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«You and Forever»: El hipnótico baile entre Jack Antonoff y Margaret Qualley

You and Forever

La nueva joya visual de Bleachers junto a Margaret Qualley


Hay algo profundamente magnético en la colaboración creativa entre Jack Antonoff y Margaret Qualley. En el estreno de «You and Forever», este vínculo trasciende lo personal para entregarnos una pieza audiovisual que se siente como un sueño febril y, al mismo tiempo, como una declaración de amor absoluta.

«I had never known my name until you spoke it from your chest… that’s forever.»

El vídeo, dirigido por Alex Lockett, nos sumerge en una atmósfera cinematográfica donde el movimiento es el protagonista. Qualley, cuya formación en danza siempre aporta una fisicidad única a sus proyectos, brilla con una coreografía orgánica que captura la urgencia y la devoción que destila la letra de la canción. No es solo un vídeo musical; es un retrato íntimo de dos artistas en total sintonía.

Musicalmente, Bleachers sigue perfeccionando ese sonido que mezcla la nostalgia del rock de estadio con una producción meticulosa (atención a ese clavecín y los saxos marca de la casa). «You and Forever» es el adelanto perfecto para lo que viene en su próximo proyecto, «everyone for ten minutes».

Protagonistas: Margaret Qualley, Jack Antonoff & Smokey the dog

Director: Alex Lockett

Álbum: Everyone for ten minutes (May 22)

Se apaga la luz de Dawson: James Van Der Beek fallece a los 48 años.

James Van Der Beek (1977 – 2026)

El eterno confidente de nuestra juventud


Hoy el mundo del espectáculo se siente un poco más vacío. La noticia de la partida de James Van Der Beek a los 48 años nos ha dejado con el corazón encogido, no solo por su talento, sino por lo que representó para toda una generación que creció frente al televisor.

Un legado más allá de Capeside

Aunque siempre será recordado como el alma de Dawson’s Creek, James fue mucho más que un rostro adolescente. Fue un actor que abrazó la vulnerabilidad en una época donde los hombres rara vez lo hacían en pantalla.

  • Voz de una generación: Nos enseñó que estaba bien sentir demasiado, pensar demasiado y, sobre todo, ser fiel a uno mismo.
  • Humildad y humor: Pocos actores han sabido reírse de su propia fama con tanta inteligencia y elegancia como él lo hizo en sus años posteriores.
  • Valentía final: Su lucha contra el cáncer fue llevada con una dignidad que solo confirma la integridad del hombre detrás de las cámaras.
«Crecer significa aceptar que no siempre tienes las respuestas, pero sí el valor para seguir preguntando.»

Hasta siempre, James

Nos quedamos con la imagen de aquel chico en el muelle, con sus reflexiones infinitas y su mirada curiosa. Se va el actor, pero se queda el icono. Su partida nos recuerda la fragilidad de la vida y la importancia de los recuerdos que construimos a través de las historias que amamos.

Descansa en paz. Gracias por todo.

© 2026 – Homenaje a una leyenda de la televisión

¿Es Escupiré sobre tu tumba 2 mejor que la original? Mi opinión honesta

Póster Escupiré sobre tu tumba 2

Ficha Técnica

  • Título: Escupiré sobre tu tumba 2 (I Spit on Your Grave 2)
  • Año: 2013
  • Dirección: Steven R. Monroe
  • Reparto: Jemma Dallender, Joe Absolom, Yavor Baharov, George Zlatarev
  • Género: Terror / Thriller / Rape & Revenge
  • Duración: 106 min.
  • País: Estados Unidos
★★★★☆ 4 de 5 estrellas

Katie es una joven que intenta abrirse camino en el mundo de la moda en Nueva York. Sin embargo, lo que empieza como una sesión de fotos rutinaria acaba convirtiéndose en una pesadilla inimaginable. Secuestrada, torturada y trasladada a la fuerza hasta Bulgaria, Katie tendrá que sacar fuerzas de la oscuridad más absoluta para sobrevivir y ejecutar una venganza tan sangrienta como necesaria.

No os voy a mentir: iba con el cuerpo preparado pero, aun así, me ha vuelto a pasar. Pensaba que después de haber visto la primera entrega de este «reboot», ya nada podría revolverme más el estómago, pero me equivocaba. Escupiré sobre tu tumba 2 es una película cruda, fría y despiadada que no busca hacer amigos ni dar concesiones al espectador. Es cine de género en su estado más puro y salvaje, una montaña rusa de sensaciones que empieza en la vulnerabilidad y termina en un estallido de violencia catártica que te deja pegado a la silla.

La trama parece sencilla sobre el papel: chica guapa y sola es víctima de un grupo de hombres desalmados. Pero aquí, el escenario cambia el juego. Al trasladar la acción a la Europa del Este, la sensación de aislamiento e indefensión de la protagonista es total. No es solo que esté sola contra unos sádicos, es que está en un país donde no entiende el idioma, donde las instituciones parecen mirar hacia otro lado y donde el «patriarcado» no es una palabra de moda en Twitter, sino una realidad estructural que permite que estos hombres actúen con una impunidad que pone los pelos de punta.

Escena de Escupiré sobre tu tumba 2

Lo que más me ha impactado de esta secuela es cómo maneja la atmósfera. Hay algo en la luz, en esos escenarios sucios y húmedos, que te hace sentir que la esperanza es un lujo que Katie no puede permitirse. Jemma Dallender hace un trabajo brutal. Pasa de ser una chica llena de sueños en Nueva York a un animal herido que solo vive para la justicia poética (y muy sangrienta). Ver su transformación es doloroso, pero necesario para entender el cambio de chip que da la película en su segunda mitad.

