Póster de la película Pánico Nuclear

Ficha Técnica

Título Original: The Sum of All Fears

Dirección: Phil Alden Robinson

Año: 2002

País: Estados Unidos

Guion: Paul Attanasio, Daniel Pyne (Basado en la novela de Tom Clancy)

Música: Jerry Goldsmith

Reparto: Ben Affleck, Morgan Freeman, James Cromwell, Liev Schreiber, Bridget Moynahan, Alan Bates, Ciarán Hinds

Mi Valoración:

★★★★★

«En 1973, un avión israelí que transportaba una bomba nuclear es derribado en el desierto. Casi treinta años después, la bomba es encontrada por un grupo de terroristas neonazis que planean hacerla estallar en suelo estadounidense durante un evento deportivo de masas. Su objetivo es provocar una guerra devastadora entre Estados Unidos y Rusia. El joven analista de la CIA, Jack Ryan, es el único que parece entender la terrible amenaza, pero convencer a los altos mandos de la inminencia del desastre será una tarea casi imposible.»

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Pánico Nuclear: El Thriller de Catástrofes que el Tiempo Olvidó

A veces, te apetece una de esas películas. Ya sabes a cuáles me refiero. Una de esas que te ponen al borde del asiento, con el mundo pendiendo de un hilo y un héroe que, contra todo pronóstico, tiene que salvar el día. El cine de catástrofes y los thrillers de espionaje tuvieron su época dorada, y en ese mar de producciones, algunas se convirtieron en clásicos y otras, injustamente, quedaron flotando en el limbo del «me suena haberla visto». Hoy quiero rescatar una de estas últimas: Pánico Nuclear (The Sum of All Fears). Puede que no sea la obra maestra que redefinió el género, pero os aseguro que es una joya para los que, como yo, disfrutamos con una buena dosis de tensión global, conspiraciones y un par de actores que llenan la pantalla sin esfuerzo.

Estrenada en 2002, la película llegaba con la difícil tarea de reiniciar la saga de Jack Ryan, el famoso analista de la CIA creado por Tom Clancy. Dejábamos atrás a Harrison Ford y a Alec Baldwin para dar la bienvenida a un Ben Affleck en plena cresta de la ola. ¿Era el actor adecuado? El debate sigue abierto, pero lo que es innegable es que Affleck le da al personaje un aire diferente, más vulnerable y menos experimentado, lo que en el contexto de esta historia funciona sorprendentemente bien. No es el agente curtido que todo lo sabe; es un analista brillante pero sobrepasado por los acontecimientos, un tipo que se ve arrastrado a un torbellino de decisiones que podrían costar millones de vidas. Y ahí, en esa fragilidad, reside parte del encanto de su interpretación.

Ben Affleck como Jack Ryan en una escena de Pánico Nuclear

Pero si Affleck es el corazón dubitativo de la operación, Morgan Freeman es el cerebro sereno y la autoridad moral. Como William Cabot, el Director de la CIA, Freeman hace lo que mejor sabe hacer: ser Morgan Freeman. Su presencia es magnética, su voz impone un respeto casi reverencial y cada una de sus escenas eleva el nivel de la película. La química entre él y Affleck es uno de los pilares de la cinta. Vemos una relación de mentor y pupilo, donde la experiencia y la calma de Cabot guían los impulsos y el conocimiento teórico de Ryan. Es una dinámica que nos creemos, que nos importa, y que sirve como ancla emocional en medio del caos geopolítico que se desata.

La trama es puro Tom Clancy: una bomba nuclear perdida durante la Guerra del Yom Kippur es encontrada por traficantes de armas y vendida a un grupo de neonazis con un plan diabólico. No quieren conquistar el mundo, sino destruirlo enfrentando a las dos superpotencias, Estados Unidos y Rusia. Su plan: detonar la bomba en suelo estadounidense y hacer que parezca un ataque ruso. Sencillo, ¿verdad? Lo que hace que la película funcione es cómo va tejiendo la red de tensión. Vemos las piezas del puzle encajar lentamente mientras nuestros protagonistas corren a contrarreloj, a menudo sin saber exactamente contra qué luchan. La película se toma su tiempo para presentar a los villanos, sus motivaciones y la logística de su plan, lo que le da una capa de realismo que da verdadero miedo.

