Mes: enero 2026

Cocina, Italia y Vejez Digna: Los ingredientes secretos de la película Nonnas

Póster oficial de la película Nonnas

Ficha Técnica Amateur

  • Título: Nonnas
  • Año: (Reciente)
  • Género: Comedia / Drama reconfortante
  • Reparto destacado: Vince Vaughn, Susan Sarandon, Lorraine Bracco, Joe Manganiello.
  • Lo que me atrajo: La mezcla de Italia, cocina y la tercera edad.
Mi Valoración

3 de 5 Estrellas

(Un honesto 6/10)

«Un hombre decide abrir un restaurante muy especial, donde el ingrediente secreto y el alma del negocio son un grupo de abuelas italianas que cocinan como solo ellas saben hacerlo. Basada en una historia real que busca conectar generaciones a través del paladar.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=fMiy8BGpcqE?si=hgQFk9_eO9fKMSQw]

Cuando el cine te toca ‘Il Cuore’: Mi opinión sobre Nonnas

A ver, cómo os explico esto sin ponerme demasiado sentimental. Yo no soy crítico de cine de los que van a festivales con acreditación, ya lo sabéis. Soy un terapeuta ocupacional que, cuando acaba su jornada, se sienta en el sofá a devorar cultura pop. Y claro, uno tiene sus sesgos. Peco de mi profesión, peco de amar la cultura en todas sus formas y, sobre todo, peco de tener una pareja maravillosa (también terapeuta ocupacional, qué le vamos a hacer, nos atraemos entre gremios) que trabaja día a día con gente de edad avanzada. Si a ese cóctel le añades que ella es una mujer emprendedora que adora aprender italiano y todo lo que huela a Italia… pues estaba claro. Si mezclas buena cocina, abuelas carismáticas, el trabajo con la tercera edad y orígenes italianos en la trama, tienes una película que yo, personalmente, no me podía perder bajo ningún concepto.

Y empiezo esta reseña «amateur» dando las gracias. Gracias porque, a veces, el cine no necesita ser una obra maestra de la técnica para cumplir su función. «Nonnas» es, ante todo, una película compasiva. Es amable. Es de esas cintas que te arropan. En un mundo audiovisual a veces demasiado cínico o centrado en la acción trepidante, encontrar un refugio que busca deliberadamente tocarte el corazón —o mejor dicho, il cuore, para ponernos en situación— se agradece enormemente. No busca revolucionar el lenguaje cinematográfico, busca que salgas de la sala (o del salón de tu casa) con una sonrisa y ganas de llamar a tu abuela si tienes la suerte de tenerla.

Escena de la película Nonnas con los protagonistas

El elenco principal en una de las escenas clave del restaurante.

Desde mi perspectiva profesional, y contagiado por la pasión de mi pareja hacia el cuidado de los mayores, la película acierta en algo fundamental: la puesta en valor de la experiencia. Estas «nonnas» no son simplemente señoras mayores puestas ahí para hacer un chiste fácil sobre la edad; son depositarias de un saber hacer, de una tradición y, sobre todo, de una capacidad de dar amor a través de la comida que ninguna escuela culinaria moderna puede enseñar. La película nos recuerda que la vejez no es un aparcamiento, sino una etapa vital llena de potencial, especialmente cuando se les da un propósito y un espacio donde sentirse útiles y valoradas. Ver cómo el personaje de Vince Vaughn interactúa con ellas, pasando del escepticismo inicial a una admiración profunda, es el verdadero viaje del héroe aquí.

Hablemos del reparto, porque hay tela que cortar. Tenemos a pesos pesados como Susan Sarandon y Lorraine Bracco. Verlas en pantalla siempre es un lujo, y aquí se nota que se lo han pasado bien, que han disfrutado encarnando a estas matriarcas con carácter. Pero tengo que hacer una mención especial a una sorpresa mayúscula. Como curiosidad, jamás imaginé al «Lobo» de *True Blood* o al Deathstroke de DC, el mismísimo Joe Manganiello, encajando tan bien en una película de abuelas italianas. Su presencia aporta un contraste cómico y tierno que funciona inesperadamente bien. Es ese tipo de casting que sobre el papel parece una locura pero que luego, en la dinámica de la película, te saca más de una sonrisa cómplice.

Vince Vaughn rodeado de las Nonnas en la cocina

La dinámica entre Vince Vaughn y el verdadero motor de la cocina.

No todo es perfecto, claro. Ya os he dicho que mi nota es un 6 sobre 10. ¿Por qué? Porque la película tiene un humor que a veces se siente un poco rebuscado, un poco forzado para buscar la carcajada en situaciones que quizás pedían más naturalidad. Juega mucho con los estereotipos italoamericanos, a veces bordeando la caricatura, aunque siempre desde un lugar de cariño y respeto, nunca de burla hiriente. Es una «feel-good movie» de manual, y eso conlleva que la trama sea predecible desde el minuto diez. Sabes que habrá conflictos, sabes que el restaurante peligrará, y sabes que el poder de la lasaña y el amor de las nonnas lo arreglará todo. ¿Pero sabéis qué? A veces eso es exactamente lo que necesitamos ver.

La película funciona también como un homenaje a esa cultura italiana de la sobremesa, del bullicio, de expresar los afectos con un plato de pasta rebosante. Para mi pareja, que está inmersa en el aprendizaje del idioma y la cultura, ha sido un disfrute visual y casi olfativo. La comida en «Nonnas» es un personaje más, casi puedes oler la salsa de tomate hirviendo a fuego lento y el queso parmesano recién rallado. La dirección se asegura de que los platos luzcan tan apetitosos que es casi obligatorio ver esta película con el estómago lleno, o sufrirás las consecuencias.

Primer plano de una de las Nonnas cocinando con alegría

La alegría de cocinar: el ingrediente secreto de la película.

En resumen, «Nonnas» no ganará el Oscar a la mejor película del año, y probablemente los críticos más sesudos le sacarán mil pegas a su guion a veces simplista. Pero como espectador «amateur» que busca conectar, que valora las historias que ponen el foco en nuestros mayores y que disfruta de la cultura italiana, para mí ha sido un rato tremendamente agradable. Consigue lo que buscaba: tocarnos la fibra sensible, hacernos reír un poco y recordarnos que, a veces, el mejor remedio para los males del mundo es un abrazo de abuela y un buen plato de comida casera. Y por eso, se lleva mis tres estrellas y mi recomendación para una tarde de domingo tranquila.

🍝 ¿Y tú qué opinas? 🍝

Más allá de la película, me interesa vuestra experiencia personal: ¿Tenéis alguna receta de vuestra abuela (sea «nonna» o no) que os transporte directamente a la infancia y os cure el alma? ¡Os leo en los comentarios!

