Categoría: acción Página 1 de 2

La joya oculta de Tony Scott: Reseña de Asalto al tren Pelham 123

Asalto al tren Pelham 123

Ficha Técnica

  • Título: Asalto al tren Pelham 123 (The Taking of Pelham 123)
  • Año: 2009
  • Dirección: Tony Scott
  • Reparto: Denzel Washington, John Travolta, John Turturro, James Gandolfini
  • Género: Acción, Thriller, Robos (Heist)
  • Duración: 106 min.
  • País: Estados Unidos
★★★★☆ 4 DE 5 – ¡TREPIDANTE!

Un día cualquiera en el metro de Nueva York se convierte en una pesadilla cuando un grupo armado, liderado por el despiadado Ryder, secuestra el vagón Pelham 123. A cambio de la vida de los pasajeros, exigen una cifra millonaria en una hora. Walter Garber, un oficial de despacho con sus propios problemas, se convierte por azar en el único interlocutor capaz de frenar la masacre.

A veces uno no necesita que el cine reinvente la rueda ni que le den una lección de filosofía existencial de tres horas. A veces, lo que el cuerpo pide es un thriller de los de antes, con olor a palomitas, sudor y tensión constante. Asalto al tren Pelham 123, la versión de 2009 dirigida por el siempre eléctrico Tony Scott, es exactamente ese tipo de película. Es una cinta que respira un aire noventero increíble, aunque se rodara al final de la década de los 2000, y eso, sinceramente, es su mayor virtud. No hay pretensiones de ser una obra maestra del arte visual, sino de ser una montaña rusa que no te suelte el cuello durante cien minutos.

La premisa es sencilla: un tipo malo secuestra un tren y pide pasta. Pero lo que hace que esto funcione no es el «qué», sino el «quién». En una esquina del cuadrilátero tenemos a John Travolta haciendo de Ryder, un villano pasado de rosca, con un tatuaje en el cuello y una mala leche que se huele a través de la pantalla. Me encanta cuando Travolta se desmelena (figuradamente, claro) y se entrega al papel de loco peligroso. Su personaje es volátil, malhablado y capaz de pegarle un tiro a cualquiera por un minuto de retraso. Es ese tipo de actuación que bordea lo exagerado pero que en el contexto de la dirección de Scott encaja como un guante.

Denzel Washington y John Travolta

Y en la otra esquina, Denzel Washington. ¿Qué vamos a decir de este hombre? Es, posiblemente, el actor que mejor sabe interpretar al «tío normal» que se ve envuelto en una situación extraordinaria. Aquí no es un superpolicía ni un héroe de acción; es Walter Garber, un interventor del metro que está siendo investigado por un presunto soborno y que simplemente estaba en su puesto ese día. Denzel clava esa mezcla de vulnerabilidad, decencia y astucia callejera. Es el ancla moral de la película, y la química que tiene con Travolta a través del micrófono —porque se pasan media peli hablando por radio— es lo que realmente sostiene el metraje.

Hablemos del estilo visual de Tony Scott. Si conoces su cine posterior a Man on Fire, sabes lo que hay: montaje frenético, colores saturados, zooms imposibles y una cámara que no se queda quieta ni un segundo. Para algunos esto puede resultar agotador, pero para un servidor, aquí funciona de maravilla para transmitir el caos de Nueva York y la claustrofobia del túnel del metro. La película tiene un ritmo endiablado; no hay escenas de relleno. Es una carrera contrarreloj donde el sudor de los personajes parece traspasar el televisor. Nueva York se siente sucia, ruidosa y viva, casi como un personaje más de la trama.

Tensión en el metro de Nueva York

Lo que me fascina de este film es cómo maneja el concepto del héroe accidental. Walter Garber no tiene por qué jugarse la vida, pero siente una responsabilidad ética hacia esos pasajeros. La tensión no solo viene de los disparos, sino de la guerra psicológica que Ryder intenta jugar con él. Ryder detecta que Garber no es un santo, que tiene sus manchas, y utiliza eso para intentar quebrarlo. Es un duelo de voluntades magnífico donde el diálogo tiene tanto peso como la acción física. Además, ver a secundarios de lujo como John Turturro o el añorado James Gandolfini como alcalde de la ciudad le da un empaque que muchas pelis de acción actuales ya querrían para sí.

¿Es perfecta? No. Tiene sus agujeros de guion y algunos momentos donde la suspensión de la incredulidad tiene que trabajar horas extras, especialmente en la parte final cuando la trama sale de los túneles a las calles. Sin embargo, en el cine de entretenimiento lo que cuenta es la honestidad de la propuesta, y esta película es honesta a rabiar. No te engaña: te promete tensión, buenas actuaciones y un final satisfactorio, y te lo da con creces. Es cine de robos puro, destilado y servido sin hielo, directo al grano.

Escena de acción Pelham 123

La banda sonora de Harry Gregson-Williams también merece una mención. Es machacona, industrial y sube las pulsaciones. Acompaña perfectamente esa sensación de que el tiempo se agota. Reviéndola hoy, me doy cuenta de que extraño este tipo de producciones de presupuesto medio-alto que se centraban en los personajes y en una trama sólida en lugar de gastarse todo el dinero en CGI barato. Hay algo muy táctil y real en ver los vagones de metal crujiendo y las chispas saltando sobre los raíles.

En definitiva, si buscas una película para disfrutar un viernes noche, desconectar del mundo y ver a dos gigantes de la interpretación enfrentarse cara a cara, no busques más. Asalto al tren Pelham 123 es un recordatorio de por qué amamos el cine de acción bien ejecutado. Tony Scott nos dejó un legado de adrenalina, y este tren es una de las paradas obligatorias de su filmografía. No será la más profunda, pero demonios, ¡qué bien te lo pasas durante todo el trayecto!

«¿Qué estarías dispuesto a confesar para salvar la vida de un desconocido?»

Denzel y Travolta nos regalan un duelo interpretativo que no envejece. ¿Eres más del thriller clásico de los 70 o te quedas con esta versión eléctrica de Tony Scott?

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Sexismo, lujo y amnesia: El cóctel explosivo de Parpadea dos veces.

Parpadea dos veces - Póster

Ficha Técnica

Título: Parpadea dos veces (Blink Twice)

Año: 2024

Dirección: Zoë Kravitz

Reparto: Naomi Ackie, Channing Tatum, Adria Arjona, Christian Slater, Simon Rex

Género: Thriller Psicológico / Intriga

Duración: 102 min.

País: Estados Unidos

Valoración: ★★★★☆
Frida, una joven camarera, es invitada por el magnate Slater King a su paradisíaca isla privada. Lo que comienza como un sueño de lujo, sol y champán pronto se transforma en una pesadilla donde los recuerdos se borran y el peligro acecha tras cada parpadeo. ¿Es el paraíso una cárcel dorada?

Hay películas que se sienten como una tarde sofocante de agosto: pesadas, sudorosas y con una tensión eléctrica que amenaza con estallar en tormenta. Parpadea dos veces, el debut tras las cámaras de Zoë Kravitz, es exactamente eso. Es una propuesta incómoda que nos arrastra a una isla de ensueño para diseccionar, con un escalpelo muy afilado, las dinámicas de poder y ese machismo sistémico que se disfraza de filantropía y «buen rollo».

Desde los primeros compases, Kravitz establece un ritmo visual hipnótico. La presentación de Slater King, interpretado por un Channing Tatum que navega magistralmente entre el carisma magnético y la amenaza latente, nos sumerge en una atmósfera donde todo parece demasiado perfecto. Sin embargo, como espectadores experimentados, sabemos que en el cine de género, la perfección es siempre la máscara de la podredumbre.

Tensión en la isla

La película brilla al retratar la tiranía del placer. Los personajes se entregan a un ciclo infinito de drogas, banquetes y risas que, poco a poco, empieza a perder su color. Es aquí donde la dirección de arte y la fotografía juegan un papel crucial: el blanco impoluto de los vestidos de las mujeres frente al verde exuberante de la isla crea un contraste visual que acentúa la sensación de estar en un safari donde las presas aún no saben que lo son.