Hablemos del tema moral, porque aquí hay mucha tela que cortar. La película pone sobre la mesa el papel de la autoridad. Ese policía que ayuda a la chica americana… ¿lo hace por justicia o por una moralidad propia? La ambigüedad de ciertos personajes añade una capa de realismo sucio que hace que la película no sea un simple «slasher» de manual. Aquí la maldad no es un monstruo con máscara, son personas normales que deciden, por puro placer o sentimiento de superioridad, destruir la vida de alguien.

Momento crítico de la película

El ritmo de la película es una tortura china, en el buen sentido cinematográfico. Se toma su tiempo para que sufras con ella, para que sientas cada golpe y cada humillación. Esto hace que cuando llega la parte de la venganza, el espectador sienta una liberación casi primitiva. No es algo bonito de admitir, pero la película juega con esa sed de justicia que todos llevamos dentro cuando vemos una injusticia tan atroz. Es un cine que te obliga a mirarte al espejo y preguntarte: ¿hasta dónde llegaría yo?

A nivel técnico, la música y el sonido juegan un papel fundamental. Hay silencios que duelen más que los gritos. La dirección de Steven R. Monroe es directa, sin florituras innecesarias, centrándose en el dolor físico y emocional. No es una película para todo el mundo, de eso no hay duda. Si buscas un entretenimiento ligero, huye de aquí. Pero si buscas una obra que explore los límites de la resistencia humana y la oscuridad del alma, esta cinta cumple con creces.

La venganza en Escupiré sobre tu tumba 2

Hay un componente religioso o espiritual latente en toda la obra. Esa idea del pecado, del castigo y de la redención a través de la sangre. Katie se convierte casi en una figura bíblica de castigo. La impunidad con la que trabajan sus captores al principio se vuelve contra ellos de la forma más irónica y cruel posible. Es un recordatorio de que, a veces, el infierno no es un lugar al que vas, sino algo que la gente puede crear aquí en la tierra para otros.

En conclusión, «Escupiré sobre tu tumba 2» es un ejercicio de estilo dentro del género *Rape & Revenge* que no desmerece a su predecesora. Es más grande, más sucia y, si cabe, más desesperanzadora. Me ha dejado dándole vueltas a la cabeza durante horas a temas como el privilegio, la seguridad y la delgada línea que separa la justicia de la barbarie. Una película que te remueve las entrañas y te obliga a reflexionar sobre la violencia en nuestra sociedad.

¿Hasta dónde llegarías por justicia?

Esta película nos pone frente a un espejo muy incómodo sobre la violencia y la impunidad. Me encantaría saber qué sentisteis vosotros al verla. ¿Creéis que la venganza de Katie es justificada o la película cruza una línea que no debería?

¡Cuéntamelo abajo en los comentarios, te leo!

La joya oculta de Tony Scott: Reseña de Asalto al tren Pelham 123

Asalto al tren Pelham 123

Ficha Técnica

  • Título: Asalto al tren Pelham 123 (The Taking of Pelham 123)
  • Año: 2009
  • Dirección: Tony Scott
  • Reparto: Denzel Washington, John Travolta, John Turturro, James Gandolfini
  • Género: Acción, Thriller, Robos (Heist)
  • Duración: 106 min.
  • País: Estados Unidos
★★★★☆ 4 DE 5 – ¡TREPIDANTE!

Un día cualquiera en el metro de Nueva York se convierte en una pesadilla cuando un grupo armado, liderado por el despiadado Ryder, secuestra el vagón Pelham 123. A cambio de la vida de los pasajeros, exigen una cifra millonaria en una hora. Walter Garber, un oficial de despacho con sus propios problemas, se convierte por azar en el único interlocutor capaz de frenar la masacre.

A veces uno no necesita que el cine reinvente la rueda ni que le den una lección de filosofía existencial de tres horas. A veces, lo que el cuerpo pide es un thriller de los de antes, con olor a palomitas, sudor y tensión constante. Asalto al tren Pelham 123, la versión de 2009 dirigida por el siempre eléctrico Tony Scott, es exactamente ese tipo de película. Es una cinta que respira un aire noventero increíble, aunque se rodara al final de la década de los 2000, y eso, sinceramente, es su mayor virtud. No hay pretensiones de ser una obra maestra del arte visual, sino de ser una montaña rusa que no te suelte el cuello durante cien minutos.

La premisa es sencilla: un tipo malo secuestra un tren y pide pasta. Pero lo que hace que esto funcione no es el «qué», sino el «quién». En una esquina del cuadrilátero tenemos a John Travolta haciendo de Ryder, un villano pasado de rosca, con un tatuaje en el cuello y una mala leche que se huele a través de la pantalla. Me encanta cuando Travolta se desmelena (figuradamente, claro) y se entrega al papel de loco peligroso. Su personaje es volátil, malhablado y capaz de pegarle un tiro a cualquiera por un minuto de retraso. Es ese tipo de actuación que bordea lo exagerado pero que en el contexto de la dirección de Scott encaja como un guante.

Denzel Washington y John Travolta

Y en la otra esquina, Denzel Washington. ¿Qué vamos a decir de este hombre? Es, posiblemente, el actor que mejor sabe interpretar al «tío normal» que se ve envuelto en una situación extraordinaria. Aquí no es un superpolicía ni un héroe de acción; es Walter Garber, un interventor del metro que está siendo investigado por un presunto soborno y que simplemente estaba en su puesto ese día. Denzel clava esa mezcla de vulnerabilidad, decencia y astucia callejera. Es el ancla moral de la película, y la química que tiene con Travolta a través del micrófono —porque se pasan media peli hablando por radio— es lo que realmente sostiene el metraje.