Road Trip y superación: Análisis de The Fundamentals of Caring

Poster Los Principios del Cuidado

Ficha Técnica

  • Título Original: The Fundamentals of Caring
  • Año: 2016
  • Dirección: Rob Burnett
  • Reparto: Paul Rudd, Craig Roberts, Selena Gomez, Jennifer Ehle
  • Género: Comedia dramática / Road Movie
  • Plataforma: Netflix (Original)

Valoración CP Cine

★★★★☆

4 de 5 estrellas | 8/10

«Ben es un escritor retirado que decide dedicarse a cuidar enfermos tras sufrir una tragedia personal. Después de 6 semanas de formación, conoce a su primer cliente, Trevor, un deslenguado chico de 18 años con distrofia muscular. Al poco tiempo, se embarcan en un viaje improvisado a todos los sitios que más le han llamado la atención a Trevor en las noticias de la televisión, entre los que destaca el ‘hoyo’ más profundo del mundo.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=t1pPzzbXuj4?si=3DyfbsdNqGzGmcjO]

Más allá de la silla: Un viaje hacia la normalidad

A ver, tengo que confesaros algo antes de empezar: tengo una debilidad tremenda por las road movies. Hay algo en eso de meter a dos personajes en un coche, poner música de fondo y ver cómo el paisaje cambia a la vez que cambian ellos, que simplemente me compra. Pero con «Los principios del cuidado», iba con un poco de miedo. Ya sabéis a lo que me refiero, ese miedo a que te metan el drama forzado con calzador, a que la discapacidad se trate desde una pena condescendiente o a que todo sea un «pastelada» de superación personal barata. Y, sin embargo, qué bofetada de realidad y frescura me he llevado. No soy ningún crítico de la Academia, soy un tío que ve cine en el sofá de su casa, pero reconozco cuando una película tiene alma, y esta la tiene a raudales.

La premisa nos pone delante a Ben (el siempre genial Paul Rudd), un hombre roto por una tragedia pasada que huye de su vida anterior —y de un divorcio que no quiere firmar— metiéndose a cuidador. Su primer trabajo: Trevor (Craig Roberts). Trevor no es el típico chico enfermo que vemos en el cine esperando que le tengan lástima. Qué va. Es un cabroncete (con perdón) sarcástico, obsesionado con las atracciones de carretera más cutres de América y con una rutina tan estricta que asfixiaría a cualquiera. Lo brillante aquí es cómo la película nos muestra que el entorno puede ser tanto o más discapacitante que la propia condición física. Trevor está encerrado no solo en su cuerpo, sino en su casa, en sus miedos y en la sobreprotección de una madre que lo ama, pero que, sin querer, le corta las alas.

Paul Rudd y Craig Roberts en escena

La química entre Rudd y Roberts es el motor de combustión de esta historia.

Lo que más me ha gustado, y donde creo que la película gana por goleada, es en el tratamiento de la «normalidad». Muchas veces, cuando vemos cine sobre discapacidad, se centran en los grandes retos médicos. Aquí no. Aquí el reto es que un chaval de 18 años quiere ver tetas, quiere decir tacos, quiere comer comida basura y quiere mear de pie (aunque sea metafóricamente… o no tanto). Esa búsqueda de la adolescencia perdida, de las experiencias «normales» que se le han negado por sistema, es lo que mueve la trama. Ben, lejos de ser el cuidador perfecto de manual, se convierte en el cómplice necesario. No lo trata con algodón; le devuelve las bromas, le reta y, sobre todo, no le tiene miedo. Esa relación de igual a igual, donde la silla de ruedas pasa a un segundo plano para dejar paso a dos tíos metiéndose el uno con el otro, es oro puro.

El viaje en sí es una metáfora preciosa, aunque suene a tópico. Salir de la zona de confort. Literalmente, salir de casa. La película pone sobre la mesa el concepto de «entorno capacitante». Trevor es capaz de mucho más de lo que cree, pero necesita que el mundo (y Ben) le den la oportunidad de fallar, de asustarse y de superarlo. Visitar el «hoyo más profundo del mundo» no es solo ver un agujero en la tierra; es mirar al abismo de su propia existencia y reírse de él. Y hablando de reírse, el humor negro de la cinta es exquisito. Hay chistes sobre la parálisis que te hacen sentir un poco culpable al reírte, pero que son necesarios para desdramatizar y humanizar a Trevor. No es un santo, es un adolescente con mala leche, y eso es genial.

Selena Gomez uniéndose al viaje

Dot, interpretada por Selena Gomez, añade la pieza que faltaba al puzle.

Y entonces aparece Selena Gomez. Tengo que admitir que no sabía qué esperar de ella en un papel así, más «indie», pero está fantástica como Dot. Su personaje funciona como un catalizador. Ella no ve la silla de ruedas, ve al chico. Su actitud directa, sin filtros y un poco rebelde es justo lo que Trevor necesita para terminar de romper el cascarón. La dinámica que se crea entre los tres en la furgoneta es entrañable. Ella aporta esa tensión sexual no resuelta, esa validación romántica que Trevor anhela desesperadamente para sentirse un hombre completo. No se trata de un romance de cuento de hadas, sino de esa conexión humana básica: gustar a alguien, que alguien te mire a los ojos y no a tus piernas. Esos momentos en la cafetería o en el coche son de una ternura que desarma.

La película también aborda el dolor de los cuidadores. Paul Rudd, bajo esa capa de tipo majo y bromista, esconde un dolor insoportable por la pérdida de su propio hijo. Cuidar a Trevor es su forma de expiación, su manera de intentar arreglar algo que se rompió hace años. Hay una escena particular hacia el final, relacionada con el padre de Trevor, que te encoge el estómago. Ahí es donde la película deja de ser una comedia ligera y te recuerda que la vida es dura, que la gente te decepciona y que, a veces, los padres biológicos no son los que ejercen de padres. Pero incluso en ese dolor, la película elige la resiliencia. Elige el «seguir adelante».

No puedo dejar de mencionar la fotografía y la banda sonora. Sin ser nada revolucionario, acompañan perfectamente ese sentimiento de libertad de la carretera americana. Esos planos abiertos, los moteles de carretera, los diners grasientos… todo construye una atmósfera de autenticidad. Nos hace sentir que estamos en el asiento de atrás de esa furgoneta adaptada. Como espectador «amateur», valoro mucho cuando una película no me expulsa, cuando me invita a ser parte del viaje, y aquí me sentí uno más de la pandilla.

Escena emotiva del viaje

Momentos de conexión real que traspasan la pantalla.

En conclusión, «Los principios del cuidado» es una joya que quizás pasó desapercibida en el inmenso catálogo de Netflix, pero que merece ser rescatada. Es una oda a la amistad improbable, un grito a favor de la autonomía de las personas con discapacidad y un recordatorio de que, a veces, para curarnos nosotros mismos, tenemos que cuidar de los demás. No busca la lágrima fácil, aunque se te escapará alguna, ni busca la carcajada absurda, aunque te reirás. Busca ese punto medio, ese equilibrio agridulce que es, al fin y al cabo, la vida misma.

