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¿Es Escupiré sobre tu tumba 2 mejor que la original? Mi opinión honesta

Póster Escupiré sobre tu tumba 2

Ficha Técnica

  • Título: Escupiré sobre tu tumba 2 (I Spit on Your Grave 2)
  • Año: 2013
  • Dirección: Steven R. Monroe
  • Reparto: Jemma Dallender, Joe Absolom, Yavor Baharov, George Zlatarev
  • Género: Terror / Thriller / Rape & Revenge
  • Duración: 106 min.
  • País: Estados Unidos
★★★★☆ 4 de 5 estrellas

Katie es una joven que intenta abrirse camino en el mundo de la moda en Nueva York. Sin embargo, lo que empieza como una sesión de fotos rutinaria acaba convirtiéndose en una pesadilla inimaginable. Secuestrada, torturada y trasladada a la fuerza hasta Bulgaria, Katie tendrá que sacar fuerzas de la oscuridad más absoluta para sobrevivir y ejecutar una venganza tan sangrienta como necesaria.

No os voy a mentir: iba con el cuerpo preparado pero, aun así, me ha vuelto a pasar. Pensaba que después de haber visto la primera entrega de este «reboot», ya nada podría revolverme más el estómago, pero me equivocaba. Escupiré sobre tu tumba 2 es una película cruda, fría y despiadada que no busca hacer amigos ni dar concesiones al espectador. Es cine de género en su estado más puro y salvaje, una montaña rusa de sensaciones que empieza en la vulnerabilidad y termina en un estallido de violencia catártica que te deja pegado a la silla.

La trama parece sencilla sobre el papel: chica guapa y sola es víctima de un grupo de hombres desalmados. Pero aquí, el escenario cambia el juego. Al trasladar la acción a la Europa del Este, la sensación de aislamiento e indefensión de la protagonista es total. No es solo que esté sola contra unos sádicos, es que está en un país donde no entiende el idioma, donde las instituciones parecen mirar hacia otro lado y donde el «patriarcado» no es una palabra de moda en Twitter, sino una realidad estructural que permite que estos hombres actúen con una impunidad que pone los pelos de punta.

Escena de Escupiré sobre tu tumba 2

Lo que más me ha impactado de esta secuela es cómo maneja la atmósfera. Hay algo en la luz, en esos escenarios sucios y húmedos, que te hace sentir que la esperanza es un lujo que Katie no puede permitirse. Jemma Dallender hace un trabajo brutal. Pasa de ser una chica llena de sueños en Nueva York a un animal herido que solo vive para la justicia poética (y muy sangrienta). Ver su transformación es doloroso, pero necesario para entender el cambio de chip que da la película en su segunda mitad.

Hablemos del tema moral, porque aquí hay mucha tela que cortar. La película pone sobre la mesa el papel de la autoridad. Ese policía que ayuda a la chica americana… ¿lo hace por justicia o por una moralidad propia? La ambigüedad de ciertos personajes añade una capa de realismo sucio que hace que la película no sea un simple «slasher» de manual. Aquí la maldad no es un monstruo con máscara, son personas normales que deciden, por puro placer o sentimiento de superioridad, destruir la vida de alguien.

Momento crítico de la película

El ritmo de la película es una tortura china, en el buen sentido cinematográfico. Se toma su tiempo para que sufras con ella, para que sientas cada golpe y cada humillación. Esto hace que cuando llega la parte de la venganza, el espectador sienta una liberación casi primitiva. No es algo bonito de admitir, pero la película juega con esa sed de justicia que todos llevamos dentro cuando vemos una injusticia tan atroz. Es un cine que te obliga a mirarte al espejo y preguntarte: ¿hasta dónde llegaría yo?

A nivel técnico, la música y el sonido juegan un papel fundamental. Hay silencios que duelen más que los gritos. La dirección de Steven R. Monroe es directa, sin florituras innecesarias, centrándose en el dolor físico y emocional. No es una película para todo el mundo, de eso no hay duda. Si buscas un entretenimiento ligero, huye de aquí. Pero si buscas una obra que explore los límites de la resistencia humana y la oscuridad del alma, esta cinta cumple con creces.

La venganza en Escupiré sobre tu tumba 2

Hay un componente religioso o espiritual latente en toda la obra. Esa idea del pecado, del castigo y de la redención a través de la sangre. Katie se convierte casi en una figura bíblica de castigo. La impunidad con la que trabajan sus captores al principio se vuelve contra ellos de la forma más irónica y cruel posible. Es un recordatorio de que, a veces, el infierno no es un lugar al que vas, sino algo que la gente puede crear aquí en la tierra para otros.

En conclusión, «Escupiré sobre tu tumba 2» es un ejercicio de estilo dentro del género *Rape & Revenge* que no desmerece a su predecesora. Es más grande, más sucia y, si cabe, más desesperanzadora. Me ha dejado dándole vueltas a la cabeza durante horas a temas como el privilegio, la seguridad y la delgada línea que separa la justicia de la barbarie. Una película que te remueve las entrañas y te obliga a reflexionar sobre la violencia en nuestra sociedad.

¿Hasta dónde llegarías por justicia?

Esta película nos pone frente a un espejo muy incómodo sobre la violencia y la impunidad. Me encantaría saber qué sentisteis vosotros al verla. ¿Creéis que la venganza de Katie es justificada o la película cruza una línea que no debería?

¡Cuéntamelo abajo en los comentarios, te leo!

La joya oculta de Tony Scott: Reseña de Asalto al tren Pelham 123

Asalto al tren Pelham 123

Ficha Técnica

  • Título: Asalto al tren Pelham 123 (The Taking of Pelham 123)
  • Año: 2009
  • Dirección: Tony Scott
  • Reparto: Denzel Washington, John Travolta, John Turturro, James Gandolfini
  • Género: Acción, Thriller, Robos (Heist)
  • Duración: 106 min.
  • País: Estados Unidos
★★★★☆ 4 DE 5 – ¡TREPIDANTE!

Un día cualquiera en el metro de Nueva York se convierte en una pesadilla cuando un grupo armado, liderado por el despiadado Ryder, secuestra el vagón Pelham 123. A cambio de la vida de los pasajeros, exigen una cifra millonaria en una hora. Walter Garber, un oficial de despacho con sus propios problemas, se convierte por azar en el único interlocutor capaz de frenar la masacre.

A veces uno no necesita que el cine reinvente la rueda ni que le den una lección de filosofía existencial de tres horas. A veces, lo que el cuerpo pide es un thriller de los de antes, con olor a palomitas, sudor y tensión constante. Asalto al tren Pelham 123, la versión de 2009 dirigida por el siempre eléctrico Tony Scott, es exactamente ese tipo de película. Es una cinta que respira un aire noventero increíble, aunque se rodara al final de la década de los 2000, y eso, sinceramente, es su mayor virtud. No hay pretensiones de ser una obra maestra del arte visual, sino de ser una montaña rusa que no te suelte el cuello durante cien minutos.

La premisa es sencilla: un tipo malo secuestra un tren y pide pasta. Pero lo que hace que esto funcione no es el «qué», sino el «quién». En una esquina del cuadrilátero tenemos a John Travolta haciendo de Ryder, un villano pasado de rosca, con un tatuaje en el cuello y una mala leche que se huele a través de la pantalla. Me encanta cuando Travolta se desmelena (figuradamente, claro) y se entrega al papel de loco peligroso. Su personaje es volátil, malhablado y capaz de pegarle un tiro a cualquiera por un minuto de retraso. Es ese tipo de actuación que bordea lo exagerado pero que en el contexto de la dirección de Scott encaja como un guante.