Y entonces llega el momento que, para mí, define la película y la eleva por encima de la media. La escena del estadio de fútbol americano en Baltimore. No voy a entrar en demasiados spoilers, pero la forma en que se construye la secuencia es magistral. La normalidad de un evento deportivo, la multitud, el presidente de los Estados Unidos entre los asistentes… y de fondo, la amenaza silenciosa que solo nosotros, los espectadores, y un desesperado Jack Ryan conocemos. La explosión y sus consecuencias son impactantes, no tanto por el espectáculo visual (que también lo es), sino por el caos y el pánico que desata. La huida del presidente, con el convoy presidencial tratando de abrirse paso entre el apocalipsis, es una de esas escenas que se te quedan grabadas. Es cruda, es visceral y te hace sentir la magnitud de la catástrofe de una forma que pocas películas consiguen.

Morgan Freeman como William Cabot en Pánico Nuclear

Después de la detonación, la película cambia de marcha. Pasa de ser un thriller de investigación a una carrera contrarreloj para evitar el holocausto nuclear. Aquí es donde el guion brilla, mostrando la fragilidad de la paz mundial. Vemos cómo los malentendidos, la desinformación y las presiones políticas pueden llevar a los líderes más poderosos del mundo al borde de la aniquilación mutua. La tensión en el Pentágono, en el Kremlin y a bordo del Air Force One es casi insoportable. Los protocolos se activan, los misiles se preparan y todo depende de si un analista de la CIA puede hacer llegar el mensaje correcto a las personas adecuadas. Es una reflexión escalofriante sobre lo cerca que podemos estar del fin del mundo por culpa de un simple error de comunicación o de una mala interpretación.

Claro está, la película no es perfecta. Siendo un «experto amateur» y no un crítico profesional, puedo permitirme señalar sus fallos sin destriparla. El ritmo a veces es irregular, especialmente en su primer acto, que puede resultar algo lento mientras se colocan todas las fichas en el tablero. La subtrama romántica entre Jack Ryan y la doctora Cathy Muller (interpretada por Bridget Moynahan) se siente un poco forzada y metida con calzador, como si fuera una exigencia del estudio para añadir un toque humano que la película no necesitaba con tanta urgencia. Quita tiempo a lo que de verdad importa: la conspiración y la tensión política.

Sin embargo, estos pequeños tropiezos no impiden que el conjunto sea tremendamente entretenido. La dirección de Phil Alden Robinson es sólida y funcional, sabe cómo manejar las escenas de acción y, lo que es más importante, cómo generar suspense en despachos y salas de control. La banda sonora del legendario Jerry Goldsmith acompaña a la perfección, subrayando la gravedad de la situación sin resultar estridente. Es cine de catástrofes hecho con oficio, con respeto por la inteligencia del espectador y con un par de actuaciones protagonistas que sostienen todo el tinglado con una solvencia admirable.

Escena de tensión política en Pánico Nuclear

En definitiva, «Pánico Nuclear» es mucho más que «otra película de acción con Ben Affleck». Es un thriller político sorprendentemente relevante, incluso hoy en día. Nos recuerda que las mayores amenazas no siempre vienen de enemigos declarados, sino de actores invisibles que explotan nuestras debilidades y desconfianzas. Es una película que merece ser redescubierta. No os cambiará la vida, no es «El Padrino» de los thrillers de espionaje, pero os dará dos horas de entretenimiento de calidad, con momentos genuinamente memorables y una sensación de peligro inminente muy bien conseguida. Por eso, aunque mi valoración se quede en dos estrellas sobre cinco, es una de esas películas que dejan un buen sabor de boca, una de esas que recomiendas a un amigo en una tarde de domingo con un: «Oye, ¿te acuerdas de aquella…? Pues deberías volver a verla».

Y tú, ¿qué otra película de catástrofes o espionaje crees que ha sido injustamente olvidada por el gran público?