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¿Es Mamá te quiere el mejor thriller sobre el Síndrome de Münchhausen?

Póster oficial de Mamá te quiere (Run)

Ficha Técnica Amateur

  • Título original: Run
  • Año: 2020
  • Dirección: Aneesh Chaganty
  • Reparto TOP: Sarah Paulson, Kiera Allen
  • Género: Thriller psicológico, Terror, «Madres intensitas»
  • Duración: 90 minutos (se pasan volando)

(3 de 5 estrellas – «Buen café para empezar el año»)

«Dicen que no hay nada como el amor de una madre, pero Chloe (Kiera Allen) empieza a sospechar que el de la suya, Diane (Sarah Paulson), no es normal. Diane ha criado a su hija completamente aislada, controlando cada uno de sus movimientos, pero Chloe pronto empezará a descubrir los oscuros secretos que guarda su madre.»
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La Opinión de CP Cine: Amor de madre… tóxico

¡Feliz 2026, compañeros de sofá y manta! Esta ha sido mi primera película vista este año y la verdad es que, para empezar la temporada cinéfila, no he quedado nada decepcionado. A veces uno empieza el año con expectativas demasiado altas y se pega el batacazo, pero otras veces buscas simplemente un entretenimiento sólido, algo que te mantenga pegado a la pantalla sin pedirle que te cambie la vida. Y eso es exactamente lo que me ha dado «Mamá te quiere» (o «Run», como se la conoce en su título original más escueto).

Vamos a quitar el elefante de la habitación desde el principio: el tema del Síndrome de Münchhausen por poderes. Sí, lo sé, y vosotros lo sabéis. Está más trillado en el cine de thriller y terror que el camino a la cocina. Hemos visto «Misery», hemos visto series recientes sobre casos reales, y parece que el subgénero de «cuidadora loca que en realidad te está enfermando» no tiene fin. Cuando leí la premisa, pensé: «Uf, otra vez lo mismo». Pero aquí viene el giro: a veces no importa tanto *qué* te cuentan, sino *cómo* te lo cuentan y, sobre todo, *quién* te lo cuenta.

Escena de tensión en Mamá te quiere

La tensión se palpa en cada interacción entre madre e hija.

Y el «quién» aquí es la clave absoluta de que la película funcione. Hablo, por supuesto, de la presencia desgarradora de Sarah Paulson. Os digo una cosa como «experto amateur» que ha visto mucha televisión: Paulson tiene un don para interpretar a mujeres al borde del abismo, con una intensidad que te pone los pelos de punta. Aquí, como madre ida, es una auténtica delicia para el espectador. Pasa de la dulzura maternal más empalagosa a una mirada fría y calculadora en milésimas de segundo. Es esa clase de actuación que sostiene toda la estructura de la película; si pones a una actriz mediocre en este papel, la película se cae a pedazos en diez minutos.

Pero no sería justo darle todo el crédito solo a la «madre». La película funciona como un duelo actoral, y la réplica la da fantásticamente Kiera Allen en el papel de la hija, Chloe. Me parece muy importante destacar que Allen es usuaria de silla de ruedas en la vida real, lo que aporta una capa de autenticidad física a su interpretación que se nota muchísimo en pantalla. No es una actriz fingiendo limitaciones; es alguien que entiende la fisicalidad de su personaje. Su lucha por la supervivencia, estando limitada físicamente en una casa que se convierte en una ratonera, es angustiosa de ver.

Kiera Allen como Chloe en Run

Kiera Allen aporta una autenticidad brutal al papel de la hija atrapada.

En cuanto al ritmo, la película es rápida y eficaz en su propósito. No se anda con rodeos. Es un thriller de 90 minutos, una duración que agradezco enormemente en esta era de películas de tres horas infladas. El director, Aneesh Chaganty (que ya me sorprendió mucho con «Searching»), sabe cómo manejar los espacios cerrados. La casa se siente claustrofóbica, casi como un tercer personaje que respira y vigila. Pone en jaque desde el minuto uno la tensión del que está al otro lado de la pantalla. Sabes que algo va mal desde la primera escena, y la película se dedica a apretar las tuercas poco a poco hasta que te falta el aire.

Es cierto que el guion no reinventa la rueda. Hay momentos en los que tienes que suspender un poco la incredulidad (¿cómo es posible que nadie sospeche nada en tantos años?), pero como buen consumidor de thrillers, estoy dispuesto a perdonar esos deslices si el viaje es entretenido. Y «Mamá te quiere» es, ante todo, muy entretenida. Es de esas películas para ver con un bol de palomitas y gritarle a la pantalla: «¡No entres ahí!» o «¡Corre, corre!».

El enfrentamiento psicológico en la película

El duelo interpretativo es el verdadero motor de la cinta.