Es imposible ignorar la carga de denuncia que subyace en el guion. Kravitz no se anda con sutilezas al explorar cómo el privilegio masculino extremo utiliza el olvido como herramienta de control. La película nos susurra una verdad incómoda: para que algunos vivan en un verano eterno, otros (u otras) deben cargar con el peso de los traumas silenciados. La tensión no surge solo de lo que vemos, sino de lo que los personajes sospechan que han olvidado.

El lujo y la sospecha

Hacia el segundo acto, la cinta gira bruscamente hacia el thriller de supervivencia. La acción es cruda, directa y carente de florituras heroicas. Aquí, Naomi Ackie realiza un trabajo fenomenal; su rostro es el mapa de la confusión que da paso a la furia. La transición de la sumisión bajo el influjo de las sustancias a la claridad del horror es una de las progresiones más satisfactorias que hemos visto este año.

Aunque algunos puedan tachar la película de «película rara» por su estructura fragmentada y sus recursos surrealistas, es precisamente esa extrañeza la que la mantiene viva. No es un producto prefabricado de estudio; tiene voz propia. Sí, hay ecos de Déjame Salir o El Menú, pero Parpadea dos veces posee una estética más carnal y agresiva, muy propia de alguien que ha crecido en la industria y sabe dónde están los cadáveres enterrados.

Resolución final

En definitiva, es una obra que requiere que el espectador no aparte la mirada. A pesar de su enfoque en el machismo más tóxico y depredador, la película evita caer en el simple panfleto gracias a un uso inteligente del humor negro y el suspense. Es una montaña rusa emocional que nos deja con un sabor amargo en la boca, pero con la satisfacción de haber presenciado un debut cinematográfico con verdadera garra.

Si buscan una película para una tarde de calor, de esas en las que el aire no corre y la mente se pone espesa, denle una oportunidad a esta isla. Pero tengan cuidado: una vez que empiezas a ver las grietas en el paraíso, ya no puedes volver a cerrar los ojos. No olviden no parpadear, porque la verdad suele esconderse en los segundos que decidimos no mirar.

Veredicto Provisional

«Una bofetada estética y política envuelta en papel de regalo de lujo. Zoë Kravitz debuta con un thriller que quema como el sol del mediodía y nos recuerda que el olvido es el arma favorita del poder. Imprescindible, perturbadora y necesaria.»

Opinión: Ambulance es el guilty pleasure perfecto para el fin de semana

Póster oficial Ambulance Michael Bay

Ficha Técnica

  • Título original: Ambulance
  • Año: 2022
  • Dirección: Michael Bay
  • Reparto: Jake Gyllenhaal, Yahya Abdul-Mateen II, Eiza González
  • Género: Acción / Thriller / Drama
  • Duración: 136 minutos
  • País: Estados Unidos
★★★½☆
3.5 de 5 Estrellas

Will Sharp, un veterano de guerra desesperado por conseguir dinero para cubrir las deudas médicas de su esposa, recurre a la única persona que sabe que no debería: su hermano adoptivo Danny, un carismático criminal de carrera. Danny le ofrece un objetivo: el mayor atraco a un banco en la historia de Los Ángeles: 32 millones de dólares. Pero cuando su huida sale espectacularmente mal, los hermanos desesperados secuestran una ambulancia con un policía herido aferrándose a la vida y una experta paramédica, Cam Thompson, a bordo.

Caos, ruido y… ¿sorpresa?

Os voy a ser completamente sincero: cuando me senté en el sofá el otro día, no esperaba gran cosa. Vi el nombre de Michael Bay en los créditos y mi cerebro automáticamente se preparó para dos horas de explosiones sin sentido, mujeres objetivizadas como si fueran coches deportivos y un guion escrito en una servilleta de bar. Pero entonces vi el reparto: Jake Gyllenhaal y Eiza González. Y pensé, «bueno, al menos habrá buenas actuaciones entre tanto fuego artificial». Lo que no me esperaba era quedarme, como se dice vulgarmente, «picueto». Ambulance: Plan de Huida no es cine de autor, ni pretende cambiarte la vida, pero os juro que es una de las experiencias más adrenalínicas y honestas que he tenido últimamente frente a la pantalla.

Michael Bay tiene una fama ganada a pulso. Lo amamos o lo odiamos, a veces ambas cosas en la misma película. Pero aquí, parece que Bay ha decidido coger todo lo que le caracteriza, meterlo en una batidora y darle al botón de «máxima potencia» sin la pretensión de ser trascendental. La película es, en esencia, una persecución de dos horas. No hay más. Es Speed pero con esteroides y drones de competición. Y funciona. Funciona sorprendentemente bien porque la película es consciente de su propia locura. No intenta engañarte haciéndote creer que es un drama profundo sobre la hermandad (aunque lo toca); te dice desde el minuto uno: «abróchate el cinturón, que vamos a romper medio Los Ángeles».

Jake Gyllenhaal en Ambulance

Hablemos del elefante en la habitación: el estilo visual. Si te mareas con facilidad, tómate una biodramina antes de darle al play. Bay ha descubierto los drones FPV (First Person View) y los usa como un niño con juguete nuevo. La cámara cae en picado desde rascacielos, se mete por debajo de coches volcando y hace giros imposibles. Al principio puede resultar agotador, pero una vez entras en el ritmo frenético de la cinta, esos movimientos de cámara se convierten en un personaje más. Te transmiten la ansiedad, el caos y la desesperación de los protagonistas. Es un agobio visual que, curiosamente, encaja a la perfección con la situación límite que viven Danny y Will.

Y luego está Jake Gyllenhaal. ¿Qué le pasa a este hombre? Y lo digo como un cumplido enorme. Gyllenhaal tiene esa capacidad única de parecer encantador y completamente psicótico en el mismo plano. Su personaje, Danny, es el motor del caos. Verle gritar, manipular y luego intentar justificar sus acciones con una lógica retorcida es una gozada absoluta. Se nota que se lo está pasando en grande rodando esto, sin tomarse demasiado en serio a sí mismo, pero entregando una intensidad que eleva el material base. Es el villano que crees que es el héroe, o el héroe que actúa como villano; esa ambigüedad moral sostiene la tensión cuando las explosiones dejan de sonar (que es casi nunca).

Por otro lado tenemos a Yahya Abdul-Mateen II, que hace de Will, el hermano «bueno». Su papel es más ingrato, el del hombre moralmente en conflicto arrastrado por las circunstancias, pero le da el peso emocional necesario para que no nos dé igual si la ambulancia se estrella o no. La química entre ambos hermanos, aunque tóxica, se siente real. Hay una historia compartida que no necesitan explicar con flashbacks eternos; la ves en cómo se miran y cómo se gritan. Es una tragedia griega disfrazada de película de acción de sábado por la tarde.

Eiza González como paramédico en Ambulance

Pero la verdadera sorpresa para mí fue Eiza González como Cam, la paramédico. En el cine de Michael Bay, las mujeres suelen ser poco más que decorado sexy. Aquí, aunque la cámara de Bay no puede evitar «ser Bay» en algunos planos, el personaje de Cam es una profesional competente y dura. Es la única persona adulta en la habitación (o en la ambulancia). Verla intentar salvar la vida de un policía con el bazo reventado, usando una pinza del pelo mientras la ambulancia va a 100 km/h saltando por los aires, es una de las secuencias más tensas y ridículamente entretenidas que he visto. Eiza aguanta el tipo frente a Gyllenhaal y se convierte en el corazón ético de la película.

Por supuesto, la película tiene fallos. Muchos. Si te pones a analizar la física de los choques, o la lógica de las decisiones policiales, la película se desmorona. ¿Es creíble que destruyan media ciudad para salvar un banco? No. ¿Tiene sentido esa operación quirúrgica en movimiento con asistencia remota por videollamada? Probablemente no. Pero esa es la magia de este tipo de cine. Te pide que suspendas la incredulidad, que apagues el interruptor del cinismo y simplemente disfrutes del espectáculo. Es honesta: te da exactamente lo que promete el póster, ni más ni menos.

