Categoría: crítica de cine Página 1 de 2

¿Es Mamá te quiere el mejor thriller sobre el Síndrome de Münchhausen?

Póster oficial de Mamá te quiere (Run)

Ficha Técnica Amateur

  • Título original: Run
  • Año: 2020
  • Dirección: Aneesh Chaganty
  • Reparto TOP: Sarah Paulson, Kiera Allen
  • Género: Thriller psicológico, Terror, «Madres intensitas»
  • Duración: 90 minutos (se pasan volando)

(3 de 5 estrellas – «Buen café para empezar el año»)

«Dicen que no hay nada como el amor de una madre, pero Chloe (Kiera Allen) empieza a sospechar que el de la suya, Diane (Sarah Paulson), no es normal. Diane ha criado a su hija completamente aislada, controlando cada uno de sus movimientos, pero Chloe pronto empezará a descubrir los oscuros secretos que guarda su madre.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=grbtoBZORIo?si=8FYASgwMePCmUkTO]

La Opinión de CP Cine: Amor de madre… tóxico

¡Feliz 2026, compañeros de sofá y manta! Esta ha sido mi primera película vista este año y la verdad es que, para empezar la temporada cinéfila, no he quedado nada decepcionado. A veces uno empieza el año con expectativas demasiado altas y se pega el batacazo, pero otras veces buscas simplemente un entretenimiento sólido, algo que te mantenga pegado a la pantalla sin pedirle que te cambie la vida. Y eso es exactamente lo que me ha dado «Mamá te quiere» (o «Run», como se la conoce en su título original más escueto).

Vamos a quitar el elefante de la habitación desde el principio: el tema del Síndrome de Münchhausen por poderes. Sí, lo sé, y vosotros lo sabéis. Está más trillado en el cine de thriller y terror que el camino a la cocina. Hemos visto «Misery», hemos visto series recientes sobre casos reales, y parece que el subgénero de «cuidadora loca que en realidad te está enfermando» no tiene fin. Cuando leí la premisa, pensé: «Uf, otra vez lo mismo». Pero aquí viene el giro: a veces no importa tanto *qué* te cuentan, sino *cómo* te lo cuentan y, sobre todo, *quién* te lo cuenta.

Escena de tensión en Mamá te quiere

La tensión se palpa en cada interacción entre madre e hija.

Y el «quién» aquí es la clave absoluta de que la película funcione. Hablo, por supuesto, de la presencia desgarradora de Sarah Paulson. Os digo una cosa como «experto amateur» que ha visto mucha televisión: Paulson tiene un don para interpretar a mujeres al borde del abismo, con una intensidad que te pone los pelos de punta. Aquí, como madre ida, es una auténtica delicia para el espectador. Pasa de la dulzura maternal más empalagosa a una mirada fría y calculadora en milésimas de segundo. Es esa clase de actuación que sostiene toda la estructura de la película; si pones a una actriz mediocre en este papel, la película se cae a pedazos en diez minutos.

Pero no sería justo darle todo el crédito solo a la «madre». La película funciona como un duelo actoral, y la réplica la da fantásticamente Kiera Allen en el papel de la hija, Chloe. Me parece muy importante destacar que Allen es usuaria de silla de ruedas en la vida real, lo que aporta una capa de autenticidad física a su interpretación que se nota muchísimo en pantalla. No es una actriz fingiendo limitaciones; es alguien que entiende la fisicalidad de su personaje. Su lucha por la supervivencia, estando limitada físicamente en una casa que se convierte en una ratonera, es angustiosa de ver.

Kiera Allen como Chloe en Run

Kiera Allen aporta una autenticidad brutal al papel de la hija atrapada.

En cuanto al ritmo, la película es rápida y eficaz en su propósito. No se anda con rodeos. Es un thriller de 90 minutos, una duración que agradezco enormemente en esta era de películas de tres horas infladas. El director, Aneesh Chaganty (que ya me sorprendió mucho con «Searching»), sabe cómo manejar los espacios cerrados. La casa se siente claustrofóbica, casi como un tercer personaje que respira y vigila. Pone en jaque desde el minuto uno la tensión del que está al otro lado de la pantalla. Sabes que algo va mal desde la primera escena, y la película se dedica a apretar las tuercas poco a poco hasta que te falta el aire.

Es cierto que el guion no reinventa la rueda. Hay momentos en los que tienes que suspender un poco la incredulidad (¿cómo es posible que nadie sospeche nada en tantos años?), pero como buen consumidor de thrillers, estoy dispuesto a perdonar esos deslices si el viaje es entretenido. Y «Mamá te quiere» es, ante todo, muy entretenida. Es de esas películas para ver con un bol de palomitas y gritarle a la pantalla: «¡No entres ahí!» o «¡Corre, corre!».

El enfrentamiento psicológico en la película

El duelo interpretativo es el verdadero motor de la cinta.

Sobre el final, sin hacer spoilers graves, diré que tiene una resolución rápida. Quizás no sea la más efectiva desde un punto de vista puramente narrativo, ni tampoco la más esperada (tiene un puntito de justicia poética un tanto retorcido), pero sí que es resultona. Te deja con esa sensación de «vale, esto ha cerrado el ciclo de locura». No te cambiará la vida, pero cumple su función de cerrar la historia con un lazo, aunque sea un lazo hecho de alambre de espino.

En resumen, para ser el primer visionado de 2026, «Mamá te quiere» es como un buen café de máquina un lunes por la mañana. Es básico, sabes a lo que sabe, pero cumple su función de despertarte y ponerte en marcha. Es un thriller competente elevado por dos actrices en estado de gracia. Si te gusta sufrir un poquito en el sofá y ver a Sarah Paulson haciendo de las suyas, es una apuesta segura. Le doy un 6 sólido de 10, esas 3 estrellas sobre 5 que significan «Me ha gustado, la recomendaría para una tarde de domingo, pero no entrará en mi top histórico».

🗣️ La pregunta de CP Cine

¿Cuál es vuestra película favorita sobre relaciones tóxicas entre padres e hijos? ¿Sois del equipo «Misery» o tenéis alguna joya oculta?

¡Os leo en los comentarios! 👇

Cocina, Italia y Vejez Digna: Los ingredientes secretos de la película Nonnas

Póster oficial de la película Nonnas

Ficha Técnica Amateur

  • Título: Nonnas
  • Año: (Reciente)
  • Género: Comedia / Drama reconfortante
  • Reparto destacado: Vince Vaughn, Susan Sarandon, Lorraine Bracco, Joe Manganiello.
  • Lo que me atrajo: La mezcla de Italia, cocina y la tercera edad.
Mi Valoración

3 de 5 Estrellas

(Un honesto 6/10)

«Un hombre decide abrir un restaurante muy especial, donde el ingrediente secreto y el alma del negocio son un grupo de abuelas italianas que cocinan como solo ellas saben hacerlo. Basada en una historia real que busca conectar generaciones a través del paladar.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=fMiy8BGpcqE?si=hgQFk9_eO9fKMSQw]

Cuando el cine te toca ‘Il Cuore’: Mi opinión sobre Nonnas

A ver, cómo os explico esto sin ponerme demasiado sentimental. Yo no soy crítico de cine de los que van a festivales con acreditación, ya lo sabéis. Soy un terapeuta ocupacional que, cuando acaba su jornada, se sienta en el sofá a devorar cultura pop. Y claro, uno tiene sus sesgos. Peco de mi profesión, peco de amar la cultura en todas sus formas y, sobre todo, peco de tener una pareja maravillosa (también terapeuta ocupacional, qué le vamos a hacer, nos atraemos entre gremios) que trabaja día a día con gente de edad avanzada. Si a ese cóctel le añades que ella es una mujer emprendedora que adora aprender italiano y todo lo que huela a Italia… pues estaba claro. Si mezclas buena cocina, abuelas carismáticas, el trabajo con la tercera edad y orígenes italianos en la trama, tienes una película que yo, personalmente, no me podía perder bajo ningún concepto.

Y empiezo esta reseña «amateur» dando las gracias. Gracias porque, a veces, el cine no necesita ser una obra maestra de la técnica para cumplir su función. «Nonnas» es, ante todo, una película compasiva. Es amable. Es de esas cintas que te arropan. En un mundo audiovisual a veces demasiado cínico o centrado en la acción trepidante, encontrar un refugio que busca deliberadamente tocarte el corazón —o mejor dicho, il cuore, para ponernos en situación— se agradece enormemente. No busca revolucionar el lenguaje cinematográfico, busca que salgas de la sala (o del salón de tu casa) con una sonrisa y ganas de llamar a tu abuela si tienes la suerte de tenerla.

