Categoría: terror

¿Es Escupiré sobre tu tumba 2 mejor que la original? Mi opinión honesta

Póster Escupiré sobre tu tumba 2

Ficha Técnica

  • Título: Escupiré sobre tu tumba 2 (I Spit on Your Grave 2)
  • Año: 2013
  • Dirección: Steven R. Monroe
  • Reparto: Jemma Dallender, Joe Absolom, Yavor Baharov, George Zlatarev
  • Género: Terror / Thriller / Rape & Revenge
  • Duración: 106 min.
  • País: Estados Unidos
★★★★☆ 4 de 5 estrellas

Katie es una joven que intenta abrirse camino en el mundo de la moda en Nueva York. Sin embargo, lo que empieza como una sesión de fotos rutinaria acaba convirtiéndose en una pesadilla inimaginable. Secuestrada, torturada y trasladada a la fuerza hasta Bulgaria, Katie tendrá que sacar fuerzas de la oscuridad más absoluta para sobrevivir y ejecutar una venganza tan sangrienta como necesaria.

No os voy a mentir: iba con el cuerpo preparado pero, aun así, me ha vuelto a pasar. Pensaba que después de haber visto la primera entrega de este «reboot», ya nada podría revolverme más el estómago, pero me equivocaba. Escupiré sobre tu tumba 2 es una película cruda, fría y despiadada que no busca hacer amigos ni dar concesiones al espectador. Es cine de género en su estado más puro y salvaje, una montaña rusa de sensaciones que empieza en la vulnerabilidad y termina en un estallido de violencia catártica que te deja pegado a la silla.

La trama parece sencilla sobre el papel: chica guapa y sola es víctima de un grupo de hombres desalmados. Pero aquí, el escenario cambia el juego. Al trasladar la acción a la Europa del Este, la sensación de aislamiento e indefensión de la protagonista es total. No es solo que esté sola contra unos sádicos, es que está en un país donde no entiende el idioma, donde las instituciones parecen mirar hacia otro lado y donde el «patriarcado» no es una palabra de moda en Twitter, sino una realidad estructural que permite que estos hombres actúen con una impunidad que pone los pelos de punta.

Escena de Escupiré sobre tu tumba 2

Lo que más me ha impactado de esta secuela es cómo maneja la atmósfera. Hay algo en la luz, en esos escenarios sucios y húmedos, que te hace sentir que la esperanza es un lujo que Katie no puede permitirse. Jemma Dallender hace un trabajo brutal. Pasa de ser una chica llena de sueños en Nueva York a un animal herido que solo vive para la justicia poética (y muy sangrienta). Ver su transformación es doloroso, pero necesario para entender el cambio de chip que da la película en su segunda mitad.

Hablemos del tema moral, porque aquí hay mucha tela que cortar. La película pone sobre la mesa el papel de la autoridad. Ese policía que ayuda a la chica americana… ¿lo hace por justicia o por una moralidad propia? La ambigüedad de ciertos personajes añade una capa de realismo sucio que hace que la película no sea un simple «slasher» de manual. Aquí la maldad no es un monstruo con máscara, son personas normales que deciden, por puro placer o sentimiento de superioridad, destruir la vida de alguien.

Momento crítico de la película

El ritmo de la película es una tortura china, en el buen sentido cinematográfico. Se toma su tiempo para que sufras con ella, para que sientas cada golpe y cada humillación. Esto hace que cuando llega la parte de la venganza, el espectador sienta una liberación casi primitiva. No es algo bonito de admitir, pero la película juega con esa sed de justicia que todos llevamos dentro cuando vemos una injusticia tan atroz. Es un cine que te obliga a mirarte al espejo y preguntarte: ¿hasta dónde llegaría yo?

A nivel técnico, la música y el sonido juegan un papel fundamental. Hay silencios que duelen más que los gritos. La dirección de Steven R. Monroe es directa, sin florituras innecesarias, centrándose en el dolor físico y emocional. No es una película para todo el mundo, de eso no hay duda. Si buscas un entretenimiento ligero, huye de aquí. Pero si buscas una obra que explore los límites de la resistencia humana y la oscuridad del alma, esta cinta cumple con creces.

La venganza en Escupiré sobre tu tumba 2

Hay un componente religioso o espiritual latente en toda la obra. Esa idea del pecado, del castigo y de la redención a través de la sangre. Katie se convierte casi en una figura bíblica de castigo. La impunidad con la que trabajan sus captores al principio se vuelve contra ellos de la forma más irónica y cruel posible. Es un recordatorio de que, a veces, el infierno no es un lugar al que vas, sino algo que la gente puede crear aquí en la tierra para otros.

En conclusión, «Escupiré sobre tu tumba 2» es un ejercicio de estilo dentro del género *Rape & Revenge* que no desmerece a su predecesora. Es más grande, más sucia y, si cabe, más desesperanzadora. Me ha dejado dándole vueltas a la cabeza durante horas a temas como el privilegio, la seguridad y la delgada línea que separa la justicia de la barbarie. Una película que te remueve las entrañas y te obliga a reflexionar sobre la violencia en nuestra sociedad.

¿Hasta dónde llegarías por justicia?

Esta película nos pone frente a un espejo muy incómodo sobre la violencia y la impunidad. Me encantaría saber qué sentisteis vosotros al verla. ¿Creéis que la venganza de Katie es justificada o la película cruza una línea que no debería?

¡Cuéntamelo abajo en los comentarios, te leo!

Kevin Bacon contra gusanos gigantes: Todo sobre la película Temblores

Póster Temblores

Ficha Técnica

  • Título: Temblores (Tremors)
  • Año: 1990
  • Dirección: Ron Underwood
  • Reparto: Kevin Bacon, Fred Ward, Finn Carter, Michael Gross, Reba McEntire
  • Género: Ciencia ficción, Terror, Comedia
  • Duración: 96 min.
  • País: Estados Unidos
★★★★☆

4 de 5 – Un clásico de sobremesa

En Perfection, un remoto pueblo del desierto de Nevada, algo se mueve bajo la arena. Dos manitas locales, Val y Earl, descubren que su tranquila vida está a punto de convertirse en una lucha por la supervivencia contra gigantescos gusanos carnívoros que detectan cualquier vibración. La caza ha comenzado.

Hay películas que no necesitan una trama compleja para ganarse un hueco en nuestro corazón, y «Temblores» es el ejemplo perfecto de ese cine de los 90 que solo buscaba entretenernos durante una tarde de calor. Recuerdo perfectamente verla en La 1, con el ventilador a tope, flipando con esos gusanos que salían de la nada. Es una cinta sencilla, directa y, aunque se nota que ha envejecido en algunos aspectos, mantiene ese espíritu de aventura que hoy parece haberse perdido entre tanto CGI digital sin alma.

Lo primero que destaca es ver a un jovencísimo Kevin Bacon en un registro totalmente despreocupado. Su química con Fred Ward es, sin duda, lo mejor de la película. No son héroes musculosos ni científicos brillantes; son dos tipos normales, un poco vagos, que se ven envueltos en una situación surrealista. Esa humanidad hace que conectes con ellos desde el minuto uno. No hay pretensiones de salvar el mundo, solo quieren sobrevivir y salir de ese pueblo olvidado de la mano de Dios llamado Perfection.