Si estáis buscando algo que ver este fin de semana, que os deje el corazón calentito pero que no os trate como tontos, dadle una oportunidad. Paul Rudd está inmenso, Craig Roberts es un descubrimiento y la historia se queda contigo un buen rato después de los créditos. Es cine sencillo, honesto y tremendamente humano. Y a veces, eso es todo lo que necesitamos.

¿Y tú, qué opinas?

¿Crees que el cine actual trata la discapacidad con la naturalidad necesaria o seguimos cayendo en el drama excesivo? ¿Qué te pareció el papel de Selena Gomez? ¡Te leo en los comentarios!

Back in Action: Jamie Foxx y Cameron Diaz en una película innecesaria

Póster oficial De Vuelta a la Acción

Ficha Técnica

  • Título original: Back in Action
  • Año: 2025/2026
  • Plataforma: Netflix
  • Dirección: Seth Gordon
  • Reparto: Jamie Foxx, Cameron Diaz, Glenn Close, Kyle Chandler, Andrew Scott.
  • Género: Acción, Comedia, Espionaje.

Valoración CP Cine

★★★★

1 de 5 estrellas (Siendo generoso)

Sinopsis

«Emily y Matt renunciaron hace años a ser espías de la CIA para formar una familia. Pero, cuando se descubre su tapadera, se ven arrastrados de nuevo al mundo del espionaje.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=vUpjnyUImFM?si=asQccelkjJVlplYT]

La Crítica: ¿Era necesario este regreso?

A ver, seamos sinceros desde el principio. Cuando me enteré de que Cameron Diaz salía de su retiro para volver al cine junto a Jamie Foxx, sentí esa pequeña chispa de nostalgia. ¿Quién no recuerda a la Cameron de los 90 y los 2000? Pero esa chispa se apagó más rápido que mi interés a los diez minutos de empezar «De vuelta a la acción». Lo que Netflix nos ha vendido como el gran evento de acción del año no es más que un refrito de clichés tan gastados que dan hasta un poco de vergüenza ajena.

El argumento es algo que hemos visto, literalmente, decenas de veces. Y no exagero. Tenemos la típica premisa de «mamá y papá guardan un secreto». O bien es ella la espía letal, o es él, o son los dos, como en este caso. Viven su vida feliz, americana, suburbana, con esos problemas del primer mundo que intentan hacernos creer que son universales. No sé si tienen hipotecas o créditos bancarios (porque en estas películas el dinero nunca parece ser un problema real, todo es de cartón piedra), pero de repente, por una «cuestión X» del guion que apenas se sostiene, hay que volver al ruedo.

Escena de acción Jamie Foxx

¿Es que nadie piensa en los niños?.

Y aquí es donde la película se desmorona. De un segundo a otro, pasan de preparar fiambreras escolares a pegar tiros como vaqueros profesionales. Todo es súper técnico, todo es perfecto. No han perdido ni una sola habilidad a pesar de llevar años inactivos. ¿Dónde está el óxido? ¿Dónde están los dolores de espalda? Es una fantasía de poder tan perezosa que insulta un poco a la inteligencia del espectador medio. Yo no soy director de cine, soy un simple consumidor que ve muchas cosas, pero sé reconocer cuando me están dando gato por liebre.

Hablemos del reparto, porque es el gran reclamo y, a la vez, el gran problema. Tenemos a dos actores principales que, siendo brutalmente honesto, podrían pasar más por abuelos jóvenes que por padres de niños pequeños en plena edad escolar. La química que se supone que deben tener se siente forzada, como si estuvieran leyendo las líneas de diálogo pensando en el cheque que van a cobrar al terminar el día. Jamie Foxx, que suele tener carisma para regalar, aquí está en piloto automático. Pero lo de Cameron Diaz me ha dolido especialmente.

Era una de mis actrices favoritas de comedia, pero aquí… no sé ni cómo decirlo sin sonar cruel, pero hay que decirlo. A mi gusto, tiene la cara desfigurada por las operaciones. Se hace difícil concentrarse en su actuación cuando la expresión facial es tan rígida. Y no es la única; Glenn Close aparece en la cinta y sufre del mismo mal. Es una pena ver a actrices de este calibre atrapadas en una estética tan artificial que distrae de la trama. Desmerecen de principio a fin lo que podría haber sido un regreso triunfal. En lugar de ver a los personajes, ves el bisturí y el bótox, y eso te saca totalmente de la película.

Cameron Diaz en escena

El regreso que prometía mucho y se quedó en nada.

La palabra que mejor resume las casi dos horas de metraje es: aburrimiento. La misión que tienen que llevar a cabo da una pereza inmensa. No hay tensión, no hay riesgo real. Sabes exactamente qué va a pasar en la siguiente escena, quién va a traicionar a quién y cómo van a escapar de la situación imposible con una explosión generada por ordenador que se nota a leguas. Es el epítome del cine de algoritmo de Netflix: coger actores famosos, un género popular, mezclarlo todo y esperar que la gente lo ponga de fondo mientras plancha la ropa.

Es triste porque el género de espías jubilados puede dar mucho juego si se hace con cariño (ahí tenemos la primera RED, por ejemplo). Pero aquí no hay cariño. Hay una producción industrial, fría y calculada. Los chistes no aterrizan, las secuencias de acción son genéricas y la trama familiar es tan empalagosa como inverosímil. Intentan mezclar Mr. & Mrs. Smith con Spy Kids, pero sin la sensualidad de la primera ni la inocencia divertida de la segunda. Se queda en tierra de nadie.

Pareja de acción

Acción genérica para un domingo de siesta.

Le doy un aprobado raspado a la fotografía en algunos momentos puntuales, pero siendo misericordioso. La realidad es que es una película de 2 sobre 10. Le pongo una estrella sobre cinco porque no puedo ponerle media. Es totalmente innecesaria. No aporta nada a la carrera de sus protagonistas y, lo que es peor, no aporta nada al espectador más que tiempo perdido. Si queréis ver a Jamie Foxx en acción, poneos Django o Collateral. Si echáis de menos a Cameron Diaz, Algo pasa con Mary siempre estará ahí. Pero huid de esto.

En resumen: es una oportunidad perdida. Podría haber sido una sátira mordaz sobre envejecer en el mundo del espionaje, o una comedia de acción vibrante. En su lugar, es un producto plano, con caras inexpresivas y un guion escrito en una servilleta. Hacedme caso, vuestro tiempo vale más que esto.

«¿Soy yo el único que piensa que Hollywood debería dejar de desenterrar a viejas glorias si no tiene un guion decente?»