Hablemos del estilo visual de Tony Scott. Si conoces su cine posterior a Man on Fire, sabes lo que hay: montaje frenético, colores saturados, zooms imposibles y una cámara que no se queda quieta ni un segundo. Para algunos esto puede resultar agotador, pero para un servidor, aquí funciona de maravilla para transmitir el caos de Nueva York y la claustrofobia del túnel del metro. La película tiene un ritmo endiablado; no hay escenas de relleno. Es una carrera contrarreloj donde el sudor de los personajes parece traspasar el televisor. Nueva York se siente sucia, ruidosa y viva, casi como un personaje más de la trama.

Tensión en el metro de Nueva York

Lo que me fascina de este film es cómo maneja el concepto del héroe accidental. Walter Garber no tiene por qué jugarse la vida, pero siente una responsabilidad ética hacia esos pasajeros. La tensión no solo viene de los disparos, sino de la guerra psicológica que Ryder intenta jugar con él. Ryder detecta que Garber no es un santo, que tiene sus manchas, y utiliza eso para intentar quebrarlo. Es un duelo de voluntades magnífico donde el diálogo tiene tanto peso como la acción física. Además, ver a secundarios de lujo como John Turturro o el añorado James Gandolfini como alcalde de la ciudad le da un empaque que muchas pelis de acción actuales ya querrían para sí.

¿Es perfecta? No. Tiene sus agujeros de guion y algunos momentos donde la suspensión de la incredulidad tiene que trabajar horas extras, especialmente en la parte final cuando la trama sale de los túneles a las calles. Sin embargo, en el cine de entretenimiento lo que cuenta es la honestidad de la propuesta, y esta película es honesta a rabiar. No te engaña: te promete tensión, buenas actuaciones y un final satisfactorio, y te lo da con creces. Es cine de robos puro, destilado y servido sin hielo, directo al grano.

Escena de acción Pelham 123

La banda sonora de Harry Gregson-Williams también merece una mención. Es machacona, industrial y sube las pulsaciones. Acompaña perfectamente esa sensación de que el tiempo se agota. Reviéndola hoy, me doy cuenta de que extraño este tipo de producciones de presupuesto medio-alto que se centraban en los personajes y en una trama sólida en lugar de gastarse todo el dinero en CGI barato. Hay algo muy táctil y real en ver los vagones de metal crujiendo y las chispas saltando sobre los raíles.

En definitiva, si buscas una película para disfrutar un viernes noche, desconectar del mundo y ver a dos gigantes de la interpretación enfrentarse cara a cara, no busques más. Asalto al tren Pelham 123 es un recordatorio de por qué amamos el cine de acción bien ejecutado. Tony Scott nos dejó un legado de adrenalina, y este tren es una de las paradas obligatorias de su filmografía. No será la más profunda, pero demonios, ¡qué bien te lo pasas durante todo el trayecto!

«¿Qué estarías dispuesto a confesar para salvar la vida de un desconocido?»

Denzel y Travolta nos regalan un duelo interpretativo que no envejece. ¿Eres más del thriller clásico de los 70 o te quedas con esta versión eléctrica de Tony Scott?

¡Cuéntame tu opinión en los comentarios y hablemos de cine!

Sexismo, lujo y amnesia: El cóctel explosivo de Parpadea dos veces.

Parpadea dos veces - Póster

Ficha Técnica

Título: Parpadea dos veces (Blink Twice)

Año: 2024

Dirección: Zoë Kravitz

Reparto: Naomi Ackie, Channing Tatum, Adria Arjona, Christian Slater, Simon Rex

Género: Thriller Psicológico / Intriga

Duración: 102 min.

País: Estados Unidos

Valoración: ★★★★☆
Frida, una joven camarera, es invitada por el magnate Slater King a su paradisíaca isla privada. Lo que comienza como un sueño de lujo, sol y champán pronto se transforma en una pesadilla donde los recuerdos se borran y el peligro acecha tras cada parpadeo. ¿Es el paraíso una cárcel dorada?

Hay películas que se sienten como una tarde sofocante de agosto: pesadas, sudorosas y con una tensión eléctrica que amenaza con estallar en tormenta. Parpadea dos veces, el debut tras las cámaras de Zoë Kravitz, es exactamente eso. Es una propuesta incómoda que nos arrastra a una isla de ensueño para diseccionar, con un escalpelo muy afilado, las dinámicas de poder y ese machismo sistémico que se disfraza de filantropía y «buen rollo».

Desde los primeros compases, Kravitz establece un ritmo visual hipnótico. La presentación de Slater King, interpretado por un Channing Tatum que navega magistralmente entre el carisma magnético y la amenaza latente, nos sumerge en una atmósfera donde todo parece demasiado perfecto. Sin embargo, como espectadores experimentados, sabemos que en el cine de género, la perfección es siempre la máscara de la podredumbre.

Tensión en la isla

La película brilla al retratar la tiranía del placer. Los personajes se entregan a un ciclo infinito de drogas, banquetes y risas que, poco a poco, empieza a perder su color. Es aquí donde la dirección de arte y la fotografía juegan un papel crucial: el blanco impoluto de los vestidos de las mujeres frente al verde exuberante de la isla crea un contraste visual que acentúa la sensación de estar en un safari donde las presas aún no saben que lo son.

Es imposible ignorar la carga de denuncia que subyace en el guion. Kravitz no se anda con sutilezas al explorar cómo el privilegio masculino extremo utiliza el olvido como herramienta de control. La película nos susurra una verdad incómoda: para que algunos vivan en un verano eterno, otros (u otras) deben cargar con el peso de los traumas silenciados. La tensión no surge solo de lo que vemos, sino de lo que los personajes sospechan que han olvidado.

El lujo y la sospecha

Hacia el segundo acto, la cinta gira bruscamente hacia el thriller de supervivencia. La acción es cruda, directa y carente de florituras heroicas. Aquí, Naomi Ackie realiza un trabajo fenomenal; su rostro es el mapa de la confusión que da paso a la furia. La transición de la sumisión bajo el influjo de las sustancias a la claridad del horror es una de las progresiones más satisfactorias que hemos visto este año.

