Categoría: Ragebait
Ficha Técnica
- Título: Un funeral de locos
- Año: 2024
- Género: Comedia (o eso dicen)
- Nacionalidad: España
- Dirección: Manuel Gómez Pereira
«La historia reúne a una familia disfuncional para despedir al patriarca recién fallecido. Sin embargo, lo que debería ser un velatorio solemne se convierte en un caos absoluto cuando secretos del pasado, visitas inesperadas y situaciones rocambolescas amenazan con convertir el funeral en el mayor escándalo del vecindario.»
La Crítica: ¿Por qué nos hacemos esto?
A ver, empecemos siendo honestos. Yo no soy crítico de la Cahiers du Cinéma, ni pretendo sentar cátedra sobre el séptimo arte. Soy un consumidor voraz, un «experto amateur» que se traga todo lo que echan: series, discos, películas de autor y, desgraciadamente, productos como Un funeral de locos. Y digo «desgraciadamente» porque darle una estrella de cinco me parecería un insulto a las películas mediocres que al menos lo intentan. Aquí estamos ante un 0 de 10 de manual, una de esas experiencias cinematográficas que te hacen plantearte seriamente en qué momento el cine español decidió que esto era aceptable. Es justa mi nota porque es mala con ganas, sin paliativos.
La premisa no es nueva. Un funeral, una familia que se odia, secretos que salen a la luz… Es un esquema que hemos visto mil veces, desde la maravillosa versión británica original hasta sus múltiples adaptaciones. Pero aquí, el concepto de «remake» o adaptación se ha tomado como una excusa para crear un pastiche sin alma. Tiene sus puntos graciosos, no lo voy a negar rotundamente, pero son tan rebuscados, tan forzados, que la risa se te congela en la boca. Y, cómo no, tenemos el clásico humor escatológico. Parece que en España no sabemos hacer reír si no hay alguien yendo al baño, un fluido corporal fuera de lugar o un chiste de pedos mal tirado. Todo muy Made in Spain, pero del rancio, del que pensábamos que habíamos superado hace dos décadas.
Momentos que pretenden ser cómicos y acaban siendo trágicos.
¿Lo peor? Sin duda, el guion. Es un despropósito que hace aguas por todos lados. Los diálogos no fluyen, las situaciones no escalan de manera natural, sino que saltan de lo absurdo a lo ridículo sin pasar por la casilla de salida. Pero justo detrás del guion, pegadito en la lista de desastres, está ese batiburrillo de actores. Y me duele decirlo, porque hay nombres en el cartel que respeto, gente que ha hecho cosas dignas. Pero sinceramente, viendo el resultado final, uno llega a la conclusión inevitable de que aceptan estos trabajos exclusivamente por el dinero. Y ojo, es lícito, todos tenemos que pagar facturas. Ellos lo llamarán trabajo; yo, desde mi butaca y habiendo pagado la entrada (o la suscripción), lo veo más como una tragedia griega sin catarsis.
Ver a actores con talento sobreactuando, gritando para intentar salvar un chiste que nació muerto en el papel, es doloroso. No hay dirección de actores visible, cada uno parece estar en una película diferente. Unos van a por la farsa total, otros intentan mantener un tono naturalista que no pega ni con cola… Es una orquesta donde cada músico toca una partitura distinta. Y el resultado es ruido. Ruido visual y auditivo que agota al espectador a los veinte minutos de metraje.
Un elenco desaprovechado en una macedonia de interpretaciones.
Y aquí entramos en un terreno pantanoso, una cosa que no soporto en general del cine español actual y que aquí se hace patente de forma dolorosa: esa manía de meter tanto actor mexicano y argentino con calzador. Que nadie me malinterprete, adoro el cine latinoamericano, pero en estas producciones comerciales españolas se siente forzado, como una cuota de mercado para poder vender la película al otro lado del charco en plataformas de streaming. No se justifica narrativamente, los acentos chocan, las dinámicas culturales no se exploran… simplemente están ahí, desubicados, en una trama supuestamente localista española. Rompe la inmersión (si es que quedaba alguna) y convierte la película en un producto de laboratorio de marketing más que en una obra artística.
¿Y sabéis qué es «Lo peor volumen 2»? Que esto vende. Y vende mucho. Ves las cifras de taquilla o los rankings de las plataformas y ahí está, en el número uno. Eso es lo verdaderamente deprimente para un «experto amateur» como yo. El hecho de que funcione comercialmente es la condena que nos asegura que vamos a tener este tipo de películas infumables tantas décadas o más como las que ya llevamos soportándolas. Si el público responde y la caja suena, ¿para qué van a esforzarse en escribir un buen guion? ¿Para qué van a buscar una comedia inteligente si el chiste fácil y la cara conocida del momento llenan la sala?
Ni la tensión se salva del desastre narrativo.
Es un círculo vicioso. Se produce cine de baja calidad porque se consume, y se consume porque es lo que se publicita masivamente con caras conocidas. Al final, Un funeral de locos hace honor a su nombre, pero los locos somos nosotros por esperar algo diferente. Es un producto empaquetado al vacío, sin sabor, sin olor (salvo el de los chistes escatológicos) y sin futuro en la memoria de nadie. Una película de usar y tirar que, lamentablemente, tardará mucho en degradarse en el vertedero de nuestra memoria cinematográfica.
En resumen, ahórratela. Hay miles de series, discos y libros esperando tu tiempo. No lo malgastes en ver a gente talentosa haciendo el ridículo por un cheque, mientras el cine español de calidad, ese que se hace con menos presupuesto pero con más corazón, lucha por encontrar una sala donde proyectarse.
¿Tú también picaste?
¿Crees que soy un exagerado o realmente el cine comercial español necesita un reseteo urgente? Déjame tu opinión en los comentarios, que al menos ahí nos reiremos seguro.