Contádmelo en los comentarios, que hoy estoy «hater». 👇

La historia real detrás de The Order: El FBI contra el supremacismo

Poster The Order La Hermandad

Ficha Técnica

  • Título Original: The Order
  • Año: 2024
  • Director: Justin Kurzel
  • Reparto: Jude Law, Nicholas Hoult, Tye Sheridan, Jurnee Smollett
  • Género: Thriller, Drama Criminal, Basado en hechos reales
Mi Valoración de Experto Amateur:
★★½☆☆

(6.5 sobre 10 – Intensa pero para paladares específicos)

De qué va la vaina

«Basada en una historia real de los años 80, la película sigue a un agente del FBI solitario y bebedor (Jude Law) destinado en el noroeste del Pacífico. Allí empieza a notar un patrón en una serie de robos bancarios y falsificaciones que la policía local ignora. Tirando del hilo, descubre a ‘The Order’, un grupo de supremacistas blancos liderados por el carismático y peligroso Bob Mathews (Nicholas Hoult), que planean financiar una guerra racial para derrocar al gobierno de los Estados Unidos.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=10_a7R35p-4?si=QkcKlKb7Ts4yLfFt]

Crítica: Bigotes sexys, nazis de pueblo y una tensión que corta

Vamos a ser claros desde el principio, porque aquí no hemos venido a engañar a nadie. Lo primero que te entra por los ojos en The Order no es la trama política, ni los paisajes nublados, es el bigotillo de Jude Law. Y es que el señor Law es como el buen vino, o mejor dicho, como ese whisky añejo que su personaje se bebe en la película para olvidar las penas. Ha pasado de ser el «Jovencito guaperas» de Hollywood, el Alfie que rompía corazones, a convertirse en un madurito interesante, con una presencia física que llena la pantalla. Ese bigote, amigos, tiene entidad propia; le da un aire de policía de los 80, cansado, curtido, pero extrañamente sexy. Es el tipo de look que hace las delicias de mozas y mozos por igual, confirmando que la edad le sienta de maravilla.

Pero dejando de lado la estética capilar de nuestro protagonista, estamos ante una película intensa. Y cuando digo intensa, me refiero a esa sensación de que algo va a explotar en cualquier momento, aunque en pantalla solo veas a dos tipos hablando en una cabaña de madera. Justin Kurzel, el director, tiene una mano especial para la violencia seca, esa que no necesita fuegos artificiales para doler. La película aborda un tema que, desgraciadamente, está más de actualidad que nunca: el auge de la extrema derecha. Pero no lo hace desde la caricatura del villano de cómic, y eso es lo que da miedo de verdad.

Jude Law en The Order escena intensa

La mirada de quien ha visto demasiadas cosas. Y el bigote, claro.

Lo que me ha flipado de la historia es cómo retrata esas congregaciones. Estamos hablando de agrupaciones de gente que se siente desplazada, marginada, y que encuentra en el odio un lugar común. Es fascinante y aterrador ver cómo, por el simple hecho de querer sentirse parte de un grupo homogéneo, son capaces de justificar lo injustificable. La película nos muestra que el mal no siempre llega con fanfarrias y desfiles militares; a veces llega en forma de reuniones familiares en el campo, barbacoas y discursos sobre «proteger lo nuestro». Es esa manera silenciosa y perniciosa de operar la que te pone los pelos de punta. Actúan contra sus iguales, contra sus vecinos, todo por conseguir una pizca de poder que creen merecer por derecho divino.

La dinámica entre el personaje de Jude Law y el líder de La Hermandad, interpretado por un Nicholas Hoult que me ha sorprendido (y mucho), es el motor de la cinta. Hoult se aleja de sus papeles de chico bueno o excéntrico para encarnar a un líder sectario frío, calculador y carismático. Es ese tipo de maldad tranquila que convence a los jóvenes perdidos de que la violencia es la única respuesta. Y frente a él, un Jude Law magistral. Sinceramente, creo que Law se carga la película a la espalda. Su actuación es contenida, llena de silencios, transmitiendo el peso de un hombre que sabe que está persiguiendo a fantasmas que la sociedad no quiere ver.

Nicholas Hoult como lider de la hermandad

El carisma del mal: Nicholas Hoult bordando el papel de líder manipulador.

Técnicamente, la película es una joya visual. La fotografía es de libro. Aprovecha esos paisajes grises y húmedos del noroeste americano para crear una atmósfera opresiva. Casi puedes oler la lluvia y la madera mojada. No es una película de acción frenética tipo Misión Imposible, y quien busque eso se va a aburrir como una ostra. Esto es un thriller procedimental, de cocción lenta, donde los disparos, cuando llegan, suenan atronadores y definitivos. Hay una crudeza en la puesta en escena que me recuerda al cine de los 70, seco y directo al mentón.

Es curioso cómo esta película ha pasado un poco de largo entre el gran público. Quizás porque el tema es incómodo, o quizás porque el marketing no supo venderla bien, pero es una lástima. No es perfecta, ojo. A veces se siente un poco repetitiva en su tramo central y hay personajes secundarios que entran y salen sin que te importe demasiado su destino. Por eso mi nota no es un sobresaliente. Le falta un poco de «pegada» emocional en algunos momentos para ser una obra maestra. Pero como producto de género, como thriller sobre el fanatismo, funciona como un reloj.

También quiero destacar cómo la película refleja el peligro del silencio. Esos grupos crecen porque nadie quiere mirar, porque las autoridades locales miran para otro lado para no agitar el avispero. Y cuando la cosa estalla, tiene un carácter y una dimensión que nadie esperaba. Es una lección de historia que resuena hoy en día: el odio que se cultiva en silencio acaba haciendo mucho ruido. Ver a Jude Law intentando convencer a sus superiores de que «esto va en serio» es frustrante y realista a partes iguales.

Escena de accion y tension The Order

Cuando el silencio explota, nadie está a salvo.

En resumen, The Order es una película sólida. No va a cambiar la historia del cine, pero ofrece dos horas de cine adulto, serio y bien interpretado. Si te gustan las historias de policías obsesionados, el «true crime» político y ver a actores guapos poniéndose feos (bueno, Jude Law nunca está feo, digamos «desaliñados») por exigencias del guion, esta es tu peli. No desmerece ni un ápice el verla, aunque sea solo por disfrutar de esa fotografía y de ese duelo interpretativo.

Para mí, se queda en un 6,5 sobre 10. Esas dos estrellas y media son muy dignas. Es la típica película que descubres un domingo por la tarde sin esperar nada y terminas recomendándola a los colegas en el bar (o en el grupo de WhatsApp). Dadle una oportunidad, aunque sea por ver cómo le queda la chupa de cuero y el bigote al amigo Jude.

🍿 ¿Y vosotros qué pensáis?

¿Creéis que Jude Law está viviendo su segunda juventud actoral o simplemente se ha dejado bigote? ¿Os dan tanto miedo como a mí estos grupos silenciosos? ¡Os leo en los comentarios!

Por qué no debes ver Un funeral de locos: Análisis

Póster Un Funeral de Locos

Ficha Técnica

  • Título: Un funeral de locos
  • Año: 2024
  • Género: Comedia (o eso dicen)
  • Nacionalidad: España
  • Dirección: Manuel Gómez Pereira
Valoración CP Cine: ☆☆☆☆☆ (0 de 5 estrellas – Insufrible)
«La historia reúne a una familia disfuncional para despedir al patriarca recién fallecido. Sin embargo, lo que debería ser un velatorio solemne se convierte en un caos absoluto cuando secretos del pasado, visitas inesperadas y situaciones rocambolescas amenazan con convertir el funeral en el mayor escándalo del vecindario.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=mI2j6-PyB1E?si=iD321BEec9nQUrEY]

La Crítica: ¿Por qué nos hacemos esto?