Aunque algunos puedan tachar la película de «película rara» por su estructura fragmentada y sus recursos surrealistas, es precisamente esa extrañeza la que la mantiene viva. No es un producto prefabricado de estudio; tiene voz propia. Sí, hay ecos de Déjame Salir o El Menú, pero Parpadea dos veces posee una estética más carnal y agresiva, muy propia de alguien que ha crecido en la industria y sabe dónde están los cadáveres enterrados.

Resolución final

En definitiva, es una obra que requiere que el espectador no aparte la mirada. A pesar de su enfoque en el machismo más tóxico y depredador, la película evita caer en el simple panfleto gracias a un uso inteligente del humor negro y el suspense. Es una montaña rusa emocional que nos deja con un sabor amargo en la boca, pero con la satisfacción de haber presenciado un debut cinematográfico con verdadera garra.

Si buscan una película para una tarde de calor, de esas en las que el aire no corre y la mente se pone espesa, denle una oportunidad a esta isla. Pero tengan cuidado: una vez que empiezas a ver las grietas en el paraíso, ya no puedes volver a cerrar los ojos. No olviden no parpadear, porque la verdad suele esconderse en los segundos que decidimos no mirar.

Veredicto Provisional

«Una bofetada estética y política envuelta en papel de regalo de lujo. Zoë Kravitz debuta con un thriller que quema como el sol del mediodía y nos recuerda que el olvido es el arma favorita del poder. Imprescindible, perturbadora y necesaria.»

El legado de Brad Arnold: Más allá de Kryptonite

In Memoriam Brad Arnold

Brad Arnold (1978 – 2026): El adiós a un mito

  • Nombre: Bradley Kirk Arnold
  • Fallecimiento: 7 de febrero de 2026
  • Banda: 3 Doors Down
  • Género: Rock Alternativo / Post-Grunge
  • Voz de una generación: Los nacidos a finales de los 80.
  • Legado eterno: Kryptonite, Be Like That, Here Without You.
★★★★★

LEYENDA ETERNA (5 de 5)

Hoy el rock está de luto. Con la partida de Brad Arnold el 7 de febrero de 2026, perdemos algo más que a un cantante de éxito; perdemos la voz que supo poner palabras a nuestra soledad y esperanza. Brad se ha ido, pero nos deja una banda sonora que seguirá siendo el refugio de quienes crecimos con su música grabada en el alma.

Escribo estas líneas con un nudo en la garganta que no se deshace. Ayer, 7 de febrero de 2026, el mundo se volvió un poco más silencioso y mucho más frío. La noticia del fallecimiento de Brad Arnold ha golpeado con una fuerza devastadora a todos los que nacimos en el 88. Para nosotros, Brad no era simplemente una estrella de rock lejana en una pantalla; era el eco de nuestra propia intimidad, el cronista de nuestros fracasos silenciosos y el arquitecto de nuestra resiliencia. En un mundo que a menudo nos hacía sentir invisibles, su voz rasgada y honesta era la prueba de que no estábamos solos. Hoy, al repasar su legado, no solo hablamos de música, hablamos de una parte fundamental de nuestra propia existencia que se marcha con él.

Recuerdo perfectamente la primera vez que escuché «Be Like That». Fue en un reproductor de CD que ya empezaba a estar rayado, en un momento de búsqueda total de identidad. Esa voz me dijo que estaba bien soñar con algo más que la realidad gris que nos rodeaba. Brad Arnold trajo al rock una vulnerabilidad cruda y melódica que nos desarmaba por completo. No era la agresividad vacía de otros grupos de la época, era una tristeza con propósito. Con «Kryptonite», nos dio un himno sobre la fragilidad del héroe, una metáfora perfecta para nuestra generación: jóvenes que querían salvar el mundo pero que ni siquiera sabían cómo salvarse a sí mismos. Esa capacidad de Brad para conectar con la soledad más íntima fue su mayor don. No buscaba la gloria, buscaba la verdad, y esa honestidad es lo que hoy hace que su pérdida se sienta como la de un hermano mayor.

La década de los 2000 fue un campo de batalla emocional para los que estábamos en plena pubertad. El cambio de milenio trajo una incertidumbre que Brad Arnold supo canalizar mejor que nadie. Mientras el mundo se obsesionaba con la imagen y el brillo, 3 Doors Down se mantenía fiel a la estética de Mississippi: camisas sencillas, guitarras directas y letras que golpeaban el pecho. Brad era el antiafán de protagonismo personificado. Su historia es legendaria: empezó como batería porque nadie más en el grupo quería cantar, y terminó convirtiéndose en una de las voces más icónicas del siglo XXI. Esa humildad transpiraba en cada nota. No había pose. Cuando él cantaba sobre sentirse fuera de lugar, le creías, porque tú te sentías exactamente igual.

Brad Arnold, esencia del Rock

Es imposible no detenerse en «Here Without You», mi auténtica canción refugio. Hoy, esa letra cobra un significado dolorosamente literal que me rompe por dentro. «I’m here without you, baby, but you’re still on my lonely mind». Ahora somos nosotros quienes nos quedamos aquí sin él, refugiándonos en la misma música que él creó para consolarnos. Su tono reconfortante y su tristeza noble fueron el bálsamo en nuestras noches de insomnio, en esas madrugadas de 2004 en las que el futuro parecía un abismo. Brad tenía la capacidad mágica de transformar el dolor personal en una experiencia colectiva. Al escucharlo, tu habitación dejaba de ser una celda para convertirse en un santuario. Él validaba nuestra melancolía, nos decía que no éramos «raros» por sentir demasiado.