Kevin Bacon en Temblores

Hablemos de los «Graboides». Para la época, los efectos especiales eran una auténtica maravilla de la artesanía. En lugar de abusar de efectos por ordenador, tenemos animatrónicos y marionetas que se sienten reales, que tienen peso y textura. Es cierto que hoy en día algunas costuras se le ven, pero prefiero mil veces un gusano de goma que se puede tocar a un borrón digital moderno. La tensión que logran crear simplemente con el movimiento de la tierra es un recurso que funciona de maravilla.

El ritmo de la película es envidiable. No pierde el tiempo en explicar de dónde vienen los monstruos (¿son mutantes?, ¿son prehistóricos?, ¿extraterrestres?), porque realmente no importa. Lo que importa es que si haces ruido, te mueres. Esa premisa tan básica mantiene el suspense durante toda la hora y media. Además, el guion tiene un toque de humor socarrón que le quita hierro a las escenas más tensas, convirtiéndola en una experiencia muy ligera y disfrutable para cualquier tipo de público.

Escena de Temblores

A pesar de sus virtudes, es innegable que el tiempo ha pasado factura a ciertos diálogos y situaciones. Hay momentos que hoy en día se sienten algo infantiles o demasiado simples. Sin embargo, ese aroma a «serie B» con presupuesto de «serie A» es precisamente lo que le da su encanto. No intenta ser «Tiburón» ni «Alien», aunque bebe mucho de ambas. Se conforma con ser una montaña rusa de serie B que sabe perfectamente qué teclas tocar para que no apartes la mirada de la pantalla.

La atmósfera del desierto de Nevada está muy bien captada. Sientes el calor, el polvo y esa sensación de aislamiento total. Perfection es un personaje más, con su pequeña tienda y sus vecinos excéntricos. Destaco especialmente al matrimonio de supervivencialistas armados hasta los dientes; su arsenal es la fantasía de cualquier amante de las pelis de acción y protagonizan algunos de los momentos más divertidos del tramo final. Es cine palomitero en su máxima expresión, sin filtros ni complicaciones innecesarias.

Graboides en Temblores

En resumen, «Temblores» es esa película que te pones cuando no quieres pensar, pero sí quieres disfrutar de una buena historia de supervivencia. No ha inventado la pólvora, pero la usa con mucha gracia. Es un viaje nostálgico a una forma de hacer cine donde la creatividad y el ingenio suplían la falta de tecnología puntera. Si no la has visto, dale una oportunidad; y si la viste de pequeño, te aseguro que volver a ver a los Graboides en acción te sacará una sonrisa de pura nostalgia.

Al final, lo que nos queda es una obra resultona que nos recuerda que el cine de monstruos puede ser divertido, tenso y entrañable al mismo tiempo. No busques grandes lecciones filosóficas aquí, solo busca un sitio alto, no hagas ruido y disfruta de la caza. Es, sin duda, uno de esos placeres culpables que uno nunca se cansa de reivindicar frente a las superproducciones vacías de la actualidad.

¿Y tú, qué harías si la tierra empezara a vibrar?

Seguro que tú también la viste un sábado por la tarde… ¿Crees que ha envejecido bien o los Graboides ya no dan tanto miedo? ¡Cuéntamelo en los comentarios, te leo!

Terror de consumo rápido: Análisis de El Juego del Ascensor (Elevator Game).

Póster El Juego del Ascensor

📂 Ficha Técnica

  • 🎬 Título: El juego del ascensor (Elevator Game)
  • 📅 Año: 2023
  • 🎥 Dirección: Rebekah McKendry
  • 👥 Reparto: Gino Anania, Verity Marks, Alec Carlos, Nazariy Demkowicz
  • 👻 Género: Terror / Sobrenatural / Creepypasta
  • ⏱️ Duración: 94 minutos
  • 🌍 País: Estados Unidos
★★★☆☆ 3 de 5 | Entretenimiento Cumplidor

El adolescente Ryan se une a un grupo de recién graduados que dirigen una serie web dedicada a desacreditar leyendas urbanas. Sin embargo, Ryan tiene un secreto: su hermana desapareció meses antes y él cree que ellos —y un peligroso desafío online llamado ‘El Juego del Ascensor’— son los responsables.

Hay tardes de domingo en las que uno no busca descubrir el sentido de la vida, ni maravillarse con la fotografía de un director sueco de nombre impronunciable, ni siquiera sufrir de verdad con un terror elevado al estilo A24. Hay tardes en las que el cuerpo solo te pide algo sencillo, algo que entre fácil, que se digiera rápido y que cumpla la función básica de mantenerte mirando a la pantalla sin exigirte demasiado esfuerzo neuronal. El juego del ascensor es exactamente esa película. Es la hamburguesa de un euro del cine de terror: sabes que no es alta cocina, sabes que los ingredientes no son de primera calidad, pero, maldita sea, te quita el hambre y hasta la disfrutas mientras dura.

Estamos ante una cinta que nace de una fuente inagotable de folclore moderno: las creepypastas. Para quienes no pasaron su adolescencia en foros de Reddit a las tres de la mañana, el «Juego del Ascensor» es una leyenda urbana originada en Corea (y popularizada globalmente en Internet) que asegura que, si realizas una secuencia específica de botones en un ascensor de un edificio de al menos diez pisos, puedes acceder a otra dimensión. Una dimensión donde el cielo es rojo, las luces fallan y, lo más importante, no debes interactuar con la mujer que sube en el quinto piso. La premisa es jugosa, simple y aterradora en su concepto minimalista. La película toma este material base y, con mucha honestidad y pocas pretensiones, construye un relato funcional.

Lo primero que llama la atención es que la película es muy consciente de la época en la que vive. Los protagonistas no son investigadores paranormales victorianos, sino un grupo de creadores de contenido para YouTube. Tienen un canal llamado «Nightmare on 24th Street» (un guiño simpático, aunque obvio) y se dedican a desmitificar leyendas urbanas. Este punto de partida es interesante porque justifica por qué demonios alguien querría hacer algo tan estúpido como invocar a un espíritu en un ascensor: por los likes, por los patrocinadores, por la audiencia. Es una crítica muy suave, casi de fondo, a la cultura del clickbait, pero sirve perfectamente para mover la trama.

Escena del ascensor

La tensión en el espacio cerrado es uno de los pocos recursos que la cinta explota con inteligencia.

Ryan, nuestro protagonista «infiltrado», es el típico chico tímido con una motivación oculta: encontrar a su hermana desaparecida. Aquí entramos en el terreno de los clichés más absolutos. El guion no se esfuerza en reinventar la rueda. Tenemos al líder carismático y algo imbécil del canal, a la técnica sensata, al gracioso del grupo y a la chica escéptica. Son arquetipos con patas, piezas de ajedrez colocadas para ir cayendo una a una o para sufrir las consecuencias de su incredulidad. Y, sinceramente, no me molesta. En este tipo de producciones, a veces se agradece la familiaridad. Sabes quién va a morir, sabes quién va a sobrevivir, y el juego consiste más en ver el «cómo» que el «qué».

