Ficha Técnica
- Título: Geostorm (Geostorm)
- Año: 2017
- Dirección: Dean Devlin
- Reparto: Gerard Butler, Jim Sturgess, Abbie Cornish, Ed Harris, Andy García
- Género: Acción / Ciencia Ficción / Catástrofes
- Duración: 109 minutos
- País: Estados Unidos
*Valoración basada en el disfrute puro, no en la ciencia.*
“ Un sistema de satélites diseñado para controlar el clima global y proteger a la humanidad de desastres naturales comienza a fallar misteriosamente, atacando la Tierra. Jake Lawson (Gerard Butler), el arquitecto de la estación espacial, debe regresar al espacio para descubrir la amenaza real antes de que una ‘Geotormenta’ mundial borre todo rastro de vida en el planeta. ”
Voy a empezar esta reseña siendo totalmente honesto con vosotros, porque aquí no hemos venido a ponernos el monóculo ni a analizar la semiótica del cine iraní de los años 70. Aquí hemos venido a pasarlo bien, a desconectar del estrés de la semana y a ver cómo el mundo se va al garete mientras comemos palomitas. Y en ese sentido, Geostorm es una absoluta maravilla incomprendida. Es una de esas películas que, si se hubiera estrenado en 1996, justo entre Independence Day y Twister, hoy sería considerada un clásico de culto intocable. Pero tuvo la mala suerte de llegar en 2017, en una época donde el cinismo y la necesidad de que todo tenga «lógica científica» nos ha quitado un poco la capacidad de soñar con explosiones absurdas.
Lo primero que te golpea al ver la película es esa sensación reconfortante de «ya he estado aquí antes». Y no lo digo como algo negativo, al contrario. Es como volver a casa. Dean Devlin, que fue el productor y guionista de la mayoría de los éxitos de Roland Emmerich, sabe exactamente qué teclas tocar para hacernos vibrar. Tenemos al héroe renegado que es más listo que nadie pero tiene problemas con la autoridad, tenemos al hermano burócrata con el que se lleva mal, tenemos la cuenta atrás con números rojos gigantes y, por supuesto, tenemos la destrucción masiva de monumentos icónicos. ¿Es cliché? Sí. ¿Nos encanta? Absolutamente.
Pero hablemos del elefante en la habitación, o mejor dicho, del escocés en la estación espacial: Gerard Butler es un tesoro nacional (aunque sea de Escocia, ya me entendéis). Hay algo en este hombre que eleva cualquier material que toca. En manos de otro actor, el personaje de Jake Lawson podría haber sido insoportable o ridículo. Pero Butler le imprime ese carisma de tipo duro con corazón de oro, esa energía de «estoy demasiado viejo para esta mierda pero voy a salvar el mundo igual» que tanto nos gusta. Cuando le ves ponerse el traje espacial, sabes que todo va a salir bien, aunque la física diga lo contrario.
Butler haciendo lo que mejor sabe hacer: fruncir el ceño y salvar el día.
La trama es deliciosamente absurda. La idea de una red de satélites llamada «Dutch Boy» (El Niño Holandés) que controla el clima lanzando cápsulas para disipar huracanes es tan científicamente improbable que da la vuelta y se convierte en genialidad. La película no te pide que te creas la ciencia, te pide que aceptes las reglas del juego. Y una vez que lo haces, el viaje es frenético. No hay tiempos muertos. En un momento estás viendo una ola de frío congelar instantáneamente una playa en Río de Janeiro, y al siguiente estás en una persecución de coches eléctricos mientras el suelo explota en Hong Kong. Es un buffet libre de catástrofes y tú tienes el plato lleno.
Un aspecto que me sorprendió gratamente es el ritmo. Muchas películas de catástrofes actuales pecan de ser demasiado largas o de tomarse demasiado en serio a sí mismas, intentando meter dramas familiares complejos que a nadie le importan. Geostorm va al grano. Sí, hay una trama de hermanos entre Butler y Jim Sturgess, pero está al servicio de la acción. No hay relleno innecesario. La película entiende que hemos pagado la entrada para ver el caos, y nos lo da en dosis industriales. La edición es ágil, saltando de la tensión claustrofóbica en la Estación Espacial Internacional a la intriga política en la Casa Blanca sin que te pierdas en el camino.
