Categoría: suspense

Sydney Sweeney en La asistenta: ¿Por qué todos hablan de esta película?

Póster La Asistenta

Ficha Técnica

  • Título: La asistenta (The Housemaid)
  • Año: 2026
  • Dirección: Paul Feig
  • Reparto: Sydney Sweeney, Amanda Seyfried, Brandon Sklenar
  • Género: Thriller psicológico | Intriga
  • Duración: 115 min.
  • País: Estados Unidos
★3.5 / 5★
Millie, una joven con un pasado difícil que busca desesperadamente un nuevo comienzo, acepta un trabajo como asistenta para la acaudalada familia Winchester. Sin embargo, pronto descubre que los secretos de la casa y de su inestable dueña, Nina, son mucho más peligrosos que su propia historia. Nada es lo que parece tras las puertas de esta mansión.

A ver, seamos sinceros desde el minuto uno: La asistenta (2026) no viene a reinventar la rueda ni a ganar el León de Oro en Venecia. Y lo mejor de todo es que parece no importarle lo más mínimo. Desde que se anunció que Sydney Sweeney protagonizaría la adaptación del best-seller de Freida McFadden, todos sabíamos a lo que veníamos. Estamos ante una película que se mueve en ese terreno tan pantanoso como adictivo del thriller de sobremesa, ese que te mantiene pegado al sofá mientras meriendas, pero con un envoltorio de lujo, una fotografía cuidada y, por supuesto, el magnetismo de su estrella principal.

La película está clarísimamente dividida en dos partes. La primera es un ejercicio de tensión clásica, casi hitchcockiana pero con un toque moderno y chic. Vemos a Millie intentando encajar en un mundo de privilegios que no le pertenece, aguantando los desplantes de una Nina Winchester (interpretada por una solvente Amanda Seyfried) que parece estar siempre al borde del colapso nervioso. El ritmo en este primer tramo es pausado pero constante, cocinando a fuego lento esa sensación de incomodidad que tanto nos gusta a los fans del género. Es previsible, sí, pero terriblemente «disfrutona».

Escena La Asistenta

Hablemos de Sydney Sweeney. Se ha convertido en la auténtica gallina de los huevos de oro de Hollywood y aquí demuestra por qué. Hay quien dirá que no está haciendo «papelones de Oscar», pero es que no le hace falta. Sweeney tiene esa cualidad de las estrellas de antes: su rostro y su lenguaje corporal llenan la pantalla de una forma que hace que no puedas apartar la vista. Al igual que en su día vimos a Natalie Portman o Scarlett Johansson aparecer en absolutamente todos los proyectos posibles, Sydney está en su cresta de la ola. Su Millie es vulnerable pero tiene un fuego interno que te hace dudar de sus intenciones desde el primer fotograma.

La segunda parte de la película es donde todo explota. Entramos en el terreno de los giros de guion locos y las revelaciones que, si has leído el libro o has visto suficientes telefilmes de Antena 3 un sábado tarde, verás venir a kilómetros. Pero ahí reside la magia: es un placer culpable en toda regla. La dirección de Paul Feig intenta elevar el material dándole un aire más oscuro y menos paródico de lo habitual en él, logrando que la atmósfera de la mansión se sienta como una jaula de oro donde cualquiera puede ser el depredador o la presa.

Sydney Sweeney en La Asistenta

Lo que más me ha gustado es cómo maneja las «sombras» de los personajes. Aquí nadie es un santo. La película juega constantemente con nuestra empatía, haciendo que saltemos de un bando a otro. Sydney Sweeney sabe explotar esa ambigüedad de maravilla. No es solo una cara bonita; hay una inteligencia en cómo elige estos papeles que parecen ligeros pero que le permiten lucirse como el centro absoluto del universo cinematográfico actual. Es resultona, es magnética y, sobre todo, es muy consciente del producto que está vendiendo.

En cuanto al apartado técnico, la banda sonora cumple con creces a la hora de subrayar los momentos de tensión, aunque a veces peca de intrusiva. La escenografía es impecable: esa casa es un personaje más, con sus pasillos infinitos y su ático opresivo. La química entre Sweeney y Seyfried es el verdadero motor de la cinta. Verlas enfrentarse en un duelo de pasivo-agresividad es, sencillamente, lo mejor de la función. Es un choque de trenes entre la estrella consolidada y la que viene arrasando con todo.

