Categoría: 2024

Heretic: Análisis del thriller teológico que desafía tu fe

Poster de la película Heretic

Ficha Técnica

  • Título Original: Heretic
  • Dirección: Scott Beck y Bryan Woods
  • Guion: Scott Beck y Bryan Woods
  • Reparto: Hugh Grant, Sophie Thatcher, Chloe East, Topher Grace
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2024
  • Duración: 110 min.
  • Género: Terror, Thriller Psicológico
  • Distribuidora en España: DeAPlaneta

Sinopsis

«Dos jóvenes misioneras se proponen convertir a un hombre excéntrico, el Sr. Reed. Lo que comienza como una visita rutinaria para discutir sobre la fe, pronto se convierte en un peligroso juego de gato y ratón. Atrapadas en su hogar, las jóvenes descubren que el Sr. Reed las obligará a cuestionar sus propias creencias en un laberinto mortal donde cada elección podría ser la última.»

Tráiler

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Crítica

Hay películas que ves y olvidas al día siguiente, y luego hay películas como «Heretic». Esas que se te clavan en el cerebro y no te sueltan. Desde que vi el tráiler, supe que esta no era la típica cinta de sustos fáciles. Scott Beck y Bryan Woods, los genios que nos mantuvieron en silencio con «A Quiet Place», regresan, pero esta vez el terror no está en el sonido, sino en las ideas, en la fe y, sobre todo, en la perversión de la misma. Y en el centro de todo, un Hugh Grant que ha decidido colgar su sombrero de galán de comedia romántica para convertirse en una de las presencias más inquietantes que he visto en una pantalla en años.

La premisa es sencilla, casi teatral. Dos misioneras, interpretadas con una vulnerabilidad y fuerza creíbles por Sophie Thatcher y Chloe East, llegan a la puerta de un hombre para hablar de Dios. Pero este hombre, el Sr. Reed, no es un converso potencial. Es un coleccionista de creencias, un arquitecto de laberintos psicológicos. Hugh Grant lo encarna con una amabilidad superficial que esconde un abismo de malevolencia. Su encanto británico, ese que nos enamoró en los 90, se retuerce aquí en algo siniestro. Cada sonrisa, cada pregunta cortés, es una trampa. Es una clase magistral de cómo usar un arquetipo actoral para destruirlo y construir algo nuevo y aterrador.

Escena de la película Heretic

Lo que hace que «Heretic» sea tan efectiva es que no te ataca con monstruos, sino con dilemas. El Sr. Reed no quiere matar a sus víctimas (al menos no al principio), quiere romperlas. Quiere demostrar una tesis: que la fe es la herramienta de control definitiva. Las encierra en su casa, que es menos un hogar y más un tablero de juego existencial. Les da a elegir entre dos puertas: «Creencia» y «No Creencia». Y es aquí donde la película te agarra. ¿Qué harías tú? La elección parece simple, pero en el universo de Reed, ninguna salida es segura. Es una metáfora brillante sobre el libre albedrío y la predestinación, sobre si nuestras decisiones realmente importan cuando el sistema está amañado.

El guion es denso, lleno de diálogos que son duelos intelectuales. El Sr. Reed les da lecciones sobre la historia de las religiones, argumentando que todas son versiones de una idea primigenia: el control. Y mientras lo hace, la tensión se mastica. La casa se vuelve claustrofóbica, un personaje más. La dirección de fotografía de Chung-hoon Chung, que ya nos maravilló en «Oldboy», juega con las sombras y los espacios cerrados para crear una sensación de agobio constante. No necesitas ver la amenaza para sentirla en cada rincón de la casa, en cada palabra de Grant.

No es una película de terror al uso. Es un thriller teológico. Te hace pensar en tu propia relación con la fe, sea cual sea. ¿Creemos por convicción o por miedo? ¿Nuestra moralidad depende de un poder superior o es algo inherente a nosotros? La película no da respuestas fáciles. De hecho, te deja con más preguntas que al principio, y eso, para mí, es la marca de una obra inteligente. Te obliga a participar en el debate, a posicionarte, y te inquieta al mostrarte lo frágiles que pueden ser nuestras convicciones más profundas cuando se enfrentan a una mente brillante y retorcida.

Hugh Grant en Heretic

El desarrollo de los personajes de las dos misioneras es fantástico. No son simples víctimas. Tienen sus propias dudas, sus propias crisis de fe incluso antes de entrar en esa casa. Una es más devota y confiada, la otra más pragmática y escéptica. Esta dinámica interna es el motor que impulsa su lucha por la supervivencia, no solo física, sino espiritual. Tienen que usar su propio conocimiento de la fe para intentar contrarrestar los argumentos de Reed, convirtiendo la película en una batalla de escrituras y voluntades.

