Ficha técnica
Título original: The Equalizer 3
Año: 2023
Dirección: Antoine Fuqua
Reparto: Denzel Washington, Dakota Fanning, Eugenio Mastrandrea
Género: Acción, Thriller
Duración: 109 minutos
País: Estados Unidos
Valoración
★★★★☆ (4 de 5)
Robert McCall cree haber dejado atrás su violento pasado, pero cuando se instala en un pequeño pueblo del sur de Italia descubre que sus nuevos amigos viven bajo el control del crimen organizado. Cuando los acontecimientos se vuelven mortales, McCall sabe exactamente qué hacer: convertirse en el protector de los oprimidos.
The Equalizer 3 fue una de esas películas que vi casi sin pensarlo demasiado, pero que acabaron dejándome una sensación muy especial. No solo porque Denzel Washington siempre funciona —eso ya lo damos por hecho—, sino porque aquí hay algo distinto, algo más reposado, más crepuscular, más consciente del paso del tiempo. Cuando la vi a principios de 2025 sentí una conexión inmediata con el personaje, como si Robert McCall y yo estuviésemos en un punto parecido: mirando atrás, recordando todo lo vivido, pero sin renunciar a seguir adelante.
Esta tercera entrega de la saga no intenta reinventar nada. Y lo digo como algo positivo. Sabe perfectamente lo que es y lo que quiere ofrecer: acción directa, justicia personal y un protagonista que se mueve entre la calma absoluta y la violencia más implacable. Pero esta vez, el escenario italiano lo cambia todo. Italia no es solo un fondo bonito, es casi un personaje más, y eso se nota desde el primer minuto.
Ver a McCall haciendo amigos, integrándose poco a poco en la vida del pueblo, es algo que no habíamos visto tan claramente en las anteriores películas. Aquí hay más silencios, más miradas, más pequeños gestos cotidianos. Antoine Fuqua parece interesado en mostrarnos al hombre detrás del justiciero, al tipo cansado que solo quiere tomarse un café tranquilo y ver pasar los días sin sobresaltos.
Y es ahí donde Denzel vuelve a demostrar por qué es uno de los grandes. No necesita discursos largos ni escenas exageradas para imponerse. Le basta con estar. Con caminar. Con mirar. Su presencia llena la pantalla incluso cuando no hace nada aparentemente importante. Es un actor que envejece con una elegancia brutal, y esta película lo aprovecha al máximo.
El pueblo italiano en el que se refugia McCall es precioso, pero también está podrido por dentro. Esa dualidad entre belleza y corrupción es uno de los grandes aciertos del film. Todo parece tranquilo, casi idílico, hasta que empiezas a rascar un poco y descubres que la mafia controla cada rincón, cada negocio, cada vida. Y claro, ahí es donde McCall no puede quedarse de brazos cruzados.
La violencia en The Equalizer 3 es seca, directa y, en muchos momentos, incómoda. No es una película que glorifique la sangre porque sí, aunque tampoco se corta cuando tiene que mostrarla. Cada estallido de acción parece justificado, casi inevitable. McCall no disfruta matando, pero tampoco duda cuando sabe que es necesario. Es un código moral muy claro, aunque discutible, y la película no intenta suavizarlo.
Me gustó especialmente el ritmo. No va con prisas, y eso puede desesperar a algunos, pero a mí me pareció muy acertado. Deja que la historia respire, que conozcamos a los personajes secundarios, que entendamos lo que está en juego. Cuando la violencia llega, lo hace con más fuerza precisamente porque se ha tomado su tiempo.
El personaje de Dakota Fanning aporta un contrapunto interesante. No roba protagonismo, pero sí sirve para ampliar el mundo de McCall y recordarnos que su lucha no es solo personal. Hay algo casi melancólico en su relación, como si ambos supieran que pertenecen a un mundo que nunca termina de encajar del todo.
No todo es perfecto. Hay momentos en los que la película parece repetirse a sí misma, como si siguiera un manual demasiado conocido. Algunos villanos son un poco planos y ciertos conflictos se resuelven de forma demasiado rápida. Pero incluso con esos defectos, el conjunto funciona porque el corazón está en el sitio correcto.
The Equalizer 3 se siente como una despedida, aunque nunca se diga explícitamente. Hay algo de final de etapa, de cierre de círculo. Ver a McCall caminando por esas calles italianas, aceptando quién es y lo que representa, resulta sorprendentemente emotivo para una película de acción.
Para mí, fue una de las películas que más disfruté en 2025. De esas que puedes volver a ver sin cansarte, porque siempre encuentras un gesto nuevo, una mirada distinta, una escena que te había pasado desapercibida. Acción pura, sí, pero también una reflexión sobre el paso del tiempo y las segundas oportunidades.
Denzel Washington nunca se agota. Nunca baja el nivel. Y en una saga como The Equalizer, ambientada además en mi querida Italia, era muy difícil que algo saliera mal. Puede que no sea la mejor película de acción de la historia, pero sí una de las más honestas dentro de su género.