Visualmente, la película tiene sus luces y sus sombras, nunca mejor dicho. Hay un esfuerzo notable en la iluminación cuando las cosas empiezan a torcerse. El uso de colores saturados, especialmente esos magentas y azules neón cuando el ascensor empieza a hacer de las suyas, le da un toque muy de cómic, muy «estética streamer», que le sienta bien. No es una película fea, aunque se nota que el presupuesto no daba para grandes alardes. El escenario del edificio de oficinas vacío de noche es un clásico que siempre funciona; esos pasillos largos, idénticos y estériles tienen algo inherentemente inquietante que apela a nuestro miedo a la soledad en espacios públicos.

Hablemos del terror. ¿Da miedo *El juego del ascensor*? Depende de tu umbral. Si eres un veterano del género que desayuna viendo *Martyrs*, esto te parecerá un cuento de Disney. Pero si buscas sobresaltos efectivos, la película tiene un par de momentos bien construidos. Juega mucho con el *jumpscare*, el susto de subida de volumen repentina, que es el recurso fácil, lo reconozco, pero eficaz para mantenerte despierto. Sin embargo, hay algo en la representación de la «Mujer del Quinto Piso» que me resultó genuinamente perturbador. El maquillaje y la actuación física de ese ente tienen un punto de valle inquietante (uncanny valley) que funciona bastante bien.

El ritmo es otro de sus aciertos. Al durar poco más de hora y media, la cinta no pierde mucho tiempo. La introducción de los personajes es rápida, la explicación de las reglas del juego es clara (y repetida para que no te pierdas), y una vez que se meten en el ascensor, la cosa va rodada. No hay grandes valles de aburrimiento, aunque sí hay momentos donde la lógica interna de la película se tambalea. Hay decisiones de los personajes que te harán gritarle a la pantalla: «¿Pero por qué no sales de ahí?», «¿Por qué te separas?». Lo de siempre, vamos. Pero es parte del pacto que firmamos al ver un *slasher* sobrenatural de bajo presupuesto.

El grupo de youtubers

El equipo de «Nightmare on 24th Street»: carne de cañón lista para el sacrificio viral.

Me parece interesante reflexionar sobre cómo el cine está adaptando estas leyendas de internet. Hace unos años tuvimos la desastrosa película de *Slenderman*, y comparada con aquella, *El juego del ascensor* es una obra maestra. Se nota que la directora, Rebekah McKendry, tiene cariño por el material y entiende el lenguaje del terror moderno. No intenta elevar la leyenda a una mitología compleja e incomprensible; respeta la simplicidad del ritual: botones, pisos, no mirar, no hablar. Esa fidelidad al «creepypasta» original es algo que los fans del terror online agradecerán enormemente.

Sin embargo, no todo es positivo. La película sufre notablemente en su tramo final. Como suele pasar en estas historias, el misterio es mucho más atractivo que la resolución. Cuando empiezan a explicar el «por qué» de todo, la magia se diluye un poco. Las reglas que parecían férreas al principio empiezan a ser flexibles según le convenga al guion para salvar a tal o cual personaje. Y los efectos digitales (CGI) en el clímax… bueno, digamos que se nota dónde se acabó el dinero. Hay ciertos efectos de distorsión y fantasmas digitales que sacan un poco de la inmersión, pareciendo más un filtro barato de TikTok que una producción cinematográfica seria.

A nivel sonoro, la película cumple sin destacar, aunque tiene sus matices. La banda sonora es la típica mezcla de sintetizadores y golpes de graves para acentuar los sustos, nada memorable que vayas a buscar en Spotify después. Pero lo que sí funciona a las mil maravillas es el diseño de sonido del propio ascensor: los chirridos metálicos, el «ding» de llegada a planta, el zumbido eléctrico. Consiguen convertir una caja metálica cotidiana en una trampa mortal sonora. Esos detalles son los que demuestran que, detrás de la fachada de «película barata», hay gente técnica que sabe hacer su trabajo.

Es curioso cómo este tipo de películas ocupan un lugar necesario en el ecosistema cultural. No podemos estar viendo obras maestras intensas todos los días. A veces necesitamos este «cine de confort» macabro. *El juego del ascensor* es perfecta para ver con amigos, con pizzas y ganas de comentar las estupideces que hacen los protagonistas. No te va a cambiar la vida, no te va a dejar pensando en la muerte durante semanas (como me pasó con *Hereditary*), pero te va a regalar 90 minutos de evasión pura y dura. Y eso, en los tiempos que corren, tiene su valor innegable.

Terror sobrenatural

Cuando los efectos son prácticos y el maquillaje toma el control, la película gana enteros.

En conclusión, si vas buscando una joya oculta del terror indie que revolucione el género, sigue buscando, porque aquí no la encontrarás. Pero si lo que quieres es una adaptación digna de una leyenda urbana famosa, con un ritmo ágil y unos cuantos sustos bien colocados, dale una oportunidad sin miedo. Es una película honesta: te ofrece exactamente lo que promete el póster. Ni más, ni menos. Es hábil en su ejecución técnica limitada y sabe jugar sus cartas para no aburrir. A veces, la falta de pretensión es la mejor virtud de una obra.

Así que, la próxima vez que subas a un ascensor y estés solo, quizás te lo pienses dos veces antes de pulsar los botones en un orden aleatorio. O quizás no, y simplemente te rías recordando los clichés de esta película. Sea como sea, *El juego del ascensor* logra su objetivo: entretenernos con nuestros miedos más irracionales a la tecnología cotidiana. No pasará a la historia del cine, pero ha salvado mi tarde de domingo, y con eso me basta.

¿Te atreverías a jugar?

Yo confieso que una vez intenté lo de «Verónica» frente al espejo y salí corriendo antes de terminar. 🕯️👻

¿Sois de los valientes o de los que prefieren ver estas cosas desde la seguridad del sofá como yo? ¡Os leo en comentarios!

El origen del mal: Reseña completa de la temporada 1 de Welcome to Derry

Poster Welcome to Derry

Ficha Técnica

  • Título: IT: Welcome to Derry
  • Plataforma: HBO Max
  • Género: Terror / Drama / Sobrenatural
  • Basado en: La obra de Stephen King
  • Estado: En emisión (Temporada 1)
★★★★★

9 de 10 – «Sublime pesadilla»

«

Ambientada en la década de 1960, años antes de los eventos de ‘IT: Capítulo Uno’ (2017), esta precuela explora los orígenes de la maldición que asola la pequeña ciudad de Derry, Maine, y el despertar de la entidad cambiaformas conocida como Pennywise. Mientras las tensiones raciales y sociales hierven en el pueblo, un grupo de inadaptados comienza a descubrir que la historia de su hogar está escrita con sangre.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=SXeHztWl0Ec?si=43SJKzagqZhvC9fh]

El retorno del Rey (del terror) a Derry

He de reconocer que últimamente, aunque consumo como loco series y películas, así como libros, no estoy muy al tanto de lo que se estrena. Vivimos en una era de saturación absoluta, con una cantidad ingente de material pendiente de ver, listas de «ver más tarde» que parecen pergaminos infinitos y estrenos que te atropellan sin avisar. Muchas veces me encuentro con las cosas de sopetón, casi por accidente, y eso es exactamente lo que me pasó un día bicheando por HBO Max (o Max, como quieran llamarlo ahora) sin rumbo fijo. De repente, ahí estaba: tres episodios ya disponibles de IT: Welcome to Derry.