Denzel Washington y John Travolta

Y en la otra esquina, Denzel Washington. ¿Qué vamos a decir de este hombre? Es, posiblemente, el actor que mejor sabe interpretar al «tío normal» que se ve envuelto en una situación extraordinaria. Aquí no es un superpolicía ni un héroe de acción; es Walter Garber, un interventor del metro que está siendo investigado por un presunto soborno y que simplemente estaba en su puesto ese día. Denzel clava esa mezcla de vulnerabilidad, decencia y astucia callejera. Es el ancla moral de la película, y la química que tiene con Travolta a través del micrófono —porque se pasan media peli hablando por radio— es lo que realmente sostiene el metraje.

Hablemos del estilo visual de Tony Scott. Si conoces su cine posterior a Man on Fire, sabes lo que hay: montaje frenético, colores saturados, zooms imposibles y una cámara que no se queda quieta ni un segundo. Para algunos esto puede resultar agotador, pero para un servidor, aquí funciona de maravilla para transmitir el caos de Nueva York y la claustrofobia del túnel del metro. La película tiene un ritmo endiablado; no hay escenas de relleno. Es una carrera contrarreloj donde el sudor de los personajes parece traspasar el televisor. Nueva York se siente sucia, ruidosa y viva, casi como un personaje más de la trama.

Tensión en el metro de Nueva York

Lo que me fascina de este film es cómo maneja el concepto del héroe accidental. Walter Garber no tiene por qué jugarse la vida, pero siente una responsabilidad ética hacia esos pasajeros. La tensión no solo viene de los disparos, sino de la guerra psicológica que Ryder intenta jugar con él. Ryder detecta que Garber no es un santo, que tiene sus manchas, y utiliza eso para intentar quebrarlo. Es un duelo de voluntades magnífico donde el diálogo tiene tanto peso como la acción física. Además, ver a secundarios de lujo como John Turturro o el añorado James Gandolfini como alcalde de la ciudad le da un empaque que muchas pelis de acción actuales ya querrían para sí.

¿Es perfecta? No. Tiene sus agujeros de guion y algunos momentos donde la suspensión de la incredulidad tiene que trabajar horas extras, especialmente en la parte final cuando la trama sale de los túneles a las calles. Sin embargo, en el cine de entretenimiento lo que cuenta es la honestidad de la propuesta, y esta película es honesta a rabiar. No te engaña: te promete tensión, buenas actuaciones y un final satisfactorio, y te lo da con creces. Es cine de robos puro, destilado y servido sin hielo, directo al grano.

Escena de acción Pelham 123

La banda sonora de Harry Gregson-Williams también merece una mención. Es machacona, industrial y sube las pulsaciones. Acompaña perfectamente esa sensación de que el tiempo se agota. Reviéndola hoy, me doy cuenta de que extraño este tipo de producciones de presupuesto medio-alto que se centraban en los personajes y en una trama sólida en lugar de gastarse todo el dinero en CGI barato. Hay algo muy táctil y real en ver los vagones de metal crujiendo y las chispas saltando sobre los raíles.

En definitiva, si buscas una película para disfrutar un viernes noche, desconectar del mundo y ver a dos gigantes de la interpretación enfrentarse cara a cara, no busques más. Asalto al tren Pelham 123 es un recordatorio de por qué amamos el cine de acción bien ejecutado. Tony Scott nos dejó un legado de adrenalina, y este tren es una de las paradas obligatorias de su filmografía. No será la más profunda, pero demonios, ¡qué bien te lo pasas durante todo el trayecto!

«¿Qué estarías dispuesto a confesar para salvar la vida de un desconocido?»

Denzel y Travolta nos regalan un duelo interpretativo que no envejece. ¿Eres más del thriller clásico de los 70 o te quedas con esta versión eléctrica de Tony Scott?

¡Cuéntame tu opinión en los comentarios y hablemos de cine!

Sexismo, lujo y amnesia: El cóctel explosivo de Parpadea dos veces.

Parpadea dos veces - Póster

Ficha Técnica

Título: Parpadea dos veces (Blink Twice)

Año: 2024

Dirección: Zoë Kravitz

Reparto: Naomi Ackie, Channing Tatum, Adria Arjona, Christian Slater, Simon Rex

Género: Thriller Psicológico / Intriga

Duración: 102 min.

País: Estados Unidos

Valoración: ★★★★☆
Frida, una joven camarera, es invitada por el magnate Slater King a su paradisíaca isla privada. Lo que comienza como un sueño de lujo, sol y champán pronto se transforma en una pesadilla donde los recuerdos se borran y el peligro acecha tras cada parpadeo. ¿Es el paraíso una cárcel dorada?

Hay películas que se sienten como una tarde sofocante de agosto: pesadas, sudorosas y con una tensión eléctrica que amenaza con estallar en tormenta. Parpadea dos veces, el debut tras las cámaras de Zoë Kravitz, es exactamente eso. Es una propuesta incómoda que nos arrastra a una isla de ensueño para diseccionar, con un escalpelo muy afilado, las dinámicas de poder y ese machismo sistémico que se disfraza de filantropía y «buen rollo».

Desde los primeros compases, Kravitz establece un ritmo visual hipnótico. La presentación de Slater King, interpretado por un Channing Tatum que navega magistralmente entre el carisma magnético y la amenaza latente, nos sumerge en una atmósfera donde todo parece demasiado perfecto. Sin embargo, como espectadores experimentados, sabemos que en el cine de género, la perfección es siempre la máscara de la podredumbre.

Tensión en la isla

La película brilla al retratar la tiranía del placer. Los personajes se entregan a un ciclo infinito de drogas, banquetes y risas que, poco a poco, empieza a perder su color. Es aquí donde la dirección de arte y la fotografía juegan un papel crucial: el blanco impoluto de los vestidos de las mujeres frente al verde exuberante de la isla crea un contraste visual que acentúa la sensación de estar en un safari donde las presas aún no saben que lo son.

Es imposible ignorar la carga de denuncia que subyace en el guion. Kravitz no se anda con sutilezas al explorar cómo el privilegio masculino extremo utiliza el olvido como herramienta de control. La película nos susurra una verdad incómoda: para que algunos vivan en un verano eterno, otros (u otras) deben cargar con el peso de los traumas silenciados. La tensión no surge solo de lo que vemos, sino de lo que los personajes sospechan que han olvidado.

El lujo y la sospecha

Hacia el segundo acto, la cinta gira bruscamente hacia el thriller de supervivencia. La acción es cruda, directa y carente de florituras heroicas. Aquí, Naomi Ackie realiza un trabajo fenomenal; su rostro es el mapa de la confusión que da paso a la furia. La transición de la sumisión bajo el influjo de las sustancias a la claridad del horror es una de las progresiones más satisfactorias que hemos visto este año.

Aunque algunos puedan tachar la película de «película rara» por su estructura fragmentada y sus recursos surrealistas, es precisamente esa extrañeza la que la mantiene viva. No es un producto prefabricado de estudio; tiene voz propia. Sí, hay ecos de Déjame Salir o El Menú, pero Parpadea dos veces posee una estética más carnal y agresiva, muy propia de alguien que ha crecido en la industria y sabe dónde están los cadáveres enterrados.