El clímax de la película es una auténtica locura. Cuando crees que has entendido el juego, Reed cambia las reglas. Los giros de guion no son gratuitos; cada uno profundiza en la tesis central de la película. El descubrimiento final sobre la naturaleza del «laberinto» y el propósito real del Sr. Reed es desolador y brillante a partes iguales. Es una bofetada de realidad sobre la naturaleza humana y nuestra necesidad de controlar a los demás, la raíz, según la película, de toda religión organizada.

Hugh Grant se merece todos los premios que le puedan dar. Es una transformación total. Olvida al tipo de «Notting Hill». Este es un Grant que se deleita en la oscuridad, que encuentra el terror en la calma y la erudición. Su actuación es tan magnética que, a pesar de ser el villano, no puedes apartar la vista de él. Es un monstruo, sí, pero un monstruo con una lógica impecable (dentro de su locura), y eso lo hace aún más aterrador.

Las protagonistas de Heretic

En definitiva, «Heretic» es una joya. Es cine de terror para adultos, de ese que te perturba a un nivel intelectual y emocional. No es para todos los públicos; si buscas sustos y sangre, quizás te decepcione. Pero si buscas una película que te desafíe, que te haga pensar y que te deje temblando no por lo que ves, sino por las ideas que planta en tu cabeza, entonces has encontrado tu próxima obsesión. Es una voladura de cabeza, un viaje sofisticado a los rincones más oscuros de la fe y la psique humana. Una película necesaria en tiempos donde el dogma y el control parecen estar más presentes que nunca.

Por qué La virgen roja merece 4 estrellas – Opinión

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Entre la memoria y la rabia, La virgen roja irrumpe como un latigazo emocional que nos recuerda lo incómodo que puede ser mirarnos en el espejo de nuestra propia historia. Paula Ortiz vuelve a demostrar que la épica y la intimidad no son polos opuestos, sino vasos comunicantes de un mismo torrente vital. 🌹✨⚡

🍿❤️‍🔥📽️ Esta cinta —brillante y desasosegante a partes iguales— pone a Najwa Nimri en la encrucijada de un personaje obsesionado con la perfección, mientras Alba Planas encarna a la hija‑prodigio que se resiste a ser moldeada como una estatua de carne. Madre e hija se baten en duelo y nosotros, espectadores, nos convertimos en testigos incómodos de un crimen anunciado. 💔🔪🕰️

⭐🚪💥 Los pasillos polvorientos del Madrid republicano se abren de par en par gracias a la fotografía de Pedro J. Márquez, que filtra la luz como si supiera que cada destello es un recuerdo a punto de oscurecerse. La banda sonora de Guille Galván funciona como un segundo latido, recordándonos que la belleza puede doler. 🎶🩸🌑

👁️‍🗨️🧐📜 Basada en hechos reales, la historia de Aurora e Hildegart habla de ciencia, feminismo y libertad sexual… pero también de la línea roja que separa el idealismo del fanatismo. No hay moralinas fáciles; hay preguntas que escuecen y silencios que rugen. 🌪️🕊️🩶

🤔👉🏼🎟️ Si buscas una película que te haga tragar saliva y repasar tu propio concepto de «progreso», corre al cine. Verás que algunas heridas tardan casi un siglo en cicatrizar… y que otras acaban de reabrirse. ¿Te atreves a mirarlas de frente? ✊🏼💬🎬


Póster de La virgen roja (2024)

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=2QlsIR5FJXE&w=560&h=315]
Ficha técnica
Título original: La virgen roja (The Red Virgin)
Año: 2024 • Duración: 114 min • País: España / EE. UU. • Idioma: Español
Dirección: Paula Ortiz
Guion: Eduard Solà, Clara Roquet
Fotografía: Pedro J. Márquez
Música: Guille Galván
Montaje: Pablo Gómez‑Pan
Producción: María Zamora, Stefan Schmitz • Amazon MGM Studios / Elastica Films / Avalon PC
Reparto principal: Najwa Nimri, Alba Planas, Aixa Villagrán, Patrick Criado, Pepe Viyuela

Concebida por su madre Aurora para ser “la mujer del futuro”, la brillante Hildegart Rodríguez lucha por sacudirse el férreo control materno en la convulsa España de 1933, desencadenando una tragedia que marcó la crónica negra y el feminismo de su tiempo.