A medida que profundizamos en álbumes como Away from the Sun, descubrimos a un letrista que entendía el peso del tiempo. Canciones como «Ticket to Heaven» o «Going Down in Flames» no eran solo rock de radio; eran exploraciones sobre la redención y el miedo al olvido. Brad Arnold poseía una sabiduría inusual para su edad. Sus letras eran conversaciones con Dios, con el pasado y con uno mismo. Para los nacidos a finales de los 80, 3 Doors Down fue el puente entre el grunge desesperado de los 90 y el rock emocional del nuevo milenio. Ellos pulieron los bordes cortantes de Seattle pero mantuvieron la angustia vital. Brad no necesitaba gritar para ser escuchado; su susurro tenía más fuerza que cualquier alarido.

La influencia de Brad en nuestra «rabia» más pura y silenciosa no puede infravalorarse. Éramos una generación atrapada entre lo analógico y lo digital, y su música era el cable a tierra. Él nos dio permiso para ser sensibles en un entorno que exigía dureza. «When I’m Gone» se convirtió en un himno de sacrificio, pero también de presencia. Hoy, al escucharla tras su muerte, cada palabra parece una profecía. Brad se ha ido, pero su presencia es más fuerte que nunca. Cada vez que una de sus canciones suena en una gasolinera, en un bar de carretera o en la intimidad de unos auriculares, Brad vuelve a la vida. Es la inmortalidad que solo se consigue a través de la honestidad brutal.

El adiós a Brad

Analizando su técnica vocal, Brad tenía ese rasgado justo, esa aspereza que solo da el vivir las cosas de verdad. No era una voz educada en conservatorios, era una voz forjada en los locales de ensayo de Escatawpa. Esa falta de pretensión fue lo que hizo que millones de personas en todo el planeta conectaran con él. Brad representaba al hombre común con sentimientos extraordinarios. En un momento de la industria musical donde todo empezaba a ser prefabricado, 3 Doors Down sonaba a madera, a metal y a alma. Eran tipos reales tocando para gente real. Esa conexión es indestructible, y por eso su muerte duele tanto: sentimos que hemos perdido a alguien que hablaba nuestro mismo idioma.

Incluso en los momentos de mayor éxito comercial, Brad Arnold nunca perdió el norte. Mantuvo su fe, su cercanía con los fans y esa mirada introspectiva que lo definía. Sus batallas personales, que a menudo se reflejaban en sus letras, nos servían de espejo. Si él podía superar sus sombras y seguir adelante, nosotros también. Brad era nuestro capitán en las tormentas emocionales. Canciones menos conocidas como «Landing in London» o «It’s Not My Time» demostraban que su pluma nunca se agotó, que su capacidad para crear melodías que se instalaban en el hipotálamo era infinita. Su música es vida grabada en audio, un diario abierto que ahora nos toca custodiar a nosotros.

Lo que Brad Arnold construyó fue una atemporalidad orgánica. Sus composiciones no han envejecido porque las emociones básicas del ser humano no tienen fecha de caducidad. La soledad que sentíamos en el 88 sigue siendo la misma que sienten los jóvenes de hoy, y por eso las nuevas generaciones seguían descubriéndolo. Brad nos enseñó que está bien reconocer la derrota para poder levantarse. Él no nos vendía finales felices de película, nos vendía la fuerza para seguir caminando bajo la lluvia. Esa es la verdadera función del rock, y Brad Arnold fue uno de sus sumos sacerdotes. Su legado no se mide en discos de platino, sino en las lágrimas que hoy se derraman en todo el mundo.

Eterno Brad Arnold

Hoy cerramos un capítulo que definía nuestra juventud, pero abrimos el de la leyenda eterna. Me niego a hablar de Brad en pasado, porque su voz está aquí, ahora mismo, vibrando en el aire. Gracias, Brad, por ponerle voz a nuestra historia cuando nosotros no teníamos palabras. Gracias por hacernos sentir que, a pesar de las grietas, seguíamos siendo capaces de volar. Tu partida física el 7 de febrero de 2026 es un hito de tristeza, pero tu obra es un monumento a la esperanza que no podrá ser derribado. Descansa en paz, Brad. Tu «Here Without You» es ahora nuestro compromiso de no olvidarte nunca. Hasta siempre, Superman; gracias por hacernos creer que incluso los héroes pueden llorar.

Para terminar, quiero invitar a todos los que sentís este vacío a que no dejéis de escuchar su música. Que pongáis los discos a todo volumen, que recordéis dónde estabais cuando «Kryptonite» cambió vuestra forma de entender el rock. Brad Arnold vive en cada verso, en cada redoble y en cada corazón que alguna vez se sintió solo y encontró consuelo en su voz. La cultura provisional se vuelve hoy permanente gracias a artistas como él. Su vida fue un regalo, y su muerte es una llamada a vivir con la misma honestidad con la que él cantaba. No habrá otro como él, pero siempre nos quedará el refugio de su discografía. Buen viaje, Brad. Nos vemos al otro lado del sol.

In Memoriam: 1978 – 2026

¿Qué canción de Brad Arnold te acompañará siempre?

Para los que nacimos en el 88, «Here Without You» se convierte hoy en nuestro himno de despedida. Gracias por tanto, Brad.

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El dilema ético de La decisión de Anne: ¿Por qué deberías verla hoy?

