Categoría: comedia

¿Es Elf la mejor película de Jon Favreau? Un vistazo a su dirección artesanal

Póster oficial de la película Elf

Ficha Técnica

  • Título original: Elf
  • Año: 2003
  • Dirección: Jon Favreau
  • Reparto principal: Will Ferrell, James Caan, Zooey Deschanel, Mary Steenburgen, Bob Newhart, Peter Dinklage.
  • Género: Comedia, Fantasía, Cine Familiar Navideño.
  • Duración: 97 minutos.

Mi Valoración Provisional

★★★★☆ (4.5 de 5 estrellas)

Una Nochebuena, en un orfanato, un bebé gatea dentro del saco de regalos de Santa Claus y acaba en el Polo Norte. Criado como un elfo, pero creciendo tres veces más que los demás, Buddy (Will Ferrell) descubre finalmente que no es un elfo, sino un humano. Decidido a encontrar su lugar en el mundo, Buddy viaja a Nueva York para buscar a su verdadero padre, Walter Hobbs (James Caan), un editor de libros infantiles cínico y adicto al trabajo que figura en la lista de «traviesos» de Santa. Buddy, con su inocencia y espíritu navideño desbordante, pondrá patas arriba la vida de su padre y de toda la ciudad.

Tráiler Oficial

Más vale tarde que nunca: Descubriendo la magia de Buddy

Lo confieso, y sé que esto puede sonar a sacrilegio para muchos amantes del cine navideño ahí fuera: no había visto «Elf» hasta este año, 2025. Sí, lo sé. ¿Dónde he estado metido las últimas dos décadas? ¿Viviendo bajo una piedra en el Polo Sur? Quizás. El caso es que, como alguien que consume muchas películas y series, siempre había tenido esta cinta en mi lista de pendientes eternos. Veía los memes, escuchaba las referencias («¡Santa! ¡Lo conozco!»), pero por alguna razón, nunca me había sentado a darle al play. Tal vez pensaba que era «otra comedia tonta más» de principios de los 2000, o quizás me daba pereza enfrentarme a un clásico tan establecido por miedo a que no cumpliera mis expectativas. Pero, amigos, qué equivocado estaba y qué delicia de descubrimiento tardío ha sido.

Desde el primer minuto, la película te atrapa con una estética que es puro homenaje a los especiales navideños de Rankin/Bass de los años 60, esos hechos con stop-motion. La narración de Papa Elf (el legendario Bob Newhart) te sitúa en un tono de cuento de hadas moderno que funciona a la perfección. Ver a un Will Ferrell gigante intentando encajar físicamente en el diminuto mundo de los elfos del Polo Norte es comedia visual en su máxima expresión. No se trata solo de que sea grande; es la torpeza entrañable, la incapacidad de hacer juguetes al ritmo de los demás y esa sensación constante de ser un pez fuera del agua, incluso en el lugar más feliz de la Tierra. Jon Favreau, el director, acierta de pleno al usar efectos prácticos y perspectivas forzadas en lugar de abusar del CGI, lo que le da a toda esa primera parte una calidez artesanal que se echa mucho de menos en el cine actual.

Pero la película realmente despega cuando Buddy llega a Nueva York. Aquí es donde «Elf» podría haber caído en los tópicos fáciles de «paleto en la gran ciudad», pero los trasciende gracias a la interpretación absolutamente genial de Will Ferrell. He visto muchas cosas de Ferrell, algunas me encantan y otras no tanto, pero creo sinceramente que este es el papel de su vida. Buddy no es un adulto estúpido; es la inocencia personificada. No tiene ni una pizca de malicia o cinismo en su cuerpo. Su enfrentamiento con la realidad neoyorquina —comer chicles pegados en las barandillas del metro, emocionarse hasta el delirio con una puerta giratoria, o felicitar a un mapache que claramente quiere atacarle— funciona porque Ferrell se compromete al 100% con la ingenuidad del personaje. No nos reímos *de* él, nos reímos *con* su asombro ante un mundo que nosotros damos por sentado y que hemos dejado de mirar con ojos de niño.

Will Ferrell como Buddy el Elfo sonriendo

La sonrisa que conquistó incluso a los más cínicos. Ferrell en estado de gracia.