Resolución final

En definitiva, es una obra que requiere que el espectador no aparte la mirada. A pesar de su enfoque en el machismo más tóxico y depredador, la película evita caer en el simple panfleto gracias a un uso inteligente del humor negro y el suspense. Es una montaña rusa emocional que nos deja con un sabor amargo en la boca, pero con la satisfacción de haber presenciado un debut cinematográfico con verdadera garra.

Si buscan una película para una tarde de calor, de esas en las que el aire no corre y la mente se pone espesa, denle una oportunidad a esta isla. Pero tengan cuidado: una vez que empiezas a ver las grietas en el paraíso, ya no puedes volver a cerrar los ojos. No olviden no parpadear, porque la verdad suele esconderse en los segundos que decidimos no mirar.

Veredicto Provisional

«Una bofetada estética y política envuelta en papel de regalo de lujo. Zoë Kravitz debuta con un thriller que quema como el sol del mediodía y nos recuerda que el olvido es el arma favorita del poder. Imprescindible, perturbadora y necesaria.»

El dilema ético de La decisión de Anne: ¿Por qué deberías verla hoy?

Póster La Decisión de Anne

Ficha Técnica

  • Título: La decisión de Anne (My Sister’s Keeper)
  • Año: 2009
  • Dirección: Nick Cassavetes
  • Reparto: Cameron Diaz, Abigail Breslin, Sofia Vassilieva, Alec Baldwin, Jason Patric
  • Género: Drama | Enfermedad, Familia
  • Duración: 109 min.
  • País: Estados Unidos
★★★★☆ 4 de 5 – Imprescindible

La vida de Anne Fitzgerald ha sido dictada por las necesidades médicas de su hermana mayor, Kate, quien padece leucemia. Anne fue concebida mediante ingeniería genética para ser la donante perfecta. Tras años de procedimientos, Anne decide demandar a sus padres por la emancipación médica, desencadenando un proceso judicial que fractura a la familia y revela verdades dolorosas sobre el amor y el sacrificio.

A veces ocurre. Tienes esa lista de películas «pendientes de toda la vida», títulos que sabes que han hecho llorar a media humanidad pero que tú, por una mezcla de miedo al drama o simple despiste, has ido dejando en el cajón de los «por si acaso». La decisión de Anne era, para mí, esa gran mancha pendiente en mi historial cinéfilo. Sabía de qué iba, conocía la premisa, pero enfrentarse a ella es una experiencia que trasciende el simple visionado de un domingo por la tarde. Es una película que te sacude desde el primer minuto porque plantea una de las preguntas más éticamente crueles que se me pueden ocurrir: ¿hasta dónde llega el derecho de un padre sobre la vida de un hijo para salvar a otro?

La historia nos presenta a Anne, una niña que no nació del azar ni del simple deseo de ampliar la familia, sino de un laboratorio. Es una «donante de diseño». Desde el cordón umbilical hasta la médula, su cuerpo ha sido un banco de piezas para mantener viva a su hermana Kate. Es una premisa que te revuelve el estómago no por maldad, sino por la desesperación que desprende. Nick Cassavetes, que ya nos rompió el corazón con El diario de Noa, aquí cambia el romanticismo por una crudeza familiar que se siente real, tangible y, sobre todo, asfixiante.

Escena de La Decisión de Anne

Lo que más me ha sorprendido de este viaje es cómo se maneja la sombra de la enfermedad. Kate no es solo una paciente; es el sol alrededor del cual orbita toda la galaxia Fitzgerald. Su madre, interpretada por una Cameron Diaz que se aleja totalmente de su registro cómico, es un personaje fascinante y a ratos difícil de querer. Es una mujer que ha decidido que la muerte no tiene permiso para entrar en su casa, y en esa batalla, se olvida de que Anne también es una persona con deseos propios, no solo un remedio médico. La ceguera del amor materno se convierte aquí en una fuerza casi destructiva.

Hablemos del ritmo de la película. A pesar de ser un drama judicial en parte, la narrativa fluye a través de los sentimientos y los flashbacks de una manera muy orgánica. No se siente como un sermón moralista, sino como el diario compartido de una familia que se está desmoronando con mucha ternura. Cada miembro de la familia tiene su momento de voz, y eso te permite empatizar incluso con las decisiones más cuestionables. La música acompaña sin subrayar demasiado el drama, algo que se agradece cuando el guion ya es de por sí una carga emocional pesada.

La actuación de Abigail Breslin es, sencillamente, el alma de la película. Ver a una niña pedir la emancipación médica para dejar de ser «troceada» es desgarrador. Su mirada transmite una mezcla de cansancio infinito y un amor incondicional por su hermana que te deja sin palabras. Es en esa relación de hermandad donde la película brilla con luz propia. El vínculo entre Anne y Kate es lo más puro de toda la cinta; es una complicidad que va más allá de la sangre y los hospitales, un refugio mutuo en un mundo de adultos desesperados.

Anne y Kate

Por otro lado, la película no tiene miedo a mostrar las luces y sombras de la enfermedad. No es un drama edulcorado de «héroes contra el cáncer». Vemos los vómitos, vemos la calvicie, vemos el miedo al primer beso cuando sabes que quizás no haya un segundo. La atmósfera logra ese equilibrio difícil entre la belleza de los pequeños momentos y la oscuridad de una cuenta atrás que nadie puede detener. A veces, como espectador, necesitas coger aire, pero la película te agarra de la mano y te obliga a seguir caminando por ese pasillo de hospital.

¿Qué es lo que no funciona? Quizás algunos personajes secundarios, como el del abogado interpretado por Alec Baldwin, tienen subtramas que, aunque aportan color, a veces distraen del núcleo emocional tan potente que es la lucha de las hermanas. Sin embargo, la honestidad del conflicto principal es tan arrolladora que perdonas cualquier pequeño bache en el guion. Es cine hecho desde las entrañas, buscando que el espectador se pregunte qué haría él en esa misma situación de vida o muerte.

Hacia el final, la película nos regala un giro que, si bien puede ser polémico para quienes leyeron el libro original (que es mucho más oscuro), en la pantalla funciona para cerrar un círculo de redención y paz. Es una lección sobre aprender a soltar, sobre entender que amar a alguien también significa respetar su voluntad de dejar de luchar. Me quedo con la sensación de haber visto una obra necesaria, de esas que te hacen salir del sofá con ganas de abrazar a los tuyos y valorar la salud como el mayor de los tesoros.

Momento familiar

En resumen, La decisión de Anne no es solo una película para llorar (que lo harás, y mucho). Es una reflexión sobre la identidad y el sacrificio. Es el retrato de una familia que, desde el dolor más absoluto, intenta encontrar el camino de vuelta al amor. Una película «antigua» por fecha, pero con un mensaje que nunca va a caducar mientras el ser humano siga enfrentándose a la fragilidad de la vida. Si eres de los que, como yo, la tenías en la lista de espera… no esperes más. Merece cada lágrima.

¿Hasta dónde llegarías tú por salvar a quien amas?

Esta película nos pone en un aprieto moral constante. Me encantaría saber tu opinión: ¿Crees que la madre de Anne es una villana o simplemente una víctima de su propio amor? ¿Has vivido alguna historia similar que te haya recordado a esta cinta?

¡Te leo en los comentarios, charlemos un rato!