A ver, empecemos siendo honestos. Yo no soy crítico de la Cahiers du Cinéma, ni pretendo sentar cátedra sobre el séptimo arte. Soy un consumidor voraz, un «experto amateur» que se traga todo lo que echan: series, discos, películas de autor y, desgraciadamente, productos como Un funeral de locos. Y digo «desgraciadamente» porque darle una estrella de cinco me parecería un insulto a las películas mediocres que al menos lo intentan. Aquí estamos ante un 0 de 10 de manual, una de esas experiencias cinematográficas que te hacen plantearte seriamente en qué momento el cine español decidió que esto era aceptable. Es justa mi nota porque es mala con ganas, sin paliativos.

La premisa no es nueva. Un funeral, una familia que se odia, secretos que salen a la luz… Es un esquema que hemos visto mil veces, desde la maravillosa versión británica original hasta sus múltiples adaptaciones. Pero aquí, el concepto de «remake» o adaptación se ha tomado como una excusa para crear un pastiche sin alma. Tiene sus puntos graciosos, no lo voy a negar rotundamente, pero son tan rebuscados, tan forzados, que la risa se te congela en la boca. Y, cómo no, tenemos el clásico humor escatológico. Parece que en España no sabemos hacer reír si no hay alguien yendo al baño, un fluido corporal fuera de lugar o un chiste de pedos mal tirado. Todo muy Made in Spain, pero del rancio, del que pensábamos que habíamos superado hace dos décadas.

Escena de la película 1

Momentos que pretenden ser cómicos y acaban siendo trágicos.

¿Lo peor? Sin duda, el guion. Es un despropósito que hace aguas por todos lados. Los diálogos no fluyen, las situaciones no escalan de manera natural, sino que saltan de lo absurdo a lo ridículo sin pasar por la casilla de salida. Pero justo detrás del guion, pegadito en la lista de desastres, está ese batiburrillo de actores. Y me duele decirlo, porque hay nombres en el cartel que respeto, gente que ha hecho cosas dignas. Pero sinceramente, viendo el resultado final, uno llega a la conclusión inevitable de que aceptan estos trabajos exclusivamente por el dinero. Y ojo, es lícito, todos tenemos que pagar facturas. Ellos lo llamarán trabajo; yo, desde mi butaca y habiendo pagado la entrada (o la suscripción), lo veo más como una tragedia griega sin catarsis.

Ver a actores con talento sobreactuando, gritando para intentar salvar un chiste que nació muerto en el papel, es doloroso. No hay dirección de actores visible, cada uno parece estar en una película diferente. Unos van a por la farsa total, otros intentan mantener un tono naturalista que no pega ni con cola… Es una orquesta donde cada músico toca una partitura distinta. Y el resultado es ruido. Ruido visual y auditivo que agota al espectador a los veinte minutos de metraje.

Elenco de la película

Un elenco desaprovechado en una macedonia de interpretaciones.

Y aquí entramos en un terreno pantanoso, una cosa que no soporto en general del cine español actual y que aquí se hace patente de forma dolorosa: esa manía de meter tanto actor mexicano y argentino con calzador. Que nadie me malinterprete, adoro el cine latinoamericano, pero en estas producciones comerciales españolas se siente forzado, como una cuota de mercado para poder vender la película al otro lado del charco en plataformas de streaming. No se justifica narrativamente, los acentos chocan, las dinámicas culturales no se exploran… simplemente están ahí, desubicados, en una trama supuestamente localista española. Rompe la inmersión (si es que quedaba alguna) y convierte la película en un producto de laboratorio de marketing más que en una obra artística.

¿Y sabéis qué es «Lo peor volumen 2»? Que esto vende. Y vende mucho. Ves las cifras de taquilla o los rankings de las plataformas y ahí está, en el número uno. Eso es lo verdaderamente deprimente para un «experto amateur» como yo. El hecho de que funcione comercialmente es la condena que nos asegura que vamos a tener este tipo de películas infumables tantas décadas o más como las que ya llevamos soportándolas. Si el público responde y la caja suena, ¿para qué van a esforzarse en escribir un buen guion? ¿Para qué van a buscar una comedia inteligente si el chiste fácil y la cara conocida del momento llenan la sala?

Escena tensa

Ni la tensión se salva del desastre narrativo.

Es un círculo vicioso. Se produce cine de baja calidad porque se consume, y se consume porque es lo que se publicita masivamente con caras conocidas. Al final, Un funeral de locos hace honor a su nombre, pero los locos somos nosotros por esperar algo diferente. Es un producto empaquetado al vacío, sin sabor, sin olor (salvo el de los chistes escatológicos) y sin futuro en la memoria de nadie. Una película de usar y tirar que, lamentablemente, tardará mucho en degradarse en el vertedero de nuestra memoria cinematográfica.

En resumen, ahórratela. Hay miles de series, discos y libros esperando tu tiempo. No lo malgastes en ver a gente talentosa haciendo el ridículo por un cheque, mientras el cine español de calidad, ese que se hace con menos presupuesto pero con más corazón, lucha por encontrar una sala donde proyectarse.

¿Tú también picaste?

¿Crees que soy un exagerado o realmente el cine comercial español necesita un reseteo urgente? Déjame tu opinión en los comentarios, que al menos ahí nos reiremos seguro.

Cine de los 90: Por qué Thelma & Louise no ha envejecido ni un día

Póster principal de Thelma & Louise

Ficha Técnica: Thelma & Louise

  • Año: 1991
  • Dirección: Ridley Scott
  • Guion: Callie Khouri
  • Reparto Principal: Susan Sarandon, Geena Davis, Harvey Keitel, Brad Pitt, Michael Madsen.
  • Género: Road Movie, Drama, Aventura.

Valoración de CP Cine:

★★★★☆

(4 de 5 estrellas – ¡Un clásico imprescindible!)

«Thelma Dickinson, un ama de casa de vida vacía y anodina, y Louise Sawyer, una camarera que sueña con que su novio Jimmy le pida matrimonio, deciden hacer un pequeño viaje juntas para huir de la rutina. Sin embargo, su escapada de fin de semana se transforma en una huida trepidante a través de Estados Unidos cuando un intento de violación en un bar de carretera cambia sus vidas para siempre.»

Tráiler Original:

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Más que un viaje: Mi encuentro tardío con un icono de los 90

Tengo que empezar esta reseña con una confesión de «experto amateur»: nunca, pero de verdad nunca, me había planteado seriamente ver ‘Thelma & Louise’ hasta hace muy poco. Es rarísimo, lo sé. Estamos hablando de una de esas películas que siempre ha estado ahí, flotando en el ambiente. Desde mi infancia, el título formaba parte del argot popular. Escuchaba a compañeros de clase hacer chistes sobre el final (sin yo entenderlos del todo), a amigos cinéfilos empedernidos citarla con reverencia, y a mi familia mencionarla como un referente cuando salía algún tema sobre mujeres fuertes en el cine. Era como ese mueble antiguo y valioso en la casa de tus padres que sabes que es importante, pero al que nunca le prestas verdadera atención.