Y luego está el contraste, el ingrediente secreto que hace que la comedia funcione: Walter Hobbs, interpretado por el inigualable James Caan. Caan es el perfecto «hombre recto» para la locura de Ferrell. Su personaje es el arquetipo del Grinch corporativo, un hombre tan consumido por el trabajo y los resultados que ha olvidado cómo conectar con su propia familia, y mucho menos con un hijo perdido que se viste con mallas amarillas y cree que los cuatro grupos de alimentos principales son caramelo, bastones de caramelo, maíz dulce y jarabe de arce. La dinámica entre ellos es oro puro. La exasperación de Caan ante cada «te quiero, papá» de Buddy es palpable. Es el choque entre el cinismo adulto y la alegría infantil desenfrenada, y necesitamos a ambos para que la historia avance.

No puedo dejar de mencionar la subtrama romántica, que, para mi sorpresa, es increíblemente dulce. Zooey Deschanel, antes de ser la chica «adorkable» por excelencia en «New Girl», interpreta aquí a Jovie, una empleada de unos grandes almacenes desencantada con la vida y, especialmente, con la Navidad. Su energía es el polo opuesto a la de Buddy. Ella es reservada, un poco sarcástica y está «de vuelta de todo» a pesar de su juventud. La forma en que Buddy rompe sus barreras, no con grandes gestos románticos de película, sino con pura sinceridad y entusiasmo por cosas simples como ver un árbol de Navidad iluminado o «patinar» (o más bien, correr torpemente sobre el hielo), es preciosa. La escena del baño, donde Buddy entra sin ser consciente de las normas sociales para cantar a dúo «Baby, It’s Cold Outside» mientras ella se ducha, es un momento icónico por una razón: es raro, es incómodo, pero extrañamente tierno y musicalmente encantador. La voz de Deschanel es una maravilla, y ver cómo su personaje empieza a «descongelarse» es una de las partes más satisfactorias de la trama.

Hay tantas escenas que se me han quedado grabadas a pesar de haberla visto solo una vez. La escena en la juguetería Gimbel’s, cuando Buddy se entera de que Papá Noel viene a visitarlos y grita como un poseso, es histérica. Pero lo que viene después es aún mejor: su enfrentamiento con el Santa Claus de centro comercial (interpretado por el gran Artie Lange). La decepción genuina de Buddy al darse cuenta de que es un impostor («¡Hueles a carne y queso! ¡Tú no eres Santa!») y la posterior pelea caótica es un ejemplo perfecto de cómo la película maneja el humor físico sin perder el corazón de la historia: la defensa inquebrantable de Buddy de la magia verdadera. O la escena en la sala de correo, donde Buddy acaba emborrachándose con un compañero de trabajo y montando una fiesta de baile improvisada. Son momentos que demuestran que la alegría es contagiosa, incluso en los sótanos más oscuros de la vida corporativa.

Zooey Deschanel como Jovie vestida de elfo

Zooey Deschanel aporta la dosis necesaria de realidad y encanto vocal como Jovie.

Más allá de las risas, lo que me ha sorprendido de «Elf» es su trama sobre el hogar, la familia y el autoconocimiento. Buddy pasa toda su vida pensando que es algo que no es. Su viaje no es solo geográfico hacia Nueva York, sino un viaje interior para aceptar quién es realmente: un humano que fue criado por elfos, y que eso está bien. No tiene que elegir entre un mundo y el otro; él es el puente entre ambos. Por otro lado, la redención de Walter Hobbs no se siente forzada. No se convierte en un santo de la noche a la mañana, pero la presencia de Buddy le obliga a mirarse al espejo y ver en qué se ha convertido. La escena en la que finalmente elige a su familia por encima de su jefe tiránico (un cameo fantástico de Peter Dinklage, por cierto, cuya escena en la sala de juntas es otra joya de humor incómodo) es un cliché navideño, sí, pero está tan bien ganado que no te importa.

