Ficha Técnica
Título: La corona partida
Dirección: Jordi Frades
Guion: José Luis Martín
Año: 2016
Duración: 116 min.
País: España
Reparto principal: Irene Escolar, Rodolfo Sancho, Raúl Mérida, Eusebio Poncela, Ramón Madaula, Jordi Díaz, Fernando Guillén Cuervo, Úrsula Corberó.
Nuestra Valoración
★★★★☆
(4 de 5 estrellas)
«Tras la muerte de la reina Isabel, Juana de Castilla se convierte en reina y heredera al trono. Su marido, Felipe el Hermoso, es ahora rey consorte. Sin embargo, Felipe no está dispuesto a renunciar al poder y trata de incapacitar a su esposa para reinar. Para ello, no duda en usar en su contra el amor incondicional que ella le profesa. A la vez, Fernando de Aragón, padre de Juana, no le pone las cosas nada fáciles a su yerno: para él lo primero es la defensa de los intereses de Aragón, aunque para ello tenga que luchar contra su propia hija.»
Crítica: La Pieza que Faltaba en el Puzle de la Historia
Voy a ser sincero desde el principio: el cine histórico español, a veces, me produce una pereza monumental. No es por falta de historias, que en España tenemos para aburrir, sino por una sensación recurrente de que todo acaba pareciendo un telefilme de sobremesa con pelucas y ropajes algo acartonados. Consumo series como si no hubiera un mañana, y ahí sí que hemos dado un salto de calidad. Pero con las películas, siempre entro con el ceño fruncido. Dicho esto, y como me pasa a menudo, estoy aquí para tragarme mis palabras y celebrar una de esas excepciones que te reconcilian con un género. «La corona partida» es, para mí, una de ellas. Me ha gustado, y mucho. No solo por el necesario baño de «actualización» histórica que supone, sino porque es una película honesta, bien contada y con un reparto que mezcla a la perfección la energía de jóvenes promesas con el peso de veteranos con galones.
Lo primero que hay que entender sobre «La corona partida» es su naturaleza de «película puente». No es una historia que nazca de la nada. Es el nexo de unión, la pieza del puzle que faltaba entre dos gigantes televisivos como fueron ‘Isabel’ y ‘Carlos, Rey Emperador’. Y ese, que podría haber sido su mayor hándicap —depender demasiado de la TV— se convierte en su gran virtud. Jordi Frades, el director, consigue algo muy difícil: crear una obra que se sostiene por sí misma, pero que a la vez regala a los seguidores de las series un cierre y una apertura absolutamente satisfactorios. La película arranca justo donde lo dejó ‘Isabel’, con la muerte de la Reina Católica y el caos político que se desata. De repente, el tablero de ajedrez de Castilla se queda sin su pieza más poderosa, y todos los lobos empiezan a moverse. Fernando de Aragón, un Rodolfo Sancho que ya tiene el personaje metido en la piel, quiere mantener el control. Felipe el Hermoso, el marido de la heredera, llega desde Flandes con la ambición desatada. Y en medio de todo, Juana, la legítima reina, convertida en un premio, en una excusa, en un peón en manos de los dos hombres más importantes de su vida.
La tensión entre Fernando (Rodolfo Sancho) y Felipe (Raúl Mérida) es el motor de la trama.
La historia, en esencia, es la de Juana I de Castilla, a quien la historia, escrita por hombres, apodó «la Loca». Y aquí la película acierta de lleno. Lejos de presentarnos una caricatura de una mujer desquiciada por los celos, nos muestra el retrato de una víctima. Una mujer atrapada entre el deber, un amor tóxico y la ambición desmedida de un padre y un marido que la ven como un obstáculo para el poder. Irene Escolar está, sencillamente, magnífica. Su Juana es frágil pero con una fuerza interior que pugna por salir. Vemos su lucidez, su desesperación, su amor incondicional y enfermizo por un Felipe que la manipula sin piedad. Es una interpretación llena de matices, que te obliga a empatizar con ella y a cuestionar esa etiqueta de «loca» que tan fácilmente le colgaron. Cada escena suya es un pequeño estudio sobre el sufrimiento y la impotencia. Te la crees. Sientes su angustia y su rabia contenida, y eso es mérito absoluto de la actriz.