Poco a poco, sin que yo reparara conscientemente en ello, la película se fue cimentando en mi cabeza como un clásico intocable, un icono cultural. Quizás por eso mismo me daba pereza verla; a veces, cuando una obra tiene tanta fama, te da miedo que te decepcione o sientes que ya la has visto por ósmosis cultural. Pero un día, en el verano de 2025, buscando qué ver con mi pareja y cansados de dar vueltas por el catálogo infinito de las plataformas de streaming actuales, decidimos que era el momento. «¿Ponemos esa de las dos chicas y el coche?», dijimos. Y madre mía, qué decisión más acertada. Qué gusto da cuando el cine te sacude así.

Susan Sarandon y Geena Davis sonriendo en el coche

Desde el minuto uno, la película te golpea con una esencia noventera que no le cabe en el pecho, y lo digo como el mejor de los piropos. Hay algo en la fotografía, en el color del desierto, en la música (¡esa banda sonora de Hans Zimmer combinada con temazos de rock sureño!), que te transporta inmediatamente a esa época. Pero lo curioso es que no se siente «vieja» o caduca; se siente auténtica. Ridley Scott, que venía de hacer cosas visualmente tan distintas como ‘Alien’ o ‘Blade Runner’, aquí demuestra que es un maestro creando atmósferas sudorosas, polvorientas y palpables. Sientes el calor del asfalto y el viento en la cara de las protagonistas.

Pero más allá de la estética, lo que me atrapó y me sorprendió muchísimo fue la profundidad de los temas. Yo esperaba una simple película de «chicas malas huyendo de la poli», una especie de ‘Bonnie & Clyde’ en versión femenina y ligera. Qué equivocado estaba. ‘Thelma & Louise’ es una bofetada de realidad disfrazada de aventura. Es una película brutal sobre la resiliencia, la hermandad inquebrantable, el feminismo visceral y la opresión sistémica. Es increíble pensar que se estrenó en 1991. Me imagino que en esa época sería absolutamente impactante, incluso escandalosa para las mentes más conservadoras, ver a dos mujeres tomar el control de su destino de una forma tan radical, respondiendo a la violencia con violencia cuando no les queda otra salida.

Y aquí es donde entra la parte triste de la experiencia de verla en 2025: se conserva tan bien, no solo por la calidad técnica, sino porque su mensaje sigue estando dolorosamente presente y de actualidad. Han pasado 34 años y las situaciones que detonan la huida de Thelma y Louise siguen ocurriendo a diario. El marido controlador e idiota de Thelma, el intento de violación en el parking del bar (una escena terroríficamente bien rodada que te hiela la sangre), el camionero baboso que las acosa en la carretera… todo ese catálogo de masculinidades tóxicas sigue ahí fuera. La película no ha envejecido ni un día en su denuncia, y eso te deja un poso amargo mientras disfrutas de la aventura.

Thelma y Louise en una escena tensa de la película

Hablemos de la dupla protagonista, porque sin ellas no habría película. Un 8 de 10 (que en mi escala visual de arriba he redondeado a 4 estrellas bien grandes) se queda corto para lo que hacen Susan Sarandon (Louise) y Geena Davis (Thelma). Su química es explosiva, natural, tierna y compleja. Lo mejor de la cinta es ver la evolución de sus arcos de personaje, que son casi opuestos y complementarios. Al principio, Louise es la dura, la que lleva los pantalones, la organizada que intenta mantener el control mientras carga con un trauma del pasado; Thelma es la ama de casa naíf, un poco atolondrada, que vive bajo la bota de su marido y que parece no enterarse de nada, solo quiere un fin de semana de diversión.

Sin embargo, a medida que los kilómetros pasan y las situaciones se vuelven más desesperadas, los roles empiezan a cambiar. Es fascinante ver cómo Thelma despierta. Su transformación, catalizada también por el encuentro con el personaje de un jovencísimo Brad Pitt (que está perfecto como el ladrón encantador que le enseña un par de cosas sobre la vida y el crimen), es el motor de la segunda mitad de la película. Thelma descubre una fuerza interior que no sabía que tenía, una capacidad para la acción que sorprende incluso a Louise. Por su parte, Louise empieza a resquebrajarse bajo la presión, mostrando una vulnerabilidad desgarradora. Sarandon y Davis bordan este baile de personalidades, apoyándose la una en la otra de una forma que define perfectamente el concepto de sororidad mucho antes de que usáramos tanto esa palabra.

La película también le da una vuelta de tuerca maravillosa al género de la «road movie». Tradicionalmente, la carretera en el cine americano había sido un espacio de libertad masculina, de descubrimiento para hombres rebeldes. Aquí, el Ford Thunderbird descapotable del 66 se convierte en un tercer personaje protagonista, un vehículo literal y metafórico hacia la liberación femenina. Cada kilómetro que se alejan de sus vidas anteriores es un paso hacia una libertad que saben que tiene un precio altísimo. La carretera es preciosa, los paisajes de Utah y Arizona son espectaculares, pero también es una trampa que se va cerrando a su alrededor con cada coche de policía que se suma a la persecución.

El icónico Ford Thunderbird en el paisaje desértico

Como consumidor voraz de cine, me encanta cuando una película me hace pasar por todos los estados de ánimo. Ver ‘Thelma & Louise’ fue una gozada, pero también fue sufrirla. Te ríes con sus momentos de complicidad, sientes la adrenalina de la huida, te indignas con los personajes que las oprimen y, finalmente, te emocionas hasta la médula con el desenlace. No voy a destripar el final por si queda algún otro despistado como yo que aún no la ha visto en 2025, pero diré que es, sin duda, uno de los finales más valientes, coherentes e icónicos de la historia del cine. Es un puñetazo en la mesa que te deja clavado en el sofá mientras pasan los créditos.

En resumen, mi encuentro tardío con estas dos heroínas ha sido una de las mejores experiencias cinematográficas que he tenido últimamente. Me arrepiento de no haberla visto antes, pero también me alegro de haberla descubierto ahora, con la madurez suficiente para entender todas sus capas. Si eres de los que, como yo, pensaba que ya sabía de qué iba esta película sin haberla visto, hazte un favor: búscala, prepárate unas palomitas y déjate llevar por este viaje increíble. Es cine con mayúsculas, del que entretiene y del que te cambia un poquito por dentro.

⚡ ¡Turno para los comentarios!

Y vosotros, ¿sois de los que visteis este clásico en su época y os impactó, o sois de los que, como yo, habéis llegado tarde a la fiesta? ¿Creéis que su mensaje sigue siendo tan necesario hoy como en los 90? ¡Os leo abajo! 👇

El regreso de la muerte: Análisis de Destino Final 6 Lazos de Sangre.