El ritmo es implacable. Desde que se suben a la ambulancia, la película no frena. Literalmente. Es una huida constante donde cada obstáculo es más grande y ruidoso que el anterior. Hay momentos en los que necesitas coger aire, y la película te da apenas unos segundos de diálogo intenso antes de lanzar otro coche de policía por los aires. La edición es frenética, marca de la casa, pero en esta ocasión sirve para enfatizar la claustrofobia de estar atrapado en un vehículo pequeño mientras el mundo exterior intenta matarte.

Escena de acción explosiva en Ambulance

Me ha recordado mucho al cine de acción de los 90, aquel que alquilábamos en el videoclub un viernes por la noche. No hay intentos de crear un «Universo Cinematográfico», ni escenas post-créditos que te obliguen a ver tres series antes para entender la trama. Es una historia cerrada: empieza, explota todo, y acaba. Y en esta época de franquicias interminables, se agradece esa simplicidad narrativa envuelta en complejidad técnica.

En resumen, Ambulance es una gozada si sabes a lo que vas. Es disparos, es tragedia, son «buenos no tan buenos» y «malos no tan malos». Es perfecta para una tarde de relax, para desconectar el cerebro de los problemas del día a día y dejar que la adrenalina ajena te limpie un poco el estrés. Le doy un 3,5 sobre 5 porque, a pesar de sus agujeros de guion y sus excesos (o quizás gracias a ellos), me mantuvo pegado al asiento las dos horas. Y a veces, eso es todo lo que le pido al cine.

¿Genio del caos o solo ruido?

Sé que Michael Bay divide opiniones como nadie. ¿Eres de los que disfruta viendo el mundo arder en 4K o te parece insoportable?

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The Equalizer 3: Denzel Washington vuelve a demostrar por qué es eterno

The Equalizer 3 Poster

Ficha técnica

Título original: The Equalizer 3

Año: 2023

Dirección: Antoine Fuqua

Reparto: Denzel Washington, Dakota Fanning, Eugenio Mastrandrea

Género: Acción, Thriller

Duración: 109 minutos

País: Estados Unidos

Valoración

★★★★☆ (4 de 5)

Robert McCall cree haber dejado atrás su violento pasado, pero cuando se instala en un pequeño pueblo del sur de Italia descubre que sus nuevos amigos viven bajo el control del crimen organizado. Cuando los acontecimientos se vuelven mortales, McCall sabe exactamente qué hacer: convertirse en el protector de los oprimidos.

The Equalizer 3 fue una de esas películas que vi casi sin pensarlo demasiado, pero que acabaron dejándome una sensación muy especial. No solo porque Denzel Washington siempre funciona —eso ya lo damos por hecho—, sino porque aquí hay algo distinto, algo más reposado, más crepuscular, más consciente del paso del tiempo. Cuando la vi a principios de 2025 sentí una conexión inmediata con el personaje, como si Robert McCall y yo estuviésemos en un punto parecido: mirando atrás, recordando todo lo vivido, pero sin renunciar a seguir adelante.

Esta tercera entrega de la saga no intenta reinventar nada. Y lo digo como algo positivo. Sabe perfectamente lo que es y lo que quiere ofrecer: acción directa, justicia personal y un protagonista que se mueve entre la calma absoluta y la violencia más implacable. Pero esta vez, el escenario italiano lo cambia todo. Italia no es solo un fondo bonito, es casi un personaje más, y eso se nota desde el primer minuto.

Equalizer haciendo amigos

Ver a McCall haciendo amigos, integrándose poco a poco en la vida del pueblo, es algo que no habíamos visto tan claramente en las anteriores películas. Aquí hay más silencios, más miradas, más pequeños gestos cotidianos. Antoine Fuqua parece interesado en mostrarnos al hombre detrás del justiciero, al tipo cansado que solo quiere tomarse un café tranquilo y ver pasar los días sin sobresaltos.

Y es ahí donde Denzel vuelve a demostrar por qué es uno de los grandes. No necesita discursos largos ni escenas exageradas para imponerse. Le basta con estar. Con caminar. Con mirar. Su presencia llena la pantalla incluso cuando no hace nada aparentemente importante. Es un actor que envejece con una elegancia brutal, y esta película lo aprovecha al máximo.

El pueblo italiano en el que se refugia McCall es precioso, pero también está podrido por dentro. Esa dualidad entre belleza y corrupción es uno de los grandes aciertos del film. Todo parece tranquilo, casi idílico, hasta que empiezas a rascar un poco y descubres que la mafia controla cada rincón, cada negocio, cada vida. Y claro, ahí es donde McCall no puede quedarse de brazos cruzados.

El pueblo italiano

La violencia en The Equalizer 3 es seca, directa y, en muchos momentos, incómoda. No es una película que glorifique la sangre porque sí, aunque tampoco se corta cuando tiene que mostrarla. Cada estallido de acción parece justificado, casi inevitable. McCall no disfruta matando, pero tampoco duda cuando sabe que es necesario. Es un código moral muy claro, aunque discutible, y la película no intenta suavizarlo.

Me gustó especialmente el ritmo. No va con prisas, y eso puede desesperar a algunos, pero a mí me pareció muy acertado. Deja que la historia respire, que conozcamos a los personajes secundarios, que entendamos lo que está en juego. Cuando la violencia llega, lo hace con más fuerza precisamente porque se ha tomado su tiempo.

El personaje de Dakota Fanning aporta un contrapunto interesante. No roba protagonismo, pero sí sirve para ampliar el mundo de McCall y recordarnos que su lucha no es solo personal. Hay algo casi melancólico en su relación, como si ambos supieran que pertenecen a un mundo que nunca termina de encajar del todo.

Problemas en The Equalizer 3

No todo es perfecto. Hay momentos en los que la película parece repetirse a sí misma, como si siguiera un manual demasiado conocido. Algunos villanos son un poco planos y ciertos conflictos se resuelven de forma demasiado rápida. Pero incluso con esos defectos, el conjunto funciona porque el corazón está en el sitio correcto.

The Equalizer 3 se siente como una despedida, aunque nunca se diga explícitamente. Hay algo de final de etapa, de cierre de círculo. Ver a McCall caminando por esas calles italianas, aceptando quién es y lo que representa, resulta sorprendentemente emotivo para una película de acción.

Para mí, fue una de las películas que más disfruté en 2025. De esas que puedes volver a ver sin cansarte, porque siempre encuentras un gesto nuevo, una mirada distinta, una escena que te había pasado desapercibida. Acción pura, sí, pero también una reflexión sobre el paso del tiempo y las segundas oportunidades.

Denzel Washington nunca se agota. Nunca baja el nivel. Y en una saga como The Equalizer, ambientada además en mi querida Italia, era muy difícil que algo saliera mal. Puede que no sea la mejor película de acción de la historia, pero sí una de las más honestas dentro de su género.

¿Puede un hombre encontrar la paz después de haber vivido toda su vida entre la violencia, o simplemente aprende a convivir con ella?

