Mes: febrero 2026

Opinión: Ambulance es el guilty pleasure perfecto para el fin de semana

Póster oficial Ambulance Michael Bay

Ficha Técnica

  • Título original: Ambulance
  • Año: 2022
  • Dirección: Michael Bay
  • Reparto: Jake Gyllenhaal, Yahya Abdul-Mateen II, Eiza González
  • Género: Acción / Thriller / Drama
  • Duración: 136 minutos
  • País: Estados Unidos
★★★½☆
3.5 de 5 Estrellas

Will Sharp, un veterano de guerra desesperado por conseguir dinero para cubrir las deudas médicas de su esposa, recurre a la única persona que sabe que no debería: su hermano adoptivo Danny, un carismático criminal de carrera. Danny le ofrece un objetivo: el mayor atraco a un banco en la historia de Los Ángeles: 32 millones de dólares. Pero cuando su huida sale espectacularmente mal, los hermanos desesperados secuestran una ambulancia con un policía herido aferrándose a la vida y una experta paramédica, Cam Thompson, a bordo.

Caos, ruido y… ¿sorpresa?

Os voy a ser completamente sincero: cuando me senté en el sofá el otro día, no esperaba gran cosa. Vi el nombre de Michael Bay en los créditos y mi cerebro automáticamente se preparó para dos horas de explosiones sin sentido, mujeres objetivizadas como si fueran coches deportivos y un guion escrito en una servilleta de bar. Pero entonces vi el reparto: Jake Gyllenhaal y Eiza González. Y pensé, «bueno, al menos habrá buenas actuaciones entre tanto fuego artificial». Lo que no me esperaba era quedarme, como se dice vulgarmente, «picueto». Ambulance: Plan de Huida no es cine de autor, ni pretende cambiarte la vida, pero os juro que es una de las experiencias más adrenalínicas y honestas que he tenido últimamente frente a la pantalla.

Michael Bay tiene una fama ganada a pulso. Lo amamos o lo odiamos, a veces ambas cosas en la misma película. Pero aquí, parece que Bay ha decidido coger todo lo que le caracteriza, meterlo en una batidora y darle al botón de «máxima potencia» sin la pretensión de ser trascendental. La película es, en esencia, una persecución de dos horas. No hay más. Es Speed pero con esteroides y drones de competición. Y funciona. Funciona sorprendentemente bien porque la película es consciente de su propia locura. No intenta engañarte haciéndote creer que es un drama profundo sobre la hermandad (aunque lo toca); te dice desde el minuto uno: «abróchate el cinturón, que vamos a romper medio Los Ángeles».

Jake Gyllenhaal en Ambulance

Hablemos del elefante en la habitación: el estilo visual. Si te mareas con facilidad, tómate una biodramina antes de darle al play. Bay ha descubierto los drones FPV (First Person View) y los usa como un niño con juguete nuevo. La cámara cae en picado desde rascacielos, se mete por debajo de coches volcando y hace giros imposibles. Al principio puede resultar agotador, pero una vez entras en el ritmo frenético de la cinta, esos movimientos de cámara se convierten en un personaje más. Te transmiten la ansiedad, el caos y la desesperación de los protagonistas. Es un agobio visual que, curiosamente, encaja a la perfección con la situación límite que viven Danny y Will.

Y luego está Jake Gyllenhaal. ¿Qué le pasa a este hombre? Y lo digo como un cumplido enorme. Gyllenhaal tiene esa capacidad única de parecer encantador y completamente psicótico en el mismo plano. Su personaje, Danny, es el motor del caos. Verle gritar, manipular y luego intentar justificar sus acciones con una lógica retorcida es una gozada absoluta. Se nota que se lo está pasando en grande rodando esto, sin tomarse demasiado en serio a sí mismo, pero entregando una intensidad que eleva el material base. Es el villano que crees que es el héroe, o el héroe que actúa como villano; esa ambigüedad moral sostiene la tensión cuando las explosiones dejan de sonar (que es casi nunca).

Por otro lado tenemos a Yahya Abdul-Mateen II, que hace de Will, el hermano «bueno». Su papel es más ingrato, el del hombre moralmente en conflicto arrastrado por las circunstancias, pero le da el peso emocional necesario para que no nos dé igual si la ambulancia se estrella o no. La química entre ambos hermanos, aunque tóxica, se siente real. Hay una historia compartida que no necesitan explicar con flashbacks eternos; la ves en cómo se miran y cómo se gritan. Es una tragedia griega disfrazada de película de acción de sábado por la tarde.