Poster Destino Final Lazos de Sangre

Ficha Técnica

  • Título Original: Final Destination: Bloodlines
  • Año: 2025
  • Género: Terror / Slasher Sobrenatural
  • Dirección: Zach Lipovsky, Adam B. Stein
  • Guion: Lori Evans Taylor, Guy Busick
  • Valoración Personal: ⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⚪⚪ (8/10)

Sinopsis

«La muerte tiene una cuenta pendiente y esta vez es personal. Stefani, atormentada por las visiones de su propia muerte, descubre que su pesadilla está ligada a un linaje maldito que se remonta a la catástrofe del vuelo 180. En un intento desesperado por romper la cadena, deberá enfrentarse a un diseño macabro que ha estado esperando décadas para cerrarse. La lista ya está escrita, y la sangre llama a la sangre.»

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El Regreso de la Parca: Un cierre digno para una generación

Voy a seros totalmente sincero: el 2025 ha sido un año extraño. Hemos visto secuelas innecesarias, reboots sin alma y películas de «terror elevado» que a veces se olvidan de que, en el fondo, hemos venido a pasar miedo. Pero entonces, casi sin avisar, llega Destino Final: Lazos de Sangre y me devuelve de un tortazo a mi adolescencia. No soy ningún crítico de la academia, ni pretendo saber de iluminación o montaje, pero sé lo que me hace agarrarme al brazo del sofá. Y esta película lo ha conseguido como hacía años que no lo sentía. Es esa sensación de volver a casa, aunque esa casa esté llena de trampas mortales y presagios oscuros.

La vuelta a las pantallas a modo de cierre explicativo de la saga ha sido, sin duda, una de las delicias de mi año en relación al cine de terror. Es una película ágil, certera y que juega con la nostalgia de una forma muy inteligente. No se limita a copiar lo que ya vimos en el año 2000 con el Vuelo 180, sino que coge toda esa mitología y le da un sentido, un «por qué» que quizás no pedimos, pero que agradecemos profundamente. Tiene todos los remembers y guiños posibles para emanar ese algo especial que se tiene en las primeras veces de sagas tan importantes como esta y que, normalmente, se va diluyendo entrega tras entrega hasta convertirse en una parodia de sí misma. Aquí no. Aquí la Muerte vuelve a dar miedo.

Escena de tensión Destino Final

La tensión se palpa en cada encuadre, recuperando la atmósfera opresiva de la primera entrega.

Hablemos de lo que todos venimos a buscar en una película de Destino Final: las muertes. Seamos honestos, en este nicho somos un poco morbosos. Nos gusta ver cómo una serie de coincidencias imposibles —un tornillo suelto, una gota de agua, un cable pelado— desencadenan el caos absoluto. En Lazos de Sangre, la creatividad está por las nubes. Ya no es solo el gore por el gore (que lo hay, y mucho), es la tensión de la espera. Los directores juegan con nosotros. Nos hacen mirar a la derecha esperando el golpe, para que la muerte llegue por la izquierda. Esa «agilidad» que mencionaba antes se nota en el ritmo; no hay tiempos muertos aburridos donde los personajes divagan sobre la vida. Aquí, si se paran a hablar, es porque están cagados de miedo, y eso se transmite.

Lo que más me ha sorprendido gratamente es cómo han tratado el tema del «linaje». Sin entrar en spoilers graves, la idea de que la muerte no solo te persigue a ti, sino que busca cerrar un círculo generacional, le añade un peso dramático que las anteriores (salvo quizás la primera y la quinta) no tenían. Ya no son solo adolescentes tontos muriendo uno tras otro; hay una historia de fondo que conecta con el inicio de todo. Para un fan como yo, que ha crecido viendo cómo esquivaban camiones de troncos en la autopista, ver cómo atan cabos sueltos desde hace 25 años es simplemente satisfactorio. Es un regalo para los que hemos seguido la franquicia incluso en sus momentos más bajos.

Visualmente, la película cumple con creces. No abusa del CGI barato que tanto daño hizo al cine de terror de la década pasada. Los efectos prácticos vuelven a tener protagonismo, y eso se agradece. Cuando ves sangre, parece sangre. Cuando ves huesos romperse, te duele. Ese realismo sucio es lo que necesitaba la saga para volver a ser relevante en una época dominada por el terror digital.

Personajes investigando el misterio

Investigando las pistas del pasado: cuando el destino está escrito, ¿se puede borrar?

Y hablando de los protagonistas, ¡qué alivio! Por fin personajes que no tomen decisiones estúpidas cada cinco minutos. Bueno, alguna toman, porque si no la película duraría diez minutos, pero en general se sienten humanos. Tienen miedo, lloran, se desesperan, pero intentan luchar. La química entre el elenco joven funciona, y la inclusión de figuras veteranas (que no desvelaré para no arruinar la sorpresa) le da ese toque de legitimidad que la convierte en una secuela con peso propio. Se nota que los guionistas han respetado el material original. No intentan reinventar la rueda, solo hacerla girar más rápido y mejor.

La disfruté muchísimo, de verdad. Le pondría un sólido 8 de 10. Es un cine fácil, directo y que engancha, exactamente lo que necesitamos en estos tiempos tan raros que vivimos. A veces, uno no quiere ver una película metafórica de tres horas sobre la condición humana en blanco y negro; a veces, uno solo quiere ver cómo el destino hace de las suyas en una sala de cine, en un gimnasio o en una cocina mal diseñada. Es catártico. Es entretenimiento puro y duro, sin pretensiones, pero hecho con un cariño y una calidad técnica envidiables.

El tramo final de la cinta es una montaña rusa. Justo cuando crees que han encontrado la solución, la película te recuerda la regla de oro: a la Muerte no se la puede engañar. O al menos, no tan fácilmente. El clímax es intenso, ruidoso y visualmente espectacular. Cierra tramas, pero te deja con esa inquietud en el cuerpo al salir del cine, esa manía de mirar dos veces antes de cruzar la calle o de desconfiar de ese ascensor que hace un ruido extraño. Y eso, amigos, es la magia del cine. Si una película consigue cambiar tu comportamiento durante las dos horas siguientes a verla, ha triunfado.

El desenlace fatal

El diseño de producción brilla en los momentos clave, creando trampas mortales inolvidables.

En conclusión, Destino Final: Lazos de Sangre no ganará Oscars, ni falta que le hace. Ha ganado algo más difícil: el respeto de los fans y la validación de que el slasher sobrenatural sigue vivo y coleando. Es una carta de amor a los sustos de principios de milenio, actualizada para la generación de TikTok pero manteniendo el espíritu analógico de la desgracia inminente. Si eres como yo, un «experto amateur» que devora cine buscando sensaciones fuertes, no te la puedes perder. Es el cierre que merecíamos.