Por qué Training Day sigue siendo el mejor thriller policial del siglo XXI

Póster oficial de Training Day

⚡ Ficha Técnica: Training Day

  • Título original: Training Day (Día de entrenamiento)
  • Año: 2001
  • Dirección: Antoine Fuqua
  • Reparto principal: Denzel Washington, Ethan Hawke, Scott Glenn, Tom Berenger, Harris Yulin, Eva Mendes.
  • Género: Thriller policiaco, Drama, Acción.
  • Duración: 122 minutos.
Valoración CP Cine: ★★★★★ (5/5 OBRA MAESTRA)
« Jake Hoyt (Ethan Hawke) es un joven policía recién asignado a narcóticos en Los Ángeles. Su primer día de prueba lo pasa con el veterano detective Alonzo Harris (Denzel Washington), un agente condecorado cuyos métodos difuminan la línea entre la legalidad y la corrupción. Durante 24 horas intensas en las calles más peligrosas de L.A., Hoyt deberá decidir si las lecciones de Harris son una forma necesaria de supervivencia o un descenso directo al infierno moral. «
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=VQ-SCoyUwfg?si=0MMYoRVw8zPSyoh6]

La jungla de asfalto y el lobo feroz

A ver, gente, vamos a ponernos serios un momento. Soy «CP Cine», y sabéis que veo de todo, desde la serie B más cutre hasta el cine de arte y ensayo más pretencioso. Pero hay días, hay momentos específicos en la vida de un «experto amateur» como yo, en los que te topas con algo que te agarra del cuello, te sacude y te dice: «Esto es CINE, chaval». Y eso, amigos míos, es exactamente lo que pasa con Training Day. No estamos ante otra peliculita de policías y ladrones del montón que ponen un domingo por la tarde. No. Estamos ante una bestialidad, un viaje alucinante de 24 horas por el infierno de Los Ángeles que te deja sin aliento desde el minuto uno hasta los créditos finales. Es, sin exagerar, un peliculón absoluto, un 10 de 10 y una de esas 5 estrellas que doy muy pocas veces. Es una obra maestra del cine policiaco moderno que redefinió el género a principios de los 2000.

La premisa parece sencilla sobre el papel: el policía novato e idealista (Ethan Hawke como Jake Hoyt) tiene su primer día de evaluación con el veterano curtido y de vuelta de todo (Denzel Washington como Alonzo Harris). Hemos visto este esquema de «buddy cop» mil veces, desde Arma Letal hasta Rush Hour. Pero aquí, el director Antoine Fuqua coge ese cliché y lo retuerce, lo ensucia y lo sumerge en un realismo crudo y sudoroso. No hay chistes fáciles, no hay camaradería instantánea. Hay tensión. Una tensión que se puede cortar con cuchillo desde que Hoyt se sube al Monte Carlo negro de Alonzo. El coche, por cierto, es un personaje más; es la guarida del lobo, el trono desde donde Alonzo dicta su ley en las calles. La película te mete de lleno en un L.A. que no sale en las postales, el de los callejones traseros, las bandas, el tráfico de drogas a plena luz del día y la violencia latente en cada esquina.

Denzel Washington y Ethan Hawke en el coche en Training Day

El Monte Carlo: la oficina móvil donde la moralidad se queda en el maletero.

Hablemos del elefante en la habitación, o mejor dicho, del King Kong en la habitación: Denzel Washington. Madre mía. Mira que Denzel tiene papeles icónicos, ha hecho de Malcom X, de abogado luchador en Philadelphia, de piloto alcohólico en El Vuelo… pero lo de Alonzo Harris es de otra galaxia. Es, en mi humilde opinión de consumidor voraz de cine, la mejor actuación de su carrera, y eso es decir muchísimo. Alonzo es un villano fascinante porque no se ve a sí mismo como un villano. Él se ve como el «mal necesario». Su filosofía es brutal pero, en el contexto de la película, casi tiene sentido: «Para proteger a las ovejas, tienes que ser un lobo». Denzel te vende esta filosofía con un carisma arrollador. Es aterrador, es seductor, es impredecible y es absolutamente magnético. No puedes apartar los ojos de él. La forma en que manipula a Hoyt, cómo se mueve por los barrios más peligrosos como si fuera el dueño del cortijo (que en cierto modo lo es), y cómo suelta frases lapidarias que ya son historia del cine, es un espectáculo actoral de primer nivel. El Oscar que ganó no fue regalado, fue ganado a pulso en cada escena.

Pero para que un personaje como Alonzo brille tanto, necesita un contrapunto perfecto, y ahí es donde Ethan Hawke merece un aplauso monumental. Es fácil quedar eclipsado por el huracán Denzel, pero Hawke aguanta el tipo de forma increíble. Su Jake Hoyt es nuestros ojos en la película. Es el tipo bueno, el que cree en las reglas, el que quiere «servir y proteger» de verdad. Ver cómo Alonzo va desmantelando sistemáticamente la inocencia y los principios de Hoyt es doloroso. Hawke transmite perfectamente esa lucha interna, el miedo, la confusión y, finalmente, la desesperación de darse cuenta de que está atrapado en una trampa mortal diseñada por su propio mentor. La química tóxica entre los dos es el motor de la película; es un duelo interpretativo de titanes, una partida de ajedrez donde uno juega con las piezas blancas y el otro ha quemado el tablero.

La película no solo se sustenta en sus dos protagonistas. El guion de David Ayer (que sabe un par de cosas sobre las calles de L.A., ya que creció allí) es una bomba de relojería. Está estructurado de tal manera que la presión nunca deja de aumentar. Cada parada que hacen a lo largo del día es más peligrosa y moralmente ambigua que la anterior. Desde incautar drogas a unos camellos de poca monta hasta enfrentarse a situaciones de vida o muerte en territorios controlados por bandas reales (sí, Fuqua usó a miembros de bandas reales como extras para darle autenticidad, y se nota). El realismo es sucio. No hay filtros embellecedores. El calor de Los Ángeles traspasa la pantalla, casi puedes oler el asfalto caliente y el peligro. Los secundarios, incluyendo cameos de lujo de músicos como Dr. Dre, Snoop Dogg o Macy Gray, lejos de distraer, añaden una capa más de textura a ese mundo urbano y caótico que Alonzo dice controlar.

Escena de tensión en Training Day con armas

La tensión es constante: en este «día de entrenamiento», un error te cuesta la vida.

Lo que hace que Training Day sea una obra maestra y no solo una buena película de acción es su profundidad temática. Es una exploración brutal de la corrupción, no solo la corrupción monetaria (que la hay, y mucha), sino la corrupción del alma. Plantea preguntas incómodas: ¿Hasta dónde estamos dispuestos a dejar que lleguen los «buenos» para detener a los «malos»? ¿El fin justifica los medios cuando los medios implican convertirse en aquello que juraste combatir? Alonzo Harris es el resultado extremo de un sistema roto. Él ya no distingue el bien del mal; solo distingue el poder y la supervivencia. Ha cruzado tantas líneas rojas que ya no ve la línea original. Y la película nos obliga a mirar ese abismo. Hay momentos en los que, como espectador, casi te encuentras del lado de Alonzo, seducido por su lógica retorcida, hasta que hace algo tan monstruoso que te devuelve a la realidad de golpe.

Tengo que mencionar un par de escenas clave sin destripar demasiado, porque si no la habéis visto (¿en qué cueva habéis estado viviendo?), tenéis que experimentarlas vírgenes. Hay una escena en particular, que involucra una partida de cartas en una casa en el barrio de «The Jungle», que es una clase magistral de tensión cinematográfica. Sabes que algo va mal, los personajes lo saben, el ambiente es irrespirable, y cuando todo estalla, es de una violencia seca y realista que te hiela la sangre. Y luego está el clímax final. No es la típica persecución de coches con explosiones gigantescas al estilo Hollywood. Es un enfrentamiento crudo, físico y desesperado. Es el momento en que el alumno tiene que decidir si usa las herramientas del maestro para sobrevivir, o si mantiene su integridad aunque eso signifique morir. La resolución es perfecta, cerrando el círculo de este día infernal de una manera satisfactoria pero amarga.

En resumen, como vuestro fiable «experto amateur», os digo que Training Day es de visionado obligatorio. Ha envejecido increíblemente bien. De hecho, en el mundo actual, sus temas sobre el abuso de poder policial y la desconfianza en las instituciones quizás resuenen aún más fuerte que en 2001. Es una película que te entretiene, sí, pero también te golpea el estómago y te hace pensar. Es cine con mayúsculas, con actuaciones que definen carreras y una dirección que te sumerge en un mundo que preferirías no conocer en la vida real. Si te gusta el thriller, el drama intenso o simplemente ver a dos actores en estado de gracia dándolo todo, no busques más. Alonzo Harris te está esperando para darte una lección que nunca olvidarás.

Primer plano de Denzel Washington como Alonzo Harris

El rostro de la corrupción: Denzel Washington en la actuación de su vida.