Sobre el final, sin hacer spoilers graves, diré que tiene una resolución rápida. Quizás no sea la más efectiva desde un punto de vista puramente narrativo, ni tampoco la más esperada (tiene un puntito de justicia poética un tanto retorcido), pero sí que es resultona. Te deja con esa sensación de «vale, esto ha cerrado el ciclo de locura». No te cambiará la vida, pero cumple su función de cerrar la historia con un lazo, aunque sea un lazo hecho de alambre de espino.

En resumen, para ser el primer visionado de 2026, «Mamá te quiere» es como un buen café de máquina un lunes por la mañana. Es básico, sabes a lo que sabe, pero cumple su función de despertarte y ponerte en marcha. Es un thriller competente elevado por dos actrices en estado de gracia. Si te gusta sufrir un poquito en el sofá y ver a Sarah Paulson haciendo de las suyas, es una apuesta segura. Le doy un 6 sólido de 10, esas 3 estrellas sobre 5 que significan «Me ha gustado, la recomendaría para una tarde de domingo, pero no entrará en mi top histórico».

🗣️ La pregunta de CP Cine

¿Cuál es vuestra película favorita sobre relaciones tóxicas entre padres e hijos? ¿Sois del equipo «Misery» o tenéis alguna joya oculta?

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Cine de los 90: Por qué Thelma & Louise no ha envejecido ni un día

Póster principal de Thelma & Louise

Ficha Técnica: Thelma & Louise

  • Año: 1991
  • Dirección: Ridley Scott
  • Guion: Callie Khouri
  • Reparto Principal: Susan Sarandon, Geena Davis, Harvey Keitel, Brad Pitt, Michael Madsen.
  • Género: Road Movie, Drama, Aventura.

Valoración de CP Cine:

★★★★☆

(4 de 5 estrellas – ¡Un clásico imprescindible!)

«Thelma Dickinson, un ama de casa de vida vacía y anodina, y Louise Sawyer, una camarera que sueña con que su novio Jimmy le pida matrimonio, deciden hacer un pequeño viaje juntas para huir de la rutina. Sin embargo, su escapada de fin de semana se transforma en una huida trepidante a través de Estados Unidos cuando un intento de violación en un bar de carretera cambia sus vidas para siempre.»

Tráiler Original:

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Más que un viaje: Mi encuentro tardío con un icono de los 90

Tengo que empezar esta reseña con una confesión de «experto amateur»: nunca, pero de verdad nunca, me había planteado seriamente ver ‘Thelma & Louise’ hasta hace muy poco. Es rarísimo, lo sé. Estamos hablando de una de esas películas que siempre ha estado ahí, flotando en el ambiente. Desde mi infancia, el título formaba parte del argot popular. Escuchaba a compañeros de clase hacer chistes sobre el final (sin yo entenderlos del todo), a amigos cinéfilos empedernidos citarla con reverencia, y a mi familia mencionarla como un referente cuando salía algún tema sobre mujeres fuertes en el cine. Era como ese mueble antiguo y valioso en la casa de tus padres que sabes que es importante, pero al que nunca le prestas verdadera atención.

Poco a poco, sin que yo reparara conscientemente en ello, la película se fue cimentando en mi cabeza como un clásico intocable, un icono cultural. Quizás por eso mismo me daba pereza verla; a veces, cuando una obra tiene tanta fama, te da miedo que te decepcione o sientes que ya la has visto por ósmosis cultural. Pero un día, en el verano de 2025, buscando qué ver con mi pareja y cansados de dar vueltas por el catálogo infinito de las plataformas de streaming actuales, decidimos que era el momento. «¿Ponemos esa de las dos chicas y el coche?», dijimos. Y madre mía, qué decisión más acertada. Qué gusto da cuando el cine te sacude así.

Susan Sarandon y Geena Davis sonriendo en el coche

Desde el minuto uno, la película te golpea con una esencia noventera que no le cabe en el pecho, y lo digo como el mejor de los piropos. Hay algo en la fotografía, en el color del desierto, en la música (¡esa banda sonora de Hans Zimmer combinada con temazos de rock sureño!), que te transporta inmediatamente a esa época. Pero lo curioso es que no se siente «vieja» o caduca; se siente auténtica. Ridley Scott, que venía de hacer cosas visualmente tan distintas como ‘Alien’ o ‘Blade Runner’, aquí demuestra que es un maestro creando atmósferas sudorosas, polvorientas y palpables. Sientes el calor del asfalto y el viento en la cara de las protagonistas.

Pero más allá de la estética, lo que me atrapó y me sorprendió muchísimo fue la profundidad de los temas. Yo esperaba una simple película de «chicas malas huyendo de la poli», una especie de ‘Bonnie & Clyde’ en versión femenina y ligera. Qué equivocado estaba. ‘Thelma & Louise’ es una bofetada de realidad disfrazada de aventura. Es una película brutal sobre la resiliencia, la hermandad inquebrantable, el feminismo visceral y la opresión sistémica. Es increíble pensar que se estrenó en 1991. Me imagino que en esa época sería absolutamente impactante, incluso escandalosa para las mentes más conservadoras, ver a dos mujeres tomar el control de su destino de una forma tan radical, respondiendo a la violencia con violencia cuando no les queda otra salida.