La dirección de Jon Favreau merece mucho más crédito del que se le suele dar. Lograr este equilibrio entre la farsa total, la comedia slapstick, el cuento de hadas visual y el drama familiar sincero es dificilísimo. Favreau consigue que Nueva York se sienta mágica y a la vez sucia y real. Consigue que nos creamos a un hombre de dos metros en mallas verdes corriendo por Central Park sin que parezca ridículo, sino heroico a su manera. La música también juega un papel fundamental, con una banda sonora llena de clásicos navideños que te meten en ambiente desde el primer momento, y la partitura original de John Debney que subraya perfectamente los momentos emotivos sin ser empalagosa.

Creo que la razón por la que «Elf» se ha convertido en un clásico moderno, y la razón por la que me ha impactado tanto viéndola en 2025, es porque el mundo necesita a Buddy. Vivimos tiempos cínicos, rápidos, estresantes, muy parecidos a la vida que lleva Walter Hobbs al principio de la película. Es fácil olvidar la importancia de la amabilidad desinteresada, de la ilusión por las pequeñas cosas, de cantar alto aunque desafines. Buddy es un recordatorio andante de que está bien ser vulnerable, está bien ser entusiasta y está bien creer en algo, aunque los demás te miren raro. No es una película que intente ser «cool» o irónica; lleva su corazón en la manga, o más bien, en su túnica verde de fieltro.

Buddy elfo intentando integrarse en la oficina

Intentando «integrarse» en el mundo real. La comedia visual es el punto fuerte de la película.

En conclusión, haber descubierto «Elf» tan tarde ha sido casi un regalo en sí mismo. Ha sido como abrir un presente olvidado debajo del árbol que resulta ser exactamente lo que necesitabas. Es una película que no envejece porque su mensaje y su humor son universales. La dupla de Will Ferrell y Zooey Deschanel es encantadora, el soporte de James Caan es fundamental y la dirección de Favreau es el lazo que une todo el paquete. Si eres como yo y, por alguna extraña razón cósmica, aún no la has visto, no esperes a la próxima Navidad. Póntela ya. Y si ya la has visto veinte veces, póntela otra vez. Porque todos necesitamos un poco más de «espíritu navideño» (que en realidad es solo bondad humana) durante todo el año, y nadie lo reparte mejor que Buddy Hobbs.

🎄 ¿Tú también tardaste en verla o es un clásico en tu casa? 🎄

¡Quiero leer vuestras experiencias en los comentarios! ¿Cuál es vuestra frase favorita de Buddy? ¿Sois de los que ponen el árbol en noviembre o esperáis a diciembre como la gente «normal»? ¡Contádmelo todo!

Por qué no debes ver Un funeral de locos: Análisis

Póster Un Funeral de Locos

Ficha Técnica

  • Título: Un funeral de locos
  • Año: 2024
  • Género: Comedia (o eso dicen)
  • Nacionalidad: España
  • Dirección: Manuel Gómez Pereira
Valoración CP Cine: ☆☆☆☆☆ (0 de 5 estrellas – Insufrible)
«La historia reúne a una familia disfuncional para despedir al patriarca recién fallecido. Sin embargo, lo que debería ser un velatorio solemne se convierte en un caos absoluto cuando secretos del pasado, visitas inesperadas y situaciones rocambolescas amenazan con convertir el funeral en el mayor escándalo del vecindario.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=mI2j6-PyB1E?si=iD321BEec9nQUrEY]

La Crítica: ¿Por qué nos hacemos esto?

A ver, empecemos siendo honestos. Yo no soy crítico de la Cahiers du Cinéma, ni pretendo sentar cátedra sobre el séptimo arte. Soy un consumidor voraz, un «experto amateur» que se traga todo lo que echan: series, discos, películas de autor y, desgraciadamente, productos como Un funeral de locos. Y digo «desgraciadamente» porque darle una estrella de cinco me parecería un insulto a las películas mediocres que al menos lo intentan. Aquí estamos ante un 0 de 10 de manual, una de esas experiencias cinematográficas que te hacen plantearte seriamente en qué momento el cine español decidió que esto era aceptable. Es justa mi nota porque es mala con ganas, sin paliativos.