🔥 El debate de CP Cine 🔥

«¿King Kong no tiene nada que hacer conmigo?»

Después de ver la película, sed sinceros: ¿Creéis que los métodos de Alonzo son, en algún punto, necesarios para combatir el crimen real, o es simplemente un villano corrupto sin redención? ¡Os leo en los comentarios!

Kaley Cuoco como asesina en «Juego de Roles»: Lo mejor de una película mediocre

Póster oficial de Juego de Roles (Role Play)

Juego de Roles (Role Play)

Otra vez la misma historia de «mi pareja es espía», pero con Kaley Cuoco.

Ficha Técnica Amateur

  • Título original: Role Play (2024)
  • Dirección: Thomas Vincent
  • Reparto principal: Kaley Cuoco, David Oyelowo, Bill Nighy
  • Género: Acción, Comedia, Thriller… lo típico.
  • Dónde verla: Prime Video

La nota de CP Cine:

★★½☆☆

(5 sobre 10 – Pasable, no te duermes)

«Emma y Dave disfrutan de una vida tranquila y aparentemente normal en los suburbios de Nueva Jersey. Tienen un matrimonio estable, dos hijos y una rutina cómoda. Sin embargo, Emma esconde un secreto explosivo: en realidad es una asesina a sueldo de élite internacional. Cuando deciden avivar la llama de su matrimonio con un pequeño juego de roles en un hotel, el pasado de Emma la alcanza, poniendo su vida y la de su desprevenido esposo patas arriba.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=htBWvf8gEBE?si=Nfn6Ru20n-58dx1Z]

Más de lo mismo, pero con encanto televisivo

A ver, cómo os lo digo sin sonar demasiado vinagre. Hace muy poco hablé por aquí de esa película de Cameron Diaz y Jamie Foxx, «Vuelta a la acción», y comentaba que era la típica película de Netflix hecha con algoritmo. Pues bien, Prime Video ha dicho «sujétame el cubata» y nos ha traído «Juego de Roles». Y amigos, es exactamente la misma premisa, el mismo esquema y casi el mismo resultado. Parece que en Hollywood hay una fotocopiadora gigante que solo sabe escupir guiones sobre familias suburbanas donde uno de los miembros es un súper asesino retirado de la CIA, el FBI o la T.I.A.

La historia ya os la sabéis de memoria antes de darle al play: pareja aburrida de la rutina, deciden hacer algo «loco» para reavivar la llama (en este caso, un juego de roles en un bar de hotel, de ahí el título), y pum, resulta que ella es una máquina de matar y el pasado vuelve para un «último trabajo» o simplemente para intentar liquidarlos. Y ahí tenemos al marido, con cara de no entender nada, siendo arrastrado por tiroteos y persecuciones. Es una fórmula tan gastada que ya ni siquiera sorprende cuando ocurre el giro inicial.

Kaley Cuoco y David Oyelowo como la pareja protagonista
Kaley Cuoco y David Oyelowo como la pareja protagonista

Entonces, si es «la misma mierda» (perdón por mi francés, pero ya sabéis que yo hablo claro), ¿qué es lo que la salva de la quema absoluta? ¿Por qué le doy un aprobado raspado? Pues sinceramente, por una razón muy sencilla que me sorprendió gratamente: los protagonistas. Kaley Cuoco (nuestra querida Penny de The Big Bang Theory) y David Oyelowo tienen una química extrañamente funcional. Y lo más importante, y esto es algo que valoro mucho últimamente: parecen padres de verdad.

Estamos acostumbrados a ver a héroes de acción en sus cincuenta o sesenta años, pasadísimos de bótox, con caras inexpresivas y cuerpos que no cuadran con la realidad, intentando hacernos creer que son padres jóvenes y dinámicos. Aquí no. Kaley y David tienen un aspecto natural, parecen esa pareja que te encuentras en la reunión del AMPA del colegio. Eso le da un puntito de credibilidad a la relación, aunque la trama sea un disparate. Te crees que se quieren y que están agobiados por la hipoteca y los niños, antes de que empiecen a volar las balas.

Kaley Cuoco en una escena de tensión
Los Ñus, los Ñus

Hablando de Kaley Cuoco, soy fan desde el primer frame que vi de ella en Big Bang. Tiene un carisma natural para la comedia que aquí intenta explotar, aunque el guion no le ayuda mucho. Se nota que se esfuerza en las escenas de acción, y aunque no va a ganar un Oscar por esto, sostiene la película sobre sus hombros. Es ella la que hace que no quites la película a los veinte minutos. Su transición de «mamá de los suburbios» a «John Wick con mechas» es un poco abrupta, pero eh, hemos venido a jugar.

El problema principal de «Juego de Roles» es que no termina de decidir qué quiere ser. Como comedia, los chistes son bastante flojos y predecibles. Como película de acción, las coreografías son estándar, de esas que has visto mil veces mejor ejecutadas en otras cintas. No hay ninguna «set piece» memorable de la que vayas a hablar al día siguiente. Todo es… correcto. Mediocremente correcto. Incluso aparece el gran Bill Nighy, un actorazo que siempre es un placer ver, pero aquí está totalmente desaprovechado en un papel de villano genérico que parece escrito en una servilleta durante un almuerzo rápido.

El marido, David Oyelowo, en medio de la acción sin entender nada
Kaley Cuoco en una escena de tensión

En resumen, «Juego de Roles» es la definición perfecta de «película de plataforma de streaming para un domingo por la tarde con lluvia». Ambas, esta y la de Cameron Diaz, son malas, o para ser más suave, pasables. Son comida rápida cinematográfica. La consumes, te entretiene lo justo mientras dura, y en cuanto aparecen los créditos finales, ya la estás olvidando. Le doy un 5 sobre 10 porque, sinceramente, no me dormí (cosa que me pasa a menudo con estos refritos) y porque el carisma de Kaley Cuoco salva los muebles. Si no tienes absolutamente nada mejor que ver, dale al play. Si tienes pendiente alguna serie buena de verdad, ni te molestes.

🎬 La pregunta del experto amateur 🎬

¿Vosotros también estáis hartos de este subgénero de «pareja aburrida que resulta ser espía», o creéis que todavía se puede sacar algo bueno de ahí? ¡Os leo en los comentarios!

El «Morgan Freeman de la Gen X»: Idris Elba en «Una casa llena de dinamita»

Reseña: «Una casa llena de dinamita»

Poster de la película

Ficha Técnica

  • Título: Una casa llena de dinamita
  • Dirección: Kathryn Bigelow
  • Guion: Mark Boal
  • Reparto: Idris Elba, Jessica Chastain, Riz Ahmed
  • Año: 2024
  • Género: Thriller, Tensión, Drama Bélico

Mi Valoración

3 de 5 estrellas

Sinopsis

«Un thriller de tensión con un argumento atrayente y la presencia de Idris Elba. La película construye un ‘hype’ constante, centrándose en la tensión psicológica por encima de la acción, llevando al espectador al límite, aunque sin ofrecer una resolución explosiva.»

Tráiler

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Crítica: Tensión sin explosión

He de reconocer que Kathryn Bigelow me da pereza. Mucha, de hecho. Es algo que me viene desde que vi «En tierra hostil» (The Hurt Locker, para los puristas). No me malinterpretéis, la película está técnicamente bien hecha, pero toda la pompa que se le dio, todos los premios, todo ese bombo… se me ha quedado atragantada. No sé si es por ser una película tan «proudly made in America» o por su evidente «USAcentrismo», pero siempre veo sus películas con cierto escepticismo. Siento que, en el fondo, me están vendiendo un anuncio del ejército de dos horas, por muy crudo que lo pinten. Es como esa comida que todo el mundo dice que es increíble, la pruebas, y piensas… «¿en serio? ¿*Esto*?». Pues eso me pasa con ella. Siento que sus películas son más importantes por lo que *representan* (la primera mujer en ganar el Oscar a mejor dirección, ¡bravo por ello!) que por lo que *cuentan*, o al menos, cómo lo cuentan.

