Ficha Técnica
- Título: La decisión de Anne (My Sister’s Keeper)
- Año: 2009
- Dirección: Nick Cassavetes
- Reparto: Cameron Diaz, Abigail Breslin, Sofia Vassilieva, Alec Baldwin, Jason Patric
- Género: Drama | Enfermedad, Familia
- Duración: 109 min.
- País: Estados Unidos
La vida de Anne Fitzgerald ha sido dictada por las necesidades médicas de su hermana mayor, Kate, quien padece leucemia. Anne fue concebida mediante ingeniería genética para ser la donante perfecta. Tras años de procedimientos, Anne decide demandar a sus padres por la emancipación médica, desencadenando un proceso judicial que fractura a la familia y revela verdades dolorosas sobre el amor y el sacrificio.
A veces ocurre. Tienes esa lista de películas «pendientes de toda la vida», títulos que sabes que han hecho llorar a media humanidad pero que tú, por una mezcla de miedo al drama o simple despiste, has ido dejando en el cajón de los «por si acaso». La decisión de Anne era, para mí, esa gran mancha pendiente en mi historial cinéfilo. Sabía de qué iba, conocía la premisa, pero enfrentarse a ella es una experiencia que trasciende el simple visionado de un domingo por la tarde. Es una película que te sacude desde el primer minuto porque plantea una de las preguntas más éticamente crueles que se me pueden ocurrir: ¿hasta dónde llega el derecho de un padre sobre la vida de un hijo para salvar a otro?
La historia nos presenta a Anne, una niña que no nació del azar ni del simple deseo de ampliar la familia, sino de un laboratorio. Es una «donante de diseño». Desde el cordón umbilical hasta la médula, su cuerpo ha sido un banco de piezas para mantener viva a su hermana Kate. Es una premisa que te revuelve el estómago no por maldad, sino por la desesperación que desprende. Nick Cassavetes, que ya nos rompió el corazón con El diario de Noa, aquí cambia el romanticismo por una crudeza familiar que se siente real, tangible y, sobre todo, asfixiante.
Lo que más me ha sorprendido de este viaje es cómo se maneja la sombra de la enfermedad. Kate no es solo una paciente; es el sol alrededor del cual orbita toda la galaxia Fitzgerald. Su madre, interpretada por una Cameron Diaz que se aleja totalmente de su registro cómico, es un personaje fascinante y a ratos difícil de querer. Es una mujer que ha decidido que la muerte no tiene permiso para entrar en su casa, y en esa batalla, se olvida de que Anne también es una persona con deseos propios, no solo un remedio médico. La ceguera del amor materno se convierte aquí en una fuerza casi destructiva.
Hablemos del ritmo de la película. A pesar de ser un drama judicial en parte, la narrativa fluye a través de los sentimientos y los flashbacks de una manera muy orgánica. No se siente como un sermón moralista, sino como el diario compartido de una familia que se está desmoronando con mucha ternura. Cada miembro de la familia tiene su momento de voz, y eso te permite empatizar incluso con las decisiones más cuestionables. La música acompaña sin subrayar demasiado el drama, algo que se agradece cuando el guion ya es de por sí una carga emocional pesada.
La actuación de Abigail Breslin es, sencillamente, el alma de la película. Ver a una niña pedir la emancipación médica para dejar de ser «troceada» es desgarrador. Su mirada transmite una mezcla de cansancio infinito y un amor incondicional por su hermana que te deja sin palabras. Es en esa relación de hermandad donde la película brilla con luz propia. El vínculo entre Anne y Kate es lo más puro de toda la cinta; es una complicidad que va más allá de la sangre y los hospitales, un refugio mutuo en un mundo de adultos desesperados.
Por otro lado, la película no tiene miedo a mostrar las luces y sombras de la enfermedad. No es un drama edulcorado de «héroes contra el cáncer». Vemos los vómitos, vemos la calvicie, vemos el miedo al primer beso cuando sabes que quizás no haya un segundo. La atmósfera logra ese equilibrio difícil entre la belleza de los pequeños momentos y la oscuridad de una cuenta atrás que nadie puede detener. A veces, como espectador, necesitas coger aire, pero la película te agarra de la mano y te obliga a seguir caminando por ese pasillo de hospital.
¿Qué es lo que no funciona? Quizás algunos personajes secundarios, como el del abogado interpretado por Alec Baldwin, tienen subtramas que, aunque aportan color, a veces distraen del núcleo emocional tan potente que es la lucha de las hermanas. Sin embargo, la honestidad del conflicto principal es tan arrolladora que perdonas cualquier pequeño bache en el guion. Es cine hecho desde las entrañas, buscando que el espectador se pregunte qué haría él en esa misma situación de vida o muerte.
Hacia el final, la película nos regala un giro que, si bien puede ser polémico para quienes leyeron el libro original (que es mucho más oscuro), en la pantalla funciona para cerrar un círculo de redención y paz. Es una lección sobre aprender a soltar, sobre entender que amar a alguien también significa respetar su voluntad de dejar de luchar. Me quedo con la sensación de haber visto una obra necesaria, de esas que te hacen salir del sofá con ganas de abrazar a los tuyos y valorar la salud como el mayor de los tesoros.
En resumen, La decisión de Anne no es solo una película para llorar (que lo harás, y mucho). Es una reflexión sobre la identidad y el sacrificio. Es el retrato de una familia que, desde el dolor más absoluto, intenta encontrar el camino de vuelta al amor. Una película «antigua» por fecha, pero con un mensaje que nunca va a caducar mientras el ser humano siga enfrentándose a la fragilidad de la vida. Si eres de los que, como yo, la tenías en la lista de espera… no esperes más. Merece cada lágrima.
¿Hasta dónde llegarías tú por salvar a quien amas?
Esta película nos pone en un aprieto moral constante. Me encantaría saber tu opinión: ¿Crees que la madre de Anne es una villana o simplemente una víctima de su propio amor? ¿Has vivido alguna historia similar que te haya recordado a esta cinta?
¡Te leo en los comentarios, charlemos un rato!