Ficha Técnica
- Título original: The Pursuit of Happyness
- Año: 2006
- Director: Gabriele Muccino
- Reparto: Will Smith, Jaden Smith, Thandiwe Newton, Brian Howe, James Karen, Dan Castellaneta
- Guion: Steven Conrad
- Música: Andrea Guerra
Mi Valoración
★★★★★Una obra maestra que te rompe y te reconstruye.
«Chris Gardner es un vendedor brillante y con talento, pero su empleo no le permite cubrir sus necesidades más básicas. Tanto es así que acaban echándolo, junto a su hijo de cinco años, de su piso de San Francisco. Cuando Gardner consigue hacer unas prácticas en una prestigiosa correduría de bolsa, los dos protagonistas tendrán que afrontar muchas adversidades para hacer realidad su sueño de una vida mejor.»
Crítica de un Superviviente: Cuando la Felicidad se Persigue a Contrarreloj
Hay películas que ves y olvidas, y luego hay películas que te ven a ti. «En busca de la felicidad» pertenece, sin duda, a la segunda categoría. Confieso que, como me pasó con «Avatar», la tenía en esa lista de «pendientes eternos» que todos cultivamos. Craso error. Verla ahora, con la perspectiva que te dan los años y, sobre todo, la experiencia de haber luchado por sacar un proyecto adelante, ha sido como mirarme en un espejo deformado y, a la vez, increíblemente nítido. Porque la odisea de Chris Gardner, interpretado por un Will Smith que se deja el alma en cada escena, no es solo la historia de un hombre; es el reflejo de la batalla diaria de cualquier autónomo, de cualquier emprendedor, de cualquiera que haya sentido el peso del mundo sobre sus hombros mientras intenta mantener la cabeza fuera del agua.
La película arranca con una premisa que a muchos nos sonará familiar: una inversión que prometía ser el billete dorado a la estabilidad y que se convierte en un ancla. Gardner apuesta todos sus ahorros en unos escáneres de densidad ósea portátiles, unos «trastos» caros y aparatosos que intenta vender a médicos y hospitales con más pena que gloria. Cada puerta que se cierra, cada negativa, es un clavo más en el ataúd de su seguridad financiera y, por extensión, de su vida familiar. Aquí es donde la película da su primer puñetazo directo al estómago. La tensión con su mujer, Linda, es palpable. Ella no es la villana; es simplemente una persona superada por la presión, que ve cómo el sueño de una vida normal se desvanece. Su marcha no es un acto de maldad, sino de pura desesperación, y deja a Chris con la responsabilidad más grande y aterradora de todas: su hijo, Christopher.
La relación padre-hijo es el corazón inquebrantable de la película.
A partir de aquí, la película se convierte en una clase magistral sobre resiliencia. Lo que más me impactó, y con lo que me sentí dolorosamente identificado, es la gestión del tiempo y de la apariencia. Chris tiene que hacer malabares imposibles: cuidar de su hijo, intentar vender los escáneres que le quedan para poder comer ese día, y a la vez, perseguir una oportunidad que parece una locura: unas prácticas no remuneradas en una prestigiosa firma de corredores de bolsa, Dean Witter Reynolds. La competencia es feroz: jóvenes recién salidos de la universidad, con contactos y sin cargas. Él, en cambio, tiene que estudiar manuales densísimos por la noche, a la luz de las farolas, después de haber recorrido la ciudad cargando con su escáner y con su hijo.
La película no romantiza la pobreza. La muestra en toda su crudeza y humillación. La escena en la que Chris y su hijo tienen que dormir en el baño de una estación de metro es, sencillamente, una de las secuencias más desgarradoras que he visto. El sonido de alguien intentando abrir la puerta mientras Chris llora en silencio, con el pie bloqueando el pestillo y su hijo durmiendo en su regazo, es cine en estado puro. No necesita diálogos. La actuación de Smith, la vulnerabilidad en su rostro, lo dice todo. Es el miedo absoluto, la vergüenza y el amor incondicional de un padre fusionados en un instante devastador. Es el momento en el que tocas fondo, pero sabes que por la persona que tienes al lado, tienes que volver a impulsarte hacia arriba.
Pero lo que eleva a «En busca de la felicidad» por encima de un simple drama lacrimógeno es su inteligencia y su espíritu. Chris Gardner no es una víctima pasiva. Es un luchador incansable, un estratega de la supervivencia. Es fascinante ver cómo optimiza cada segundo de su día: no cuelga el teléfono para ahorrar segundos entre llamadas, bebe agua de los grifos para no gastar, y resuelve un cubo de Rubik para impresionar a un potencial jefe. No pide limosna, pide una oportunidad. No se rinde a la autocompasión, sino que utiliza cada gramo de su ingenio para mantenerse a flote. Esa es la verdadera lección para cualquiera que haya estado en una situación similar: la proactividad frente a la parálisis. La capacidad de seguir adelante cuando cada fibra de tu ser te pide que te detengas.
La lucha diaria por una oportunidad en un mundo competitivo.
La relación con su hijo, interpretado por un jovencísimo y natural Jaden Smith (su hijo en la vida real, lo que añade una capa de autenticidad brutal), es el ancla emocional de la historia. Es una relación construida a base de pequeños juegos para enmascarar la dura realidad, de promesas susurradas en refugios para indigentes y de una fe inquebrantable del uno en el otro. La famosa escena de la cancha de baloncesto, donde Chris le dice a su hijo: «Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Ni siquiera yo. Si tienes un sueño, tienes que protegerlo», no es solo un diálogo motivacional de manual. Es el juramento de un padre que, a pesar de estar roto por dentro, se niega a que su propio cinismo contamine los sueños de su hijo. Es un momento de una honestidad y una potencia arrolladoras.
El clímax de la película, cuando finalmente le ofrecen el puesto de trabajo, es increíblemente catártico. No hay una gran explosión de alegría. Es una emoción contenida, la de un hombre que ha estado aguantando la respiración durante meses y por fin puede soltar el aire. Sale a la calle, se mezcla con la multitud y aplaude. No para que le vean, sino para sí mismo. Es un aplauso silencioso y personal, un reconocimiento a su propia tenacidad. En ese momento, entendemos que la «felicidad» del título no es un estado permanente de alegría, sino la «persecución» (pursuit) en sí misma. Es la lucha, el esfuerzo, la dignidad de no rendirse. La felicidad no es llegar a la meta, sino el camino que recorres para alcanzarla, por muy lleno de espinas que esté.
El momento de la catarsis: la recompensa al esfuerzo.
Como «experto amateur» en cine y en la vida, puedo decir que «En busca de la felicidad» es una película necesaria. Es un recordatorio de que, detrás de cada historia de éxito, suele haber un océano de fracasos, sacrificios y noches en vela. Es un homenaje a la perseverancia, a la importancia de tener un «porqué» (en su caso, su hijo) que te impulse cuando el «cómo» parece imposible. Me ha marcado profundamente porque refleja esa verdad universal: la vida te va a golpear, y muy duro. La cuestión no es si caerás, sino si encontrarás la fuerza para levantarte una vez más. Y Chris Gardner se levanta, una y otra vez, hasta que finalmente, conquista su pequeño pedazo de cielo. Una joya absoluta, un 5 de 5 sin ninguna duda. Imprescindible.
Y tú, ¿cuál es el sueño que proteges cada día contra viento y marea? ¿Qué te impulsa a seguir persiguiendo tu propia felicidad?
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