Así que, con este historial, ¿por qué demonios me puse a ver «Una casa llena de dinamita»? Pues por dos razones, básicamente. La primera, porque el argumento, en papel, sonaba muy similar a lo suyo pero a la vez atrayente. Un thriller de tensión, de esos psicológicos, que no se centra (supuestamente) tanto en el campo de batalla sino en la antesala, en el nerviosismo. Y la segunda razón, y probablemente la de más peso, es porque aparecía por ahí Idris Elba.

Y es que hay que hablar de Idris Elba. Para mí, es el nuevo «Mr. President» de los USA ficticios, el Morgan Freeman de la Generación X. Es ese actor que, con solo estar en pantalla, ya te da una sensación de calma, de «este tío controla». Tiene una gravedad, una presencia, que hace que te creas cualquier cosa que diga. Es el tipo que puede ser el malo malísimo en una peli de superhéroes, un detective torturado en una serie británica o el único líder sensato que queda en el apocalipsis. Si Morgan Freeman era la voz de Dios para los Millennials, Idris Elba es la cara de la autoridad competente para nosotros. Su nombre en el cartel era una garantía de que, como mínimo, la actuación protagonista iba a merecer la pena.

Escena de la película 1

Y oye, la vi. Aprovechando el insomnio y ese estado de duermevela que te da a las 3 de la mañana, me la intenté ver en dos sesiones. Esto es importante, porque ver una película de «tensión» en este estado es un desafío. Si la película no te agarra, te pierdes. Y «Una casa llena de dinamita» lo consiguió… a ratos. Me atrapó en ciertos momentos, con diálogos tensos, miradas que lo decían todo y esa sensación de que algo muy gordo iba a pasar. Pero en otros momentos, me desconectó. Notaba los mecanismos, veía los hilos del guion intentando mantenerme en vilo de forma un poco artificial.

El hype durante toda la película es muy grande. Eso hay que dárselo. La directora (o quien sea que imite su estilo) sabe cómo construir una atmósfera. La música, los silencios, los primeros planos de Idris Elba sudando… todo te dice que la «casa llena de dinamita» va a estallar en cualquier segundo. Te pasas 100 minutos esperando la detonación, conteniendo la respiración, pensando «ahora, ahora es cuando todo se va al traste». Y esa tensión, tengo que admitirlo, es marca de la casa. Te mantiene pegado al sofá, incluso en duermevela.

Escena de la película 2

Pero aquí viene mi gran problema. El «PERO» en mayúsculas. Precisamente por todo ese hype, el no ver escenas grandilocuentes de guerra o destrucción se me hace poco. Se me queda corto. A ver, no pido un Michael Bay, no quiero explosiones sin sentido. Pero si me titulas una película «Una casa llena de dinamita», espero que, como mínimo, la casa explote. O que al menos tiren un petardo. Esta película es todo lo contrario, es el «coitus interruptus» del cine de tensión.

Es un cine que se gusta mucho a sí mismo en su contención. Un cine que te dice: «mira qué inteligente soy, que no necesito enseñarte la explosión para que sepas que es terrible». Y sí, lo pillo. Entiendo el concepto. Pero como espectador, como consumidor de palomitas, a mí no me gusta que me dejen con todo lo bueno y ya está. Me gusta la resolución. Me gusta el clímax. En este tipo de películas, necesito la catarsis. Necesito que la tensión acumulada durante dos horas se libere de alguna forma, sea para bien o para mal.

Escena de la película 3

Esta película es como una cita increíble en la que te pasas horas hablando, riendo, hay química… y al final de la noche, se despiden con un apretón de manos. Te quedas en la puerta de casa pensando: «¿Y ya está? ¿Después de todo esto?». Pues esa es la sensación. Es un ejercicio de tensión magnífico, pero un ejercicio al fin y al cabo. Le falta el alma, le falta el golpe en la mesa, le falta la explosión que el propio título promete. </s

Aun así, le doy un 3 sobre 5. ¿Por qué un 3 y no un 1? Porque la tensión, aunque no se resuelva, está muy bien lograda. Y porque Idris Elba llena la pantalla. Es una película «casi pero no». Es un quiero y no puedo, o más bien, un «puedo pero no quiero» por parte de la dirección, que prefiere quedarse en lo intelectual antes que mancharse las manos con la acción. No es una mala película, pero es una película frustrante. Y para frustrarme, ya tengo el despertador de los lunes.

¿Qué prefieres en un thriller? ¿Una tensión que te ahoga lentamente o una resolución final explosiva y sin miramientos? ¡Te leo en los comentarios!

Por qué Plan Oculto de Spike Lee me pareció una pérdida de tiempo

Crítica de ‘Plan Oculto’: Un Atraco Casi Perfecto que se Queda a Medias

Póster de la película Plan Oculto

Ficha Técnica

  • Título original: Inside Man
  • Año: 2006
  • Duración: 129 min.
  • País: Estados Unidos
  • Dirección: Spike Lee
  • Guion: Russell Gewirtz
  • Música: Terence Blanchard
  • Reparto: Denzel Washington, Clive Owen, Jodie Foster, Christopher Plummer, Willem Dafoe, Chiwetel Ejiofor

Mi Valoración

(2 de 5 estrellas)

«Duelo entre un duro policía (Denzel Washington) y un inteligente atracador (Clive Owen) durante un tenso secuestro con rehenes en un banco de Manhattan. De repente, aparece una tercera persona que ha sido contratada por el influyente propietario del banco (Christopher Plummer). Se trata de Madaline (Jodie Foster), una poderosa bróker que tiene una agenda secreta.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=1]

Un Plan Demasiado Oculto Para Mi Gusto

Hay películas que te las recomiendan tanto, que las ves en tantas listas de «los mejores thrillers de la historia», que cuando por fin te sientas a verlas, la expectativa es un monstruo gigante. ‘Plan Oculto’ era para mí una de esas películas. Spike Lee en la dirección, un reparto que es básicamente un «quién es quién» de Hollywood… ¿qué podía salir mal? Pues, para mi sorpresa, bastantes cosas. O, mejor dicho, no es que salieran mal, es que simplemente no salieron. La película se quedó en un limbo de intenciones, un quiero y no puedo que me dejó más frío que el interior de la cámara acorazada que tanto se esfuerzan en proteger.

La premisa es fantástica, no nos vamos a engañar. Un atraco a un banco en pleno corazón de Nueva York. Pero no es un atraco cualquiera. El cerebro, Dalton Russell (un Clive Owen que pasa casi toda la película con la cara tapada, un desperdicio), parece tenerlo todo calculado. No quiere el dinero, o eso parece. Los rehenes son obligados a vestirse como los atracadores, creando un caos de identidad que vuelve loca a la policía. Al otro lado, tenemos al detective Keith Frazier (Denzel Washington), un negociador carismático pero con sus propias sombras. Y para enredar más la madeja, aparece Madeleine White (Jodie Foster), una facilitadora de problemas para los ricos y poderosos que tiene su propia agenda. El tablero de ajedrez está dispuesto con piezas de lujo. El problema es que la partida se me hizo lenta, predecible y, sobre todo, anticlimática.

Escena del atraco en Plan Oculto

La tensión inicial se diluye en conversaciones que no llevan a ninguna parte.

El principal problema que le encontré a ‘Plan Oculto’ es su ritmo. Spike Lee se toma su tiempo, muchísimo tiempo, en desarrollar las conversaciones entre Frazier y Russell. Se supone que son duelos dialécticos, llenos de ingenio y dobles sentidos. Y sí, hay momentos brillantes, frases que te sacan una sonrisa. Denzel Washington está, como siempre, impecable. Su personaje tiene ese aire de tipo normal, un poco chulesco, superado por las circunstancias pero sin perder nunca la compostura. Es el ancla de la película. Pero incluso él no puede salvar la sensación de que la trama no avanza. Las negociaciones se estancan, los giros de guion se ven venir a kilómetros y la subtrama de Jodie Foster, que debería añadir una capa de conspiración y misterio, se siente metida con calzador, como si perteneciera a otra película.