La premisa no es nueva. Un funeral, una familia que se odia, secretos que salen a la luz… Es un esquema que hemos visto mil veces, desde la maravillosa versión británica original hasta sus múltiples adaptaciones. Pero aquí, el concepto de «remake» o adaptación se ha tomado como una excusa para crear un pastiche sin alma. Tiene sus puntos graciosos, no lo voy a negar rotundamente, pero son tan rebuscados, tan forzados, que la risa se te congela en la boca. Y, cómo no, tenemos el clásico humor escatológico. Parece que en España no sabemos hacer reír si no hay alguien yendo al baño, un fluido corporal fuera de lugar o un chiste de pedos mal tirado. Todo muy Made in Spain, pero del rancio, del que pensábamos que habíamos superado hace dos décadas.

Escena de la película 1

Momentos que pretenden ser cómicos y acaban siendo trágicos.

¿Lo peor? Sin duda, el guion. Es un despropósito que hace aguas por todos lados. Los diálogos no fluyen, las situaciones no escalan de manera natural, sino que saltan de lo absurdo a lo ridículo sin pasar por la casilla de salida. Pero justo detrás del guion, pegadito en la lista de desastres, está ese batiburrillo de actores. Y me duele decirlo, porque hay nombres en el cartel que respeto, gente que ha hecho cosas dignas. Pero sinceramente, viendo el resultado final, uno llega a la conclusión inevitable de que aceptan estos trabajos exclusivamente por el dinero. Y ojo, es lícito, todos tenemos que pagar facturas. Ellos lo llamarán trabajo; yo, desde mi butaca y habiendo pagado la entrada (o la suscripción), lo veo más como una tragedia griega sin catarsis.

Ver a actores con talento sobreactuando, gritando para intentar salvar un chiste que nació muerto en el papel, es doloroso. No hay dirección de actores visible, cada uno parece estar en una película diferente. Unos van a por la farsa total, otros intentan mantener un tono naturalista que no pega ni con cola… Es una orquesta donde cada músico toca una partitura distinta. Y el resultado es ruido. Ruido visual y auditivo que agota al espectador a los veinte minutos de metraje.

Elenco de la película

Un elenco desaprovechado en una macedonia de interpretaciones.

Y aquí entramos en un terreno pantanoso, una cosa que no soporto en general del cine español actual y que aquí se hace patente de forma dolorosa: esa manía de meter tanto actor mexicano y argentino con calzador. Que nadie me malinterprete, adoro el cine latinoamericano, pero en estas producciones comerciales españolas se siente forzado, como una cuota de mercado para poder vender la película al otro lado del charco en plataformas de streaming. No se justifica narrativamente, los acentos chocan, las dinámicas culturales no se exploran… simplemente están ahí, desubicados, en una trama supuestamente localista española. Rompe la inmersión (si es que quedaba alguna) y convierte la película en un producto de laboratorio de marketing más que en una obra artística.

¿Y sabéis qué es «Lo peor volumen 2»? Que esto vende. Y vende mucho. Ves las cifras de taquilla o los rankings de las plataformas y ahí está, en el número uno. Eso es lo verdaderamente deprimente para un «experto amateur» como yo. El hecho de que funcione comercialmente es la condena que nos asegura que vamos a tener este tipo de películas infumables tantas décadas o más como las que ya llevamos soportándolas. Si el público responde y la caja suena, ¿para qué van a esforzarse en escribir un buen guion? ¿Para qué van a buscar una comedia inteligente si el chiste fácil y la cara conocida del momento llenan la sala?

Escena tensa

Ni la tensión se salva del desastre narrativo.

Es un círculo vicioso. Se produce cine de baja calidad porque se consume, y se consume porque es lo que se publicita masivamente con caras conocidas. Al final, Un funeral de locos hace honor a su nombre, pero los locos somos nosotros por esperar algo diferente. Es un producto empaquetado al vacío, sin sabor, sin olor (salvo el de los chistes escatológicos) y sin futuro en la memoria de nadie. Una película de usar y tirar que, lamentablemente, tardará mucho en degradarse en el vertedero de nuestra memoria cinematográfica.

En resumen, ahórratela. Hay miles de series, discos y libros esperando tu tiempo. No lo malgastes en ver a gente talentosa haciendo el ridículo por un cheque, mientras el cine español de calidad, ese que se hace con menos presupuesto pero con más corazón, lucha por encontrar una sala donde proyectarse.