💀 PREGUNTA PARA VOSOTROS 💀

«Si pudieras elegir una muerte de toda la saga para NO sufrir jamás… ¿cuál sería? Yo sigo teniendo pesadillas con el camión de troncos…»


¡Déjamelo en los comentarios!

Reseña sin spoilers: Mi Año en Oxford, el romance Young Adult del invierno

Póster Oficial Mi Año en Oxford

Ficha Técnica

  • Título Original: My Oxford Year
  • Año: 2025
  • Género: Drama Romántico / Young Adult
  • Dirección: Iain Morris
  • Reparto Principal: Sofia Carson, Corey Mylchreest, Hugh Bonneville.
  • Plataforma: Netflix

¿De qué va esto?

«Cuando la ambiciosa Ella (Sofia Carson) consigue la beca Rhodes de sus sueños para estudiar en Oxford, su vida está perfectamente planificada: un año de estudios intensos y luego regresar a Washington para trabajar en una campaña presidencial. Pero sus planes chocan de frente con Jamie (Corey Mylchreest), un profesor auxiliar brillante pero arrogante con un secreto devastador que cambiará el curso de sus vidas para siempre. Entre las agujas de ensueño de la universidad y los pubs británicos, Ella deberá elegir entre su carrera política soñada y un amor que tiene fecha de caducidad.»
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Oxford, lágrimas y la fórmula que nunca falla

A ver, seamos sinceros desde el principio. No me he sentado a ver Mi año en Oxford esperando encontrar la próxima obra maestra del cine neorrealista ni un guion que desafíe las leyes de la narrativa moderna. No. Me he sentado en el sofá un sábado de enero, con una manta de esas que pesan dos kilos y una taza de té ardiendo, buscando exactamente lo que Sofia Carson y Corey Mylchreest me han dado: sufrir bonito. Porque sí, amigos, estamos en 2026 y seguimos consumiendo estas historias como si fuera la primera vez, aunque sepamos exactamente cómo va a terminar todo desde el minuto cinco. Y os digo una cosa: no pasa absolutamente nada por admitirlo.

Sofia Carson, que se ha coronado definitivamente como la It Girl de 2025 (y lo que llevamos de 2026), vuelve a hacer lo que mejor se le da: ser la chica americana perfeccionista, inmaculada y con un armario que ninguna beca de estudiante podría pagar en la vida real. Su interpretación de Ella es sólida dentro de los márgenes que permite este género. Tiene esa capacidad de llorar con una sola lágrima perfecta cayendo por la mejilla izquierda sin que se le corra el rímel, una habilidad que yo, como experto amateur en dramas de sofá, valoro muchísimo. Representa esa ambición estadounidense que choca frontalmente con la flema británica, un tropo tan viejo como el propio cine, pero que aquí se siente extrañamente reconfortante.

Escena romántica en Oxford

La química visual funciona, aunque el guion no ayude demasiado.

Y luego está él. Corey Mylchreest. Si alguien tenía dudas de si podría sostener un papel de galán torturado después de su éxito en el universo Bridgerton, aquí se disipan. Hace de «guaperas en apuros» de manual. Es ese tipo de personaje académico, un poco arrogante al principio, que recita poesía y te lleva a pasear por edificios centenarios mientras esconde un secreto trágico. La película juega la carta del «chico malo/triste que solo necesita amor» y, maldita sea, caemos en la trampa. La química entre ambos no es explosiva, no es de esas que traspasan la pantalla y te queman las pestañas, pero es funcional. Es una química de diseño, bonita de ver, como un escaparate de Navidad bien montado.

Hablemos del verdadero tercer protagonista de la cinta: Oxford. La dirección de fotografía se ha encargado de que cada piedra, cada biblioteca y cada pub parezca sacado de un folleto turístico de lujo. Es el «Dark Academia» llevado al mainstream de Netflix. Hay una belleza nostálgica en cómo retratan el invierno inglés, esa humedad que casi puedes sentir y que justifica el uso excesivo de abrigos de lana maravillosos. Visualmente, la película es un caramelo. Te entran ganas de dejarlo todo, matricularte en literatura inglesa y pasear en bicicleta bajo la lluvia, aunque en la vida real eso signifique llegar empapado y con frío a clase. Aquí, hasta la hipotermia parece glamurosa.

Sofia Carson en Oxford

El vestuario de Sofia Carson: poco realista para una estudiante, perfecto para la película.

Pero vamos a lo que duele, o a lo que debería doler. La trama. La historia está más manida que la receta del pan. Chica ambiciosa con plan de vida rígido conoce a chico despreocupado (por razones de peso) que le enseña a vivir el momento. El eje Estados Unidos – Reino Unido siempre presente en estos tejemanejes amorosos funciona como un reloj suizo. ¿Es original? Para nada. ¿Nos importa? Tampoco. Es un drama romántico lacrimógeno que no busca reinventar la rueda, sino hacerla girar suavemente sobre nuestros corazones sensibles. Hay momentos en los que el guion fuerza tanto la lágrima que casi te sientes manipulado, como si el director te estuviera pellizcando el brazo para que llores. Y sin embargo, cuando llega el clímax emocional, ahí estás, buscando un pañuelo.

Lo que sí me chirría un poco, desde mi humilde opinión de espectador que ha visto demasiadas películas de este tipo, es la falta de profundidad en los personajes secundarios. Parecen meros satélites que orbitan alrededor de la pareja principal para soltar la frase graciosa o el consejo sabio en el momento justo, y luego desaparecen. Oxford está lleno de gente interesante, pero aquí todo se reduce al drama de los dos protagonistas. Es una oportunidad perdida para darle más color y textura a la historia, pero entiendo que en 100 minutos no da tiempo a todo si queremos recrearnos en planos lentos de miradas intensas.

Corey Mylchreest personaje

Corey Mylchreest dominando el arte de la mirada intensa y torturada.

En definitiva, Mi año en Oxford es un producto de su tiempo. Es cine «confort food». Sabes que no es nutritivo, sabes que es pura azúcar y carbohidratos emocionales, pero en una tarde fría de sábado, es justo lo que el cuerpo te pide. No nos lleva a ningún lado nuevo, no nos descubre verdades universales, pero nos permite escapar durante un rato a un mundo donde los problemas, por muy trágicos que sean, tienen una iluminación perfecta y una banda sonora indie-pop que encaja como un guante.

Le doy un 5 raspado (sobre 10) siendo crítico, o un «aprobado alto» en la escala del disfrute culpable. Es una película «sin más», una más para el catálogo, pero se deja disfrutar y, si te pilla con la guardia baja, se deja llorar. Y a veces, solo a veces, eso es todo lo que necesitamos para cerrar la semana.

Valoración CP Cine

★★½☆☆

(5/10 – Pasable, ideal para tarde de lluvia)

🗣️ Ahora te toca a ti:

¿Eres de los que disfruta sufriendo con estos dramas románticos o prefieres que no jueguen con tus sentimientos? ¿Crees que Corey y Sofia tienen química o es puro marketing?

¡Te leo en los comentarios! 👇

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