Escena de la película Nonnas con los protagonistas

El elenco principal en una de las escenas clave del restaurante.

Desde mi perspectiva profesional, y contagiado por la pasión de mi pareja hacia el cuidado de los mayores, la película acierta en algo fundamental: la puesta en valor de la experiencia. Estas «nonnas» no son simplemente señoras mayores puestas ahí para hacer un chiste fácil sobre la edad; son depositarias de un saber hacer, de una tradición y, sobre todo, de una capacidad de dar amor a través de la comida que ninguna escuela culinaria moderna puede enseñar. La película nos recuerda que la vejez no es un aparcamiento, sino una etapa vital llena de potencial, especialmente cuando se les da un propósito y un espacio donde sentirse útiles y valoradas. Ver cómo el personaje de Vince Vaughn interactúa con ellas, pasando del escepticismo inicial a una admiración profunda, es el verdadero viaje del héroe aquí.

Hablemos del reparto, porque hay tela que cortar. Tenemos a pesos pesados como Susan Sarandon y Lorraine Bracco. Verlas en pantalla siempre es un lujo, y aquí se nota que se lo han pasado bien, que han disfrutado encarnando a estas matriarcas con carácter. Pero tengo que hacer una mención especial a una sorpresa mayúscula. Como curiosidad, jamás imaginé al «Lobo» de *True Blood* o al Deathstroke de DC, el mismísimo Joe Manganiello, encajando tan bien en una película de abuelas italianas. Su presencia aporta un contraste cómico y tierno que funciona inesperadamente bien. Es ese tipo de casting que sobre el papel parece una locura pero que luego, en la dinámica de la película, te saca más de una sonrisa cómplice.

Vince Vaughn rodeado de las Nonnas en la cocina

La dinámica entre Vince Vaughn y el verdadero motor de la cocina.

No todo es perfecto, claro. Ya os he dicho que mi nota es un 6 sobre 10. ¿Por qué? Porque la película tiene un humor que a veces se siente un poco rebuscado, un poco forzado para buscar la carcajada en situaciones que quizás pedían más naturalidad. Juega mucho con los estereotipos italoamericanos, a veces bordeando la caricatura, aunque siempre desde un lugar de cariño y respeto, nunca de burla hiriente. Es una «feel-good movie» de manual, y eso conlleva que la trama sea predecible desde el minuto diez. Sabes que habrá conflictos, sabes que el restaurante peligrará, y sabes que el poder de la lasaña y el amor de las nonnas lo arreglará todo. ¿Pero sabéis qué? A veces eso es exactamente lo que necesitamos ver.

La película funciona también como un homenaje a esa cultura italiana de la sobremesa, del bullicio, de expresar los afectos con un plato de pasta rebosante. Para mi pareja, que está inmersa en el aprendizaje del idioma y la cultura, ha sido un disfrute visual y casi olfativo. La comida en «Nonnas» es un personaje más, casi puedes oler la salsa de tomate hirviendo a fuego lento y el queso parmesano recién rallado. La dirección se asegura de que los platos luzcan tan apetitosos que es casi obligatorio ver esta película con el estómago lleno, o sufrirás las consecuencias.

Primer plano de una de las Nonnas cocinando con alegría

La alegría de cocinar: el ingrediente secreto de la película.

En resumen, «Nonnas» no ganará el Oscar a la mejor película del año, y probablemente los críticos más sesudos le sacarán mil pegas a su guion a veces simplista. Pero como espectador «amateur» que busca conectar, que valora las historias que ponen el foco en nuestros mayores y que disfruta de la cultura italiana, para mí ha sido un rato tremendamente agradable. Consigue lo que buscaba: tocarnos la fibra sensible, hacernos reír un poco y recordarnos que, a veces, el mejor remedio para los males del mundo es un abrazo de abuela y un buen plato de comida casera. Y por eso, se lleva mis tres estrellas y mi recomendación para una tarde de domingo tranquila.

🍝 ¿Y tú qué opinas? 🍝

Más allá de la película, me interesa vuestra experiencia personal: ¿Tenéis alguna receta de vuestra abuela (sea «nonna» o no) que os transporte directamente a la infancia y os cure el alma? ¡Os leo en los comentarios!

Road Trip y superación: Análisis de The Fundamentals of Caring

Poster Los Principios del Cuidado

Ficha Técnica

  • Título Original: The Fundamentals of Caring
  • Año: 2016
  • Dirección: Rob Burnett
  • Reparto: Paul Rudd, Craig Roberts, Selena Gomez, Jennifer Ehle
  • Género: Comedia dramática / Road Movie
  • Plataforma: Netflix (Original)

Valoración CP Cine

★★★★☆

4 de 5 estrellas | 8/10

«Ben es un escritor retirado que decide dedicarse a cuidar enfermos tras sufrir una tragedia personal. Después de 6 semanas de formación, conoce a su primer cliente, Trevor, un deslenguado chico de 18 años con distrofia muscular. Al poco tiempo, se embarcan en un viaje improvisado a todos los sitios que más le han llamado la atención a Trevor en las noticias de la televisión, entre los que destaca el ‘hoyo’ más profundo del mundo.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=t1pPzzbXuj4?si=3DyfbsdNqGzGmcjO]

Más allá de la silla: Un viaje hacia la normalidad

A ver, tengo que confesaros algo antes de empezar: tengo una debilidad tremenda por las road movies. Hay algo en eso de meter a dos personajes en un coche, poner música de fondo y ver cómo el paisaje cambia a la vez que cambian ellos, que simplemente me compra. Pero con «Los principios del cuidado», iba con un poco de miedo. Ya sabéis a lo que me refiero, ese miedo a que te metan el drama forzado con calzador, a que la discapacidad se trate desde una pena condescendiente o a que todo sea un «pastelada» de superación personal barata. Y, sin embargo, qué bofetada de realidad y frescura me he llevado. No soy ningún crítico de la Academia, soy un tío que ve cine en el sofá de su casa, pero reconozco cuando una película tiene alma, y esta la tiene a raudales.

La premisa nos pone delante a Ben (el siempre genial Paul Rudd), un hombre roto por una tragedia pasada que huye de su vida anterior —y de un divorcio que no quiere firmar— metiéndose a cuidador. Su primer trabajo: Trevor (Craig Roberts). Trevor no es el típico chico enfermo que vemos en el cine esperando que le tengan lástima. Qué va. Es un cabroncete (con perdón) sarcástico, obsesionado con las atracciones de carretera más cutres de América y con una rutina tan estricta que asfixiaría a cualquiera. Lo brillante aquí es cómo la película nos muestra que el entorno puede ser tanto o más discapacitante que la propia condición física. Trevor está encerrado no solo en su cuerpo, sino en su casa, en sus miedos y en la sobreprotección de una madre que lo ama, pero que, sin querer, le corta las alas.

Paul Rudd y Craig Roberts en escena

La química entre Rudd y Roberts es el motor de combustión de esta historia.

Lo que más me ha gustado, y donde creo que la película gana por goleada, es en el tratamiento de la «normalidad». Muchas veces, cuando vemos cine sobre discapacidad, se centran en los grandes retos médicos. Aquí no. Aquí el reto es que un chaval de 18 años quiere ver tetas, quiere decir tacos, quiere comer comida basura y quiere mear de pie (aunque sea metafóricamente… o no tanto). Esa búsqueda de la adolescencia perdida, de las experiencias «normales» que se le han negado por sistema, es lo que mueve la trama. Ben, lejos de ser el cuidador perfecto de manual, se convierte en el cómplice necesario. No lo trata con algodón; le devuelve las bromas, le reta y, sobre todo, no le tiene miedo. Esa relación de igual a igual, donde la silla de ruedas pasa a un segundo plano para dejar paso a dos tíos metiéndose el uno con el otro, es oro puro.

El viaje en sí es una metáfora preciosa, aunque suene a tópico. Salir de la zona de confort. Literalmente, salir de casa. La película pone sobre la mesa el concepto de «entorno capacitante». Trevor es capaz de mucho más de lo que cree, pero necesita que el mundo (y Ben) le den la oportunidad de fallar, de asustarse y de superarlo. Visitar el «hoyo más profundo del mundo» no es solo ver un agujero en la tierra; es mirar al abismo de su propia existencia y reírse de él. Y hablando de reírse, el humor negro de la cinta es exquisito. Hay chistes sobre la parálisis que te hacen sentir un poco culpable al reírte, pero que son necesarios para desdramatizar y humanizar a Trevor. No es un santo, es un adolescente con mala leche, y eso es genial.