Frente a ella, los dos hombres que se disputan el reino. Rodolfo Sancho retoma su papel de Fernando de Aragón con una solvencia impecable. Su Fernando es un personaje complejo, lleno de grises. ¿Es un padre que sufre por su hija o un político calculador que no quiere soltar el poder? La película deja que sea el espectador quien lo juzgue. Por otro lado, Raúl Mérida compone un Felipe el Hermoso odiosamente carismático. Es el galán, el guapo, el príncipe europeo que llega para modernizar la austera corte castellana, pero bajo esa fachada se esconde un tipo egoísta, manipulador y cruel. La química entre los tres es el corazón de la película, un triángulo de poder, amor y traición que funciona a las mil maravillas y que te mantiene pegado a la pantalla, aunque ya sepas cómo acaba la historia.
A nivel de producción, la película luce espectacular. Se nota que viene del universo de RTVE, que sabe cómo hacer ficción histórica de calidad. El diseño de vestuario, las localizaciones en castillos y palacios reales (la Catedral de Burgos, el Castillo de Guadamur…), la fotografía… todo contribuye a crear una atmósfera creíble y absorbente. No tienes la sensación de estar viendo un producto de segunda categoría, sino una película con ambición cinematográfica. Las escenas en la corte, con sus intrigas palaciegas, sus susurros en los pasillos y sus pactos secretos, están rodadas con un pulso que recuerda a un thriller político. Porque, en el fondo, eso es «La corona partida»: un thriller sobre la lucha por el poder en uno de los momentos más convulsos de la historia de España. No hay grandes batallas épicas, la guerra aquí es psicológica, se libra en los despachos y en las alcobas.
La compleja y tóxica relación entre Juana y Felipe, el centro de la tragedia.
El guion de José Luis Martín es otro de sus puntos fuertes. Condensar años de historia, con sus idas y venidas, concordias y traiciones, en menos de dos horas es una tarea titánica, y sale bastante airoso. El ritmo no decae, y aunque hay muchos nombres y personajes secundarios (genial, como siempre, Eusebio Poncela como el Cardenal Cisneros), la trama principal nunca se pierde. Se centra en el drama humano de sus protagonistas, y eso hace que la historia, por muy lejana que nos parezca, se sienta universal. La lucha por la herencia, las tensiones familiares, la manipulación emocional… son temas que resuenan hoy en día. Quizás, si tuviera que ponerle un «pero», sería que algunos personajes secundarios, como el de Úrsula Corberó, se sienten un poco desaprovechados, pero es comprensible dada la necesidad de enfocarse en el trío protagonista.
Lo que más me ha gustado, en definitiva, es el cariño y el cuidado con el que está contada la historia. Se nota que hay un respeto profundo por los personajes y por el periodo histórico. No es una simple lección de historia, sino un intento de entender las motivaciones, las pasiones y las debilidades de estas figuras que solo conocemos por los libros de texto. La película humaniza a Juana, le da una voz y una perspectiva que durante siglos le fue negada. Te hace preguntarte qué hubiera pasado si las cosas hubieran sido diferentes, si hubiera tenido la oportunidad de reinar sin la sombra de un padre y un marido devorados por la ambición. Es una reflexión muy poderosa sobre el papel de la mujer en el poder y sobre cómo la historia la escriben siempre los vencedores.
En resumen, «La corona partida» es una película más que notable. Una propuesta valiente y necesaria que demuestra que se puede hacer cine histórico de calidad en España, entretenido, riguroso y emocionante. Es la película perfecta tanto para los que siguieron las series como para los que simplemente quieran disfrutar de un buen drama histórico sin necesidad de conocimientos previos. A mí me ha quitado la pereza de golpe y me ha dejado con ganas de más. Una recomendación sin fisuras para cualquiera que disfrute con las buenas historias, estén ambientadas en el siglo XVI o en la actualidad. Una joya que, quizás, no tuvo todo el reconocimiento que merecía en su momento y que vale mucho la pena redescubrir.
Y tú, ¿qué piensas? ¿Fue Juana una reina incapacitada por la locura o una mujer brillante silenciada por la ambición de los hombres que la rodeaban? ¡Déjanos tu opinión en los comentarios!