Eiza González como paramédico en Ambulance

Pero la verdadera sorpresa para mí fue Eiza González como Cam, la paramédico. En el cine de Michael Bay, las mujeres suelen ser poco más que decorado sexy. Aquí, aunque la cámara de Bay no puede evitar «ser Bay» en algunos planos, el personaje de Cam es una profesional competente y dura. Es la única persona adulta en la habitación (o en la ambulancia). Verla intentar salvar la vida de un policía con el bazo reventado, usando una pinza del pelo mientras la ambulancia va a 100 km/h saltando por los aires, es una de las secuencias más tensas y ridículamente entretenidas que he visto. Eiza aguanta el tipo frente a Gyllenhaal y se convierte en el corazón ético de la película.

Por supuesto, la película tiene fallos. Muchos. Si te pones a analizar la física de los choques, o la lógica de las decisiones policiales, la película se desmorona. ¿Es creíble que destruyan media ciudad para salvar un banco? No. ¿Tiene sentido esa operación quirúrgica en movimiento con asistencia remota por videollamada? Probablemente no. Pero esa es la magia de este tipo de cine. Te pide que suspendas la incredulidad, que apagues el interruptor del cinismo y simplemente disfrutes del espectáculo. Es honesta: te da exactamente lo que promete el póster, ni más ni menos.

El ritmo es implacable. Desde que se suben a la ambulancia, la película no frena. Literalmente. Es una huida constante donde cada obstáculo es más grande y ruidoso que el anterior. Hay momentos en los que necesitas coger aire, y la película te da apenas unos segundos de diálogo intenso antes de lanzar otro coche de policía por los aires. La edición es frenética, marca de la casa, pero en esta ocasión sirve para enfatizar la claustrofobia de estar atrapado en un vehículo pequeño mientras el mundo exterior intenta matarte.

Escena de acción explosiva en Ambulance

Me ha recordado mucho al cine de acción de los 90, aquel que alquilábamos en el videoclub un viernes por la noche. No hay intentos de crear un «Universo Cinematográfico», ni escenas post-créditos que te obliguen a ver tres series antes para entender la trama. Es una historia cerrada: empieza, explota todo, y acaba. Y en esta época de franquicias interminables, se agradece esa simplicidad narrativa envuelta en complejidad técnica.

En resumen, Ambulance es una gozada si sabes a lo que vas. Es disparos, es tragedia, son «buenos no tan buenos» y «malos no tan malos». Es perfecta para una tarde de relax, para desconectar el cerebro de los problemas del día a día y dejar que la adrenalina ajena te limpie un poco el estrés. Le doy un 3,5 sobre 5 porque, a pesar de sus agujeros de guion y sus excesos (o quizás gracias a ellos), me mantuvo pegado al asiento las dos horas. Y a veces, eso es todo lo que le pido al cine.

¿Genio del caos o solo ruido?

Sé que Michael Bay divide opiniones como nadie. ¿Eres de los que disfruta viendo el mundo arder en 4K o te parece insoportable?

¡Déjame tu opinión en los comentarios!

Sydney Sweeney en La asistenta: ¿Por qué todos hablan de esta película?

Póster La Asistenta

Ficha Técnica

  • Título: La asistenta (The Housemaid)
  • Año: 2026
  • Dirección: Paul Feig
  • Reparto: Sydney Sweeney, Amanda Seyfried, Brandon Sklenar
  • Género: Thriller psicológico | Intriga
  • Duración: 115 min.
  • País: Estados Unidos
★3.5 / 5★
Millie, una joven con un pasado difícil que busca desesperadamente un nuevo comienzo, acepta un trabajo como asistenta para la acaudalada familia Winchester. Sin embargo, pronto descubre que los secretos de la casa y de su inestable dueña, Nina, son mucho más peligrosos que su propia historia. Nada es lo que parece tras las puertas de esta mansión.

A ver, seamos sinceros desde el minuto uno: La asistenta (2026) no viene a reinventar la rueda ni a ganar el León de Oro en Venecia. Y lo mejor de todo es que parece no importarle lo más mínimo. Desde que se anunció que Sydney Sweeney protagonizaría la adaptación del best-seller de Freida McFadden, todos sabíamos a lo que veníamos. Estamos ante una película que se mueve en ese terreno tan pantanoso como adictivo del thriller de sobremesa, ese que te mantiene pegado al sofá mientras meriendas, pero con un envoltorio de lujo, una fotografía cuidada y, por supuesto, el magnetismo de su estrella principal.