Os seré sincero, porque aquí estamos entre amigos y no soy ningún crítico de esos de monóculo y pipa. Esos tres primeros episodios me costaron. Quizá fue el momento en el que los vi, un martes cualquiera después de trabajar, con la cabeza en mil sitios. No estaba yo muy fino ni centrado, y el ritmo inicial me pareció denso, cargado de una atmósfera que requiere paciencia. Estuve a punto de dejarla aparcada en ese limbo de «series que empecé y no terminé», pero algo me llamó. Volví a ponerme el segundo y el tercero días después, con otra mentalidad, para reengancharme de cara a la mid season y el final de temporada. Y madre mía, menos mal que lo hice.

Escena de la serie Welcome to Derry

La ambientación de los 60 es, sencillamente, otro personaje más.

He de reconocer también que Pennywise tiene algo que me atrae de una forma fatal. Es esa relación tóxica que tenemos los fans del terror con nuestros monstruos favoritos. Lo odiaba de pequeño, con un miedo visceral que me impedía acercarme a las alcantarillas, y lo admiro de adulto. Pero ojo, es una admiración desde la distancia, muy de «te admiro, sí, eres un icono, pero por si acaso no te pienso mucho antes de dormir no vaya a ser que sueñe contigo». Y es que el payaso de Derry es, cuanto menos, inquietante. En esta precuela, que se toma la libertad (y el acierto) de explicar parte de su origen y su ciclo de alimentación en una época distinta, nos han dejado claro algo fundamental: Pennywise no es un «antihéroe» ni un villano comprendido. Es el mal.

Siempre he pensado que, en el panteón de los monstruos modernos, hay clases. Tienes a Jason, que es una fuerza bruta; tienes a Michael Myers, que es la maldad sin rostro. Pero Pennywise… Pennywise juega en la liga de los que disfrutan. Junto a Freddy Krueger, el payaso es uno de los malos de verdad, de los que se regodean en el dolor ajeno, que hacen chistes crueles antes de arrancarte el brazo. La serie recupera esa crueldad juguetona y la eleva. No es solo susto por susto (que los hay, y muy buenos), es la sensación constante de que algo está mal en el pueblo, de que la tierra misma está podrida.

No voy a profundizar mucho en la trama específica de la serie ya que la idea es que la veáis sin spoilers, pero de verdad… qué sublime gozada de producción. HBO rara vez falla en los valores de producción, pero aquí se han lucido. La fotografía es sucia cuando debe serlo y preciosista en los momentos de calma tensa. Juega con los colores saturados de los años 60, pero siempre con ese filtro enfermizo que te recuerda que estás en Derry. Y la música… ay, la música. Esos violines chirriantes y los silencios incómodos acompañan perfectamente a los cortes de edición, que son bruscos, agresivos, diseñados para mantenerte en tensión.

El terror en Derry

No solo es el payaso, es lo que el payaso hace a la gente.

Pero si algo sostiene una historia de Stephen King, incluso cuando King no es el guionista directo, son los personajes humanos. Los niños. Esos niños rotos que tienen que enfrentarse a cosas que los adultos prefieren ignorar. El casting es espectacular. Te crees su miedo, te crees su amistad forjada en la desgracia. Hay una química entre los protagonistas que recuerda a la magia del «Club de los Perdedores» original, pero con sus propios matices, sus propios demonios y un contexto social muy potente que la serie no tiene miedo de explorar.

Es curioso cómo una precuela, de la que en teoría ya sabemos el final (o al menos sabemos que el monstruo sigue vivo años después), logra mantener la tensión. Y eso es mérito de la escritura. Nos importa quién vive y quién muere, aunque sepamos que Derry seguirá maldita. La construcción del lore alrededor del pueblo es fascinante, ampliando lo que vimos en las películas de Muschietti sin traicionar la esencia del libro. Se siente como una novela visual, densa, rica en detalles, de esas que te piden pausar para mirar el fondo de la escena.

Para ir cerrando, porque podría estar horas hablando de la estética del payaso y de cómo han logrado que vuelva a dar miedo incluso a los que ya tenemos una edad. Si sois fans del universo de IT, si os gusta el terror que se cocina a fuego lento pero que explota con violencia cuando menos te lo esperas, tenéis que verla. Dadle una oportunidad si el primer capítulo se os hace bola, creedme, la recompensa merece la pena. Es una carta de amor al género y una demostración de que las series de terror pueden ser televisión de prestigio.

Pennywise acechando

La pesadilla ha vuelto a casa.

Para mí, sin duda es un 9 de 10 y un rotundo 5 estrellas de puntuación. Merecida reputación y esperando ver si hay algo más allá del final, porque con este nivel de calidad, yo estoy dispuesto a flotar las temporadas que hagan falta. No dejéis que se os escape entre el mar de estrenos, pescadla y disfrutad del miedo.

🎈 ¿Tú también quieres tu globo?

¿Has visto ya la serie? ¿Crees que supera a las películas o el libro es intocable? ¡Cuéntame en los comentarios si te ha dado tanto miedo como a mí!

OBEDECE Y CONSUME: La sátira política detrás de los aliens de Están Vivos

Poster Están Vivos John Carpenter

Ficha Técnica

  • Título original: They Live
  • Año: 1988
  • Dirección: John Carpenter
  • Reparto: Roddy Piper, Keith David, Meg Foster
  • Género: Ciencia Ficción / Terror / Sátira
Valoración del «Experto Amateur»: ★★★★☆ (3.5/5)
Nota numérica: 6/10
«Un trabajador nómada encuentra unas gafas de sol que le permiten ver el mundo tal y como es. Al ponérselas, descubre que las vallas publicitarias y los medios de comunicación esconden mensajes subliminales de obediencia y consumo, y que la clase dirigente está compuesta por alienígenas de aspecto cadavérico que pretenden dominar a la humanidad.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=ampNU-oYGZQ?si=KB23iZwx2353OOIB]

Gafas de sol, alienígenas y la cruda realidad

Jamás pensé que una película de este calibre, con estos efectos especiales tan desfasados, me haría reír tanto 37 años después. Pero así es el cine de John Carpenter: una delicatessen, un café para muy cafeteros del género sci-fi que, si entras en su juego, te regala una experiencia inolvidable. Están Vivos (o They Live para los puristas) es esa joya de 1988 que ha envejecido de una forma extraña: visualmente es hija de su tiempo, pero temáticamente parece que se escribió ayer por la tarde mirando Twitter (o X, o como se llame ahora).