Selena Gomez uniéndose al viaje

Dot, interpretada por Selena Gomez, añade la pieza que faltaba al puzle.

Y entonces aparece Selena Gomez. Tengo que admitir que no sabía qué esperar de ella en un papel así, más «indie», pero está fantástica como Dot. Su personaje funciona como un catalizador. Ella no ve la silla de ruedas, ve al chico. Su actitud directa, sin filtros y un poco rebelde es justo lo que Trevor necesita para terminar de romper el cascarón. La dinámica que se crea entre los tres en la furgoneta es entrañable. Ella aporta esa tensión sexual no resuelta, esa validación romántica que Trevor anhela desesperadamente para sentirse un hombre completo. No se trata de un romance de cuento de hadas, sino de esa conexión humana básica: gustar a alguien, que alguien te mire a los ojos y no a tus piernas. Esos momentos en la cafetería o en el coche son de una ternura que desarma.

La película también aborda el dolor de los cuidadores. Paul Rudd, bajo esa capa de tipo majo y bromista, esconde un dolor insoportable por la pérdida de su propio hijo. Cuidar a Trevor es su forma de expiación, su manera de intentar arreglar algo que se rompió hace años. Hay una escena particular hacia el final, relacionada con el padre de Trevor, que te encoge el estómago. Ahí es donde la película deja de ser una comedia ligera y te recuerda que la vida es dura, que la gente te decepciona y que, a veces, los padres biológicos no son los que ejercen de padres. Pero incluso en ese dolor, la película elige la resiliencia. Elige el «seguir adelante».

No puedo dejar de mencionar la fotografía y la banda sonora. Sin ser nada revolucionario, acompañan perfectamente ese sentimiento de libertad de la carretera americana. Esos planos abiertos, los moteles de carretera, los diners grasientos… todo construye una atmósfera de autenticidad. Nos hace sentir que estamos en el asiento de atrás de esa furgoneta adaptada. Como espectador «amateur», valoro mucho cuando una película no me expulsa, cuando me invita a ser parte del viaje, y aquí me sentí uno más de la pandilla.

Escena emotiva del viaje

Momentos de conexión real que traspasan la pantalla.

En conclusión, «Los principios del cuidado» es una joya que quizás pasó desapercibida en el inmenso catálogo de Netflix, pero que merece ser rescatada. Es una oda a la amistad improbable, un grito a favor de la autonomía de las personas con discapacidad y un recordatorio de que, a veces, para curarnos nosotros mismos, tenemos que cuidar de los demás. No busca la lágrima fácil, aunque se te escapará alguna, ni busca la carcajada absurda, aunque te reirás. Busca ese punto medio, ese equilibrio agridulce que es, al fin y al cabo, la vida misma.

Si estáis buscando algo que ver este fin de semana, que os deje el corazón calentito pero que no os trate como tontos, dadle una oportunidad. Paul Rudd está inmenso, Craig Roberts es un descubrimiento y la historia se queda contigo un buen rato después de los créditos. Es cine sencillo, honesto y tremendamente humano. Y a veces, eso es todo lo que necesitamos.

¿Y tú, qué opinas?

¿Crees que el cine actual trata la discapacidad con la naturalidad necesaria o seguimos cayendo en el drama excesivo? ¿Qué te pareció el papel de Selena Gomez? ¡Te leo en los comentarios!

Back in Action: Jamie Foxx y Cameron Diaz en una película innecesaria

Póster oficial De Vuelta a la Acción

Ficha Técnica

  • Título original: Back in Action
  • Año: 2025/2026
  • Plataforma: Netflix
  • Dirección: Seth Gordon
  • Reparto: Jamie Foxx, Cameron Diaz, Glenn Close, Kyle Chandler, Andrew Scott.
  • Género: Acción, Comedia, Espionaje.

Valoración CP Cine

★★★★

1 de 5 estrellas (Siendo generoso)

Sinopsis

«Emily y Matt renunciaron hace años a ser espías de la CIA para formar una familia. Pero, cuando se descubre su tapadera, se ven arrastrados de nuevo al mundo del espionaje.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=vUpjnyUImFM?si=asQccelkjJVlplYT]

La Crítica: ¿Era necesario este regreso?

A ver, seamos sinceros desde el principio. Cuando me enteré de que Cameron Diaz salía de su retiro para volver al cine junto a Jamie Foxx, sentí esa pequeña chispa de nostalgia. ¿Quién no recuerda a la Cameron de los 90 y los 2000? Pero esa chispa se apagó más rápido que mi interés a los diez minutos de empezar «De vuelta a la acción». Lo que Netflix nos ha vendido como el gran evento de acción del año no es más que un refrito de clichés tan gastados que dan hasta un poco de vergüenza ajena.

El argumento es algo que hemos visto, literalmente, decenas de veces. Y no exagero. Tenemos la típica premisa de «mamá y papá guardan un secreto». O bien es ella la espía letal, o es él, o son los dos, como en este caso. Viven su vida feliz, americana, suburbana, con esos problemas del primer mundo que intentan hacernos creer que son universales. No sé si tienen hipotecas o créditos bancarios (porque en estas películas el dinero nunca parece ser un problema real, todo es de cartón piedra), pero de repente, por una «cuestión X» del guion que apenas se sostiene, hay que volver al ruedo.

Escena de acción Jamie Foxx

¿Es que nadie piensa en los niños?.

Y aquí es donde la película se desmorona. De un segundo a otro, pasan de preparar fiambreras escolares a pegar tiros como vaqueros profesionales. Todo es súper técnico, todo es perfecto. No han perdido ni una sola habilidad a pesar de llevar años inactivos. ¿Dónde está el óxido? ¿Dónde están los dolores de espalda? Es una fantasía de poder tan perezosa que insulta un poco a la inteligencia del espectador medio. Yo no soy director de cine, soy un simple consumidor que ve muchas cosas, pero sé reconocer cuando me están dando gato por liebre.

Hablemos del reparto, porque es el gran reclamo y, a la vez, el gran problema. Tenemos a dos actores principales que, siendo brutalmente honesto, podrían pasar más por abuelos jóvenes que por padres de niños pequeños en plena edad escolar. La química que se supone que deben tener se siente forzada, como si estuvieran leyendo las líneas de diálogo pensando en el cheque que van a cobrar al terminar el día. Jamie Foxx, que suele tener carisma para regalar, aquí está en piloto automático. Pero lo de Cameron Diaz me ha dolido especialmente.

Era una de mis actrices favoritas de comedia, pero aquí… no sé ni cómo decirlo sin sonar cruel, pero hay que decirlo. A mi gusto, tiene la cara desfigurada por las operaciones. Se hace difícil concentrarse en su actuación cuando la expresión facial es tan rígida. Y no es la única; Glenn Close aparece en la cinta y sufre del mismo mal. Es una pena ver a actrices de este calibre atrapadas en una estética tan artificial que distrae de la trama. Desmerecen de principio a fin lo que podría haber sido un regreso triunfal. En lugar de ver a los personajes, ves el bisturí y el bótox, y eso te saca totalmente de la película.

Cameron Diaz en escena

El regreso que prometía mucho y se quedó en nada.

La palabra que mejor resume las casi dos horas de metraje es: aburrimiento. La misión que tienen que llevar a cabo da una pereza inmensa. No hay tensión, no hay riesgo real. Sabes exactamente qué va a pasar en la siguiente escena, quién va a traicionar a quién y cómo van a escapar de la situación imposible con una explosión generada por ordenador que se nota a leguas. Es el epítome del cine de algoritmo de Netflix: coger actores famosos, un género popular, mezclarlo todo y esperar que la gente lo ponga de fondo mientras plancha la ropa.

Es triste porque el género de espías jubilados puede dar mucho juego si se hace con cariño (ahí tenemos la primera RED, por ejemplo). Pero aquí no hay cariño. Hay una producción industrial, fría y calculada. Los chistes no aterrizan, las secuencias de acción son genéricas y la trama familiar es tan empalagosa como inverosímil. Intentan mezclar Mr. & Mrs. Smith con Spy Kids, pero sin la sensualidad de la primera ni la inocencia divertida de la segunda. Se queda en tierra de nadie.

Pareja de acción

Acción genérica para un domingo de siesta.

Le doy un aprobado raspado a la fotografía en algunos momentos puntuales, pero siendo misericordioso. La realidad es que es una película de 2 sobre 10. Le pongo una estrella sobre cinco porque no puedo ponerle media. Es totalmente innecesaria. No aporta nada a la carrera de sus protagonistas y, lo que es peor, no aporta nada al espectador más que tiempo perdido. Si queréis ver a Jamie Foxx en acción, poneos Django o Collateral. Si echáis de menos a Cameron Diaz, Algo pasa con Mary siempre estará ahí. Pero huid de esto.