La película está clarísimamente dividida en dos partes. La primera es un ejercicio de tensión clásica, casi hitchcockiana pero con un toque moderno y chic. Vemos a Millie intentando encajar en un mundo de privilegios que no le pertenece, aguantando los desplantes de una Nina Winchester (interpretada por una solvente Amanda Seyfried) que parece estar siempre al borde del colapso nervioso. El ritmo en este primer tramo es pausado pero constante, cocinando a fuego lento esa sensación de incomodidad que tanto nos gusta a los fans del género. Es previsible, sí, pero terriblemente «disfrutona».

Escena La Asistenta

Hablemos de Sydney Sweeney. Se ha convertido en la auténtica gallina de los huevos de oro de Hollywood y aquí demuestra por qué. Hay quien dirá que no está haciendo «papelones de Oscar», pero es que no le hace falta. Sweeney tiene esa cualidad de las estrellas de antes: su rostro y su lenguaje corporal llenan la pantalla de una forma que hace que no puedas apartar la vista. Al igual que en su día vimos a Natalie Portman o Scarlett Johansson aparecer en absolutamente todos los proyectos posibles, Sydney está en su cresta de la ola. Su Millie es vulnerable pero tiene un fuego interno que te hace dudar de sus intenciones desde el primer fotograma.

La segunda parte de la película es donde todo explota. Entramos en el terreno de los giros de guion locos y las revelaciones que, si has leído el libro o has visto suficientes telefilmes de Antena 3 un sábado tarde, verás venir a kilómetros. Pero ahí reside la magia: es un placer culpable en toda regla. La dirección de Paul Feig intenta elevar el material dándole un aire más oscuro y menos paródico de lo habitual en él, logrando que la atmósfera de la mansión se sienta como una jaula de oro donde cualquiera puede ser el depredador o la presa.

Sydney Sweeney en La Asistenta

Lo que más me ha gustado es cómo maneja las «sombras» de los personajes. Aquí nadie es un santo. La película juega constantemente con nuestra empatía, haciendo que saltemos de un bando a otro. Sydney Sweeney sabe explotar esa ambigüedad de maravilla. No es solo una cara bonita; hay una inteligencia en cómo elige estos papeles que parecen ligeros pero que le permiten lucirse como el centro absoluto del universo cinematográfico actual. Es resultona, es magnética y, sobre todo, es muy consciente del producto que está vendiendo.

En cuanto al apartado técnico, la banda sonora cumple con creces a la hora de subrayar los momentos de tensión, aunque a veces peca de intrusiva. La escenografía es impecable: esa casa es un personaje más, con sus pasillos infinitos y su ático opresivo. La química entre Sweeney y Seyfried es el verdadero motor de la cinta. Verlas enfrentarse en un duelo de pasivo-agresividad es, sencillamente, lo mejor de la función. Es un choque de trenes entre la estrella consolidada y la que viene arrasando con todo.

Clímax de La Asistenta

¿Es perfecta? Ni de lejos. El guion tiene agujeros por los que cabría un camión y algunas decisiones de los personajes rozan lo absurdo. Pero, ¿acaso buscamos realismo lógico en un thriller de este tipo? Buscamos entretenimiento, evasión y un poco de mala leche, y en eso La asistenta cumple con creces. Es la confirmación de que Sweeney ha llegado para quedarse y que Hollywood va a seguir explotando su imagen hasta la saciedad, algo que, honestamente, no me molesta mientras los resultados sean así de entretenidos.

En conclusión, me he encontrado con una película que me ha dado exactamente lo que esperaba. No me ha volado la cabeza con su originalidad, pero me ha mantenido entretenido las casi dos horas que dura. Es ese tipo de cine que necesitamos para desconectar del mundo, una historia de intrigas domésticas llevada al extremo con un reparto que sabe perfectamente en qué liga está jugando. Si te gustan los libros de Freida McFadden o simplemente quieres ver a Sydney Sweeney dominando la pantalla, esta es tu película.

¿Hasta dónde llegarías por un nuevo comienzo?

La asistenta nos deja claro que los secretos más oscuros no se esconden en el pasado, sino tras las puertas de las casas que parecen perfectas.


¿Qué te ha parecido el giro final? ¿Crees que Sydney Sweeney es la nueva reina del thriller o solo una moda pasajera? ¡Cuéntamelo en los comentarios, que necesito debatir ese final!

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