Kevin Bacon contra gusanos gigantes: Todo sobre la película Temblores

Póster Temblores

Ficha Técnica

  • Título: Temblores (Tremors)
  • Año: 1990
  • Dirección: Ron Underwood
  • Reparto: Kevin Bacon, Fred Ward, Finn Carter, Michael Gross, Reba McEntire
  • Género: Ciencia ficción, Terror, Comedia
  • Duración: 96 min.
  • País: Estados Unidos
★★★★☆

4 de 5 – Un clásico de sobremesa

En Perfection, un remoto pueblo del desierto de Nevada, algo se mueve bajo la arena. Dos manitas locales, Val y Earl, descubren que su tranquila vida está a punto de convertirse en una lucha por la supervivencia contra gigantescos gusanos carnívoros que detectan cualquier vibración. La caza ha comenzado.

Hay películas que no necesitan una trama compleja para ganarse un hueco en nuestro corazón, y «Temblores» es el ejemplo perfecto de ese cine de los 90 que solo buscaba entretenernos durante una tarde de calor. Recuerdo perfectamente verla en La 1, con el ventilador a tope, flipando con esos gusanos que salían de la nada. Es una cinta sencilla, directa y, aunque se nota que ha envejecido en algunos aspectos, mantiene ese espíritu de aventura que hoy parece haberse perdido entre tanto CGI digital sin alma.

Lo primero que destaca es ver a un jovencísimo Kevin Bacon en un registro totalmente despreocupado. Su química con Fred Ward es, sin duda, lo mejor de la película. No son héroes musculosos ni científicos brillantes; son dos tipos normales, un poco vagos, que se ven envueltos en una situación surrealista. Esa humanidad hace que conectes con ellos desde el minuto uno. No hay pretensiones de salvar el mundo, solo quieren sobrevivir y salir de ese pueblo olvidado de la mano de Dios llamado Perfection.

Kevin Bacon en Temblores

Hablemos de los «Graboides». Para la época, los efectos especiales eran una auténtica maravilla de la artesanía. En lugar de abusar de efectos por ordenador, tenemos animatrónicos y marionetas que se sienten reales, que tienen peso y textura. Es cierto que hoy en día algunas costuras se le ven, pero prefiero mil veces un gusano de goma que se puede tocar a un borrón digital moderno. La tensión que logran crear simplemente con el movimiento de la tierra es un recurso que funciona de maravilla.

El ritmo de la película es envidiable. No pierde el tiempo en explicar de dónde vienen los monstruos (¿son mutantes?, ¿son prehistóricos?, ¿extraterrestres?), porque realmente no importa. Lo que importa es que si haces ruido, te mueres. Esa premisa tan básica mantiene el suspense durante toda la hora y media. Además, el guion tiene un toque de humor socarrón que le quita hierro a las escenas más tensas, convirtiéndola en una experiencia muy ligera y disfrutable para cualquier tipo de público.

Escena de Temblores

A pesar de sus virtudes, es innegable que el tiempo ha pasado factura a ciertos diálogos y situaciones. Hay momentos que hoy en día se sienten algo infantiles o demasiado simples. Sin embargo, ese aroma a «serie B» con presupuesto de «serie A» es precisamente lo que le da su encanto. No intenta ser «Tiburón» ni «Alien», aunque bebe mucho de ambas. Se conforma con ser una montaña rusa de serie B que sabe perfectamente qué teclas tocar para que no apartes la mirada de la pantalla.

La atmósfera del desierto de Nevada está muy bien captada. Sientes el calor, el polvo y esa sensación de aislamiento total. Perfection es un personaje más, con su pequeña tienda y sus vecinos excéntricos. Destaco especialmente al matrimonio de supervivencialistas armados hasta los dientes; su arsenal es la fantasía de cualquier amante de las pelis de acción y protagonizan algunos de los momentos más divertidos del tramo final. Es cine palomitero en su máxima expresión, sin filtros ni complicaciones innecesarias.

Graboides en Temblores

En resumen, «Temblores» es esa película que te pones cuando no quieres pensar, pero sí quieres disfrutar de una buena historia de supervivencia. No ha inventado la pólvora, pero la usa con mucha gracia. Es un viaje nostálgico a una forma de hacer cine donde la creatividad y el ingenio suplían la falta de tecnología puntera. Si no la has visto, dale una oportunidad; y si la viste de pequeño, te aseguro que volver a ver a los Graboides en acción te sacará una sonrisa de pura nostalgia.

Al final, lo que nos queda es una obra resultona que nos recuerda que el cine de monstruos puede ser divertido, tenso y entrañable al mismo tiempo. No busques grandes lecciones filosóficas aquí, solo busca un sitio alto, no hagas ruido y disfruta de la caza. Es, sin duda, uno de esos placeres culpables que uno nunca se cansa de reivindicar frente a las superproducciones vacías de la actualidad.

¿Y tú, qué harías si la tierra empezara a vibrar?

Seguro que tú también la viste un sábado por la tarde… ¿Crees que ha envejecido bien o los Graboides ya no dan tanto miedo? ¡Cuéntamelo en los comentarios, te leo!

Springsteen: Deliver Me From Nowhere, una película necesaria pero difícil de ver

Springsteen: Deliver Me From Nowhere Poster

Ficha Técnica

  • Título: Springsteen: Deliver Me From Nowhere
  • Año: 2025
  • Dirección: Scott Cooper
  • Reparto: Jeremy Allen White, Paul Walter Hauser, Odessa Young, Stephen Graham
  • Género: Biopic, Drama Musical
  • Duración: 120 min.
  • País: Estados Unidos
★★★☆☆ 3 de 5 estrellas
La película explora un momento crucial en la vida de Bruce Springsteen: el proceso de creación de su álbum ‘Nebraska’ en 1982. Tras el éxito masivo, el artista se retira a una casa alquilada en Nueva Jersey para enfrentarse a sus demonios internos, la compleja relación con su padre y la depresión, dando lugar a uno de los discos más crudos y personales de la historia del rock.

He de reconocer dos cosas antes de empezar: soy un poco taciturno y amo profundamente a Bruce Springsteen. Con esa base, uno esperaría que Deliver Me From Nowhere fuera la película de mi vida, el refugio perfecto para una tarde de introspección. Sin embargo, la realidad ha sido bastante distinta y, para ser sincero, la película me ha costado bastante. No es que sea una mala producción, pero hay una desconexión palpable entre lo que uno espera del «Boss» y lo que Scott Cooper nos pone delante de los ojos.

Había seguido un poco el ruido mediático, las entrevistas de Jeremy Allen White —que está en un momento increíble de su carrera— y los tráilers que prometían una inmersión total en la psique del músico. Pero una vez sentado frente a la pantalla, te das cuenta de que esto no es un biopic al uso. Se ve poco concierto, aunque se escucha mucha música, y el tono es tan sumamente denso que, por momentos, te dan ganas de arrancarte las venas. Es una obra que no busca el aplauso fácil ni el coreo de estadios, sino el silencio incómodo de una habitación vacía.

Springsteen en el proceso creativo

La cinta se centra en ese tránsito profesional y vital tan específico: el espacio entre Darkness on the Edge of Town y la explosión definitiva que supuso el camino hacia Born in the U.S.A., pasando por la anomalía maravillosa que fue Nebraska. Es una época donde Bruce se detiene y se da cuenta de lo mucho que le ha afectado la enfermedad de su padre y su dura infancia. La película disecciona cómo esos traumas conformaron su personalidad y, sobre todo, explica por qué a veces le costaba tanto hacer cosas normales para una estrella de rock emergente como él.

