Poster Los Principios del Cuidado

Ficha Técnica

  • Título Original: The Fundamentals of Caring
  • Año: 2016
  • Dirección: Rob Burnett
  • Reparto: Paul Rudd, Craig Roberts, Selena Gomez, Jennifer Ehle
  • Género: Comedia dramática / Road Movie
  • Plataforma: Netflix (Original)

Valoración CP Cine

★★★★☆

4 de 5 estrellas | 8/10

«Ben es un escritor retirado que decide dedicarse a cuidar enfermos tras sufrir una tragedia personal. Después de 6 semanas de formación, conoce a su primer cliente, Trevor, un deslenguado chico de 18 años con distrofia muscular. Al poco tiempo, se embarcan en un viaje improvisado a todos los sitios que más le han llamado la atención a Trevor en las noticias de la televisión, entre los que destaca el ‘hoyo’ más profundo del mundo.»
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Más allá de la silla: Un viaje hacia la normalidad

A ver, tengo que confesaros algo antes de empezar: tengo una debilidad tremenda por las road movies. Hay algo en eso de meter a dos personajes en un coche, poner música de fondo y ver cómo el paisaje cambia a la vez que cambian ellos, que simplemente me compra. Pero con «Los principios del cuidado», iba con un poco de miedo. Ya sabéis a lo que me refiero, ese miedo a que te metan el drama forzado con calzador, a que la discapacidad se trate desde una pena condescendiente o a que todo sea un «pastelada» de superación personal barata. Y, sin embargo, qué bofetada de realidad y frescura me he llevado. No soy ningún crítico de la Academia, soy un tío que ve cine en el sofá de su casa, pero reconozco cuando una película tiene alma, y esta la tiene a raudales.

La premisa nos pone delante a Ben (el siempre genial Paul Rudd), un hombre roto por una tragedia pasada que huye de su vida anterior —y de un divorcio que no quiere firmar— metiéndose a cuidador. Su primer trabajo: Trevor (Craig Roberts). Trevor no es el típico chico enfermo que vemos en el cine esperando que le tengan lástima. Qué va. Es un cabroncete (con perdón) sarcástico, obsesionado con las atracciones de carretera más cutres de América y con una rutina tan estricta que asfixiaría a cualquiera. Lo brillante aquí es cómo la película nos muestra que el entorno puede ser tanto o más discapacitante que la propia condición física. Trevor está encerrado no solo en su cuerpo, sino en su casa, en sus miedos y en la sobreprotección de una madre que lo ama, pero que, sin querer, le corta las alas.

Paul Rudd y Craig Roberts en escena

La química entre Rudd y Roberts es el motor de combustión de esta historia.

Lo que más me ha gustado, y donde creo que la película gana por goleada, es en el tratamiento de la «normalidad». Muchas veces, cuando vemos cine sobre discapacidad, se centran en los grandes retos médicos. Aquí no. Aquí el reto es que un chaval de 18 años quiere ver tetas, quiere decir tacos, quiere comer comida basura y quiere mear de pie (aunque sea metafóricamente… o no tanto). Esa búsqueda de la adolescencia perdida, de las experiencias «normales» que se le han negado por sistema, es lo que mueve la trama. Ben, lejos de ser el cuidador perfecto de manual, se convierte en el cómplice necesario. No lo trata con algodón; le devuelve las bromas, le reta y, sobre todo, no le tiene miedo. Esa relación de igual a igual, donde la silla de ruedas pasa a un segundo plano para dejar paso a dos tíos metiéndose el uno con el otro, es oro puro.

El viaje en sí es una metáfora preciosa, aunque suene a tópico. Salir de la zona de confort. Literalmente, salir de casa. La película pone sobre la mesa el concepto de «entorno capacitante». Trevor es capaz de mucho más de lo que cree, pero necesita que el mundo (y Ben) le den la oportunidad de fallar, de asustarse y de superarlo. Visitar el «hoyo más profundo del mundo» no es solo ver un agujero en la tierra; es mirar al abismo de su propia existencia y reírse de él. Y hablando de reírse, el humor negro de la cinta es exquisito. Hay chistes sobre la parálisis que te hacen sentir un poco culpable al reírte, pero que son necesarios para desdramatizar y humanizar a Trevor. No es un santo, es un adolescente con mala leche, y eso es genial.

Selena Gomez uniéndose al viaje

Dot, interpretada por Selena Gomez, añade la pieza que faltaba al puzle.

Y entonces aparece Selena Gomez. Tengo que admitir que no sabía qué esperar de ella en un papel así, más «indie», pero está fantástica como Dot. Su personaje funciona como un catalizador. Ella no ve la silla de ruedas, ve al chico. Su actitud directa, sin filtros y un poco rebelde es justo lo que Trevor necesita para terminar de romper el cascarón. La dinámica que se crea entre los tres en la furgoneta es entrañable. Ella aporta esa tensión sexual no resuelta, esa validación romántica que Trevor anhela desesperadamente para sentirse un hombre completo. No se trata de un romance de cuento de hadas, sino de esa conexión humana básica: gustar a alguien, que alguien te mire a los ojos y no a tus piernas. Esos momentos en la cafetería o en el coche son de una ternura que desarma.

La película también aborda el dolor de los cuidadores. Paul Rudd, bajo esa capa de tipo majo y bromista, esconde un dolor insoportable por la pérdida de su propio hijo. Cuidar a Trevor es su forma de expiación, su manera de intentar arreglar algo que se rompió hace años. Hay una escena particular hacia el final, relacionada con el padre de Trevor, que te encoge el estómago. Ahí es donde la película deja de ser una comedia ligera y te recuerda que la vida es dura, que la gente te decepciona y que, a veces, los padres biológicos no son los que ejercen de padres. Pero incluso en ese dolor, la película elige la resiliencia. Elige el «seguir adelante».

No puedo dejar de mencionar la fotografía y la banda sonora. Sin ser nada revolucionario, acompañan perfectamente ese sentimiento de libertad de la carretera americana. Esos planos abiertos, los moteles de carretera, los diners grasientos… todo construye una atmósfera de autenticidad. Nos hace sentir que estamos en el asiento de atrás de esa furgoneta adaptada. Como espectador «amateur», valoro mucho cuando una película no me expulsa, cuando me invita a ser parte del viaje, y aquí me sentí uno más de la pandilla.

Escena emotiva del viaje

Momentos de conexión real que traspasan la pantalla.

En conclusión, «Los principios del cuidado» es una joya que quizás pasó desapercibida en el inmenso catálogo de Netflix, pero que merece ser rescatada. Es una oda a la amistad improbable, un grito a favor de la autonomía de las personas con discapacidad y un recordatorio de que, a veces, para curarnos nosotros mismos, tenemos que cuidar de los demás. No busca la lágrima fácil, aunque se te escapará alguna, ni busca la carcajada absurda, aunque te reirás. Busca ese punto medio, ese equilibrio agridulce que es, al fin y al cabo, la vida misma.

Si estáis buscando algo que ver este fin de semana, que os deje el corazón calentito pero que no os trate como tontos, dadle una oportunidad. Paul Rudd está inmenso, Craig Roberts es un descubrimiento y la historia se queda contigo un buen rato después de los créditos. Es cine sencillo, honesto y tremendamente humano. Y a veces, eso es todo lo que necesitamos.

¿Y tú, qué opinas?

¿Crees que el cine actual trata la discapacidad con la naturalidad necesaria o seguimos cayendo en el drama excesivo? ¿Qué te pareció el papel de Selena Gomez? ¡Te leo en los comentarios!