Ficha Técnica
Título: Yellowstone
Año: 2018 – 2024
Creador: Taylor Sheridan, John Linson
Reparto: Kevin Costner, Kelly Reilly, Luke Grimes, Wes Bentley, Cole Hauser, Kelsey Asbille, Gil Birmingham
Género: Western / Drama / Thriller
Duración: 5 Temporadas (aprox. 60 min/cap)
País: Estados Unidos
“ John Dutton lidera una familia de terratenientes en Montana que controla el rancho más grande de los Estados Unidos. En un mundo donde la frontera sigue siendo salvaje, los Dutton deben proteger su legado de promotores inmobiliarios, una reserva indígena y el primer parque nacional de América, usando métodos que desafían la ley y la moral. ”
Acabo de terminar Yellowstone. La he visto en un par de semanas, del tirón, sin anestesia y casi sin respirar. Me he quitado la tirita que tantos años llevaba pegada y, con ella, mi causa pendiente con Kevin Costner. He de reconocer que la serie me ha entusiasmado, especialmente las tres primeras temporadas, que me han parecido grandiosas pese al devenir, a veces errático, de algunos personajes en la recta final. Estamos ante una serie sólida, con una historia de base muy potente, pocos extras innecesarios al principio, mucha música country que te araña el alma y, sobre todo, muchos animales y una naturaleza que abruma.
La historia sigue a la familia Dutton, cuyo patriarca, John Dutton, es una especie de señor feudal moderno en Montana. Toda la trama gira obsesivamente en torno al concepto del rancho, de la pertenencia a la tierra y la lucha contra las grandes corporaciones que quieren explotar ese paraíso como si fuera una extensión más de Utah, Los Ángeles, Seattle o Nueva York. Conceptualmente es fascinante y liosa a la vez: nunca terminas de saber si estás ante una familia dictatorial que ejecuta la ley a su antojo o ante el último bastión de amantes de la naturaleza castiza, defendiendo lo rural frente a la voracidad del cemento.
El patriarca que mira al futuro sintiéndolo perdido.
Hablemos de John Dutton. Viudo, con cientos de enemigos y una palabra que va a misa. No tiene miedo a incumplir todas las leyes existentes ni a ejecutar lo inejecutable con puño de hierro. Es un personaje complejo: a veces es el villano de su propia historia, pero de repente se le ve cojear como el hombre de campo que es, y se vuelve vulnerable, empalagoso incluso, hablando de un pasado que añora y de un futuro que siente perdido desde el minuto uno. Es el rey de un reino que se desmorona, y Costner lo borda.
Luego está Beth Dutton. Ella encarna el mal socialmente hablando, pero con un carisma arrollador. Desadaptada, violenta, caprichosa y, ciertamente, en muchas ocasiones insoportable. No ha sido mi favorita, pero entiendo que la idea era encumbrarla como la antiheroína definitiva. Una mujer rota por su pasado que vive por y para los deseos de su padre. Se considera a sí misma peor que la muerte y, pese a que a veces quieres que desaparezca, nos regala los mejores diálogos de la serie. A su lado, Rip, el capataz. Su historia de amor viaja en paralelo, unida por una lealtad inquebrantable pero tóxica, siempre ensombrecida por la figura del patriarca. La inclusión de Carter (ese «mini-Rip») en la cuarta temporada intentó darles humanidad, pero siento que esa trama no terminó de fraguar del todo.
El contrapunto moral lo ponen Kasey Dutton y su esposa Mónica. Kasey, el hijo menor, comienza como la oveja negra, un militar retirado casado con una mujer indígena de la reserva que, irónicamente, es la mayor amenaza territorial para el rancho de su padre. Su evolución es la más humana y cercana a la realidad de quienes leen estas líneas. Kasey sufre procesos reales de búsqueda de identidad junto a Mónica y su hijo Tate. Su final es, posiblemente, el único que me dejó un buen sabor de boca, el único que sentí cerrado y digno. Hablar de Mónica es hablar también de Thomas Rainwater, el presidente de la reserva. Al principio se presenta como un enemigo formidable, pero su arco gira hacia una complicidad extraña con John Dutton: ambos encuentran un terreno común en el amor sagrado a la tierra, frente al enemigo común del capitalismo salvaje.
Una dinastía en guerra contra el mundo y contra sí misma.
Pero no todo funciona. Jamie Dutton es el gran damnificado. Creo sinceramente que es víctima de su familia y de las expectativas tóxicas de su padre. Él y Beth son las dos caras de la moneda de John, pero Jamie acaba siendo el saco de boxeo de los guionistas. No esperaba el final que le deparó Taylor Sheridan. No he entendido los porqués, más allá de que, al descubrirse su condición de «bastardo» en la tercera temporada, parece que perdió todo derecho a la redención a ojos del creador. Jamie representaba el peligro de la civilización y la política moderna, todo lo que los Dutton odian, pero su desenlace me pareció cruel e inexplicable, casi un castigo narrativo injusto.
Y aquí entramos en las sombras de la producción. Taylor Sheridan, creador y showrunner, a veces se pierde en su propio ego. La autopromoción se vuelve casi innecesaria y cansina: esas escenas repetitivas donde él mismo sale exhibiendo caballos, dando vueltas y vueltas durante minutos que no aportan nada a la trama, rompen el ritmo. Es una indulgencia que se perdona porque el resto es bueno, pero cansa. Además, las tramas de las cinco temporadas a veces sufren de inconsistencia: personajes que parecen tener peso desaparecen sin explicación, y subtramas enteras quedan inconclusas o se resuelven de forma apresurada.
Sin embargo, los secundarios salvan el día. Mención especial al «Bunkhouse» (los barracones), con Lloyd y Jimmy a la cabeza. Jimmy tiene uno de los mejores arcos de crecimiento, pasando de ser un inútil a un hombre, y su relación con Lloyd representa el choque entre el pasado y el futuro de lo que significa ser vaquero. Es en esos momentos, entre caballos, polvo y cervezas al atardecer, donde la serie respira verdad.
La vida en el Bunkhouse: lealtad, violencia y hermandad.
Más allá del drama familiar, Yellowstone invita a una reflexión profunda sobre la política y el poder. ¿Es el rancho una democracia? En absoluto. Es una autocracia regida por la violencia necesaria para mantener el orden. La serie pone sobre la mesa la causa india de las reservas americanas, no como un adorno, sino como una herida abierta. El bien y el mal se difuminan en Montana: John Dutton es el héroe porque defiende la tierra, pero sus métodos son los de un villano. La democracia parece no servir cuando se trata de frenar la avaricia corporativa, y la serie parece sugerir que, a veces, hace falta un monstruo para proteger el paraíso.
Para terminar, si como a mí esta serie te despierta el gusanillo del universo creado por Sheridan, debes saber que existen precuelas que explican cómo los Dutton llegaron allí y por qué defienden ese valle con la vida. Si quieres una guía de visionado cronológico para entender el linaje completo, este sería el orden correcto:
1. 1883: El origen. El viaje brutal de la primera generación desde Texas a Montana. Pura poesía visual.
2. 1923: La supervivencia. Harrison Ford y Helen Mirren defendiendo el rancho durante la Gran Depresión.
3. Yellowstone: La actualidad. El desenlace del legado.
¿Héroes o Villanos?
«Yellowstone nos hace preguntarnos si el fin justifica los medios cuando lo que está en juego es el hogar. ¿Tú de qué lado estás: de los Dutton o del progreso?»
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