Me ha parecido interesante, aunque doloroso, cómo retrata su vida entre 1980 y 1984. Es un vistazo a su infancia más tierna y, de forma más sutil, a su complicada relación con las mujeres antes de conocer a Patti Scialfa. Vemos a un hombre que lo tiene todo para ser feliz según los estándares del mundo, pero que está roto por dentro. ¿Cómo puede un chico melancólico y sufrido, al que han maltratado de pequeño, gestionar el hecho de ser rico, famoso y tener tal notoriedad? No todos tienen la «cocotera» bien montada para asimilar esos logros, y Springsteen fue uno de ellos.

Jeremy Allen White como Bruce Springsteen

Lo que sí hay que reconocerle a la película es su capacidad para mostrar el triunfo de la voluntad. Por suerte para él y para todos nosotros, Springsteen supo domar a la bestia de su propia depresión y la sombra de la esquizofrenia de su padre. Logró algo casi imposible: transformar ese sufrimiento puramente personal en una batalla por la lucha comunitaria de su país. Hizo de su dolor el eco de la clase trabajadora de Estados Unidos, y esa transición está ahí, aunque sea a través de un ritmo pausado que a veces desespera.

No voy a mentir: es una película dura, lenta y quizás aburrida por momentos para quien no conozca profundamente al mago detrás de la máscara. Si vienes buscando el brillo de las luces de neón y el saxo de Clarence Clemons rompiendo la noche, te vas a llevar una decepción monumental. Yo mismo me esperaba mucho más punch y mucho más rock, algo que equilibrara tanto pesimismo ambiental. Pero como fan incondicional, siento que no puedo mirar hacia otro lado. Es una parte necesaria de su biografía, aunque verla sea como caminar sobre cristales rotos.

Momento reflexivo en la película

Jeremy Allen White hace un trabajo físico y emocional notable, captando esa mirada perdida de quien está físicamente en un lugar pero mentalmente a kilómetros de distancia, perdido en sus propios recuerdos. Sin embargo, a veces el guion se regodea tanto en la miseria que el espectador se siente expulsado de la narrativa. Es un retrato fiel, quizás demasiado fiel, de lo que significa crear arte desde el vacío más absoluto. Al final, te quedas con una sensación de respeto por el artista, pero con pocas ganas de volver a pasar por el mismo proceso de visionado.

En definitiva, Deliver Me From Nowhere es una pieza de coleccionista. Es ese disco de caras B que escuchas una vez para entender el contexto de la obra maestra, pero que rara vez vuelves a poner en el tocadiscos. Le pongo un 3 de 5 con todo el dolor de mi corazón, porque aunque técnicamente es impecable y la historia es vital para entender al hombre, como experiencia cinematográfica se me ha hecho una cuesta arriba demasiado empinada.

¿Es necesario sufrir para crear algo eterno?

Springsteen demostró que de la oscuridad de Nueva Jersey podía salir una luz para millones. Pero después de ver esta película, me pregunto: ¿Valió la pena el precio personal que pagó?

¡Me encantaría leer tu opinión en los comentarios! ¿Te pareció tan lenta como a mí o conectaste con su tristeza?

Opinión: Ambulance es el guilty pleasure perfecto para el fin de semana

Póster oficial Ambulance Michael Bay

Ficha Técnica

  • Título original: Ambulance
  • Año: 2022
  • Dirección: Michael Bay
  • Reparto: Jake Gyllenhaal, Yahya Abdul-Mateen II, Eiza González
  • Género: Acción / Thriller / Drama
  • Duración: 136 minutos
  • País: Estados Unidos
★★★½☆
3.5 de 5 Estrellas

Will Sharp, un veterano de guerra desesperado por conseguir dinero para cubrir las deudas médicas de su esposa, recurre a la única persona que sabe que no debería: su hermano adoptivo Danny, un carismático criminal de carrera. Danny le ofrece un objetivo: el mayor atraco a un banco en la historia de Los Ángeles: 32 millones de dólares. Pero cuando su huida sale espectacularmente mal, los hermanos desesperados secuestran una ambulancia con un policía herido aferrándose a la vida y una experta paramédica, Cam Thompson, a bordo.

Caos, ruido y… ¿sorpresa?

Os voy a ser completamente sincero: cuando me senté en el sofá el otro día, no esperaba gran cosa. Vi el nombre de Michael Bay en los créditos y mi cerebro automáticamente se preparó para dos horas de explosiones sin sentido, mujeres objetivizadas como si fueran coches deportivos y un guion escrito en una servilleta de bar. Pero entonces vi el reparto: Jake Gyllenhaal y Eiza González. Y pensé, «bueno, al menos habrá buenas actuaciones entre tanto fuego artificial». Lo que no me esperaba era quedarme, como se dice vulgarmente, «picueto». Ambulance: Plan de Huida no es cine de autor, ni pretende cambiarte la vida, pero os juro que es una de las experiencias más adrenalínicas y honestas que he tenido últimamente frente a la pantalla.

Michael Bay tiene una fama ganada a pulso. Lo amamos o lo odiamos, a veces ambas cosas en la misma película. Pero aquí, parece que Bay ha decidido coger todo lo que le caracteriza, meterlo en una batidora y darle al botón de «máxima potencia» sin la pretensión de ser trascendental. La película es, en esencia, una persecución de dos horas. No hay más. Es Speed pero con esteroides y drones de competición. Y funciona. Funciona sorprendentemente bien porque la película es consciente de su propia locura. No intenta engañarte haciéndote creer que es un drama profundo sobre la hermandad (aunque lo toca); te dice desde el minuto uno: «abróchate el cinturón, que vamos a romper medio Los Ángeles».

Jake Gyllenhaal en Ambulance

Hablemos del elefante en la habitación: el estilo visual. Si te mareas con facilidad, tómate una biodramina antes de darle al play. Bay ha descubierto los drones FPV (First Person View) y los usa como un niño con juguete nuevo. La cámara cae en picado desde rascacielos, se mete por debajo de coches volcando y hace giros imposibles. Al principio puede resultar agotador, pero una vez entras en el ritmo frenético de la cinta, esos movimientos de cámara se convierten en un personaje más. Te transmiten la ansiedad, el caos y la desesperación de los protagonistas. Es un agobio visual que, curiosamente, encaja a la perfección con la situación límite que viven Danny y Will.

Y luego está Jake Gyllenhaal. ¿Qué le pasa a este hombre? Y lo digo como un cumplido enorme. Gyllenhaal tiene esa capacidad única de parecer encantador y completamente psicótico en el mismo plano. Su personaje, Danny, es el motor del caos. Verle gritar, manipular y luego intentar justificar sus acciones con una lógica retorcida es una gozada absoluta. Se nota que se lo está pasando en grande rodando esto, sin tomarse demasiado en serio a sí mismo, pero entregando una intensidad que eleva el material base. Es el villano que crees que es el héroe, o el héroe que actúa como villano; esa ambigüedad moral sostiene la tensión cuando las explosiones dejan de sonar (que es casi nunca).

Por otro lado tenemos a Yahya Abdul-Mateen II, que hace de Will, el hermano «bueno». Su papel es más ingrato, el del hombre moralmente en conflicto arrastrado por las circunstancias, pero le da el peso emocional necesario para que no nos dé igual si la ambulancia se estrella o no. La química entre ambos hermanos, aunque tóxica, se siente real. Hay una historia compartida que no necesitan explicar con flashbacks eternos; la ves en cómo se miran y cómo se gritan. Es una tragedia griega disfrazada de película de acción de sábado por la tarde.