Póster La Decisión de Anne

Ficha Técnica

  • Título: La decisión de Anne (My Sister’s Keeper)
  • Año: 2009
  • Dirección: Nick Cassavetes
  • Reparto: Cameron Diaz, Abigail Breslin, Sofia Vassilieva, Alec Baldwin, Jason Patric
  • Género: Drama | Enfermedad, Familia
  • Duración: 109 min.
  • País: Estados Unidos
★★★★☆ 4 de 5 – Imprescindible

La vida de Anne Fitzgerald ha sido dictada por las necesidades médicas de su hermana mayor, Kate, quien padece leucemia. Anne fue concebida mediante ingeniería genética para ser la donante perfecta. Tras años de procedimientos, Anne decide demandar a sus padres por la emancipación médica, desencadenando un proceso judicial que fractura a la familia y revela verdades dolorosas sobre el amor y el sacrificio.

A veces ocurre. Tienes esa lista de películas «pendientes de toda la vida», títulos que sabes que han hecho llorar a media humanidad pero que tú, por una mezcla de miedo al drama o simple despiste, has ido dejando en el cajón de los «por si acaso». La decisión de Anne era, para mí, esa gran mancha pendiente en mi historial cinéfilo. Sabía de qué iba, conocía la premisa, pero enfrentarse a ella es una experiencia que trasciende el simple visionado de un domingo por la tarde. Es una película que te sacude desde el primer minuto porque plantea una de las preguntas más éticamente crueles que se me pueden ocurrir: ¿hasta dónde llega el derecho de un padre sobre la vida de un hijo para salvar a otro?

La historia nos presenta a Anne, una niña que no nació del azar ni del simple deseo de ampliar la familia, sino de un laboratorio. Es una «donante de diseño». Desde el cordón umbilical hasta la médula, su cuerpo ha sido un banco de piezas para mantener viva a su hermana Kate. Es una premisa que te revuelve el estómago no por maldad, sino por la desesperación que desprende. Nick Cassavetes, que ya nos rompió el corazón con El diario de Noa, aquí cambia el romanticismo por una crudeza familiar que se siente real, tangible y, sobre todo, asfixiante.

Escena de La Decisión de Anne

Lo que más me ha sorprendido de este viaje es cómo se maneja la sombra de la enfermedad. Kate no es solo una paciente; es el sol alrededor del cual orbita toda la galaxia Fitzgerald. Su madre, interpretada por una Cameron Diaz que se aleja totalmente de su registro cómico, es un personaje fascinante y a ratos difícil de querer. Es una mujer que ha decidido que la muerte no tiene permiso para entrar en su casa, y en esa batalla, se olvida de que Anne también es una persona con deseos propios, no solo un remedio médico. La ceguera del amor materno se convierte aquí en una fuerza casi destructiva.

Hablemos del ritmo de la película. A pesar de ser un drama judicial en parte, la narrativa fluye a través de los sentimientos y los flashbacks de una manera muy orgánica. No se siente como un sermón moralista, sino como el diario compartido de una familia que se está desmoronando con mucha ternura. Cada miembro de la familia tiene su momento de voz, y eso te permite empatizar incluso con las decisiones más cuestionables. La música acompaña sin subrayar demasiado el drama, algo que se agradece cuando el guion ya es de por sí una carga emocional pesada.

La actuación de Abigail Breslin es, sencillamente, el alma de la película. Ver a una niña pedir la emancipación médica para dejar de ser «troceada» es desgarrador. Su mirada transmite una mezcla de cansancio infinito y un amor incondicional por su hermana que te deja sin palabras. Es en esa relación de hermandad donde la película brilla con luz propia. El vínculo entre Anne y Kate es lo más puro de toda la cinta; es una complicidad que va más allá de la sangre y los hospitales, un refugio mutuo en un mundo de adultos desesperados.

Anne y Kate

Por otro lado, la película no tiene miedo a mostrar las luces y sombras de la enfermedad. No es un drama edulcorado de «héroes contra el cáncer». Vemos los vómitos, vemos la calvicie, vemos el miedo al primer beso cuando sabes que quizás no haya un segundo. La atmósfera logra ese equilibrio difícil entre la belleza de los pequeños momentos y la oscuridad de una cuenta atrás que nadie puede detener. A veces, como espectador, necesitas coger aire, pero la película te agarra de la mano y te obliga a seguir caminando por ese pasillo de hospital.

¿Qué es lo que no funciona? Quizás algunos personajes secundarios, como el del abogado interpretado por Alec Baldwin, tienen subtramas que, aunque aportan color, a veces distraen del núcleo emocional tan potente que es la lucha de las hermanas. Sin embargo, la honestidad del conflicto principal es tan arrolladora que perdonas cualquier pequeño bache en el guion. Es cine hecho desde las entrañas, buscando que el espectador se pregunte qué haría él en esa misma situación de vida o muerte.

Hacia el final, la película nos regala un giro que, si bien puede ser polémico para quienes leyeron el libro original (que es mucho más oscuro), en la pantalla funciona para cerrar un círculo de redención y paz. Es una lección sobre aprender a soltar, sobre entender que amar a alguien también significa respetar su voluntad de dejar de luchar. Me quedo con la sensación de haber visto una obra necesaria, de esas que te hacen salir del sofá con ganas de abrazar a los tuyos y valorar la salud como el mayor de los tesoros.

Momento familiar

En resumen, La decisión de Anne no es solo una película para llorar (que lo harás, y mucho). Es una reflexión sobre la identidad y el sacrificio. Es el retrato de una familia que, desde el dolor más absoluto, intenta encontrar el camino de vuelta al amor. Una película «antigua» por fecha, pero con un mensaje que nunca va a caducar mientras el ser humano siga enfrentándose a la fragilidad de la vida. Si eres de los que, como yo, la tenías en la lista de espera… no esperes más. Merece cada lágrima.

¿Hasta dónde llegarías tú por salvar a quien amas?

Esta película nos pone en un aprieto moral constante. Me encantaría saber tu opinión: ¿Crees que la madre de Anne es una villana o simplemente una víctima de su propio amor? ¿Has vivido alguna historia similar que te haya recordado a esta cinta?