No soy ningún crítico de la academia, solo un tipo que consume cine como si se fuera a acabar el mundo, y desde mi humilde sofá de «experto amateur», tengo que decir que esta película es una genialidad disfrazada de serie B. La premisa es tan absurda como brillante: un obrero de la construcción, interpretado por el inmenso (literalmente) Roddy Piper, encuentra una caja de gafas de sol en una iglesia abandonada. Hasta ahí, todo normal en el universo de lo raro. Pero cuando se pone las gafas, el mundo cambia. El color desaparece y la verdad se revela en blanco y negro.

Escena Están Vivos visión gafas
Cuando te pones las gafas y ves que tu revista favorita solo quiere que obedezcas.

Aquí es donde entra el concepto de la «Pseudo-Matrix» ochentera. Mucho antes de que Keanu Reeves esquivara balas en cámara lenta, Carpenter ya nos estaba diciendo que la realidad no es lo que parece. Sin ordenadores cuánticos ni trajes de cuero ajustados, Están Vivos nos planta una invasión alienígena silenciosa. No vienen con naves gigantes destruyendo la Casa Blanca; vienen con trajes caros, relojes de oro y puestos directivos. Los aliens han invadido la Tierra a través del capitalismo salvaje. Al mirar a través de las lentes, los carteles de publicidad ya no venden ordenadores o vacaciones, sino que gritan órdenes directas: «OBEDECE», «CONSUME», «CÁSATE Y REPRODÚCETE», «NO PIESES». Es una crítica social tan directa y sin sutilezas que resulta refrescante en estos tiempos donde todo el cine intenta ser políticamente correcto o excesivamente complejo.

Lo que hace que esta película sea una experiencia tan divertida es su honestidad. Sabe que es una película de acción barata y lo abraza con fuerza. Los efectos especiales de los alienígenas, con esas caras de calavera azulada y ojos saltones, hoy en día parecen máscaras de Halloween compradas en un bazar de todo a cien. Pero, ¿sabes qué? Da igual. De hecho, eso le añade encanto. No necesitas CGI de millones de dólares para entender que esos tipos son los malos. Su fealdad exterior es solo un reflejo de su corrupción interior. Y ver a Roddy Piper, que recordemos era luchador de wrestling profesional y no actor de método, pasearse con una escopeta y gafas de sol soltando frases lapidarias, es un placer culpable.

Alienígenas en Están Vivos
Roddy Piper listo para mascar chicle y patear traseros… y se le acabó el chicle.

Hablemos de la dupla protagonista, porque esto es oro puro. Roddy Piper (Nada) y Keith David (Frank) tienen una química brutal. Son dos currelas intentando sobrevivir en un sistema que los aplasta, y su relación pasa de la desconfianza a la hermandad a base de puñetazos. Y cuando digo puñetazos, me refiero a *esa* escena. Hay una pelea en un callejón que dura una eternidad (creo que son más de 5 minutos de reloj) solo porque uno quiere que el otro se ponga las malditas gafas de sol. Es absurda, es excesiva, es agotadora de ver, y es absolutamente genial. Es Carpenter diciendo: «Me da igual el ritmo narrativo, quiero ver a estos dos moles dándose de tortas hasta que no puedan más». Es testosterona ochentera en su máxima expresión.

La trama te lleva fácil hasta el final. No hay giros de guion incomprensibles ni tramas secundarias que no llevan a nada. Es lineal: descubre el pastel, busca aliados, consigue armas, intenta salvar el mundo. A veces, como espectador saturado de tramas enrevesadas tipo Nolan, se agradece una historia que va de A a B sin pedirte que tomes apuntes. Te sientas, te ríes, te sorprendes con la crítica mordaz al yuppismo de la era Reagan y disfrutas del viaje.

Por supuesto, no es una obra de arte al nivel de El Padrino, ni lo pretende. Tiene fallos de ritmo, actuaciones que rozan la parodia y agujeros de guion por los que cabría una nave espacial. Pero como curiosidad, recomiendo verla encarecidamente. Es, que ya merece. Es historia del cine de culto. Es el origen de memes, de logotipos de marcas de ropa urbana (como OBEY) y de una forma de entender la ciencia ficción como vehículo de protesta política.

Roddy Piper Están Vivos
Los villanos: feos, corporativos y directos al grano.

En conclusión, Están Vivos es una película necesaria. Nos recuerda que a veces hay que ponerse unas gafas diferentes para ver la realidad que nos rodea, aunque lo que veamos no nos guste. Y nos enseña que, si te quedas sin chicle, siempre puedes empezar a patear traseros. Si te gusta el cine imperfecto, con alma, con mensaje y con ganas de divertir sin pretensiones, esta es tu película. Dale una oportunidad, aunque solo sea por ver a los aliens tomando café mientras planean la dominación mundial a través de la televisión por cable.

¿Y tú qué opinas?

«Si tuvieras esas gafas de sol ahora mismo y salieras a la calle en tu ciudad… ¿Qué mensaje subliminal crees que verías más a menudo?»

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El regreso de la muerte: Análisis de Destino Final 6 Lazos de Sangre.

Poster Destino Final Lazos de Sangre

Ficha Técnica

  • Título Original: Final Destination: Bloodlines
  • Año: 2025
  • Género: Terror / Slasher Sobrenatural
  • Dirección: Zach Lipovsky, Adam B. Stein
  • Guion: Lori Evans Taylor, Guy Busick
  • Valoración Personal: ⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⚪⚪ (8/10)

Sinopsis

«La muerte tiene una cuenta pendiente y esta vez es personal. Stefani, atormentada por las visiones de su propia muerte, descubre que su pesadilla está ligada a un linaje maldito que se remonta a la catástrofe del vuelo 180. En un intento desesperado por romper la cadena, deberá enfrentarse a un diseño macabro que ha estado esperando décadas para cerrarse. La lista ya está escrita, y la sangre llama a la sangre.»

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El Regreso de la Parca: Un cierre digno para una generación

Voy a seros totalmente sincero: el 2025 ha sido un año extraño. Hemos visto secuelas innecesarias, reboots sin alma y películas de «terror elevado» que a veces se olvidan de que, en el fondo, hemos venido a pasar miedo. Pero entonces, casi sin avisar, llega Destino Final: Lazos de Sangre y me devuelve de un tortazo a mi adolescencia. No soy ningún crítico de la academia, ni pretendo saber de iluminación o montaje, pero sé lo que me hace agarrarme al brazo del sofá. Y esta película lo ha conseguido como hacía años que no lo sentía. Es esa sensación de volver a casa, aunque esa casa esté llena de trampas mortales y presagios oscuros.

La vuelta a las pantallas a modo de cierre explicativo de la saga ha sido, sin duda, una de las delicias de mi año en relación al cine de terror. Es una película ágil, certera y que juega con la nostalgia de una forma muy inteligente. No se limita a copiar lo que ya vimos en el año 2000 con el Vuelo 180, sino que coge toda esa mitología y le da un sentido, un «por qué» que quizás no pedimos, pero que agradecemos profundamente. Tiene todos los remembers y guiños posibles para emanar ese algo especial que se tiene en las primeras veces de sagas tan importantes como esta y que, normalmente, se va diluyendo entrega tras entrega hasta convertirse en una parodia de sí misma. Aquí no. Aquí la Muerte vuelve a dar miedo.