Eiza González como paramédico en Ambulance

Pero la verdadera sorpresa para mí fue Eiza González como Cam, la paramédico. En el cine de Michael Bay, las mujeres suelen ser poco más que decorado sexy. Aquí, aunque la cámara de Bay no puede evitar «ser Bay» en algunos planos, el personaje de Cam es una profesional competente y dura. Es la única persona adulta en la habitación (o en la ambulancia). Verla intentar salvar la vida de un policía con el bazo reventado, usando una pinza del pelo mientras la ambulancia va a 100 km/h saltando por los aires, es una de las secuencias más tensas y ridículamente entretenidas que he visto. Eiza aguanta el tipo frente a Gyllenhaal y se convierte en el corazón ético de la película.

Por supuesto, la película tiene fallos. Muchos. Si te pones a analizar la física de los choques, o la lógica de las decisiones policiales, la película se desmorona. ¿Es creíble que destruyan media ciudad para salvar un banco? No. ¿Tiene sentido esa operación quirúrgica en movimiento con asistencia remota por videollamada? Probablemente no. Pero esa es la magia de este tipo de cine. Te pide que suspendas la incredulidad, que apagues el interruptor del cinismo y simplemente disfrutes del espectáculo. Es honesta: te da exactamente lo que promete el póster, ni más ni menos.

El ritmo es implacable. Desde que se suben a la ambulancia, la película no frena. Literalmente. Es una huida constante donde cada obstáculo es más grande y ruidoso que el anterior. Hay momentos en los que necesitas coger aire, y la película te da apenas unos segundos de diálogo intenso antes de lanzar otro coche de policía por los aires. La edición es frenética, marca de la casa, pero en esta ocasión sirve para enfatizar la claustrofobia de estar atrapado en un vehículo pequeño mientras el mundo exterior intenta matarte.

Escena de acción explosiva en Ambulance

Me ha recordado mucho al cine de acción de los 90, aquel que alquilábamos en el videoclub un viernes por la noche. No hay intentos de crear un «Universo Cinematográfico», ni escenas post-créditos que te obliguen a ver tres series antes para entender la trama. Es una historia cerrada: empieza, explota todo, y acaba. Y en esta época de franquicias interminables, se agradece esa simplicidad narrativa envuelta en complejidad técnica.

En resumen, Ambulance es una gozada si sabes a lo que vas. Es disparos, es tragedia, son «buenos no tan buenos» y «malos no tan malos». Es perfecta para una tarde de relax, para desconectar el cerebro de los problemas del día a día y dejar que la adrenalina ajena te limpie un poco el estrés. Le doy un 3,5 sobre 5 porque, a pesar de sus agujeros de guion y sus excesos (o quizás gracias a ellos), me mantuvo pegado al asiento las dos horas. Y a veces, eso es todo lo que le pido al cine.

¿Genio del caos o solo ruido?

Sé que Michael Bay divide opiniones como nadie. ¿Eres de los que disfruta viendo el mundo arder en 4K o te parece insoportable?

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Sydney Sweeney en La asistenta: ¿Por qué todos hablan de esta película?

Póster La Asistenta

Ficha Técnica

  • Título: La asistenta (The Housemaid)
  • Año: 2026
  • Dirección: Paul Feig
  • Reparto: Sydney Sweeney, Amanda Seyfried, Brandon Sklenar
  • Género: Thriller psicológico | Intriga
  • Duración: 115 min.
  • País: Estados Unidos
★3.5 / 5★
Millie, una joven con un pasado difícil que busca desesperadamente un nuevo comienzo, acepta un trabajo como asistenta para la acaudalada familia Winchester. Sin embargo, pronto descubre que los secretos de la casa y de su inestable dueña, Nina, son mucho más peligrosos que su propia historia. Nada es lo que parece tras las puertas de esta mansión.

A ver, seamos sinceros desde el minuto uno: La asistenta (2026) no viene a reinventar la rueda ni a ganar el León de Oro en Venecia. Y lo mejor de todo es que parece no importarle lo más mínimo. Desde que se anunció que Sydney Sweeney protagonizaría la adaptación del best-seller de Freida McFadden, todos sabíamos a lo que veníamos. Estamos ante una película que se mueve en ese terreno tan pantanoso como adictivo del thriller de sobremesa, ese que te mantiene pegado al sofá mientras meriendas, pero con un envoltorio de lujo, una fotografía cuidada y, por supuesto, el magnetismo de su estrella principal.

La película está clarísimamente dividida en dos partes. La primera es un ejercicio de tensión clásica, casi hitchcockiana pero con un toque moderno y chic. Vemos a Millie intentando encajar en un mundo de privilegios que no le pertenece, aguantando los desplantes de una Nina Winchester (interpretada por una solvente Amanda Seyfried) que parece estar siempre al borde del colapso nervioso. El ritmo en este primer tramo es pausado pero constante, cocinando a fuego lento esa sensación de incomodidad que tanto nos gusta a los fans del género. Es previsible, sí, pero terriblemente «disfrutona».

Escena La Asistenta

Hablemos de Sydney Sweeney. Se ha convertido en la auténtica gallina de los huevos de oro de Hollywood y aquí demuestra por qué. Hay quien dirá que no está haciendo «papelones de Oscar», pero es que no le hace falta. Sweeney tiene esa cualidad de las estrellas de antes: su rostro y su lenguaje corporal llenan la pantalla de una forma que hace que no puedas apartar la vista. Al igual que en su día vimos a Natalie Portman o Scarlett Johansson aparecer en absolutamente todos los proyectos posibles, Sydney está en su cresta de la ola. Su Millie es vulnerable pero tiene un fuego interno que te hace dudar de sus intenciones desde el primer fotograma.

La segunda parte de la película es donde todo explota. Entramos en el terreno de los giros de guion locos y las revelaciones que, si has leído el libro o has visto suficientes telefilmes de Antena 3 un sábado tarde, verás venir a kilómetros. Pero ahí reside la magia: es un placer culpable en toda regla. La dirección de Paul Feig intenta elevar el material dándole un aire más oscuro y menos paródico de lo habitual en él, logrando que la atmósfera de la mansión se sienta como una jaula de oro donde cualquiera puede ser el depredador o la presa.

Sydney Sweeney en La Asistenta

Lo que más me ha gustado es cómo maneja las «sombras» de los personajes. Aquí nadie es un santo. La película juega constantemente con nuestra empatía, haciendo que saltemos de un bando a otro. Sydney Sweeney sabe explotar esa ambigüedad de maravilla. No es solo una cara bonita; hay una inteligencia en cómo elige estos papeles que parecen ligeros pero que le permiten lucirse como el centro absoluto del universo cinematográfico actual. Es resultona, es magnética y, sobre todo, es muy consciente del producto que está vendiendo.

En cuanto al apartado técnico, la banda sonora cumple con creces a la hora de subrayar los momentos de tensión, aunque a veces peca de intrusiva. La escenografía es impecable: esa casa es un personaje más, con sus pasillos infinitos y su ático opresivo. La química entre Sweeney y Seyfried es el verdadero motor de la cinta. Verlas enfrentarse en un duelo de pasivo-agresividad es, sencillamente, lo mejor de la función. Es un choque de trenes entre la estrella consolidada y la que viene arrasando con todo.