¡Te leo en los comentarios, charlemos un rato!

Kevin Bacon contra gusanos gigantes: Todo sobre la película Temblores

Póster Temblores

Ficha Técnica

  • Título: Temblores (Tremors)
  • Año: 1990
  • Dirección: Ron Underwood
  • Reparto: Kevin Bacon, Fred Ward, Finn Carter, Michael Gross, Reba McEntire
  • Género: Ciencia ficción, Terror, Comedia
  • Duración: 96 min.
  • País: Estados Unidos
★★★★☆

4 de 5 – Un clásico de sobremesa

En Perfection, un remoto pueblo del desierto de Nevada, algo se mueve bajo la arena. Dos manitas locales, Val y Earl, descubren que su tranquila vida está a punto de convertirse en una lucha por la supervivencia contra gigantescos gusanos carnívoros que detectan cualquier vibración. La caza ha comenzado.

Hay películas que no necesitan una trama compleja para ganarse un hueco en nuestro corazón, y «Temblores» es el ejemplo perfecto de ese cine de los 90 que solo buscaba entretenernos durante una tarde de calor. Recuerdo perfectamente verla en La 1, con el ventilador a tope, flipando con esos gusanos que salían de la nada. Es una cinta sencilla, directa y, aunque se nota que ha envejecido en algunos aspectos, mantiene ese espíritu de aventura que hoy parece haberse perdido entre tanto CGI digital sin alma.

Lo primero que destaca es ver a un jovencísimo Kevin Bacon en un registro totalmente despreocupado. Su química con Fred Ward es, sin duda, lo mejor de la película. No son héroes musculosos ni científicos brillantes; son dos tipos normales, un poco vagos, que se ven envueltos en una situación surrealista. Esa humanidad hace que conectes con ellos desde el minuto uno. No hay pretensiones de salvar el mundo, solo quieren sobrevivir y salir de ese pueblo olvidado de la mano de Dios llamado Perfection.

Kevin Bacon en Temblores

Hablemos de los «Graboides». Para la época, los efectos especiales eran una auténtica maravilla de la artesanía. En lugar de abusar de efectos por ordenador, tenemos animatrónicos y marionetas que se sienten reales, que tienen peso y textura. Es cierto que hoy en día algunas costuras se le ven, pero prefiero mil veces un gusano de goma que se puede tocar a un borrón digital moderno. La tensión que logran crear simplemente con el movimiento de la tierra es un recurso que funciona de maravilla.

El ritmo de la película es envidiable. No pierde el tiempo en explicar de dónde vienen los monstruos (¿son mutantes?, ¿son prehistóricos?, ¿extraterrestres?), porque realmente no importa. Lo que importa es que si haces ruido, te mueres. Esa premisa tan básica mantiene el suspense durante toda la hora y media. Además, el guion tiene un toque de humor socarrón que le quita hierro a las escenas más tensas, convirtiéndola en una experiencia muy ligera y disfrutable para cualquier tipo de público.

Escena de Temblores

A pesar de sus virtudes, es innegable que el tiempo ha pasado factura a ciertos diálogos y situaciones. Hay momentos que hoy en día se sienten algo infantiles o demasiado simples. Sin embargo, ese aroma a «serie B» con presupuesto de «serie A» es precisamente lo que le da su encanto. No intenta ser «Tiburón» ni «Alien», aunque bebe mucho de ambas. Se conforma con ser una montaña rusa de serie B que sabe perfectamente qué teclas tocar para que no apartes la mirada de la pantalla.

La atmósfera del desierto de Nevada está muy bien captada. Sientes el calor, el polvo y esa sensación de aislamiento total. Perfection es un personaje más, con su pequeña tienda y sus vecinos excéntricos. Destaco especialmente al matrimonio de supervivencialistas armados hasta los dientes; su arsenal es la fantasía de cualquier amante de las pelis de acción y protagonizan algunos de los momentos más divertidos del tramo final. Es cine palomitero en su máxima expresión, sin filtros ni complicaciones innecesarias.

Graboides en Temblores

En resumen, «Temblores» es esa película que te pones cuando no quieres pensar, pero sí quieres disfrutar de una buena historia de supervivencia. No ha inventado la pólvora, pero la usa con mucha gracia. Es un viaje nostálgico a una forma de hacer cine donde la creatividad y el ingenio suplían la falta de tecnología puntera. Si no la has visto, dale una oportunidad; y si la viste de pequeño, te aseguro que volver a ver a los Graboides en acción te sacará una sonrisa de pura nostalgia.

Al final, lo que nos queda es una obra resultona que nos recuerda que el cine de monstruos puede ser divertido, tenso y entrañable al mismo tiempo. No busques grandes lecciones filosóficas aquí, solo busca un sitio alto, no hagas ruido y disfruta de la caza. Es, sin duda, uno de esos placeres culpables que uno nunca se cansa de reivindicar frente a las superproducciones vacías de la actualidad.

¿Y tú, qué harías si la tierra empezara a vibrar?

Seguro que tú también la viste un sábado por la tarde… ¿Crees que ha envejecido bien o los Graboides ya no dan tanto miedo? ¡Cuéntamelo en los comentarios, te leo!

Brad Arnold de 3 doors down fallece.

A veces el despertador no es el que te desvela, sino una noticia que no querías leer. Se ha ido Brad Arnold y, con él, un pedazo de nuestra adolescencia.


Para los que crecimos con el rock alternativo de los 2000, 3 Doors Down no era solo una banda; era el refugio. Guardo mi copia original de Away from the Sun como un tesoro de mis años más tempranos, un recordatorio de que siempre hay una luz, incluso cuando nos sentimos lejos del sol.