Escena de tensión Destino Final

La tensión se palpa en cada encuadre, recuperando la atmósfera opresiva de la primera entrega.

Hablemos de lo que todos venimos a buscar en una película de Destino Final: las muertes. Seamos honestos, en este nicho somos un poco morbosos. Nos gusta ver cómo una serie de coincidencias imposibles —un tornillo suelto, una gota de agua, un cable pelado— desencadenan el caos absoluto. En Lazos de Sangre, la creatividad está por las nubes. Ya no es solo el gore por el gore (que lo hay, y mucho), es la tensión de la espera. Los directores juegan con nosotros. Nos hacen mirar a la derecha esperando el golpe, para que la muerte llegue por la izquierda. Esa «agilidad» que mencionaba antes se nota en el ritmo; no hay tiempos muertos aburridos donde los personajes divagan sobre la vida. Aquí, si se paran a hablar, es porque están cagados de miedo, y eso se transmite.

Lo que más me ha sorprendido gratamente es cómo han tratado el tema del «linaje». Sin entrar en spoilers graves, la idea de que la muerte no solo te persigue a ti, sino que busca cerrar un círculo generacional, le añade un peso dramático que las anteriores (salvo quizás la primera y la quinta) no tenían. Ya no son solo adolescentes tontos muriendo uno tras otro; hay una historia de fondo que conecta con el inicio de todo. Para un fan como yo, que ha crecido viendo cómo esquivaban camiones de troncos en la autopista, ver cómo atan cabos sueltos desde hace 25 años es simplemente satisfactorio. Es un regalo para los que hemos seguido la franquicia incluso en sus momentos más bajos.

Visualmente, la película cumple con creces. No abusa del CGI barato que tanto daño hizo al cine de terror de la década pasada. Los efectos prácticos vuelven a tener protagonismo, y eso se agradece. Cuando ves sangre, parece sangre. Cuando ves huesos romperse, te duele. Ese realismo sucio es lo que necesitaba la saga para volver a ser relevante en una época dominada por el terror digital.

Personajes investigando el misterio

Investigando las pistas del pasado: cuando el destino está escrito, ¿se puede borrar?

Y hablando de los protagonistas, ¡qué alivio! Por fin personajes que no tomen decisiones estúpidas cada cinco minutos. Bueno, alguna toman, porque si no la película duraría diez minutos, pero en general se sienten humanos. Tienen miedo, lloran, se desesperan, pero intentan luchar. La química entre el elenco joven funciona, y la inclusión de figuras veteranas (que no desvelaré para no arruinar la sorpresa) le da ese toque de legitimidad que la convierte en una secuela con peso propio. Se nota que los guionistas han respetado el material original. No intentan reinventar la rueda, solo hacerla girar más rápido y mejor.

La disfruté muchísimo, de verdad. Le pondría un sólido 8 de 10. Es un cine fácil, directo y que engancha, exactamente lo que necesitamos en estos tiempos tan raros que vivimos. A veces, uno no quiere ver una película metafórica de tres horas sobre la condición humana en blanco y negro; a veces, uno solo quiere ver cómo el destino hace de las suyas en una sala de cine, en un gimnasio o en una cocina mal diseñada. Es catártico. Es entretenimiento puro y duro, sin pretensiones, pero hecho con un cariño y una calidad técnica envidiables.

El tramo final de la cinta es una montaña rusa. Justo cuando crees que han encontrado la solución, la película te recuerda la regla de oro: a la Muerte no se la puede engañar. O al menos, no tan fácilmente. El clímax es intenso, ruidoso y visualmente espectacular. Cierra tramas, pero te deja con esa inquietud en el cuerpo al salir del cine, esa manía de mirar dos veces antes de cruzar la calle o de desconfiar de ese ascensor que hace un ruido extraño. Y eso, amigos, es la magia del cine. Si una película consigue cambiar tu comportamiento durante las dos horas siguientes a verla, ha triunfado.

El desenlace fatal

El diseño de producción brilla en los momentos clave, creando trampas mortales inolvidables.

En conclusión, Destino Final: Lazos de Sangre no ganará Oscars, ni falta que le hace. Ha ganado algo más difícil: el respeto de los fans y la validación de que el slasher sobrenatural sigue vivo y coleando. Es una carta de amor a los sustos de principios de milenio, actualizada para la generación de TikTok pero manteniendo el espíritu analógico de la desgracia inminente. Si eres como yo, un «experto amateur» que devora cine buscando sensaciones fuertes, no te la puedes perder. Es el cierre que merecíamos.

💀 PREGUNTA PARA VOSOTROS 💀

«Si pudieras elegir una muerte de toda la saga para NO sufrir jamás… ¿cuál sería? Yo sigo teniendo pesadillas con el camión de troncos…»


¡Déjamelo en los comentarios!

Universo Expediente Warren: Análisis de Annabelle, la Precuela que lo Inició Todo

Póster de la película Annabelle

Ficha Técnica

  • Título Original: Annabelle
  • Año: 2014
  • Director: John R. Leonetti
  • Guion: Gary Dauberman
  • Reparto Principal: Annabelle Wallis, Ward Horton, Alfre Woodard
  • Género: Terror, Sobrenatural
  • Productora: New Line Cinema, Atomic Monster Productions

Mi Valoración

★★★★☆

4 de 5 estrellas

Sinopsis (Citada)

«John Form encuentra el regalo perfecto para su esposa embarazada, Mia: una hermosa y extraña muñeca vintage vestida con un inmaculado vestido de novia blanco. Pero la alegría de Mia con su Annabelle dura poco. Una noche, su casa es invadida por miembros de un culto satánico que atacan a la pareja. La sangre derramada y el terror no es todo lo que dejan atrás. Los satanistas han invocado una entidad maligna que ahora reside en Annabelle.»

Trailer de Annabelle (2014)

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Mi Crítica de Experto Amateur

Madre mía, qué ganas tenía de volver a meterme de lleno en el universo de los Warren. Annabelle es de esas películas que, aunque ya sepas por dónde van los tiros, te lo pasas genial. Es cine de terror sin complejos, del que busca asustarte con lo que tiene a mano, y en este caso, es un objeto inanimado que de repente no lo es tanto. La muñeca Annabelle, un personaje que ya conocíamos de la primera entrega de Expediente Warren, se gana aquí su propio espacio para contarnos su «historia de origen». Y la verdad, a mí me pareció una jugada muy inteligente para expandir este universo que tanto me gusta.