En resumen: es una oportunidad perdida. Podría haber sido una sátira mordaz sobre envejecer en el mundo del espionaje, o una comedia de acción vibrante. En su lugar, es un producto plano, con caras inexpresivas y un guion escrito en una servilleta. Hacedme caso, vuestro tiempo vale más que esto.

«¿Soy yo el único que piensa que Hollywood debería dejar de desenterrar a viejas glorias si no tiene un guion decente?»

Contádmelo en los comentarios, que hoy estoy «hater». 👇

La historia real detrás de The Order: El FBI contra el supremacismo

Poster The Order La Hermandad

Ficha Técnica

  • Título Original: The Order
  • Año: 2024
  • Director: Justin Kurzel
  • Reparto: Jude Law, Nicholas Hoult, Tye Sheridan, Jurnee Smollett
  • Género: Thriller, Drama Criminal, Basado en hechos reales
Mi Valoración de Experto Amateur:
★★½☆☆

(6.5 sobre 10 – Intensa pero para paladares específicos)

De qué va la vaina

«Basada en una historia real de los años 80, la película sigue a un agente del FBI solitario y bebedor (Jude Law) destinado en el noroeste del Pacífico. Allí empieza a notar un patrón en una serie de robos bancarios y falsificaciones que la policía local ignora. Tirando del hilo, descubre a ‘The Order’, un grupo de supremacistas blancos liderados por el carismático y peligroso Bob Mathews (Nicholas Hoult), que planean financiar una guerra racial para derrocar al gobierno de los Estados Unidos.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=10_a7R35p-4?si=QkcKlKb7Ts4yLfFt]

Crítica: Bigotes sexys, nazis de pueblo y una tensión que corta

Vamos a ser claros desde el principio, porque aquí no hemos venido a engañar a nadie. Lo primero que te entra por los ojos en The Order no es la trama política, ni los paisajes nublados, es el bigotillo de Jude Law. Y es que el señor Law es como el buen vino, o mejor dicho, como ese whisky añejo que su personaje se bebe en la película para olvidar las penas. Ha pasado de ser el «Jovencito guaperas» de Hollywood, el Alfie que rompía corazones, a convertirse en un madurito interesante, con una presencia física que llena la pantalla. Ese bigote, amigos, tiene entidad propia; le da un aire de policía de los 80, cansado, curtido, pero extrañamente sexy. Es el tipo de look que hace las delicias de mozas y mozos por igual, confirmando que la edad le sienta de maravilla.

Pero dejando de lado la estética capilar de nuestro protagonista, estamos ante una película intensa. Y cuando digo intensa, me refiero a esa sensación de que algo va a explotar en cualquier momento, aunque en pantalla solo veas a dos tipos hablando en una cabaña de madera. Justin Kurzel, el director, tiene una mano especial para la violencia seca, esa que no necesita fuegos artificiales para doler. La película aborda un tema que, desgraciadamente, está más de actualidad que nunca: el auge de la extrema derecha. Pero no lo hace desde la caricatura del villano de cómic, y eso es lo que da miedo de verdad.

Jude Law en The Order escena intensa

La mirada de quien ha visto demasiadas cosas. Y el bigote, claro.

Lo que me ha flipado de la historia es cómo retrata esas congregaciones. Estamos hablando de agrupaciones de gente que se siente desplazada, marginada, y que encuentra en el odio un lugar común. Es fascinante y aterrador ver cómo, por el simple hecho de querer sentirse parte de un grupo homogéneo, son capaces de justificar lo injustificable. La película nos muestra que el mal no siempre llega con fanfarrias y desfiles militares; a veces llega en forma de reuniones familiares en el campo, barbacoas y discursos sobre «proteger lo nuestro». Es esa manera silenciosa y perniciosa de operar la que te pone los pelos de punta. Actúan contra sus iguales, contra sus vecinos, todo por conseguir una pizca de poder que creen merecer por derecho divino.

La dinámica entre el personaje de Jude Law y el líder de La Hermandad, interpretado por un Nicholas Hoult que me ha sorprendido (y mucho), es el motor de la cinta. Hoult se aleja de sus papeles de chico bueno o excéntrico para encarnar a un líder sectario frío, calculador y carismático. Es ese tipo de maldad tranquila que convence a los jóvenes perdidos de que la violencia es la única respuesta. Y frente a él, un Jude Law magistral. Sinceramente, creo que Law se carga la película a la espalda. Su actuación es contenida, llena de silencios, transmitiendo el peso de un hombre que sabe que está persiguiendo a fantasmas que la sociedad no quiere ver.

Nicholas Hoult como lider de la hermandad

El carisma del mal: Nicholas Hoult bordando el papel de líder manipulador.

Técnicamente, la película es una joya visual. La fotografía es de libro. Aprovecha esos paisajes grises y húmedos del noroeste americano para crear una atmósfera opresiva. Casi puedes oler la lluvia y la madera mojada. No es una película de acción frenética tipo Misión Imposible, y quien busque eso se va a aburrir como una ostra. Esto es un thriller procedimental, de cocción lenta, donde los disparos, cuando llegan, suenan atronadores y definitivos. Hay una crudeza en la puesta en escena que me recuerda al cine de los 70, seco y directo al mentón.

Es curioso cómo esta película ha pasado un poco de largo entre el gran público. Quizás porque el tema es incómodo, o quizás porque el marketing no supo venderla bien, pero es una lástima. No es perfecta, ojo. A veces se siente un poco repetitiva en su tramo central y hay personajes secundarios que entran y salen sin que te importe demasiado su destino. Por eso mi nota no es un sobresaliente. Le falta un poco de «pegada» emocional en algunos momentos para ser una obra maestra. Pero como producto de género, como thriller sobre el fanatismo, funciona como un reloj.

También quiero destacar cómo la película refleja el peligro del silencio. Esos grupos crecen porque nadie quiere mirar, porque las autoridades locales miran para otro lado para no agitar el avispero. Y cuando la cosa estalla, tiene un carácter y una dimensión que nadie esperaba. Es una lección de historia que resuena hoy en día: el odio que se cultiva en silencio acaba haciendo mucho ruido. Ver a Jude Law intentando convencer a sus superiores de que «esto va en serio» es frustrante y realista a partes iguales.

Escena de accion y tension The Order

Cuando el silencio explota, nadie está a salvo.

En resumen, The Order es una película sólida. No va a cambiar la historia del cine, pero ofrece dos horas de cine adulto, serio y bien interpretado. Si te gustan las historias de policías obsesionados, el «true crime» político y ver a actores guapos poniéndose feos (bueno, Jude Law nunca está feo, digamos «desaliñados») por exigencias del guion, esta es tu peli. No desmerece ni un ápice el verla, aunque sea solo por disfrutar de esa fotografía y de ese duelo interpretativo.

Para mí, se queda en un 6,5 sobre 10. Esas dos estrellas y media son muy dignas. Es la típica película que descubres un domingo por la tarde sin esperar nada y terminas recomendándola a los colegas en el bar (o en el grupo de WhatsApp). Dadle una oportunidad, aunque sea por ver cómo le queda la chupa de cuero y el bigote al amigo Jude.

🍿 ¿Y vosotros qué pensáis?

¿Creéis que Jude Law está viviendo su segunda juventud actoral o simplemente se ha dejado bigote? ¿Os dan tanto miedo como a mí estos grupos silenciosos? ¡Os leo en los comentarios!

El regreso de la muerte: Análisis de Destino Final 6 Lazos de Sangre.

Poster Destino Final Lazos de Sangre

Ficha Técnica

  • Título Original: Final Destination: Bloodlines
  • Año: 2025
  • Género: Terror / Slasher Sobrenatural
  • Dirección: Zach Lipovsky, Adam B. Stein
  • Guion: Lori Evans Taylor, Guy Busick
  • Valoración Personal: ⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⚪⚪ (8/10)

Sinopsis

«La muerte tiene una cuenta pendiente y esta vez es personal. Stefani, atormentada por las visiones de su propia muerte, descubre que su pesadilla está ligada a un linaje maldito que se remonta a la catástrofe del vuelo 180. En un intento desesperado por romper la cadena, deberá enfrentarse a un diseño macabro que ha estado esperando décadas para cerrarse. La lista ya está escrita, y la sangre llama a la sangre.»