Gracias por ponerle voz a lo que no sabíamos decir, Brad. La batalla terminó, ahora toca el descanso. 🕊️🎸


#BradArnold #3DoorsDown #AwayFromTheSun #AltRock #Legend #RestInPeace

Springsteen: Deliver Me From Nowhere, una película necesaria pero difícil de ver

Springsteen: Deliver Me From Nowhere Poster

Ficha Técnica

  • Título: Springsteen: Deliver Me From Nowhere
  • Año: 2025
  • Dirección: Scott Cooper
  • Reparto: Jeremy Allen White, Paul Walter Hauser, Odessa Young, Stephen Graham
  • Género: Biopic, Drama Musical
  • Duración: 120 min.
  • País: Estados Unidos
★★★☆☆ 3 de 5 estrellas
La película explora un momento crucial en la vida de Bruce Springsteen: el proceso de creación de su álbum ‘Nebraska’ en 1982. Tras el éxito masivo, el artista se retira a una casa alquilada en Nueva Jersey para enfrentarse a sus demonios internos, la compleja relación con su padre y la depresión, dando lugar a uno de los discos más crudos y personales de la historia del rock.

He de reconocer dos cosas antes de empezar: soy un poco taciturno y amo profundamente a Bruce Springsteen. Con esa base, uno esperaría que Deliver Me From Nowhere fuera la película de mi vida, el refugio perfecto para una tarde de introspección. Sin embargo, la realidad ha sido bastante distinta y, para ser sincero, la película me ha costado bastante. No es que sea una mala producción, pero hay una desconexión palpable entre lo que uno espera del «Boss» y lo que Scott Cooper nos pone delante de los ojos.

Había seguido un poco el ruido mediático, las entrevistas de Jeremy Allen White —que está en un momento increíble de su carrera— y los tráilers que prometían una inmersión total en la psique del músico. Pero una vez sentado frente a la pantalla, te das cuenta de que esto no es un biopic al uso. Se ve poco concierto, aunque se escucha mucha música, y el tono es tan sumamente denso que, por momentos, te dan ganas de arrancarte las venas. Es una obra que no busca el aplauso fácil ni el coreo de estadios, sino el silencio incómodo de una habitación vacía.

Springsteen en el proceso creativo

La cinta se centra en ese tránsito profesional y vital tan específico: el espacio entre Darkness on the Edge of Town y la explosión definitiva que supuso el camino hacia Born in the U.S.A., pasando por la anomalía maravillosa que fue Nebraska. Es una época donde Bruce se detiene y se da cuenta de lo mucho que le ha afectado la enfermedad de su padre y su dura infancia. La película disecciona cómo esos traumas conformaron su personalidad y, sobre todo, explica por qué a veces le costaba tanto hacer cosas normales para una estrella de rock emergente como él.

Me ha parecido interesante, aunque doloroso, cómo retrata su vida entre 1980 y 1984. Es un vistazo a su infancia más tierna y, de forma más sutil, a su complicada relación con las mujeres antes de conocer a Patti Scialfa. Vemos a un hombre que lo tiene todo para ser feliz según los estándares del mundo, pero que está roto por dentro. ¿Cómo puede un chico melancólico y sufrido, al que han maltratado de pequeño, gestionar el hecho de ser rico, famoso y tener tal notoriedad? No todos tienen la «cocotera» bien montada para asimilar esos logros, y Springsteen fue uno de ellos.

Jeremy Allen White como Bruce Springsteen

Lo que sí hay que reconocerle a la película es su capacidad para mostrar el triunfo de la voluntad. Por suerte para él y para todos nosotros, Springsteen supo domar a la bestia de su propia depresión y la sombra de la esquizofrenia de su padre. Logró algo casi imposible: transformar ese sufrimiento puramente personal en una batalla por la lucha comunitaria de su país. Hizo de su dolor el eco de la clase trabajadora de Estados Unidos, y esa transición está ahí, aunque sea a través de un ritmo pausado que a veces desespera.

No voy a mentir: es una película dura, lenta y quizás aburrida por momentos para quien no conozca profundamente al mago detrás de la máscara. Si vienes buscando el brillo de las luces de neón y el saxo de Clarence Clemons rompiendo la noche, te vas a llevar una decepción monumental. Yo mismo me esperaba mucho más punch y mucho más rock, algo que equilibrara tanto pesimismo ambiental. Pero como fan incondicional, siento que no puedo mirar hacia otro lado. Es una parte necesaria de su biografía, aunque verla sea como caminar sobre cristales rotos.

Momento reflexivo en la película

Jeremy Allen White hace un trabajo físico y emocional notable, captando esa mirada perdida de quien está físicamente en un lugar pero mentalmente a kilómetros de distancia, perdido en sus propios recuerdos. Sin embargo, a veces el guion se regodea tanto en la miseria que el espectador se siente expulsado de la narrativa. Es un retrato fiel, quizás demasiado fiel, de lo que significa crear arte desde el vacío más absoluto. Al final, te quedas con una sensación de respeto por el artista, pero con pocas ganas de volver a pasar por el mismo proceso de visionado.

En definitiva, Deliver Me From Nowhere es una pieza de coleccionista. Es ese disco de caras B que escuchas una vez para entender el contexto de la obra maestra, pero que rara vez vuelves a poner en el tocadiscos. Le pongo un 3 de 5 con todo el dolor de mi corazón, porque aunque técnicamente es impecable y la historia es vital para entender al hombre, como experiencia cinematográfica se me ha hecho una cuesta arriba demasiado empinada.

¿Es necesario sufrir para crear algo eterno?

Springsteen demostró que de la oscuridad de Nueva Jersey podía salir una luz para millones. Pero después de ver esta película, me pregunto: ¿Valió la pena el precio personal que pagó?

¡Me encantaría leer tu opinión en los comentarios! ¿Te pareció tan lenta como a mí o conectaste con su tristeza?

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