Se supone que un thriller de atracos debe mantenerte al borde del asiento. Piensa en ‘Heat’, en ‘Tarde de perros’ o incluso en ‘La casa de papel’. Sientes la urgencia, el peligro, la claustrofobia. En ‘Plan Oculto’, esa tensión es artificial. Los interrogatorios a los rehenes una vez liberados, que se intercalan durante toda la película, rompen constantemente el ritmo y te sacan de la acción principal. Es un recurso narrativo que entiendo en la teoría —crear misterio sobre lo que realmente pasó dentro— pero que en la práctica resulta frustrante. En lugar de aumentar el suspense, lo disipa. Te cuenta el final antes de tiempo, o al menos te asegura que la cosa no acabó en una masacre, quitándole gran parte del peligro inminente que debería sentirse.

Denzel Washington como el detective Frazier

Denzel Washington, lo mejor de una película que no está a su altura.

Y luego está el «gran secreto». El MacGuffin por el que se monta todo este circo. Sin entrar en spoilers, diré que me pareció una decepción mayúscula. Durante dos horas te construyen un misterio alrededor de una caja de seguridad, te hacen creer que dentro hay algo que puede cambiar el mundo, o al menos la vida de gente muy poderosa. Y cuando por fin se desvela… la reacción es un «¿en serio? ¿Todo esto para eso?». Se siente como una justificación floja, casi una excusa para poder llevar a cabo el «atraco perfecto». Un plan tan ingenioso, tan meticulosamente diseñado, merecía una motivación mucho más potente. Al final, el plan es más interesante que el objetivo del plan, y eso es un problema grave.

No me malinterpreten, la película está bien hecha. La dirección de Spike Lee es elegante, la fotografía de Matthew Libatique es excelente y la banda sonora de Terence Blanchard acompaña bien. Pero el cine no es solo técnica. Es emoción, es conexión, es sentir que el tiempo que inviertes vale la pena. Y al terminar de ver ‘Plan Oculto’, mi sensación fue la de haber asistido a un truco de magia muy elaborado en el que el mago se recrea tanto en los preparativos que se olvida de que el público espera un final sorprendente. El conejo que sale de la chistera es pequeño, predecible y ni siquiera es tan adorable como prometía.

Jodie Foster en su papel de Madeleine White

Un personaje con potencial que se queda en una mera distracción.

En definitiva, ‘Plan Oculto’ es una de esas películas que, en mi humilde opinión de consumidor de cine, está tremendamente sobrevalorada. Es un ejercicio de estilo interesante, un escaparate para el talento de su reparto, pero como thriller, como historia que te atrape y te sorprenda, fracasa. Le sobran minutos, le falta tensión y su gran revelación es un anticlímax. Pude haber dedicado esas dos horas a ver dos capítulos de una buena serie, a leer un libro o, sinceramente, a cualquier otra cosa. Le doy dos estrellas, y es por Denzel y por la buena factura técnica. Por lo demás, fue una decepción. Un plan tan perfecto que se olvidó de ser emocionante.

Y tú, ¿crees que ‘Plan Oculto’ es una obra maestra o también te dejó con la sensación de que el plan era mejor que la ejecución?

David Ayer dirige a Statham en «A working man»: una combinación explosiva.

Poster de Rescate Impecable

Ficha Técnica

  • Título original: Levon’s Trade
  • Año: 2025 (Previsto)
  • País: Estados Unidos
  • Dirección: David Ayer
  • Guion: Sylvester Stallone. Novela: Chuck Dixon
  • Reparto: Jason Statham, David Harbour, Michael Peña, Jason Flemyng, Arianna Rivas
  • Productora: Balboa Productions, Cedar Park Studios
  • Género: Acción. Thriller. Secuestros / Desapariciones

«Levon Cade (Jason Statham) ha dejado atrás su antigua vida en las ‘profesiones oscuras’ para buscar una existencia sencilla como trabajador de la construcción y ser un buen padre para su hija. Sin embargo, cuando la hija adolescente de su jefe desaparece, se ve obligado a recurrir a las habilidades que lo convirtieron en una leyenda en el mundo de las operaciones encubiertas.»

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=gGOXUdcE6hk?si=C8T2BMjAWA1KbdoM&w=560&h=315]

Statham: La fórmula que no falla

A estas alturas del partido, entrar a una sala de cine para ver una película de Jason Statham es como pedir tu plato favorito en el restaurante de siempre: sabes exactamente lo que vas a recibir, y precisamente por eso lo pides. «Rescate Impecable» (o «Levon’s Trade», como se la conoce en su título original) no viene a reinventar la rueda del cine de acción, ni lo pretende. Y ahí, amigos, reside su mayor virtud. Es una promesa honesta de testosterona, coreografías de combate brutales y un protagonista que resuelve problemas geopolíticos con la misma facilidad con la que tú y yo abrimos un bote de olivas.

La premisa es sencilla, casi un arquetipo del género. Tenemos a Levon Cade, un tipo duro con un pasado más oscuro que el café de madrugada, intentando llevar una vida normalita como obrero. Quiere ser un buen padre, alejarse del lío. Pero claro, el lío es como un ex tóxico: siempre vuelve. Cuando la hija de su jefe desaparece, a Levon no le queda más remedio que desempolvar el arsenal de habilidades que lo convirtieron en una leyenda urbana para las agencias de inteligencia. Es la clásica historia del hombre tranquilo al que obligan a volver a ser una máquina de matar. ¿Nos quejamos? Para nada.

Jason Statham en una escena de acción

Lo que hace especial a esta cinta, dentro de su predecible universo, es la mano de David Ayer en la dirección. Conocido por su estilo crudo y visceral en películas como «Sin Tregua» o «Corazones de Acero», Ayer le imprime a «Rescate Impecable» una pátina de realismo sucio que le sienta de maravilla. No estamos ante la acción limpia y casi de videojuego de otras franquicias. Aquí los golpes duelen, la sangre mancha y las consecuencias se sienten. Cada puñetazo, cada llave y cada tiroteo están coreografiados con una intención clara: mostrar la eficiencia letal de un profesional, sin adornos innecesarios.

Y en el centro de todo, como un sol de violencia contenida, está él: Jason Statham. Este hombre ha creado un personaje cinematográfico que trasciende sus películas. Ya se llame Arthur Bishop, Deckard Shaw o Levon Cade, sabemos que estamos ante el mismo tipo: un antihéroe con un código moral propio, inexpresivo pero carismático, y con una capacidad para el caos que ríete tú de un huracán. Statham no necesita grandes diálogos ni arcos dramáticos complejos. Su cuerpo es su instrumento, y su mirada, su guion. Transmite más con un ceño fruncido que muchos actores con un monólogo de cinco páginas.

La película avanza a un ritmo endiablado. No hay tiempo para el aburrimiento. La investigación de Levon para encontrar a la chica desaparecida se convierte en una excusa perfecta para encadenar una serie de set pieces de acción, cada una más espectacular que la anterior. Desde una pelea en un bar que acaba con más huesos rotos que mobiliario sano, hasta persecuciones en coche que desafían las leyes de la física y tiroteos en almacenes mugrientos que son pura poesía de la pólvora. David Ayer sabe filmar la acción de cerca, metiéndote en el meollo, haciéndote sentir el crujido de cada hueso.

Escena de tensión en Rescate Impecable

Un punto interesante es el guion, firmado nada menos que por Sylvester Stallone. Se nota la mano del viejo Sly, el amor por el cine de acción de los 80 y 90, donde los héroes eran tipos duros y de pocas palabras. La trama, basada en la novela de Chuck Dixon, es directa y sin florituras. No busca giros de guion imposibles ni subtramas que nos distraigan de lo importante: ver a Statham repartiendo estopa. Es una película que va al grano, que respeta al espectador y le da exactamente lo que ha venido a buscar.

El elenco secundario cumple su función a la perfección. David Harbour y Michael Peña aportan ese contrapunto necesario, ya sea como aliados reticentes o como antagonistas con carisma. Son buenos actores que entienden en qué tipo de película están y juegan a favor de obra, sin intentar robarle el foco al protagonista, pero enriqueciendo el universo de la cinta con su presencia. La química entre ellos y Statham funciona, creando momentos de tensión y, a veces, de un humor muy negro que se agradece.