Lo que más me flipa de esta película es cómo usa los clichés del género. Sí, lo sé, algunos dirán que es predecible, y lo es. Pero precisamente ahí está la gracia. Es como un juego. Ves que la puerta se va a cerrar sola, que la sombra en el pasillo va a moverse, que el sonido de un juguete de niño va a sonar cuando no debería. Y disfrutas de esa anticipación. Sabes que va a pasar, y cuando pasa, te da un buen susto, pero de esos que te hacen reír un poco después. No es un terror psicológico que te destroce la cabeza, es un terror de «¡Boom, aquí estoy!» que, para mí, es igual de válido y, a veces, mucho más entretenido. Me encantó la idea de que los sustos vinieran de una muñeca, algo tan inocente en apariencia.

Escena de la película Annabelle

La ambientación, por otro lado, es un punto muy fuerte. La película se sitúa en los años 70, y eso se nota en cada detalle: la ropa, la decoración de la casa, la paleta de colores. Le da un toque retro que le sienta de maravilla al género de terror. La casa de los protagonistas, una pareja joven y feliz, se convierte poco a poco en un lugar siniestro, y la transformación visual es muy efectiva. No sé qué tiene el cine de terror que se basa en la vida de una familia normal que de repente se ve envuelta en algo paranormal, pero a mí me atrapa siempre. El director, John R. Leonetti, que ya había trabajado en Expediente Warren como director de fotografía, sabe muy bien cómo jugar con la iluminación y las sombras para crear esa atmósfera de tensión constante.

Los personajes, a pesar de ser un poco arquetípicos, funcionan. Annabelle Wallis como Mia hace un buen trabajo interpretando a una mujer que empieza a perder la cabeza por el miedo. Se siente su desesperación y su vulnerabilidad. Y la verdad, el resto del reparto, aunque no sea para un Oscar, cumple con creces. Es una película de terror, no un drama de Shakespeare, así que lo que se les pide es que transmitan ese terror, y lo consiguen. El uso del «jumpscare» está presente, claro, pero no se abusa de él. Están bien colocados, casi como puntuación de la tensión que se va construyendo.

Otra escena de la película Annabelle

A ver, seamos honestos, la película tiene sus fallos. A veces la trama se siente un poco forzada para llegar de un susto a otro. Y el rol del cura y el de la vecina (interpretada por la siempre genial Alfre Woodard) es un poco el «mago» que aparece para explicarlo todo, lo cual es un recurso bastante manido. Pero insisto, esto es parte del encanto. Es un cine que no se toma demasiado en serio a sí mismo, y que se centra en lo que importa: entretener y asustar. A mí me parece una película muy honesta en ese sentido. No pretende ser la gran obra maestra del terror, pero sí una pieza sólida y disfrutable dentro de su nicho.

El universo de los Warren, con sus demonios, fantasmas y muñecas poseídas, ha sabido captar la atención de mucha gente, y Annabelle es una prueba más de por qué funciona tan bien. Conexiones con otras películas, un lore bien establecido (aunque a veces un poco confuso si no sigues el orden de visionado), y sobre todo, un villano icónico. La muñeca en sí misma es un personaje visualmente muy potente. Su rostro inexpresivo y su mirada vacía son suficientes para ponerte los pelos de punta. No necesita moverse ni hablar, solo con su presencia ya lo consigue.

Tercera escena de la película Annabelle

Para mí, la película cumplió su cometido. Es oscura, siniestra y llena de esos momentos de tensión que a los amantes del terror nos encantan. Quizás no inventa la rueda, pero la hace girar muy bien. Si te gusta el cine de terror más clásico, lleno de clichés bien ejecutados y con una muñeca que te va a dar pesadillas, Annabelle es tu película. Es un ejemplo perfecto de por qué a veces lo simple y directo puede ser lo más efectivo. Un clásico de las tardes de terror, con palomitas y la luz apagada. Y el final, aunque quizás algunos lo vean venir, es de esos que te deja con un buen sabor de boca… o de miedo.

«¿Eres de los que se asusta con las muñecas o de los que duerme con ellas? ¿Qué película de terror te ha hecho mirar dos veces a la sombra de tu pasillo?»

«La Acompañante»: ¿Es Sophie Thatcher la nueva musa del terror inteligente?

Crítica de ‘La Acompañante’: Cuando la compañía perfecta es tu peor pesadilla

Póster de La Acompañante

Ficha Técnica

  • Título original: Companion
  • Año: 2025
  • Duración: 97 min.
  • País: Estados Unidos
  • Dirección: Drew Hancock
  • Guion: Drew Hancock
  • Reparto: Sophie Thatcher, Jack Quaid, Lukas Gage, Rupert Friend, Harvey Guillén, Megan Suri
  • Género: Thriller, Ciencia Ficción, Terror, Comedia Negra

«La muerte de un multimillonario desencadena una serie de acontecimientos para Iris y sus amigos durante un viaje de fin de semana a su finca junto al lago.»

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A veces, te sientas en la butaca del cine sin saber muy bien qué esperar. Ves un póster, lees una sinopsis que parece un cliché y te preparas para otra película de fin de semana que olvidarás antes de que terminen los créditos. Eso pensaba yo de «La Acompañante». Pero, de vez en cuando, el cine te da una bofetada (en el buen sentido) y te presenta algo retorcido, divertido y extrañamente profundo. La ópera prima de Drew Hancock es una de esas sorpresas que te reconcilian con el género del thriller de ciencia ficción, un terreno tan manoseado que encontrar algo con personalidad propia es casi un milagro.

La película arranca con todos los tropos que hemos visto mil veces: una pareja de enamorados, Iris (una magnética Sophie Thatcher) y Josh (Jack Quaid, que ha nacido para estos papeles de «buen tipo con algo que ocultar»), se van de fin de semana a una casa aislada en un lago con los amigos de él. El ambiente es idílico, casi artificial. Desde el primer minuto, algo no encaja. Iris parece demasiado perfecta, demasiado atenta, casi como si estuviera siguiendo un guion. Y, en cierto modo, lo está. El giro, que la película no tarda en desvelar, es que Iris no es humana. Es una «Acompañante», un androide de última generación diseñado para ser la pareja ideal. Pero, ¿ideal para quién y a qué precio?

Escena de La Acompañante

Lo que podría haber sido una versión más de «Ex Machina» o un capítulo alargado de «Black Mirror» se convierte rápidamente en una sátira negrísima y sangrienta sobre las relaciones, la masculinidad tóxica y la codicia humana. Hancock no está tan interesado en las tres leyes de la robótica como en analizar la estupidez supina del ser humano. Los amigos de Josh no son más que un catálogo de arquetipos detestables: el alfa competitivo, la pareja superficial, el conspiranoico… Y en medio de ellos, Iris, una máquina diseñada para complacer, empieza a observar, a aprender y, sobre todo, a detectar las grietas en la fachada de normalidad de sus anfitriones.

El guion es inteligente al jugar con lo que el espectador sabe y lo que los personajes ignoran. Nosotros somos cómplices del secreto de Iris, y eso genera una tensión deliciosa. Cada conversación, cada gesto, está cargado de un doble sentido. Cuando los secretos de los humanos empiezan a salir a la luz, la película se despoja de su piel de thriller psicológico para convertirse en un slasher con todas las letras, pero uno con un cerebro y un sentido del humor corrosivo. La violencia es explícita y festiva, casi catártica. Es como si la película nos dijera: «¿Veis lo que pasa cuando lleváis al límite a quien habéis creado para serviros?».

