Escupiré sobre tu tumba 3 Póster

Ficha Técnica

  • Título: I Spit on Your Grave III: Vengeance is Mine (Escupiré sobre tu tumba 3)
  • Año: 2015
  • Dirección: R.D. Braunstein
  • Reparto: Sarah Butler, Jennifer Landon, Doug McKeon, Gabriel Hogan
  • Género: Terror, Thriller, Rape and Revenge
  • Duración: 92 min.
  • País: Estados Unidos
★★★☆☆ 3 de 5 estrellas
Jennifer Hills sigue intentando superar el brutal asalto que sufrió años atrás. Bajo la identidad de Angela, se une a un grupo de apoyo en Los Ángeles para víctimas de abusos. Sin embargo, cuando la justicia falla a sus nuevas compañeras y el sistema demuestra su ineficacia, Jennifer siente que la única forma de sanar es retomar el camino de la sangre y la venganza personal.

Volver al universo de Escupiré sobre tu tumba siempre es un ejercicio complicado para cualquier amante del cine que busque algo más que simple entretenimiento vacío. No estamos ante una saga cualquiera; estamos ante el estandarte del género «rape and revenge», ese que te revuelve el estómago y te obliga a mirar hacia otro lado. En esta tercera entrega, retomamos la vida de Jennifer Hills (una Sarah Butler que ha hecho suyo el personaje), pero ya no en los bosques aislados, sino en la selva de asfalto. Me ha parecido fascinante ver cómo Jennifer intenta, de manera casi desesperada, reconstruir los pedazos de su alma bajo el nombre de Angela. El trauma no se cura con el tiempo, solo se aprende a vivir con él, y la película hace un esfuerzo loable por mostrarnos ese proceso interno de una mujer que escucha voces y ve sombras donde otros ven normalidad.

Lo que más me ha calado de esta película es esa sensación de soledad absoluta. Jennifer/Angela está rodeada de gente en sus grupos de terapia, pero la brecha entre ella y el resto del mundo es un abismo insalvable. Es una película que te hace sentir sucio, pero no por la sangre —que la hay, y mucha—, sino por la empatía que acabas sintiendo hacia alguien que ha decidido que la ley del talión es la única respuesta lógica ante un sistema judicial ciego y sordo. Es una reflexión amarga sobre cómo la sociedad falla a las víctimas una y otra vez, empujándolas al abismo de la autogestión de la justicia.

Escena de la película

Hablemos del ritmo. A diferencia de la segunda parte, que para mi gusto se perdió un poco en la repetición de fórmulas, aquí el guion se siente más estructurado, aunque sea, como bien digo en mis notas, una trama fácil y por momentos previsible. No busca inventar la pólvora ni ganar un Oscar al guion original, pero se agradece que intente darnos un contexto psicológico más denso. Sin embargo, no puedo ignorar que la transición hacia la «locura de destrucción» final se siente un tanto apresurada. Pasamos de un drama psicológico sobre el TEPT (Trastorno de Estrés Postraumático) a una carnicería de serie B en cuestión de minutos. Esa desconexión tonal es quizás la sombra más grande de la película, aunque para los fans del gore, será seguramente el punto álgido.

Como nota muy curiosa y personal, me llevé una sorpresa enorme al ver a Jennifer Landon. Los que me leéis sabéis que acabo de terminar Yellowstone y todavía tengo a «Teeter» grabada en la retina. Verla aquí, en uno de sus pocos papeles cinematográficos fuera de la televisión, ha sido un choque de realidades. Landon tiene esa energía cruda y natural que aporta un aire de frescura a la trama. Su presencia en la película ayuda a anclar el realismo que a veces la dirección de R.D. Braunstein intenta diluir con efectos de sonido o montajes un tanto videocliperos. Esos cruces fortuitos entre series y películas son los que me hacen amar tanto este mundo de la cultura provisional.

A nivel técnico, la película cumple sin alardes. La fotografía es fría, buscando transmitir esa desafección de Jennifer con su entorno. No hay colores cálidos aquí; todo es gris, azulado y metálico. La atmósfera es asfixiante, logrando que el espectador comparta la paranoia de la protagonista. No obstante, el mensaje central de la película me deja con sentimientos encontrados. ¿Es una catarsis necesaria para el personaje o es simplemente una explotación del dolor? A ratos parece que la película se regodea en el castigo que Jennifer infringe a los abusadores, perdiendo de vista la oportunidad de una redención real. El final me dejó frío, con esa sensación de que el ciclo no se ha cerrado, sino que simplemente se ha vuelto más oscuro y previsible.

Jennifer Hills en acción

Me gustaría profundizar en el concepto de la justicia poética que maneja la cinta. Las escenas de tortura (porque no se pueden llamar de otra forma) están diseñadas para que el espectador sienta un alivio casi culposo. Es ese rincón oscuro de nuestra mente que quiere ver pagar a los «malos» de la forma más cruel posible. Pero al terminar la cinta, te queda un regusto amargo. ¿Ha ganado Jennifer? ¿O ha perdido lo poco que le quedaba de humanidad en el proceso? La película no se molesta en responder, dejando que nosotros, desde la comodidad de nuestro sofá, lidiemos con esa duda moral. Es cine de vísceras, pero también de entrañas emocionales, aunque a veces se incline demasiado por lo primero.

Otro punto que vale la pena mencionar es el desarrollo de los secundarios. A menudo en estas secuelas, los personajes de apoyo son mera carne de cañón, pero aquí el grupo de apoyo tiene nombres y rostros que te importan. Cuando una de las chicas sufre un revés, el dolor de Jennifer se siente real, y su furia, aunque desmedida, se vuelve comprensible. La dirección consigue que odiemos a los villanos con una facilidad pasmosa, retratándolos como la escoria más absoluta, lo cual facilita que compremos la premisa de la venganza sin hacernos demasiadas preguntas sobre la ética de lo que estamos viendo.

Reflexión de Jennifer

En conclusión, Escupiré sobre tu tumba 3 es una entrega que funciona mejor como cierre de personaje que como película de terror independiente. Sarah Butler demuestra que es el alma de esta franquicia y que sin ella, todo esto se caería por su propio peso. No es una película redonda, tiene fallos de ritmo y un final que se siente demasiado «limpio» para lo sucia que es la historia, pero para los que hemos seguido el camino de Jennifer desde aquel 2010 (y la original del 78), es una parada necesaria. No esperéis una obra maestra, esperad un puñetazo en el estómago que os recordará por qué a veces la justicia y la venganza caminan de la mano por el mismo callejón oscuro.

Al final del día, lo que nos queda es la imagen de una mujer que ya no puede volver atrás. No hay regreso posible para alguien que ha visto lo que ella ha visto y ha hecho lo que ella ha hecho. La película es un testimonio del vacío. Y aunque nos deje con ese final previsible y algo gélido, nos obliga a pensar en las cicatrices que no se ven. Si os gusta el género, es una visualización obligatoria, aunque solo sea por ver a Jennifer Landon fuera de su zona de confort en el rancho de Montana.

¿Justicia o Venganza?

Jennifer Hills ya no busca perdón, busca equilibrio. Tras ver este cierre, me queda la duda: ¿Es posible sanar cuando la única herramienta que conoces es el dolor?

¡Me encantaría saber qué piensas tú! ¿Crees que el final fue justo o te pasó como a mí que te quedaste un poco frío? Déjamelo en los comentarios, ¡hablemos de cine!

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