Clímax de La Asistenta

¿Es perfecta? Ni de lejos. El guion tiene agujeros por los que cabría un camión y algunas decisiones de los personajes rozan lo absurdo. Pero, ¿acaso buscamos realismo lógico en un thriller de este tipo? Buscamos entretenimiento, evasión y un poco de mala leche, y en eso La asistenta cumple con creces. Es la confirmación de que Sweeney ha llegado para quedarse y que Hollywood va a seguir explotando su imagen hasta la saciedad, algo que, honestamente, no me molesta mientras los resultados sean así de entretenidos.

En conclusión, me he encontrado con una película que me ha dado exactamente lo que esperaba. No me ha volado la cabeza con su originalidad, pero me ha mantenido entretenido las casi dos horas que dura. Es ese tipo de cine que necesitamos para desconectar del mundo, una historia de intrigas domésticas llevada al extremo con un reparto que sabe perfectamente en qué liga está jugando. Si te gustan los libros de Freida McFadden o simplemente quieres ver a Sydney Sweeney dominando la pantalla, esta es tu película.

¿Hasta dónde llegarías por un nuevo comienzo?

La asistenta nos deja claro que los secretos más oscuros no se esconden en el pasado, sino tras las puertas de las casas que parecen perfectas.


¿Qué te ha parecido el giro final? ¿Crees que Sydney Sweeney es la nueva reina del thriller o solo una moda pasajera? ¡Cuéntamelo en los comentarios, que necesito debatir ese final!

Lo que nadie te cuenta de Prisioneros de Ghostland: Una experiencia agotadora.

Póster Prisioneros de Ghostland

Ficha Técnica

  • Título original: Prisoners of the Ghostland
  • Año: 2021
  • Dirección: Sion Sono
  • Reparto: Nicolas Cage, Sofia Boutella, Bill Moseley, Nick Cassavetes
  • Género: Acción / Thriller / Fantástico / Western post-apocalíptico
  • Duración: 103 minutos
  • País: Estados Unidos / Japón
★☆☆☆☆
(1.5 de 5)

En la traicionera frontera de la ciudad de Samurai Town, un ladrón de bancos sin escrúpulos (Nicolas Cage) es liberado de la cárcel por un rico señor de la guerra conocido como The Governor (Bill Moseley). A cambio de su libertad, el prisionero debe aventurarse en un oscuro universo sobrenatural para rescatar a la nieta desaparecida del Gobernador. Pero hay un pequeño detalle: lleva un traje de cuero cargado de explosivos que detonarán si no cumple su misión en cinco días… o si se excita demasiado.

Voy a ser totalmente sincero con vosotros: terminé de ver Prisioneros de Ghostland y me quedé mirando la pantalla en negro durante cinco minutos, intentando procesar si lo que acababa de presenciar era una obra de arte incomprendida o una tomadura de pelo de proporciones bíblicas. Tras pensarlo fríamente, dormir un poco y volver a repasar mentalmente las escenas, la balanza se inclina peligrosamente hacia lo segundo. Estamos ante un caos absoluto que prometía ser la locura definitiva de Nicolas Cage y se queda en un delirio aburrido y sin sentido.

Sobre el papel, la idea sonaba increíble. Sion Sono, el director japonés conocido por su cine extremo, visceral y poético (quien haya visto Love Exposure sabe de lo que hablo), se unía a Nicolas Cage en su etapa más desatada. Nos vendieron esta película como «la más salvaje que Cage ha hecho nunca». Y claro, uno va con las expectativas por las nubes, esperando sangre, gritos, sobreactuación gloriosa y una estética cyberpunk. Lo que nos encontramos, en cambio, es una mezcla indigesta de Mad Max de mercadillo, western teatral y simbolismo japonés que no termina de cuajar por ningún lado.

Escena Nicolas Cage Ghostland

El problema principal no es que la película sea rara. A mí me encanta lo raro. Me fascina el cine que se arriesga. El problema es que Prisioneros de Ghostland confunde ser excéntrica con ser interesante. La trama es una excusa barata: un héroe (Cage) tiene que rescatar a una chica (Sofia Boutella) en un mundo post-apocalíptico llamado «Ghostland». Hasta ahí, todo correcto. Pero la ejecución es tan confusa y el ritmo tan irregular que llega un momento en el que dejas de intentar entender la lógica del mundo y simplemente rezas para que pase algo emocionante. Y lamentablemente, pasan muy pocas cosas que realmente enganchen.

Hablemos del elefante en la habitación: Nicolas Cage. Todos sabemos que Cage es un género en sí mismo. Cuando está bien dirigido, es un genio; cuando se deja llevar por el «Cage Rage», es un meme con patas. Aquí, Cage parece estar tan perdido como nosotros. Sí, grita. Sí, pone caras imposibles. Sí, lleva un traje con bombas pegadas a los testículos (literalmente). Pero su actuación se siente cansada, como si estuviera cumpliendo un trámite para pagar otra deuda más. Hay un momento concreto donde grita la palabra «¡TESTÍCULO!» con toda la fuerza de sus pulmones, y aunque debería ser un momento cumbre de humor absurdo, se siente triste. Es como ver a un mago repetir su viejo truco una y otra vez ante un público que ya no se sorprende.

Visualmente, la película tiene sus luces y sus sombras. Hay que reconocer que el diseño de producción es atrevido. Samurai Town, con su mezcla de arquitectura japonesa tradicional y neones occidentales, tiene un aire visual potente. El uso del color es saturado y agresivo, creando postales que quedarían genial en un fondo de pantalla, pero que no sostienen una narrativa de casi dos horas. Sion Sono intenta crear una atmósfera onírica, casi teatral, donde los personajes se mueven como títeres en un escenario, pero el bajo presupuesto se nota demasiado en los momentos clave, haciendo que lo que debería ser épico parezca una función de fin de curso con disfraces caros.

Escena Sofia Boutella

Y luego está «Ghostland», ese páramo al que envían al protagonista. Se supone que es un lugar donde el tiempo se ha detenido tras un desastre nuclear, lleno de fantasmas y marginados que intentan detener las agujas de un reloj gigante. La metáfora sobre el tiempo, Hiroshima y Fukushima está ahí, lanzada a la cara del espectador sin ninguna sutileza. Sion Sono quiere hablar del trauma nuclear de Japón, y eso es loable, pero lo entierra bajo tantas capas de basura estética y diálogos incomprensibles que el mensaje pierde toda su fuerza emocional. Los «fantasmas» no dan miedo, dan pena, y los villanos carecen de carisma real más allá de su vestuario estrafalario.

Sofia Boutella hace lo que puede con el poco material que le dan. Es una actriz física, con una presencia magnética, pero su personaje es poco más que un objeto a rescatar que de vez en cuando da alguna patada. Es frustrante ver a actores con talento atrapados en un guion que parece escrito en una servilleta durante una noche de fiebre. No hay química entre los personajes, no hay desarrollo, y por lo tanto, no hay tensión. Cuando las bombas del traje de Cage empiezan a pitar, realmente te da igual si explotan o no. De hecho, parte de ti desea que exploten para que la película termine antes.