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El Regreso de la Parca: Un cierre digno para una generación

Voy a seros totalmente sincero: el 2025 ha sido un año extraño. Hemos visto secuelas innecesarias, reboots sin alma y películas de «terror elevado» que a veces se olvidan de que, en el fondo, hemos venido a pasar miedo. Pero entonces, casi sin avisar, llega Destino Final: Lazos de Sangre y me devuelve de un tortazo a mi adolescencia. No soy ningún crítico de la academia, ni pretendo saber de iluminación o montaje, pero sé lo que me hace agarrarme al brazo del sofá. Y esta película lo ha conseguido como hacía años que no lo sentía. Es esa sensación de volver a casa, aunque esa casa esté llena de trampas mortales y presagios oscuros.

La vuelta a las pantallas a modo de cierre explicativo de la saga ha sido, sin duda, una de las delicias de mi año en relación al cine de terror. Es una película ágil, certera y que juega con la nostalgia de una forma muy inteligente. No se limita a copiar lo que ya vimos en el año 2000 con el Vuelo 180, sino que coge toda esa mitología y le da un sentido, un «por qué» que quizás no pedimos, pero que agradecemos profundamente. Tiene todos los remembers y guiños posibles para emanar ese algo especial que se tiene en las primeras veces de sagas tan importantes como esta y que, normalmente, se va diluyendo entrega tras entrega hasta convertirse en una parodia de sí misma. Aquí no. Aquí la Muerte vuelve a dar miedo.

Escena de tensión Destino Final

La tensión se palpa en cada encuadre, recuperando la atmósfera opresiva de la primera entrega.

Hablemos de lo que todos venimos a buscar en una película de Destino Final: las muertes. Seamos honestos, en este nicho somos un poco morbosos. Nos gusta ver cómo una serie de coincidencias imposibles —un tornillo suelto, una gota de agua, un cable pelado— desencadenan el caos absoluto. En Lazos de Sangre, la creatividad está por las nubes. Ya no es solo el gore por el gore (que lo hay, y mucho), es la tensión de la espera. Los directores juegan con nosotros. Nos hacen mirar a la derecha esperando el golpe, para que la muerte llegue por la izquierda. Esa «agilidad» que mencionaba antes se nota en el ritmo; no hay tiempos muertos aburridos donde los personajes divagan sobre la vida. Aquí, si se paran a hablar, es porque están cagados de miedo, y eso se transmite.

Lo que más me ha sorprendido gratamente es cómo han tratado el tema del «linaje». Sin entrar en spoilers graves, la idea de que la muerte no solo te persigue a ti, sino que busca cerrar un círculo generacional, le añade un peso dramático que las anteriores (salvo quizás la primera y la quinta) no tenían. Ya no son solo adolescentes tontos muriendo uno tras otro; hay una historia de fondo que conecta con el inicio de todo. Para un fan como yo, que ha crecido viendo cómo esquivaban camiones de troncos en la autopista, ver cómo atan cabos sueltos desde hace 25 años es simplemente satisfactorio. Es un regalo para los que hemos seguido la franquicia incluso en sus momentos más bajos.

Visualmente, la película cumple con creces. No abusa del CGI barato que tanto daño hizo al cine de terror de la década pasada. Los efectos prácticos vuelven a tener protagonismo, y eso se agradece. Cuando ves sangre, parece sangre. Cuando ves huesos romperse, te duele. Ese realismo sucio es lo que necesitaba la saga para volver a ser relevante en una época dominada por el terror digital.

Personajes investigando el misterio

Investigando las pistas del pasado: cuando el destino está escrito, ¿se puede borrar?

Y hablando de los protagonistas, ¡qué alivio! Por fin personajes que no tomen decisiones estúpidas cada cinco minutos. Bueno, alguna toman, porque si no la película duraría diez minutos, pero en general se sienten humanos. Tienen miedo, lloran, se desesperan, pero intentan luchar. La química entre el elenco joven funciona, y la inclusión de figuras veteranas (que no desvelaré para no arruinar la sorpresa) le da ese toque de legitimidad que la convierte en una secuela con peso propio. Se nota que los guionistas han respetado el material original. No intentan reinventar la rueda, solo hacerla girar más rápido y mejor.

La disfruté muchísimo, de verdad. Le pondría un sólido 8 de 10. Es un cine fácil, directo y que engancha, exactamente lo que necesitamos en estos tiempos tan raros que vivimos. A veces, uno no quiere ver una película metafórica de tres horas sobre la condición humana en blanco y negro; a veces, uno solo quiere ver cómo el destino hace de las suyas en una sala de cine, en un gimnasio o en una cocina mal diseñada. Es catártico. Es entretenimiento puro y duro, sin pretensiones, pero hecho con un cariño y una calidad técnica envidiables.

El tramo final de la cinta es una montaña rusa. Justo cuando crees que han encontrado la solución, la película te recuerda la regla de oro: a la Muerte no se la puede engañar. O al menos, no tan fácilmente. El clímax es intenso, ruidoso y visualmente espectacular. Cierra tramas, pero te deja con esa inquietud en el cuerpo al salir del cine, esa manía de mirar dos veces antes de cruzar la calle o de desconfiar de ese ascensor que hace un ruido extraño. Y eso, amigos, es la magia del cine. Si una película consigue cambiar tu comportamiento durante las dos horas siguientes a verla, ha triunfado.

El desenlace fatal

El diseño de producción brilla en los momentos clave, creando trampas mortales inolvidables.

En conclusión, Destino Final: Lazos de Sangre no ganará Oscars, ni falta que le hace. Ha ganado algo más difícil: el respeto de los fans y la validación de que el slasher sobrenatural sigue vivo y coleando. Es una carta de amor a los sustos de principios de milenio, actualizada para la generación de TikTok pero manteniendo el espíritu analógico de la desgracia inminente. Si eres como yo, un «experto amateur» que devora cine buscando sensaciones fuertes, no te la puedes perder. Es el cierre que merecíamos.

💀 PREGUNTA PARA VOSOTROS 💀

«Si pudieras elegir una muerte de toda la saga para NO sufrir jamás… ¿cuál sería? Yo sigo teniendo pesadillas con el camión de troncos…»


¡Déjamelo en los comentarios!

‘Jurassic World Renacer’ (2025): ¿Un refrito o un reinicio real?

‘Jurassic World: Renacer’ (2025): El Chicle Se Estiró Demasiado

Poster oficial Jurassic World Renacer

Ficha Técnica de «Renacer»

  • Título: Jurassic World: Renacer (Rebirth)
  • Dirección: Gareth Edwards
  • Guion: David Koepp
  • Reparto: Scarlett Johansson, Jonathan Bailey, Manuel Garcia-Rulfo, Rupert Friend, Mahershala Ali
  • Año: 2025
  • Productor: Steven Spielberg (Exec.)

Mi Valoración de «Experto Amateur»

★★☆☆☆

(2 de 5 estrellas) – Más de lo mismo, pero con otro nombre.

Sinopsis (La Promesa)

«En un mundo que lucha por encontrar el equilibrio años después de la caída de Isla Nublar, los dinosaurios ya no están contenidos. Son una realidad global. ‘Renacer’ nos lleva a un nuevo rincón del planeta donde un equipo de científicos y aventureros se topa con una nueva amenaza biotecnológica que podría redefinir el futuro de ambas especies.»

Tráiler Oficial

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Crítica: ¿Renacer o Refrito?

Como fan del cine, de las sagas y de los años noventa, he de decir que tanta matraca con la vuelta a los origines de Jurassic Park casi me había convencido de que iba volver a ese 1993, mi primer recuerdo cinematográfico, donde vería dinosaurios y me obsesionaría durante años con ellos. Pero lejos de la verdad, la película, aunque buscando ese rollo ‘remember’ casi ochentero, que no llega a noventero, se queda en el cuarto o quinto intento de reflotar algo que, si bien es rentable, está lejos de generar la nostalgia y la emoción de la primera película. Quizás, como en la música, tanto remezclar y renacer cosas, hacen que el chicle se estire de más.

Llegamos a 2025 y nos venden «Renacer». Un título potente. «Rebirth». Suena a borrón y cuenta nueva. Y lo necesitaba, vaya que si lo necesitaba. Después de la trilogía de ‘World’, que empezó bien y acabó… bueno, acabó con langostas gigantes, la franquicia pedía a gritos un reseteo. Y traen a Gareth Edwards, un director que sabe de monstruos (como demostró en ‘Godzilla’ 2014 y ‘Monsters’), y a David Koepp, el guionista de la peli original. ¡El guionista de ‘Parque Jurásico’ 1! ¿Qué podía salir mal? Pues parece que todo. Tenían la oportunidad de oro de volver al terror, a la tensión, al «Spielberg» más puro. Y nos han dado, otra vez, una película de acción genérica con dinosaurios.