Sophie Thatcher en La Acompañante

Sophie Thatcher es, sencillamente, el alma de la película. Su transformación de una «esposa-robot» sumisa y de ojos abiertos a una entidad consciente y letal es fascinante. Transmite una ternura inicial que hace que su posterior rebelión sea aún más impactante. Por su parte, Jack Quaid vuelve a demostrar que es uno de los actores más interesantes de su generación, capaz de equilibrar encanto y una ambigüedad moral que te mantiene en vilo. Hay una química innegable entre ellos que eleva el material por encima de una simple película de género.

Visualmente, Hancock sabe sacar partido de su único escenario. La casa junto al lago, un símbolo de estatus y escapismo, se convierte en una jaula de cristal donde los instintos más primarios salen a flote. La fotografía juega con los colores fríos y metálicos para recordarnos la naturaleza artificial de Iris, en contraste con la calidez del entorno natural que los humanos parecen decididos a corromper. No es una película que vaya a revolucionar el lenguaje cinematográfico, pero está rodada con una eficacia y una confianza que asombran para ser un debut.

Sin embargo, «La Acompañante» no es perfecta. Su tercer acto, aunque entretenido, puede resultar un poco más convencional de lo que prometía su arranque. Cae en algunos clichés del «villano que habla demasiado» y la resolución, aunque satisfactoria, podría haber sido un poco más valiente en su mensaje final. A veces, la mezcla de tonos, entre la comedia negra y el terror puro, puede descolocar a quien busque una experiencia más directa. No es una película de terror que te haga saltar de la silla, sino una que te deja con una sonrisa incómoda y un mal cuerpo que dura horas.

Jack Quaid en La Acompañante

Al final, «La Acompañante» es una reflexión muy actual sobre la soledad en la era tecnológica y hasta qué punto buscamos en la tecnología un reflejo idealizado de nosotros mismos, una versión sin los defectos que tanto odiamos. La película plantea una pregunta perturbadora: ¿quién es el verdadero monstruo? ¿La inteligencia artificial que aprende a ser violenta para sobrevivir o los humanos que, con su egoísmo y crueldad, le enseñan el camino? Es una mezcla salvaje entre «Thelma y Louise» y «Terminator», con el comentario social de «Barbie» pasado por un filtro de sangre y vísceras.

En definitiva, es una propuesta fresca, original y muy disfrutable. Un debut prometedor que te hará mirar dos veces a tu asistente virtual y preguntarte qué piensa de ti realmente. No es una obra maestra, pero sí una de esas películas de «culto instantáneo» que se comentan a la salida del cine. Y en un panorama lleno de secuelas y remakes, eso ya es una victoria. Merece la pena, aunque solo sea por ver a Sophie Thatcher repartir justicia poética con la frialdad de un procesador y la furia de una mujer harta de que le digan lo que tiene que hacer.

Y tú, ¿confiarías en una IA para ser tu pareja ideal? ¿O crees que es el primer paso para nuestra propia extinción? ¡Deja tu opinión en los comentarios!

Slasher retro y juvenil: valoración rápida de La calle del terror

Póster de La calle del terror: La reina del baile

Ficha técnica

Título original: Fear Street: Prom Queen
Título en español: La calle del terror: La reina del baile
Dirección: Matt Palmer
Guion: Matt Palmer, Donald McLeary (basado en la novela de R. L. Stine)
Música: The Newton Brothers
Fotografía: Márk Györi
Montaje: Christopher Donaldson
Reparto principal: India Fowler, Suzanna Son, Fina Strazza, David Iacono, Ella Rubin, Chris Klein, Ariana Greenblatt, Lili Taylor, Katherine Waterston
País: EE. UU. Año: 2025 Duración: 90 min
Productora: Chernin Entertainment Distribuidora: Netflix

Sinopsis: El insti de Shadyside monta su baile del 88 con globos, neones y cuatro candidatas a reina peleando por la corona… hasta que empiezan a desaparecer. Lo que iba a ser una noche de confeti se convierte en un festival de sangre. Vamos, lo típico del pueblo.

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Crítica

Arrancamos con neones morados, musiquita retro y un walkman que ya huele a rancio. Vamos, que el director nos suelta un “hola, esto va de nostalgiar y rajar arterias”. Y yo encantado. El asesino se pasea por los pasillos como Pedro por su casa mientras los profes están a sus cosas (seguro corrigiendo exámenes). Primer susto, primera víctima, y palomitas al aire. Feliz.

La prota Lori (India Fowler) es la típica chica maja que no parte el bacalao, pero espabila rápido. Se nota que la muchacha ha visto pelis de miedo porque no tarda en decir “eh, aquí pasa algo chungo”. A su lado, la reina abeja del instituto se gana el título de “la que más ganas tienes de ver caer”. Spoiler: cuando le toca, el cine aplaude. ¡PUM!

Lori (India Fowler) en los pasillos de Shadyside

Entre medias, el dire nos regala cuchilladas originales: una cabeza contra espejo, un corsage que pincha más que un erizo y hasta un fotomatón que se vuelve carnicería. ¿Realista? Ni de coña. ¿Divertido? Como meter Mentos en Coca‑Cola.

La foto mola: azules fríos cuando hay tensión y rojos que saltan en tu cara cuando alguien la palma. Homenaje a “Carrie” clarísimo: cubo de (no digo qué) sobre la chica y a correr. Pero con rollo videoclip ochentero. Le falta que salga Bonnie Tyler cantando “Holding Out for a Hero”.

La pista de baile bañada en luces de neón

La música, puro sintetizador. Los Newton Brothers se montan una playlist que igual te vale para planchar camisas que para rajar amigos. Ojo al tema “Crown of Fear”, que se pega más que el chicle en suela de zapato.

¿Fallos? Pues hombre, el misterio se huele desde Cuenca. A la media hora ya ves venir quién maneja el cotarro. Pero sinceramente, me daba igual. Yo estaba para contar muertes y aplaudir cada invento gore. Esto es como el karaoke: sabes la letra, pero te lo cantas igual.

Las candidatas a reina del baile de Shadyside

Palmer se marca un plano secuencia por todo el gimnasio que parece atracción de feria. Luces locas, humo barato y un asesino que no se cansa: cardio nivel dios. El CGI canta un poco, pero nada grave. Yo estaba ya de pie gritando “¡dale, dale!” cual hooligan.

El remate final deja la puerta abierta a más secuelas (cómo no). Una cinta de walkman sonando “Don’t you forget about me” mientras el asesino hace mutis. Guiño, codazo, y a esperar la próxima. Yo firmo ya.

Resumiendo: slasher facilón, juvenil, perfecto para maratón de finde con colegas. No es la octava maravilla, pero entretiene como un buen meme de gatos. Sangre, neones y brillantina, ¿qué más quieres? Ponte la tiara y que empiece la fiesta.

¿Te apuntas a coronarte (o a palmar) en el baile? Pues dale al play, sube el volumen y que corra la sangre… digo, la diversión. 😉🔪👑

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