Visualmente, «Rescate Impecable» es oscura y urbana. La fotografía resalta la sordidez de los bajos fondos en los que se mueve Levon. No hay paisajes bonitos ni puestas de sol. Todo es hormigón, neón y acero. Es un mundo hostil, y nuestro protagonista es el depredador alfa que se mueve por él. Esta estética ayuda a construir la atmósfera y a que nos creamos la brutalidad de lo que estamos viendo. No es una película «bonita», y eso es un cumplido.

Statham preparando su próximo movimiento

En definitiva, «Rescate Impecable» es un plato contundente y sabroso. Es puro cine de evasión, una montaña rusa de adrenalina que te atrapa desde el primer minuto y no te suelta hasta los créditos finales. No ganará un Oscar al mejor guion original, pero te dará una de las sesiones de cine más entretenidas del año. Es una celebración del héroe de acción clásico, un género que algunos daban por muerto pero que, gracias a titanes como Statham, sigue más vivo que nunca.

Si eres de los que disfrutan con una buena historia de venganza, con coreografías de lucha espectaculares y con un protagonista que es la personificación de la palabra «imparable», no lo dudes. «Rescate Impecable» es tu película. Es Statham haciendo lo que mejor sabe hacer, y nosotros, como espectadores, solo podemos sentarnos, disfrutar y dar las gracias porque sigan existiendo películas así: honestas, brutales y endiabladamente divertidas.

Pandora: La increíble construcción de mundo en la película Avatar

Avatar: El día que llegué tarde a la mayor fiesta del cine

Póster de la película Avatar

Ficha Técnica

  • Título original: Avatar
  • Año: 2009
  • Duración: 162 min.
  • País: Estados Unidos
  • Dirección: James Cameron
  • Guion: James Cameron
  • Música: James Horner
  • Fotografía: Mauro Fiore
  • Reparto: Sam Worthington, Zoe Saldaña, Sigourney Weaver, Stephen Lang, Michelle Rodriguez, Giovanni Ribisi
  • Productora: 20th Century Fox, Lightstorm Entertainment
  • Género: Ciencia ficción. Aventuras. Bélico. Romance | Extraterrestres. Ecologismo. 3-D
«Año 2154. Jake Sully, un ex-marine condenado a vivir en una silla de ruedas, sigue siendo, a pesar de ello, un auténtico guerrero. Y por eso ha sido designado para ir a Pandora, donde algunas empresas están extrayendo un mineral extraño que podría resolver la crisis energética de la Tierra. Para contrarrestar la toxicidad de la atmósfera de Pandora, se ha creado el programa Avatar, gracias al cual los seres humanos ‘conductores’ pueden conectar sus conciencias a un avatar, un cuerpo biológico controlado de forma remota que puede sobrevivir en el aire letal. Esos cuerpos han sido creadados con ADN humano, mezclado con ADN de los nativos de Pandora, los Na’vi.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=5PSNL1qE6VY&w=560&h=315]

A veces, uno llega tarde a las fiestas. Y no me refiero a llegar media hora después, sino a aparecer cuando ya han recogido, limpiado y solo queda el eco de la música. Eso es exactamente lo que me ha pasado con Avatar. Sí, en pleno 2024, he visto por primera vez la película que reventó las taquillas de todo el mundo en 2009. Y qué queréis que os diga, a pesar del riesgo de que el paso del tiempo le hubiera sentado mal, me he encontrado con una obra maestra que me ha volado la cabeza. Supongo que es la ventaja de no tener expectativas, de llegar virgen a una historia que todos conocían. Y mi veredicto es claro: James Cameron es un genio, y Avatar se ha colado de un salto en mi top 10 personal.

Lo primero que me atrapó, y es algo que me habéis oído decir muchas veces, es el alma de la película. Más allá de los efectos especiales, que incluso hoy, quince años después, siguen siendo espectaculares, está el mensaje. Un mensaje ecologista tan potente, tan radical y tan necesario que te golpea en la cara. La forma en que Cameron nos presenta Pandora, no como un simple escenario de ciencia ficción, sino como un ser vivo, un organismo interconectado donde cada planta, cada criatura, cada Na’vi forma parte de un todo (Eywa), es de una belleza abrumadora. La lucha de los Na’vi no es solo por su tierra; es una lucha por su madre, por la vida misma, contra la avaricia destructiva de los «hombres del cielo». Es imposible no sentirse interpelado.

Escena de los Na'vi en el bosque de Pandora

Recuerdo escuchar durante años las críticas que la tachaban de ser una versión de «Pocahontas en el espacio» o «Bailando con Lobos con pitufos gigantes». Y vale, sí, la estructura del guion es clásica. El soldado que se infiltra en la cultura enemiga y acaba enamorándose de ella y liderando su rebelión no es algo nuevo. Pero reducir Avatar a eso es de una simpleza insultante. Cameron utiliza ese arquetipo universal, esa estructura que sabemos que funciona, como un vehículo para contarnos algo mucho más grande. La usa para que podamos empatizar con Jake Sully y, a través de sus ojos, descubrir la magia de Pandora y la injusticia de la invasión humana. Es un esqueleto familiar que sostiene un cuerpo completamente nuevo y fascinante.

Hablemos del mundo. Pandora es, sin duda, uno de los universos mejor construidos de la historia del cine. No son solo los paisajes de bosques bioluminiscentes o las montañas flotantes «Hallelujah». Es la coherencia de su ecosistema. Los Banshees (Ikran) y su vínculo sagrado con los guerreros, los Direhorses, las plantas que se encogen al tacto… todo tiene un sentido. Cameron y su equipo no crearon un fondo bonito, crearon un planeta con sus propias reglas, su propia biología, su propia cultura. La lengua Na’vi, sus rituales, su conexión neuronal con la naturaleza a través de la «trenza»… todo está pensado al milímetro para que la inmersión sea total. Te crees Pandora, y por eso duele tanto ver cómo las excavadoras la arrasan.

El viaje del protagonista, Jake Sully, es otro de los pilares de la película. Es un personaje roto, un marine postrado en una silla de ruedas que ha perdido su propósito. El programa Avatar no solo le da unas piernas nuevas, le da una nueva vida, una razón para luchar. La dualidad entre su frágil cuerpo humano y su poderoso avatar Na’vi es una metáfora genial. En el mundo humano es un inválido, pero en Pandora es libre, fuerte y capaz de conectar con algo más grande que él mismo. Su transformación no es solo física, es espiritual. Pasa de ser un soldado que sigue órdenes a ser un líder que defiende sus conviciones, encontrando su verdadera identidad en un cuerpo que, teóricamente, no es el suyo.

Jake Sully como Avatar Na'vi

Y claro, no podemos olvidar la tecnología. Viendo la película en una buena pantalla en casa, no puedo ni empezar a imaginar lo que tuvo que ser la experiencia original en 3D en 2009. Debió ser una auténtica revolución, algo nunca visto. Pero lo increíble es que, quitando ese factor sorpresa, los efectos visuales siguen aguantando el tipo de una manera asombrosa. La integración del CGI con los personajes y escenarios es tan perfecta que nunca sientes que estás viendo un efecto digital. Los Na’vi tienen peso, sus expresiones son increíblemente detalladas y sus movimientos son fluidos. James Cameron no usó la tecnología como un truco, sino como una herramienta para contar su historia, para hacer tangible el mundo que había imaginado durante años. Y eso, amigos, es la diferencia entre un artesano y un verdadero artista.

El coronel Miles Quaritch merece una mención aparte. Es el villano perfecto para esta historia. No es un malo de opereta, es un personaje con una lógica interna aplastante, aunque sea una lógica terrible. Él representa lo peor de la humanidad: la arrogancia, la creencia de que la fuerza da la razón y el desprecio absoluto por todo lo que no se puede explotar o destruir. Sus discursos, su cicatriz, su forma de ver a los Na’

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