguna joya oculta?

¡Os leo en los comentarios! 👇

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