El marketing te vendía un «nuevo comienzo». Nuevos personajes, nueva amenaza. Y sí, Scarlett Johansson le pone ganas, se nota que es una estrella y sabe llevar el peso de la peli. Pero su personaje es un refrito de otros. Es un poco Alan Grant (la experta reticente), un poco Owen Grady (la que conecta con los bichos) y un poco Sarah Harding (la que se mete donde no la llaman). No hay un personaje que digas «este es icónico». Son todos plantillas. El resto del reparto está ahí para correr, gritar y soltar datos de exposición (que si la nueva compañía, que si el nuevo ADN, que si «oh dios mío, este es más grande»). No hay alma. No hay un Ian Malcolm soltando filosofía del caos, no hay un John Hammond con su sueño roto.

Lo que más me duele es la promesa rota de «volver a los orígenes». La peli empieza bien, con una escena tensa, casi de terror, en la selva. Piensas: «Vale, esta vez sí». Pero a los 20 minutos, la trama mete un acelerón y volvemos a lo de siempre: una corporación malvada (¿cuántas van ya?) que, ¡sorpresa!, está haciendo cosas malas con ADN de dinosaurio. ¿De verdad? ¿Esa es la idea de «Renacer»? Es la misma trama de ‘El Mundo Perdido’, ‘Jurassic Park 3’ y ‘El Reino Caído’. Cambian el nombre de la empresa (ahora no es InGen, ni Biosyn, es… otra) pero el plan es el mismo. Y claro, todo sale mal y hay que correr.

Escena de los protagonistas en Renacer

Hablemos de los dinosaurios. Visualmente, la película es un espectáculo. No le puedes quitar eso. El CGI es impecable, y se agradece que Edwards intente jugar con la escala, haciendo que los bichos parezcan enormes e imponentes. Hay algunas escenas acuáticas que están muy bien rodadas, con mucha tensión. Pero, ¿hay algún momento que se te quede grabado a fuego? ¿Hay algo que se acerque a la escena del T-Rex y los coches? ¿O a los raptores en la cocina? No. Aquí todo es más grande, más ruidoso y más rápido. Tenemos el «dino-malo» de turno, que es más grande y más listo que el anterior (otra vez…), y que acaba peleando con el T-Rex de siempre (otra vez…). Es el mismo final de ‘Jurassic World’ 1 y ‘Dominion’. Es la fórmula agotada.

Lo que me saca de quicio es que esta peli es cobarde. No se atreve a ser lo que ‘Jurassic Park’ fue: una película de terror y ciencia ficción con dilemas morales. ‘Renacer’ es una peli de acción de los 2000. Es ‘Fast & Furious’ con dinosaurios. Los personajes sobreviven a cosas imposibles, hay explosiones por todas partes, y la tensión se diluye entre tanto ruido. Yo no quiero ver a Scarlett Johansson esquivando misiles en una moto mientras un raptor la persigue. Yo quiero verla escondida en un armario, sin respirar, mientras la garra del raptor busca el picaporte. ¿Es mucho pedir?

Además, la película está llena de guiños y «fan service» que ya cansan. Vuelve la música de John Williams, por supuesto, pero la meten en momentos donde no pega, solo para que el fan de los 90 (como yo) sienta algo. Vuelven a mencionar a Hammond, vuelve a salir el logo antiguo… Son parches de nostalgia puestos sobre un guion que no tiene nada nuevo que contar. Es como si la saga estuviera atrapada en un bucle, condenada a repetir la misma historia una y otra vez, solo cambiando a los actores y subiendo el número de dientes del dinosaurio antagonista.

El T-Rex vuelve en Jurassic World Renacer

Entiendo que soy un «experto amateur», que quizás le pido demasiado. A fin de cuentas, ¿quién va a ver estas pelis? La gente que quiere ver dinosaurios comiendo gente. Y eso, la película te lo da. Hay buenas escenas de caza, hay variedad de especies (algunas nuevas bastante chulas, todo hay que decirlo). Si vas al cine a desconectar el cerebro, comer palomitas y ver un espectáculo de CGI de 200 millones de dólares, la peli cumple. Es entretenida. Te lo pasas bien en el momento. Pero es entretenimiento vacío, de usar y tirar. Sales del cine y a los diez minutos ya te has olvidado de la mitad de la trama.

El problema es el título: «Renacer». No puedes llamar a tu película «Renacimiento» y darme la misma fórmula de siempre. Es publicidad engañosa. Esta película no renace nada. Es la sexta secuela. Es el sexto parque que sale mal. Es el sexto plan corporativo que se va al traste. Es la misma lección sobre «no jugar a ser Dios» que ya nos sabíamos con la primera. No hay evolución, no hay riesgo. Solo hay un producto perfectamente empaquetado para ser rentable, pero sin una pizca de la magia, el asombro o el terror que hizo grande a la original.

El nuevo dinosaurio amenaza en Renacer

En conclusión, ‘Jurassic World: Renacer’ es una decepción. Una gran decepción. Es la confirmación de que esta saga ya no tiene nada más que contar. Es, como dije al principio, un chicle que se ha estirado tanto que ya no solo no tiene sabor, sino que se ha roto. Fui al cine esperando volver a sentirme como ese niño de 1993 y salí sintiéndome como un adulto al que le han intentado vender la misma moto por sexta vez. Y esta vez, ya no pico. Es hora de dejar descansar a los dinosaurios.

Y vosotros, ¿qué opináis? ¿Creéis que esta saga necesita un «Renacer» de verdad o deberían haberla dejado extinguirse en paz?

El «Morgan Freeman de la Gen X»: Idris Elba en «Una casa llena de dinamita»

Reseña: «Una casa llena de dinamita»

Poster de la película

Ficha Técnica

  • Título: Una casa llena de dinamita
  • Dirección: Kathryn Bigelow
  • Guion: Mark Boal
  • Reparto: Idris Elba, Jessica Chastain, Riz Ahmed
  • Año: 2024
  • Género: Thriller, Tensión, Drama Bélico

Mi Valoración

3 de 5 estrellas

Sinopsis

«Un thriller de tensión con un argumento atrayente y la presencia de Idris Elba. La película construye un ‘hype’ constante, centrándose en la tensión psicológica por encima de la acción, llevando al espectador al límite, aunque sin ofrecer una resolución explosiva.»

Tráiler

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Crítica: Tensión sin explosión

He de reconocer que Kathryn Bigelow me da pereza. Mucha, de hecho. Es algo que me viene desde que vi «En tierra hostil» (The Hurt Locker, para los puristas). No me malinterpretéis, la película está técnicamente bien hecha, pero toda la pompa que se le dio, todos los premios, todo ese bombo… se me ha quedado atragantada. No sé si es por ser una película tan «proudly made in America» o por su evidente «USAcentrismo», pero siempre veo sus películas con cierto escepticismo. Siento que, en el fondo, me están vendiendo un anuncio del ejército de dos horas, por muy crudo que lo pinten. Es como esa comida que todo el mundo dice que es increíble, la pruebas, y piensas… «¿en serio? ¿*Esto*?». Pues eso me pasa con ella. Siento que sus películas son más importantes por lo que *representan* (la primera mujer en ganar el Oscar a mejor dirección, ¡bravo por ello!) que por lo que *cuentan*, o al menos, cómo lo cuentan.

Así que, con este historial, ¿por qué demonios me puse a ver «Una casa llena de dinamita»? Pues por dos razones, básicamente. La primera, porque el argumento, en papel, sonaba muy similar a lo suyo pero a la vez atrayente. Un thriller de tensión, de esos psicológicos, que no se centra (supuestamente) tanto en el campo de batalla sino en la antesala, en el nerviosismo. Y la segunda razón, y probablemente la de más peso, es porque aparecía por ahí Idris Elba.

Y es que hay que hablar de Idris Elba. Para mí, es el nuevo «Mr. President» de los USA ficticios, el Morgan Freeman de la Generación X. Es ese actor que, con solo estar en pantalla, ya te da una sensación de calma, de «este tío controla». Tiene una gravedad, una presencia, que hace que te creas cualquier cosa que diga. Es el tipo que puede ser el malo malísimo en una peli de superhéroes, un detective torturado en una serie británica o el único líder sensato que queda en el apocalipsis. Si Morgan Freeman era la voz de Dios para los Millennials, Idris Elba es la cara de la autoridad competente para nosotros. Su nombre en el cartel era una garantía de que, como mínimo, la actuación protagonista iba a merecer la pena.