Y aquí es donde entra la parte triste de la experiencia de verla en 2025: se conserva tan bien, no solo por la calidad técnica, sino porque su mensaje sigue estando dolorosamente presente y de actualidad. Han pasado 34 años y las situaciones que detonan la huida de Thelma y Louise siguen ocurriendo a diario. El marido controlador e idiota de Thelma, el intento de violación en el parking del bar (una escena terroríficamente bien rodada que te hiela la sangre), el camionero baboso que las acosa en la carretera… todo ese catálogo de masculinidades tóxicas sigue ahí fuera. La película no ha envejecido ni un día en su denuncia, y eso te deja un poso amargo mientras disfrutas de la aventura.

Thelma y Louise en una escena tensa de la película

Hablemos de la dupla protagonista, porque sin ellas no habría película. Un 8 de 10 (que en mi escala visual de arriba he redondeado a 4 estrellas bien grandes) se queda corto para lo que hacen Susan Sarandon (Louise) y Geena Davis (Thelma). Su química es explosiva, natural, tierna y compleja. Lo mejor de la cinta es ver la evolución de sus arcos de personaje, que son casi opuestos y complementarios. Al principio, Louise es la dura, la que lleva los pantalones, la organizada que intenta mantener el control mientras carga con un trauma del pasado; Thelma es la ama de casa naíf, un poco atolondrada, que vive bajo la bota de su marido y que parece no enterarse de nada, solo quiere un fin de semana de diversión.

Sin embargo, a medida que los kilómetros pasan y las situaciones se vuelven más desesperadas, los roles empiezan a cambiar. Es fascinante ver cómo Thelma despierta. Su transformación, catalizada también por el encuentro con el personaje de un jovencísimo Brad Pitt (que está perfecto como el ladrón encantador que le enseña un par de cosas sobre la vida y el crimen), es el motor de la segunda mitad de la película. Thelma descubre una fuerza interior que no sabía que tenía, una capacidad para la acción que sorprende incluso a Louise. Por su parte, Louise empieza a resquebrajarse bajo la presión, mostrando una vulnerabilidad desgarradora. Sarandon y Davis bordan este baile de personalidades, apoyándose la una en la otra de una forma que define perfectamente el concepto de sororidad mucho antes de que usáramos tanto esa palabra.

La película también le da una vuelta de tuerca maravillosa al género de la «road movie». Tradicionalmente, la carretera en el cine americano había sido un espacio de libertad masculina, de descubrimiento para hombres rebeldes. Aquí, el Ford Thunderbird descapotable del 66 se convierte en un tercer personaje protagonista, un vehículo literal y metafórico hacia la liberación femenina. Cada kilómetro que se alejan de sus vidas anteriores es un paso hacia una libertad que saben que tiene un precio altísimo. La carretera es preciosa, los paisajes de Utah y Arizona son espectaculares, pero también es una trampa que se va cerrando a su alrededor con cada coche de policía que se suma a la persecución.

El icónico Ford Thunderbird en el paisaje desértico

Como consumidor voraz de cine, me encanta cuando una película me hace pasar por todos los estados de ánimo. Ver ‘Thelma & Louise’ fue una gozada, pero también fue sufrirla. Te ríes con sus momentos de complicidad, sientes la adrenalina de la huida, te indignas con los personajes que las oprimen y, finalmente, te emocionas hasta la médula con el desenlace. No voy a destripar el final por si queda algún otro despistado como yo que aún no la ha visto en 2025, pero diré que es, sin duda, uno de los finales más valientes, coherentes e icónicos de la historia del cine. Es un puñetazo en la mesa que te deja clavado en el sofá mientras pasan los créditos.

En resumen, mi encuentro tardío con estas dos heroínas ha sido una de las mejores experiencias cinematográficas que he tenido últimamente. Me arrepiento de no haberla visto antes, pero también me alegro de haberla descubierto ahora, con la madurez suficiente para entender todas sus capas. Si eres de los que, como yo, pensaba que ya sabía de qué iba esta película sin haberla visto, hazte un favor: búscala, prepárate unas palomitas y déjate llevar por este viaje increíble. Es cine con mayúsculas, del que entretiene y del que te cambia un poquito por dentro.

⚡ ¡Turno para los comentarios!

Y vosotros, ¿sois de los que visteis este clásico en su época y os impactó, o sois de los que, como yo, habéis llegado tarde a la fiesta? ¿Creéis que su mensaje sigue siendo tan necesario hoy como en los 90? ¡Os leo abajo! 👇

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