Clímax de La Asistenta

¿Es perfecta? Ni de lejos. El guion tiene agujeros por los que cabría un camión y algunas decisiones de los personajes rozan lo absurdo. Pero, ¿acaso buscamos realismo lógico en un thriller de este tipo? Buscamos entretenimiento, evasión y un poco de mala leche, y en eso La asistenta cumple con creces. Es la confirmación de que Sweeney ha llegado para quedarse y que Hollywood va a seguir explotando su imagen hasta la saciedad, algo que, honestamente, no me molesta mientras los resultados sean así de entretenidos.

En conclusión, me he encontrado con una película que me ha dado exactamente lo que esperaba. No me ha volado la cabeza con su originalidad, pero me ha mantenido entretenido las casi dos horas que dura. Es ese tipo de cine que necesitamos para desconectar del mundo, una historia de intrigas domésticas llevada al extremo con un reparto que sabe perfectamente en qué liga está jugando. Si te gustan los libros de Freida McFadden o simplemente quieres ver a Sydney Sweeney dominando la pantalla, esta es tu película.

¿Hasta dónde llegarías por un nuevo comienzo?

La asistenta nos deja claro que los secretos más oscuros no se esconden en el pasado, sino tras las puertas de las casas que parecen perfectas.


¿Qué te ha parecido el giro final? ¿Crees que Sydney Sweeney es la nueva reina del thriller o solo una moda pasajera? ¡Cuéntamelo en los comentarios, que necesito debatir ese final!

El trauma y la culpa en el cine de Scorsese: El caso Teddy Daniels

Poster Shutter Island

Ficha Técnica

  • Título original: Shutter Island
  • Año: 2010
  • Director: Martin Scorsese
  • Reparto: Leonardo DiCaprio, Mark Ruffalo, Ben Kingsley, Michelle Williams, Max von Sydow.
  • Género: Thriller psicológico / Neo-noir
  • Duración: 138 min.
★★★★☆

4.5 de 5 estrellas – «Una locura necesaria»

¿De qué va esto?

«En el verano de 1954, los agentes federales Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio) y Chuck Aule (Mark Ruffalo) son destinados a una remota isla del puerto de Boston para investigar la desaparición de una peligrosa asesina (Emily Mortimer) que estaba recluida en el hospital psiquiátrico Ashecliffe, un centro penitenciario para criminales perturbados dirigido por el siniestro doctor John Cawley (Ben Kingsley). Pronto descubrirán que el centro guarda muchos secretos y que la isla es algo más que un lugar de reclusión.»

Opinión de un Experto Amateur: La Trampa de la Mente

Tengo que confesar algo antes de empezar: me encantan las películas que juegan contigo. Esas que te sientan en el sofá, te dan la mano, te cuentan un cuento y, cuando menos te lo esperas, te sueltan un bofetón de realidad que te deja pensando tres días. Shutter Island es, sin lugar a dudas, la reina de ese género en el cine moderno. No soy crítico de cine, ni pretendo saber más que nadie sobre iluminación o guiones, pero como consumidor compulsivo de historias, pocas veces me he sentido tan atrapado en una atmósfera como la que Scorsese crea aquí. Es asfixiante, es gris, es húmeda y, sobre todo, es profundamente inquietante. Desde el primer minuto, cuando ese ferry emerge de la niebla con la música estruendosa de fondo, sabes que nada bueno va a pasar en esa isla.

La premisa parece sencilla al principio, casi de manual de película de detectives de los años 50. Tenemos a Teddy Daniels (un DiCaprio que, sinceramente, está en uno de los mejores papeles de su carrera, sudando ansiedad por cada poro) y a su compañero llegando a Ashecliffe. Una paciente ha desaparecido. Se ha esfumado de una habitación cerrada. Imposible, ¿verdad? y ahí empieza el juego. Lo que al principio parece una investigación policial clásica, poco a poco se va convirtiendo en un descenso a los infiernos personales del protagonista. Scorsese nos lleva de la mano por pasillos lúgubres, acantilados imposibles y pabellones llenos de gritos, y nosotros, como espectadores, vamos recogiendo pistas pensando que somos más listos que la película. Qué equivocados estamos casi siempre.

Teddy Daniels investigando en Shutter Island

Cada pista parece abrir una puerta, pero en realidad cierra una salida.