Escena de la película 1

Y oye, la vi. Aprovechando el insomnio y ese estado de duermevela que te da a las 3 de la mañana, me la intenté ver en dos sesiones. Esto es importante, porque ver una película de «tensión» en este estado es un desafío. Si la película no te agarra, te pierdes. Y «Una casa llena de dinamita» lo consiguió… a ratos. Me atrapó en ciertos momentos, con diálogos tensos, miradas que lo decían todo y esa sensación de que algo muy gordo iba a pasar. Pero en otros momentos, me desconectó. Notaba los mecanismos, veía los hilos del guion intentando mantenerme en vilo de forma un poco artificial.

El hype durante toda la película es muy grande. Eso hay que dárselo. La directora (o quien sea que imite su estilo) sabe cómo construir una atmósfera. La música, los silencios, los primeros planos de Idris Elba sudando… todo te dice que la «casa llena de dinamita» va a estallar en cualquier segundo. Te pasas 100 minutos esperando la detonación, conteniendo la respiración, pensando «ahora, ahora es cuando todo se va al traste». Y esa tensión, tengo que admitirlo, es marca de la casa. Te mantiene pegado al sofá, incluso en duermevela.

Escena de la película 2

Pero aquí viene mi gran problema. El «PERO» en mayúsculas. Precisamente por todo ese hype, el no ver escenas grandilocuentes de guerra o destrucción se me hace poco. Se me queda corto. A ver, no pido un Michael Bay, no quiero explosiones sin sentido. Pero si me titulas una película «Una casa llena de dinamita», espero que, como mínimo, la casa explote. O que al menos tiren un petardo. Esta película es todo lo contrario, es el «coitus interruptus» del cine de tensión.

Es un cine que se gusta mucho a sí mismo en su contención. Un cine que te dice: «mira qué inteligente soy, que no necesito enseñarte la explosión para que sepas que es terrible». Y sí, lo pillo. Entiendo el concepto. Pero como espectador, como consumidor de palomitas, a mí no me gusta que me dejen con todo lo bueno y ya está. Me gusta la resolución. Me gusta el clímax. En este tipo de películas, necesito la catarsis. Necesito que la tensión acumulada durante dos horas se libere de alguna forma, sea para bien o para mal.

Escena de la película 3

Esta película es como una cita increíble en la que te pasas horas hablando, riendo, hay química… y al final de la noche, se despiden con un apretón de manos. Te quedas en la puerta de casa pensando: «¿Y ya está? ¿Después de todo esto?». Pues esa es la sensación. Es un ejercicio de tensión magnífico, pero un ejercicio al fin y al cabo. Le falta el alma, le falta el golpe en la mesa, le falta la explosión que el propio título promete. </s

Aun así, le doy un 3 sobre 5. ¿Por qué un 3 y no un 1? Porque la tensión, aunque no se resuelva, está muy bien lograda. Y porque Idris Elba llena la pantalla. Es una película «casi pero no». Es un quiero y no puedo, o más bien, un «puedo pero no quiero» por parte de la dirección, que prefiere quedarse en lo intelectual antes que mancharse las manos con la acción. No es una mala película, pero es una película frustrante. Y para frustrarme, ya tengo el despertador de los lunes.

¿Qué prefieres en un thriller? ¿Una tensión que te ahoga lentamente o una resolución final explosiva y sin miramientos? ¡Te leo en los comentarios!

Universo Expediente Warren: Análisis de Annabelle, la Precuela que lo Inició Todo

Póster de la película Annabelle

Ficha Técnica

  • Título Original: Annabelle
  • Año: 2014
  • Director: John R. Leonetti
  • Guion: Gary Dauberman
  • Reparto Principal: Annabelle Wallis, Ward Horton, Alfre Woodard
  • Género: Terror, Sobrenatural
  • Productora: New Line Cinema, Atomic Monster Productions

Mi Valoración

★★★★☆

4 de 5 estrellas

Sinopsis (Citada)

«John Form encuentra el regalo perfecto para su esposa embarazada, Mia: una hermosa y extraña muñeca vintage vestida con un inmaculado vestido de novia blanco. Pero la alegría de Mia con su Annabelle dura poco. Una noche, su casa es invadida por miembros de un culto satánico que atacan a la pareja. La sangre derramada y el terror no es todo lo que dejan atrás. Los satanistas han invocado una entidad maligna que ahora reside en Annabelle.»

Trailer de Annabelle (2014)

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=paFgQNPGlsg?si=kRQTPfV1C2AGvMlS]

Mi Crítica de Experto Amateur

Madre mía, qué ganas tenía de volver a meterme de lleno en el universo de los Warren. Annabelle es de esas películas que, aunque ya sepas por dónde van los tiros, te lo pasas genial. Es cine de terror sin complejos, del que busca asustarte con lo que tiene a mano, y en este caso, es un objeto inanimado que de repente no lo es tanto. La muñeca Annabelle, un personaje que ya conocíamos de la primera entrega de Expediente Warren, se gana aquí su propio espacio para contarnos su «historia de origen». Y la verdad, a mí me pareció una jugada muy inteligente para expandir este universo que tanto me gusta.

Lo que más me flipa de esta película es cómo usa los clichés del género. Sí, lo sé, algunos dirán que es predecible, y lo es. Pero precisamente ahí está la gracia. Es como un juego. Ves que la puerta se va a cerrar sola, que la sombra en el pasillo va a moverse, que el sonido de un juguete de niño va a sonar cuando no debería. Y disfrutas de esa anticipación. Sabes que va a pasar, y cuando pasa, te da un buen susto, pero de esos que te hacen reír un poco después. No es un terror psicológico que te destroce la cabeza, es un terror de «¡Boom, aquí estoy!» que, para mí, es igual de válido y, a veces, mucho más entretenido. Me encantó la idea de que los sustos vinieran de una muñeca, algo tan inocente en apariencia.

Escena de la película Annabelle

La ambientación, por otro lado, es un punto muy fuerte. La película se sitúa en los años 70, y eso se nota en cada detalle: la ropa, la decoración de la casa, la paleta de colores. Le da un toque retro que le sienta de maravilla al género de terror. La casa de los protagonistas, una pareja joven y feliz, se convierte poco a poco en un lugar siniestro, y la transformación visual es muy efectiva. No sé qué tiene el cine de terror que se basa en la vida de una familia normal que de repente se ve envuelta en algo paranormal, pero a mí me atrapa siempre. El director, John R. Leonetti, que ya había trabajado en Expediente Warren como director de fotografía, sabe muy bien cómo jugar con la iluminación y las sombras para crear esa atmósfera de tensión constante.

Los personajes, a pesar de ser un poco arquetípicos, funcionan. Annabelle Wallis como Mia hace un buen trabajo interpretando a una mujer que empieza a perder la cabeza por el miedo. Se siente su desesperación y su vulnerabilidad. Y la verdad, el resto del reparto, aunque no sea para un Oscar, cumple con creces. Es una película de terror, no un drama de Shakespeare, así que lo que se les pide es que transmitan ese terror, y lo consiguen. El uso del «jumpscare» está presente, claro, pero no se abusa de él. Están bien colocados, casi como puntuación de la tensión que se va construyendo.

Otra escena de la película Annabelle

A ver, seamos honestos, la película tiene sus fallos. A veces la trama se siente un poco forzada para llegar de un susto a otro. Y el rol del cura y el de la vecina (interpretada por la siempre genial Alfre Woodard) es un poco el «mago» que aparece para explicarlo todo, lo cual es un recurso bastante manido. Pero insisto, esto es parte del encanto. Es un cine que no se toma demasiado en serio a sí mismo, y que se centra en lo que importa: entretener y asustar. A mí me parece una película muy honesta en ese sentido. No pretende ser la gran obra maestra del terror, pero sí una pieza sólida y disfrutable dentro de su nicho.

El universo de los Warren, con sus demonios, fantasmas y muñecas poseídas, ha sabido captar la atención de mucha gente, y Annabelle es una prueba más de por qué funciona tan bien. Conexiones con otras películas, un lore bien establecido (aunque a veces un poco confuso si no sigues el orden de visionado), y sobre todo, un villano icónico. La muñeca en sí misma es un personaje visualmente muy potente. Su rostro inexpresivo y su mirada vacía son suficientes para ponerte los pelos de punta. No necesita moverse ni hablar, solo con su presencia ya lo consigue.

