Poster Terminagolf Happy Gilmore

Ficha Técnica

  • Título Original: Happy Gilmore
  • Año: 1996
  • Director: Dennis Dugan
  • Reparto: Adam Sandler, Christopher McDonald, Julie Bowen, Carl Weathers
  • Género: Comedia / Deporte
  • Duración: 92 minutos

Mi Puntuación: Truñamen

★☆☆☆☆

(1 de 5 estrellas – Un 4 «pelao»)

¿De qué va esto?

«Happy Gilmore (Adam Sandler) es un fanático jugador de hockey y, ahora, el único capaz de recuperar la casa de su abuela con tal de que no sea subastada. Debido a su falta de talento para el hockey, un buen día decide dedicarse al golf y aprovechar su potente swing. A pesar de su extraño temperamento y sus modales poco convencionales, pronto se convierte en un héroe para los medios de comunicación.»

Tráiler / Clip

Crítica: El paso del tiempo no perdona (ni siquiera a Sandler)

Normalmente me gustan las películas de Adam Sandler. Lo digo sin ironía y sin esconderme. Soy de esos que pueden disfrutar de una tarde tonta con Niños Grandes o reírme con las tonterías absurdas que suele montar con sus amigos. Pero tengo la sensación de que Adam Sandler está envejeciendo mal… o quizás el que se está haciendo mayor soy yo y mi paciencia ya no es la que era. Sabiendo de antemano que sus películas no son precisamente un alarde de guion ni buscan ganar un Oscar a la mejor fotografía, uno entra al juego esperando al menos entretenimiento, desconexión y un par de carcajadas limpias. Sin embargo, revisitar Terminagolf (Happy Gilmore) ha sido una experiencia dolorosa, como encontrarte con un ex del instituto y darte cuenta de que no tenéis absolutamente nada de qué hablar.

Esta ha sido, y perdonadme la expresión técnica de experto amateur, un truñamen de categoría. La vi este pasado verano, impulsado por esa curiosidad morbosa que nos entra cuando anuncian una secuela tardía. Sí, han estrenado la segunda parte (o la van a estrenar) después de casi 30 años (sí, 1996 queda lejísimos), y yo, en mi infinita inocencia, pensé que sería buena idea refrescar la memoria. Grave error. La premisa es tan absurda como recordaba: un jugador de hockey frustrado que descubre que puede golpear una pelota de golf más fuerte que nadie y decide entrar al circuito profesional para salvar la casa de su abuela. Sobre el papel, es la clásica comedia de «pez fuera del agua» que tanto funcionaba en los 90. En la pantalla, hoy en día, se siente como una sucesión de gritos y chistes físicos que no terminan de aterrizar.

Adam Sandler jugando al golf

El swing de hockey en un campo de golf: la única broma recurrente que funciona a medias.

Lo que más me duele es que no puedo conectar con el personaje principal. Happy Gilmore es un tipo iracundo, violento y bastante desagradable. Se supone que debemos animarle porque quiere ayudar a su abuela, pero se pasa la película agrediendo a gente, rompiendo cosas y gritando a la pantalla. En los 90, este arquetipo de «hombre-niño enfadado» era la marca de la casa de Sandler (y funcionaba en Billy Madison), pero visto con ojos de 2025/2026, resulta agotador. No hay un viaje real, no hay una evolución cómica inteligente. Es simplemente ruido. Y ojo, que entiendo el slapstick y la comedia física, me encanta cuando se hace bien, pero aquí se siente perezoso, como si confiaran en que ver a alguien caerse o pegarse es suficiente para sostener 90 minutos de metraje.

No creo que pueda llegar a ver la segunda parte que han sacado en Netflix. De verdad, mi intención era hacer el maratón completo, ver la original y luego la nueva para comparar. Pero después de sufrir con esta, se me han quitado las ganas de vivir. Si termino viendo la secuela, será única y exclusivamente por mi TOC. Tengo esa necesidad patológica de «completar» cosas, de cerrar círculos, de ver todas las películas de una saga aunque sepa que me van a doler. Es la maldición del completista. Pero si me preguntáis ahora mismo, la pereza gana por goleada al fanatismo. Es triste reconocer que una película que probablemente me hubiera hecho gracia con 12 años, ahora me parece insoportable.

Shooter McGavin villano

Shooter McGavin, lo único salvable de la quema.

Hay que hablar, eso sí, de Christopher McDonald como Shooter McGavin. Si le doy un 4 «pelao» a la película y no un cero absoluto, es prácticamente gracias a él. Hace de villano engreído, clasista y odioso con una naturalidad pasmosa. Es el contrapunto perfecto al caos de Sandler y, sinceramente, cada vez que sale en pantalla la película mejora un poquito. Sus gestos, su forma de disparar con los dedos («Shooter!»), su arrogancia… es un villano de comedia de manual. Pero ni siquiera él puede salvar un barco que hace aguas por culpa de un guion que parece escrito en una servilleta durante una borrachera. También está por ahí Julie Bowen (la de Modern Family) haciendo lo que puede con un papel de «interés romántico» que está ahí porque tenía que haber una chica, sin más profundidad ni lógica.

La escena de Bob Barker. Vale, lo reconozco, la pelea con Bob Barker sigue teniendo su punto. Es icónica por una razón. Ver a un presentador de televisión octogenario (en aquel entonces) dándole una paliza a Adam Sandler es un momento de cultura pop que transciende la calidad de la película. Pero una escena de 3 minutos no justifica una hora y media de bostezos. El resto de cameos y secundarios se sienten forzados o simplemente no tienen gracia. Carl Weathers (Apollo Creed en Rocky) hace de entrenador con una mano de madera… y el chiste de la mano se estira tanto que se rompe a los diez minutos. Es el problema general de la cinta: tienen una idea graciosa y la repiten hasta la saciedad pensando que la repetición es comedia.

Escena de golf

El «lugar feliz» de Happy Gilmore… el nuestro está en los créditos finales.

En conclusión, Terminagolf es una reliquia de una época donde el humor de Sandler estaba en pañales, buscando su identidad a base de gritos y golpes. Ha envejecido mal, muy mal. Visualmente es plana, narrativamente es torpe y cómicamente es deficiente para los estándares actuales (y mira que el listón de la comedia actual a veces está bajo). Le doy un 1 de 5 estrellas siendo generoso, un 4/10 en filmaffinity si me apuras mucho. Si tenéis nostalgia, dejadla tranquila en el cajón de los recuerdos. No la abráis. No cometáis mi error. Quedaos con el recuerdo difuso de que era divertida, porque la realidad es un «truñamen» que cuesta digerir. Ahora me toca pelear con mi cerebro para decidir si veo la segunda parte o si me quiero lo suficiente a mí mismo como para pasar página.

«¿Sois de los que veis las secuelas por pura obligación moral o sois capaces de abandonar una saga a tiempo?»

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