Hay películas que se sienten como un disparo en mitad de la siesta colectiva. La virgen roja es una de ellas. Desde su primera escena —una hilera de taquígrafos golpeando el teclado al ritmo marcial de las ideas “nuevas”— Paula Ortiz nos invita a un viaje que oscila entre el claroscuro pictórico y la revisión historiográfica más descarnada. La historia de Aurora Rodríguez y su hija Hildegart es tan conocida en archivos criminales como ignorada en la conciencia popular; Ortiz decide iluminarla con la intensidad de un foco teatral, abrazando su dimensión trágica y humana sin temor a la exageración poética.

Najwa Nimri como Aurora en La virgen roja

La puesta en escena se construye sobre dos planos esenciales: por un lado, la obsesión científica de Aurora —esa búsqueda de la perfección eugenésica que bebe tanto de la ilustración como de la soberbia—; por otro, la sed de libertad de una Hildegart que apenas ha cumplido los dieciocho pero ya discute en tertulias radiofónicas con intelectuales de pelo cano. La cámara se mueve entre ellas como un péndulo, sin tomar partido, lo que subraya la ambigüedad moral del relato: ¿víctima o verdugo?, ¿genio o monstruo creado?

Najwa Nimri ofrece un recital interpretativo en la línea de sus papeles más extremos; su Aurora contiene un volcán de miedos bajo una fachada de determinación clasista. Cada gesto, cada timbre destemplado, parece cincelado para mostrarnos la grieta por la que se cuela el fanatismo. Frente a ella, Alba Planas deslumbra con una mezcla exacta de inocencia y erudición precoz: su Hildegart no es la marioneta que su madre cree, sino un ser luminoso que exige derecho a equivocarse. La química tóxica que ambas construyen es el verdadero motor de la película.

Alba Planas como Hildegart en La virgen roja

Entre las luces más evidentes se encuentra la fotografía, que abraza una paleta cromática situada a medio camino entre el óleo de Sorolla y el claroscuro caravaggista: interiores cálidos bañados en ámbar, exteriores nocturnos donde el rojo de los farolillos republicanos se mezcla con el verde húmedo de los jardines madrileños. Esa dualidad perfila la lucha entre la modernidad y el anquilosamiento social de la época. Asimismo, el vestuario de Alberto Valcárcel no sólo se recrea en el detalle histórico, sino que simboliza el corsé ideológico que oprime a Hildegart —cuellos altos, mangas larguísimas— hasta que los va aflojando discretamente, plano a plano.

Sin embargo, no todo brilla. En su afán por abarcar la dimensión política, judicial y psicológica del caso, el guion a veces peca de excesivo subrayado, especialmente en los pasajes donde los personajes exponen tesis en lugar de conversar. Esa sobreexplicación ralentiza un segundo acto que pide más sutilidad. De igual modo, el montaje se atrapa en su propio laberinto temporal cuando alterna flashbacks sin la claridad suficiente, lo que puede desorientar al espectador menos familiarizado con la historia real.

Aurora e Hildegart, madre e hija enfrentadas

Donde la película recupera el pulso es en su tramo final: la celebración, casi ritual, de la ruptura definitiva entre madre e hija culmina en la famosa «noche de los disparos», filmada con una crudeza lírica que recuerda a Carmen (también de Ortiz). Los silencios atronadores, el leve temblor del cañón de la pistola y la luz que se cuela por las persianas componen un clímax donde la tragedia griega y la crónica de sucesos se dan la mano sin morbo gratuito.

Mención aparte merece la música original de Guille Galván (Vetusta Morla), quien entrega una partitura de cuerdas rasgadas y pulsos de percusión que acompasan la respiración errática de los personajes. Cuando el violonchelo cede espacio a una guitarra española casi susurrada, la cinta nos recuerda que la melodía puede ser tan opresiva como el silencio.

En definitiva, La virgen roja se aventura en terrenos espinosos —la maternidad como proyecto sociopolítico, la instrumentalización del cuerpo femenino, la manipulación de la sexualidad— y lo hace con una honestidad que desarma, aunque no siempre acierte en el equilibrio entre forma y discurso. Sus sombras no eclipsan sus virtudes: la cinta se coloca junto a La voz dormida o El reino en esa filmografía española que se atreve a rascar cicatrices aún sensibles. La calificación de 4 estrellas sobre 5 no es sólo un elogio; es una invitación a conversar, a discrepar y, sobre todo, a no olvidar.


¿Te atreves a bajar las persianas y dejar que Hildegart debata en tu salón? Entonces, ya sabes qué película ver este fin de semana. 🎬❤️‍🔥

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