Tercera escena de la película Annabelle

Para mí, la película cumplió su cometido. Es oscura, siniestra y llena de esos momentos de tensión que a los amantes del terror nos encantan. Quizás no inventa la rueda, pero la hace girar muy bien. Si te gusta el cine de terror más clásico, lleno de clichés bien ejecutados y con una muñeca que te va a dar pesadillas, Annabelle es tu película. Es un ejemplo perfecto de por qué a veces lo simple y directo puede ser lo más efectivo. Un clásico de las tardes de terror, con palomitas y la luz apagada. Y el final, aunque quizás algunos lo vean venir, es de esos que te deja con un buen sabor de boca… o de miedo.

«¿Eres de los que se asusta con las muñecas o de los que duerme con ellas? ¿Qué película de terror te ha hecho mirar dos veces a la sombra de tu pasillo?»

De odiar a la protagonista a amar la película: Mi viaje con The Florida Project

Póster de The Florida Project

Ficha Técnica

  • Título original: The Florida Project
  • Año: 2017
  • Duración: 111 min.
  • País: Estados Unidos
  • Dirección: Sean Baker
  • Guion: Sean Baker, Chris Bergoch
  • Música: Lorne Balfe
  • Fotografía: Alexis Zabé
  • Reparto: Brooklynn Prince, Willem Dafoe, Bria Vinaite, Caleb Landry Jones, Mela Murder, Valeria Cotto

Mi Valoración

★★★★ (4/5)

Sinopsis

«Una niña de seis años llamada Moonee y su rebelde madre Halley viven en un motel llamado ‘The Magic Castle’, muy cerca de Disney World. A pesar de su duro entorno, Moonee pasa cada día de verano viviendo una vida llena de maravillas, travesuras y aventuras con sus amigos, mientras los adultos a su alrededor luchan con sus propios problemas. La presencia de Bobby, el gerente del motel, representa una figura paterna y un protector para los niños, observando sus vidas con una mezcla de compasión y preocupación.»

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=WwQ-NH1rRT4&w=560&h=315]

La vida en tecnicolor al borde del abismo

Hay películas que te golpean de frente y otras que se cuelan por las rendijas, poco a poco, hasta que te das cuenta de que te han calado hasta los huesos. «The Florida Project» es de las segundas. Mi primer contacto con ella fue de un rechazo casi visceral. Odié a Halley, la joven madre protagonista, con una fuerza que me sorprendió. Me parecía irresponsable, egoísta, un caos andante que arrastraba a su hija Moonee a un desastre inevitable. ¿Cómo podía alguien vivir con esa falta de previsión, con esa actitud desafiante ante un mundo que, claramente, la estaba devorando? Me sentí frustrado, enfadado. Pero el cine, cuando es bueno, hace algo mágico: te obliga a mirar más allá de tu juicio inicial. Y poco a poco, la película me fue ganando.

El director, Sean Baker, no te da un manual de instrucciones. No te dice a quién querer y a quién odiar. Simplemente te suelta en medio del «Magic Castle», un motel de colores pastel a la sombra del gigante Disney World, y te dice: «mira». Y lo que ves es un microcosmos de la otra América, la que no sale en los folletos turísticos. La «land of the freedom» donde la libertad, para muchos, es solo la de elegir en qué contenedor de basura buscar la cena. Aquí no hay un botón de «start» para empezar una vida de cero, ni un «reinicio» cuando las cosas van mal. Para gente como Halley, la vida es un juego de supervivencia constante, una partida que empezó con las cartas marcadas en su contra. No hay red de seguridad, solo el asfalto caliente y la humedad de Florida.

Moonee y sus amigos en The Florida Project

Y en medio de ese caos, está la inocencia. La inocencia pura, ruidosa y maravillosamente irritante de Moonee y su pandilla. Su verano es una aventura sin fin. Escupir a los coches, pedir dinero para un helado, explorar edificios abandonados… son los reyes de su pequeño y destartalado reino. Su perspectiva es el corazón de la película. Para ellos, el motel no es un símbolo de pobreza, es un castillo morado. No ven la miseria, ven un patio de recreo infinito. Esa es la genialidad de Baker: nos muestra la crudeza de la situación a través de los ojos de quienes apenas son conscientes de ella. Nosotros, como espectadores, vemos el peligro que acecha en cada esquina, pero los niños solo ven la posibilidad de una nueva travesura. Esta dualidad es lo que hace que la película duela tanto y, a la vez, sea tan hermosa.

Mi odio inicial hacia Halley empezó a transformarse en una compasión incómoda. Comencé a preguntarme: ¿cómo se educa emocionalmente a un hijo cuando nadie te ha educado a ti? ¿Cómo enseñas a gestionar la frustración cuando tu vida es una cadena perpetua de frustraciones? Halley es un producto de su entorno, una niña que tuvo una niña, luchando con las únicas herramientas que conoce: la rebeldía, la picaresca y un amor feroz, aunque tóxico y torpe, por su hija. Bria Vinaite, la actriz que la interpreta (descubierta en Instagram, nada menos), está magnética. Consigue que la desprecies y que, al mismo tiempo, entiendas su desesperación. Su relación con Moonee es un torbellino de gritos, risas, complicidad en pequeños delitos y momentos de una ternura desgarradora. Son un equipo contra el mundo, aunque Halley sea, a menudo, su peor enemigo.

Y luego está Willem Dafoe. Su personaje, Bobby, el gerente del motel, es el ancla moral de toda la historia. Es el único adulto funcional en este universo caótico. No es un héroe de capa y espada. Es un hombre cansado, de clase media, que solo intenta hacer su trabajo: cobrar el alquiler, arreglar las máquinas de hielo y mantener un mínimo de orden. Pero, sin quererlo, se convierte en el guardián de estos niños perdidos. Los regaña, los protege, los vigila con una mirada que mezcla la exasperación y un cariño paternal que quizás ni él mismo reconoce. Dafoe está inmenso en su contención. Cada gesto, cada suspiro, cada pequeña amabilidad (como ahuyentar a un posible depredador) nos dice todo lo que necesitamos saber sobre él. Es la decencia personificada en un mundo que parece haberla olvidado. Es el testigo silencioso de estas vidas al límite, el que ve la tormenta que se avecina y sabe que no puede hacer nada para detenerla.

Bobby (Willem Dafoe) en el motel

Lo que me terminó de conquistar fue la estética, o como dicen los expertos, la fotografía. La película es visualmente despampanante. El director de fotografía, Alexis Zabé, utiliza una paleta de colores saturados, casi de caramelo. Los lilas, los turquesas, los naranjas del atardecer… todo es vibrante, casi onírico. Este festín visual choca frontalmente con la precariedad que retrata. Es una decisión brillante. Ese contraste es la metáfora perfecta de la película: la belleza y la alegría de la infancia floreciendo en el terreno más inhóspito. Es un recordatorio constante de que incluso en los márgenes, en la pobreza más cruda, la vida se abre paso con una fuerza y un colorido inesperados. No hay una fotografía gris y sombría para subrayar la miseria; al contrario, se nos muestra la miseria a plena luz del sol, con los colores de un helado derritiéndose en el asfalto.

La película avanza sin una trama convencional. No hay grandes giros de guion, solo la acumulación de pequeños momentos cotidianos que van construyendo una tensión insoportable. Sabemos que el verano no puede durar para siempre. Sabemos que la burbuja de Moonee tiene que explotar. El mundo real, con sus servicios sociales y sus consecuencias, está a la vuelta de la esquina. Y cuando finalmente llega, el golpe es devastador. El final, esa carrera desesperada hacia el lugar más feliz de la Tierra, ha sido objeto de mucho debate. ¿Es real? ¿Es una fantasía? Para mí, no importa. Es la única escapatoria posible. Es la imaginación infantil como último refugio ante una realidad demasiado cruel para ser soportada. Es un grito final de libertad, un portazo a un mundo que les ha fallado a todos.

«The Florida Project» no te da respuestas, te llena de preguntas. ¿Con qué prisma miramos las miserias ajenas? ¿Somos rápidos en juzgar sin entender el contexto? ¿Qué hay de falso y de roto en ese «sueño americano» que se vende a pocos kilómetros, tras los muros de Disney? Salí del cine con un nudo en el estómago y el corazón encogido, pero también con una extraña sensación de gratitud por haber sido testigo de la belleza indestructible de la infancia. Es una de esas películas que se quedan contigo, que te obligan a reevaluar tus propios prejuicios y a mirar el mundo, aunque solo sea por un momento, con el asombro y la resiliencia de una niña de seis años.

Halley y Moonee

Y tú, ¿crees que el final es una huida real o la fantasía de una niña para escapar de una realidad insoportable?

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