Aquí es donde entra mi vertiente personal, y perdón si me pongo un poco intenso. Como terapeuta ocupacional que ha trabajado en salud mental, esta película me toca una fibra muy sensible. He pisado salas que, salvando las distancias de la época y el dramatismo de Hollywood, comparten ese aire de desesperanza y confusión. Ver Shutter Island me genera una sensación muy ambigua. Por un lado, me emociona la calidad cinematográfica, el suspense, la narrativa; pero por otro, me genera un rechazo visceral. Es doloroso ver cómo se retrata el sufrimiento humano cuando este te socava hasta lo más profundo. La película hace un trabajo brutal (y a veces excesivamente gráfico) al mostrar cómo la mente puede romperse en mil pedazos para protegerse de un trauma insoportable.

La representación de la institución mental en los años 50 es aterradora. Ben Kingsley, haciendo del Dr. Cawley, está magnífico en su ambigüedad. ¿Es un innovador que quiere curar con la palabra o un monstruo que experimenta con humanos? Esa duda es el motor de la película. Pero más allá de los lobotomías y las conspiraciones, lo que realmente me impacta es el peso del estigma y la soledad del paciente. La película nos muestra que, a veces, la realidad es tan dolorosa que la mentira se convierte en el único refugio habitable. Y ahí es donde Scorsese y DiCaprio brillan: nos hacen partícipes de esa mentira. Queremos creer a Teddy, queremos que haya una conspiración nazi, queremos que él sea el héroe. Porque la alternativa, la verdad desnuda de su historia, es demasiado triste para aceptarla.

Leonardo DiCaprio y Martin Scorsese en el set

La dupla Scorsese-DiCaprio: una máquina de crear tensión psicológica.

Visualmente es una joya, aunque una joya oscura. La fotografía te hace sentir el frío y la humedad. Los sueños y alucinaciones de Teddy son visualmente poéticos pero narrativamente devastadores. Esas escenas con su mujer (Michelle Williams), convirtiéndose en ceniza o empapada en agua, son la clave de todo. Representan la «locura del amor» y la culpa, dos fuerzas que pueden destruir a una persona más rápido que cualquier droga experimental. En mi experiencia profesional, he visto cómo el impacto social y personal de la enfermedad mental aísla a las personas, y la película lleva esto al extremo: una isla entera diseñada para aislar, contener y, supuestamente, tratar lo intratable.

Y llegamos al desenlace. Sin hacer spoilers directos (aunque si no la has visto, ¡corre!), el final es lo que eleva esta cinta de «buena» a «obra maestra». Ese par de giros finales no son solo trucos de guionista barato; recontextualizan absolutamente todo lo que has visto durante dos horas. Te obligan a rebobinar la película en tu cabeza. De repente, frases sueltas, miradas de los guardias, o la actitud del compañero Chuck, cobran un sentido nuevo y escalofriante. Es un puzle que se resuelve solo al final y te deja con una sensación de angustia, pero una angustia calmada. Como cuando pasa la tormenta y solo quedan los destrozos.

La frase final. Esa maldita frase final. «¿Qué sería peor? ¿Vivir como un monstruo o morir como un hombre bueno?». Ahí está la clave de todo. Como terapeuta, me hace reflexionar sobre la lucidez dentro de la locura. A veces, la decisión más racional es la que parece más loca desde fuera. Ese momento de claridad final (o no, dependiendo de tu teoría) es desgarrador. Es la aceptación del destino. Shutter Island no es una película de terror, es una tragedia griega vestida de cine negro. Es dura, es pesada y te deja mal cuerpo, pero es una experiencia que cualquier amante del cine (y de la psicología) debe vivir.

Escena onírica con Michelle Williams

La culpa y el amor: los verdaderos fantasmas de la isla.

En conclusión, para mí, como ese experto amateur que dice saber de cine y como profesional que conoce la mente, esta película es un 10 en ejecución y un puñetazo en el estómago en contenido. Te recomiendo verla con las luces apagadas, el móvil lejos y, a ser posible, con alguien con quien debatir después, porque vas a necesitar hablar de ello. No es solo saber la verdad, es decidir si puedes vivir con ella.

💬 ¿Tú qué piensas del final?

¿Crees que Teddy finge su recaída para escapar de su culpa, o realmente ha vuelto a olvidar? Esa última mirada lo cambia todo.

Déjame tu teoría en los comentarios, ¡os leo a todos!

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