¿Tú también picaste?

¿Crees que soy un exagerado o realmente el cine comercial español necesita un reseteo urgente? Déjame tu opinión en los comentarios, que al menos ahí nos reiremos seguro.

De The Boys a héroe de acción: La consagración de Jack Quaid en Novocaine

Poster oficial de Novocaine

Ficha Técnica

Título original: Novocaine

Año: 2025

País: Estados Unidos

Dirección: Dan Berk, Robert Olsen

Guion: Lars Jacobson

Reparto principal: Jack Quaid, Amber Midthunder, Ray Nicholson, Jacob Batalon, Betty Gabriel

Género: Acción, Thriller, Comedia

Productora: Paramount Pictures, Tea Shop Productions

Valoración del Experto Amateur

★★★★

4 de 5 estrellas: Pura dinamita de entretenimiento.

Sinopsis

En un atraco a un banco que sale terriblemente mal, un hombre de modales suaves con una rara enfermedad congénita que le impide sentir dolor físico, debe rescatar a su novia secuestrada de los ladrones responsables. Para ello, tendrá que desatar un caos lleno de acción por toda la ciudad y enfrentarse a sus propios límites.

Tráiler Oficial

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Crítica: Adrenalina sin Anestesia

Hay actores que, sin necesidad de tener un Oscar en la estantería, poseen algo intangible, un “no sé qué” que llena la pantalla y te hace conectar con ellos al instante. Jack Quaid es, sin duda, uno de esos talentos. Desde que lo vimos como el sufridor y adorable Hughie en The Boys, ha demostrado una capacidad camaleónica para saltar del drama a la comedia con una naturalidad pasmosa. Y en Novocaine, Quaid no solo confirma su estatus de «chico de moda», sino que se consagra como un héroe de acción improbable, carismático y absolutamente disfrutable. La película no pretende reinventar la rueda, y esa es, paradójicamente, una de sus mayores virtudes. Es un cóctel explosivo que mezcla la adrenalina frenética de Crank: Veneno en la sangre con pinceladas de comedia negra, un thriller de robos y hasta un romance que funciona como el corazón de esta locura. En pleno verano, cuando el calor nos pide a gritos evasión y entretenimiento puro y duro, Novocaine es la dosis de anestesia perfecta para desconectar del mundo.

La premisa es tan sencilla como efectiva: Nathan Caine (un Jack Quaid que parece haber nacido para el papel) es un oficinista apocado y tímido que padece una extraña condición congénita que le impide sentir dolor. Lo que podría parecer un superpoder es, en realidad, una fuente de ansiedad constante; vive envuelto en plástico de burbujas, por así decirlo, para evitar heridas que no notaría hasta que fuera demasiado tarde. Su vida da un vuelco de 180 grados cuando, durante un atraco al banco donde trabaja su novia, ella es secuestrada. Los criminales, creyendo que su insensibilidad al dolor lo convierte en una pieza clave para otro golpe, lo arrastran a una espiral de violencia y caos. Es aquí donde Novocaine pisa el acelerador y no lo suelta. La transformación de Nathan de un hombre gris a una imparable máquina de destrucción (muy a su pesar) es el motor de la película, y el guion lo maneja con un equilibrio fantástico entre la acción más brutal y un humor que surge de lo absurdo de la situación.

Escena de acción de Novocaine
Jack Quaid desatando el caos en una de las frenéticas escenas de la película.

Los directores, Dan Berk y Robert Olsen, entienden perfectamente el tipo de película que tienen entre manos. No se andan con rodeos ni pretensiones. La acción es cruda, directa y, en ocasiones, sorprendentemente creativa. Las escenas de lucha aprovechan la condición del protagonista para regalarnos momentos que son una delicia para cualquier amante del cine de género. Ver a Nathan recibir palizas, disparos y toda clase de castigos sin inmutarse, mientras suelta un comentario nervioso o pide perdón, es hilarante y emocionante a partes iguales. La película bebe directamente de la estética y el ritmo de los thrillers de acción de los 90 y principios de los 2000, pero con un pulido visual contemporáneo. No hay planos innecesariamente complejos ni una edición epiléptica que no te deje ver qué está pasando. La cámara sigue a Quaid en su odisea destructiva con claridad, permitiendo que cada golpe, cada caída y cada explosión se sientan en su justa medida.