El ritmo es otro de los grandes enemigos de esta cinta. Para ser una película de acción y fantasía, se hace eterna. Hay escenas de gente caminando, gente gritando coros ininteligibles y planos estáticos que se alargan hasta la extenuación. No es un ritmo contemplativo de cine de autor, es un ritmo de «no tenemos suficiente metraje para llegar a la hora y media, así que alarga esa toma». La acción, cuando llega, es caótica y está mal editada, abusando de cortes rápidos que impiden disfrutar de la coreografía (si es que la había).

Samurais y post apocalipsis

En resumen, Prisioneros de Ghostland es una oportunidad perdida. Podría haber sido una joya del cine de culto, una mezcla explosiva de Oriente y Occidente, una locura divertidísima. Pero se queda en un ejercicio de estilo vacío, pretencioso y, lo que es peor, aburrido. Es una película que se cree mucho más lista y gamberra de lo que realmente es. Si eres un completista acérrimo de Nicolas Cage y necesitas ver absolutamente todo lo que hace, adelante, bajo tu propia responsabilidad. Pero si buscas entretenimiento, coherencia o simplemente una buena película de acción bizarra, aquí no la vas a encontrar.

Me duele decirlo porque quería que me gustara. Quería defender esta rareza. Pero al final, la sensación que te queda es la de haber perdido el tiempo en un sueño febril del que te alegras de despertar. Nick, amigo, te queremos, pero por favor, empieza a leer los guiones antes de firmar. O al menos, asegúrate de que el traje explosivo tenga un detonador real para acabar con nuestro sufrimiento antes.

¿Tú también has sobrevivido a Ghostland?

Me muero de curiosidad. ¿Soy yo el único que piensa que esto no hay por dónde cogerlo o ves algo de genialidad en este caos? ¿Es la peor peli de Nicolas Cage o ese puesto sigue siendo de The Wicker Man?

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Salva Reina no salva ‘Con quién viajas’: Opinión sin filtros

Póster Con Quién Viajas

Ficha Técnica

  • Título: Con quién viajas
  • Año: 2021
  • Dirección: Hugo Martín Cuervo
  • Reparto: Salva Reina, Ana Polvorosa, Pol Monen, Andrea Duro
  • Género: Comedia / Thriller / Road Movie
  • Duración: 87 min
  • País: España
★☆☆☆☆ (1 de 5)

Cuatro desconocidos quedan en el centro de Madrid para ir en coche a Murcia, gracias a una aplicación de viajes compartidos. Durante el trayecto, los pasajeros comienzan a desconfiar del conductor, cuyo comportamiento se vuelve cada vez más extraño, generando una tensión incómoda dentro del vehículo.

A veces pienso que el cine español no da para más. Y me duele escribir esto, de verdad que me duele, porque soy el primero que defiende nuestra industria, que compra entradas el fin de semana del estreno y que intenta convencer a sus amigos de que hay vida más allá de las franquicias de Hollywood. Pero luego me topo con películas como Con quién viajas y se me cae el alma a los pies. Es esa sensación frustrante de ver cómo una buena idea, o al menos una premisa contemporánea y juguetona, se convierte en un intento de comedia fácil y perezosa.

Entiendo perfectamente que la industria necesita rodar, que hay que dar trabajo a los actores, a los técnicos y mantener la rueda girando. Pero, ¿a qué precio? Películas como esta, lejos de sumar, restan. Alejan al gran público de una afición necesaria y vital. Cuando alguien paga una entrada o dedica una hora y media de su vida en una plataforma y recibe un producto tan plano e invisible, la próxima vez se lo pensará dos veces antes de darle al play a una producción nacional. Y eso es lo que más rabia me da.

Escena del coche

La premisa no era mala sobre el papel: un viaje en BlaBlaCar (o similar), cuatro desconocidos, un espacio cerrado y un conductor raro. Es el caldo de cultivo perfecto para un thriller psicológico o una comedia negra negrísima. Teníamos los ingredientes para un Locke a la española o incluso un El método sobre ruedas. Sin embargo, la ejecución es decepcionante. Lo que debería ser una olla a presión de tensión y diálogos afilados se queda en una sucesión de chistes que no aterrizan y situaciones forzadas que no te crees en ningún momento.

El problema principal es el ritmo y el tono. La película no sabe si quiere ser una comedia costumbrista o un thriller de suspense, y al intentar ser las dos cosas, falla estrepitosamente en ambas. La atmósfera claustrofóbica brilla por su ausencia. En lugar de sentir el agobio de estar atrapado en un coche con un posible psicópata, lo que sientes es el agobio de querer que lleguen ya a Murcia para que se acabe la película. Los silencios incómodos no generan tensión, generan aburrimiento.

Hablemos de los personajes, o mejor dicho, de las caricaturas. Tenemos al «rarito», a la chica superficial, al chico «normal» y a la otra chica que pasaba por allí. Salva Reina hace lo que puede, y sinceramente es el único que parece estar intentando sacar algo de jugo a un guion seco como la mojama. Su interpretación del conductor peculiar tiene destellos de interés, pero el guion no le acompaña. El resto del elenco, actores que he visto brillar en otros trabajos, aquí parecen estar con el piloto automático, recitando frases que nadie diría en la vida real.

Primer plano Salva Reina

Visualmente, la película es correcta, sin más. Pero en una película de «cámara única» o espacio confinado, la dirección debe ser virtuosa para mantener el interés visual. Aquí nos encontramos con planos y contraplanos estándar, una iluminación que parece de serie de televisión de sobremesa y una falta de riesgo total. No hay una propuesta estética que eleve el material. Es cine funcional en el peor sentido de la palabra: cumple con enfocar y encuadrar, pero no transmite nada.

Y luego está el mensaje, si es que lo hay. Se intenta jugar con los prejuicios, con cómo juzgamos a los desconocidos por su apariencia o por un par de frases. Pero la reflexión es tan superficial que se evapora al instante. No hay una crítica real a la sociedad de la desconfianza ni una sátira mordaz sobre las nuevas formas de viajar. Todo se queda en la superficie, en el chascarrillo fácil. Es una oportunidad perdida para hacer radiografía social desde el humor.

Sinceramente, ha sido lo peor de mi arranque de 2025. Quizás mis expectativas eran otras, o quizás es que ya estoy cansado de ver cómo el cine español tropieza una y otra vez en la misma piedra de la comedia inofensiva. Me da la sensación de que es un cine hecho por algoritmo, diseñado para rellenar parrilla pero vacío de alma. Falta garra, falta verdad y falta riesgo.

Grupo de actores en el coche

Al final, Con quién viajas es una película invisible. De esas que ves un domingo por la tarde medio dormido y que el lunes por la mañana ya has olvidado completamente. Y eso, para mí, es peor que una película mala pero valiente. Un cero total no por la calidad técnica, que es estándar, sino por la irrelevancia absoluta. El cine debe provocar algo, aunque sea enfado. Esto solo provoca indiferencia.

No quiero sonar pesimista, porque sé que hay talento de sobra en España. Pero necesitamos exigir más. Necesitamos guiones que no traten al espectador como si fuera tonto, y comedias que se atrevan a ser algo más que una sucesión de clichés. Ojalá la próxima vez que Salva Reina coja el coche, el viaje merezca la pena.

¿Soy yo o el cine español necesita un cambio de rumbo urgente?

Quizás he sido muy duro, o quizás tú también estás harto de estas comedias que prometen mucho y no dan nada. ¿La has visto? ¿Te pareció tan «invisible» como a mí?

Déjame tu opinión en los comentarios, prometo leerlos todos (aunque no esté de acuerdo).

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