Pero no todo es testosterona y adrenalina. Una de las grandes sorpresas de Novocaine es su corazón. La relación entre Nathan y su novia, interpretada por una solvente Amber Midthunder, es el ancla emocional que evita que la película se convierta en un simple espectáculo de violencia sin sentido. Sus motivaciones son claras y, como espectadores, empatizamos con su desesperación. Queremos que la rescate, no solo por ver más escenas de acción, sino porque nos creemos su vínculo. Este componente romántico, aunque sencillo, le da una capa de profundidad necesaria y eleva el conjunto por encima de otras propuestas similares. Además, el guion está salpicado de diálogos ingeniosos y personajes secundarios que, aunque arquetípicos, resultan memorables, especialmente el villano, que disfruta de cada segundo de su maldad sin caer en la caricatura excesiva.

Jack Quaid y Amber Midthunder en Novocaine
La química entre los protagonistas es el ancla emocional de la película.

Por supuesto, la película no es perfecta. Si buscas un thriller con un guion enrevesado y giros argumentales que te dejen boquiabierto, Novocaine no es tu película. Su trama es lineal y predecible en muchos aspectos. Sabes desde el minuto uno cuál será el desenlace, y el viaje no ofrece grandes sorpresas en cuanto a su estructura. Algunas situaciones se resuelven con una conveniencia un tanto forzada y el desarrollo de los villanos podría haber tenido algo más de trasfondo. Sin embargo, estas sombras no logran eclipsar sus luces. La película conoce sus limitaciones y, en lugar de intentar ser algo que no es, se centra en potenciar sus fortalezas: un ritmo endiablado, un protagonista con un carisma arrollador y una honestidad brutal en su propuesta de entretenimiento. Es una hamburguesa gourmet: sabes lo que vas a comer, pero está tan bien hecha que la disfrutas de principio a fin.

En definitiva, Novocaine es una de esas joyas inesperadas que te alegran la cartelera. Es divertida, emocionante y está hecha con un amor palpable por el cine de acción sin complejos. Es la prueba de que no se necesitan presupuestos desorbitados ni tramas metafísicas para hacer una gran película de entretenimiento. A veces, solo necesitas una buena idea, un actor en estado de gracia y la voluntad de pisar el acelerador. Jack Quaid se come la pantalla y nos regala un personaje que ojalá veamos en más secuelas. Es cine para disfrutar, para comer un buen cubo de palomitas y para salir de la sala con una sonrisa y el pulso acelerado.

Jack Quaid en una escena de Novocaine
‘Novocaine’ es la elección perfecta si buscas acción y risas sin complicaciones.

🗣️ ¡Ahora te toca a ti!

Es la elección perfecta si buscas acción y risas sin complicaciones. Una película honesta que entrega exactamente lo que promete. Y tú, ¿qué opinas? ¿Crees que Jack Quaid tiene madera de estrella de acción o lo prefieres en otros registros? ¡Deja tu comentario abajo y abramos debate!

Explosiones, humor y geopolítica: análisis sin spoilers de Jefes de Estado

Póster Jefes de Estado


Ficha técnica

Título original: Heads of State

Título en España / LatAm: Jefes de Estado (2025)

Dirección: Ilya Naishuller

Guion: Josh Appelbaum, André Nemec, Harrison Query

Música: Steven Price  |  Fotografía: Ben Davis

Reparto principal: John Cena, Idris Elba, Priyanka Chopra Jonas, Jack Quaid, Paddy Considine, Carla Gugino, Stephen Root, Sarah Niles

Productoras: Amazon MGM Studios, Metro-Goldwyn-Mayer, The Safran Company

Género: Acción | Comedia política | Buddy movie

Duración: 113 min  |  País: EE. UU.

Estreno streaming: 2 julio 2025 (Prime Video)


Cuando el presidente de EE. UU. (John Cena) y el primer ministro británico (Idris Elba) son derribados en pleno vuelo rumbo a una cumbre de la OTAN, ambos rivales deberán colaborar con la agente del MI6 (Priyanka Chopra Jonas) para sobrevivir a una conspiración global que amenaza con reescribir el orden mundial… y su propia reputación.


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Crítica cinéfila (sin spoilers)

Paracaídas, egos y geopolítica pop: así podría resumirse la nueva gamberrada de Ilya Naishuller, un director que ya había demostrado con Nadie que sabe coreografiar el caos con pulso de videoclip. «Jefes de Estado» arranca a mil revoluciones y apenas afloja: desde el bochornoso careo mediático entre el presidente Will Derringer y el premier Sam Clarke hasta el momento en que un misil arranca un ala del Air Force One, la película deja claro su propósito: diversión inmediata, sin rodeos intelectuales.

Sin embargo, lo que podría haber quedado en fuegos artificiales está sostenido por la dupla Cena-Elba—dos carismas opuestos que se retroalimentan: uno es fanfarrón e hiper-americano, el otro un estoico militar reconvertido en político. El guion, consciente de esa química, articula chistes a costa de estereotipos nacionales, pero también de la fragilidad de los líderes contemporáneos, esclavos del trending topic. El resultado es un «buddy-movie» con aroma de los 80, salpicado de guiños a Arma letal o Mentiras arriesgadas.

Cena y Elba discuten en la Casa Blanca

El ritmo frenético juega su mejor baza en las set pieces: Naishuller rueda persecuciones que saltan de la catedral de Varsovia a los tejados de Trieste con una cámara que se zambulle entre explosiones coreografiadas con precisión. En ocasiones la física hace huelga y los vehículos parecen de cartón piedra, pero la película nunca oculta su condición de parque temático: si el espectador se sube al carro, cada derrape resulta un loop de montaña rusa.

La sorpresa agradable llega con Priyanka Chopra Jonas, que se adueña de cada plano donde reparte patadas y miradas de descreída profesional del espionaje. Su personaje, lejos de ser mero apoyo romántico, funciona de contrapeso narrativo y emocional; su historia previa con el premier británico aporta un matiz inesperado que humaniza a Sam Clarke y condimenta la ecuación con un triángulo de conveniencia y reproches sin melodrama.

Priyanka Chopra Jonas como Noelle Bisset

Las luces técnicas incluyen la fotografía de Ben Davis, que viste la sátira con tonos saturados y contraluces que convierten los despachos de Downing Street en ring de boxeo. La partitura electrónica-orquestal de Steven Price martillea cada set piece con personalidad, aunque abusa del leitmotiv patriótico. El montaje, firmado por Tom Harrison-Read, encadena escenas con la misma urgencia que un feed de TikTok, lo cual mantiene la adrenalina pero sacrifica respiros dramáticos.

En el apartado de sombras, el libreto deja preguntas sin explorar: la crisis diplomática se resuelve con un deus ex machina tan loco que provoca carcajada, sí, pero también rebaja la amenaza inicial. Algunos diálogos basculan entre el gag afilado y el meme facilón; si bien el subtexto sobre la teatralidad de la política es estimulante, rara vez penetra la coraza de chiste-por-minuto que domina la cinta.

Explosión en Trieste

Aun así, es difícil resistirse a un film que conoce sus limitaciones y las abraza con descaro. Cena aporta una autoparodia deliciosa, mofándose de su pasado en la WWE y de la idea de un presidente influencer. Elba, en cambio, equilibra el disparate con un estoicismo lacónico que hace creíbles los momentos emotivos. La química se hace tangible, sobre todo cuando discuten sobre fútbol y béisbol mientras esquivan balas: la comedia surge del contraste cultural más que del chiste forzado.

En definitiva, «Jefes de Estado» no reinventará el género, pero demuestra que la vieja fórmula «acción + comedia + estrellas carismáticas» sigue funcionando cuando se ejecuta con energía y autoconciencia. Ideal para una noche de palomitas y risas compartidas, la película te invita a olvidar la lógica y dejarte llevar por el espectáculo pirotécnico.


¿Listo para ver cómo se arregla el mundo a punta de chistes y metralla? 💥🇺🇸🤝🇬🇧 ¡Dale al play y cuéntame en comentarios si te unirías al equipo Cena-Elba o prefieres ver el mundo arder desde la barrera!

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