Y hablando de intriga política, qué maravilla ver a actores de la talla de Ed Harris y Andy García pasándoselo bomba. Se nota cuando un actor está allí solo por el cheque y cuando está allí para divertirse. Aquí, Ed Harris, con esa mirada de acero, aporta una gravedad necesaria que equilibra la locura espacial. Ver a leyendas del cine participando en este tipo de blockbusters sin complejos valida nuestra propia experiencia como espectadores. Si Ed Harris se lo toma en serio (dentro de lo que cabe), nosotros también podemos.
Visualmente, la película tiene momentos muy potentes. Quizás el CGI no sea el de Avatar, pero tiene una estética muy particular, muy de videojuego de alta gama, que funciona perfectamente para lo que la historia requiere. La escena de los rascacielos cayendo como fichas de dominó en Hong Kong por el calor extremo es visualmente impactante. O esa ola gigante que amenaza Dubai. Son postales del apocalipsis diseñadas para ser consumidas con la boca abierta. Hay una belleza extraña en la destrucción digital que Geostorm explota muy bien, usando colores saturados y planos amplios para que no nos perdamos ni un detalle del desastre.
Cuando el clima se convierte en el villano: un espectáculo visual desatado.
Pero lo que realmente hace que esta película se gane un hueco en mi estantería (y en mi corazón) es su falta de pretensiones. Vivimos en una era de cine de superhéroes interconectados, de universos expandidos y de dramas que buscan el Oscar desesperadamente. Geostorm es una «película de sábado por la tarde» en el mejor sentido posible. No quiere cambiarte la vida, quiere alegrarte la tarde. Es cine honesto. Te promete satélites locos y tormentas gigantes, y eso es exactamente lo que te entrega. Esa honestidad es una cualidad muy infravalorada hoy en día.
También hay que destacar el papel de Abbie Cornish como la agente del servicio secreto Sarah Wilson. En un género que a menudo relega a las mujeres a papeles de «damisela en apuros» o «científica que explica la trama», ella es la que reparte leña en la Tierra. Su escena conduciendo el taxi presidencial marcha atrás mientras dispara es uno de los momentos más «badass» de la película. La química con Jim Sturgess funciona porque es ligera y divertida, sin empalagar. Es refrescante ver a una pareja de acción que colabora de igual a igual para salvar al presidente (y al mundo).
La banda sonora, aunque genérica en algunos puntos, cumple su función de elevar la épica. Esos trombones y percusiones fuertes cada vez que algo explota son la «comida reconfortante» auditiva de los fans del cine de acción. Acompaña perfectamente el crescendo final, donde la cuenta atrás llega a los segundos finales. Porque, seamos sinceros, ¿qué sería de una película así sin una cuenta atrás que se detiene en el último segundo? Es un cliché, sí, pero es NUESTRO cliché. Es parte del ritual.
Reflexionando un poco más a fondo, Geostorm también nos habla, aunque sea de forma muy rudimentaria, sobre nuestra ansiedad climática. Aunque la solución que plantea es pura fantasía tecnológica, el miedo subyacente es real. Ver la naturaleza desatada es un terror primario. La película canaliza ese miedo y nos da una fantasía de control: la idea de que, si somos lo suficientemente listos y valientes (y tenemos a Gerard Butler), podemos domar a la bestia. Es una catarsis necesaria en tiempos donde a veces nos sentimos impotentes ante el cambio climático real.
No puedo dejar de mencionar el diseño de producción de la estación espacial. Es gigantesca, laberíntica y llena de piezas móviles. Me recordó a esas naves de las películas de ciencia ficción de los 80, donde todo parecía usado y funcional, no como las naves inmaculadas de Apple Store que vemos en el cine moderno. Se siente como un lugar donde la gente trabaja y suda. Ese realismo sucio ayuda a aterrizar (perdón por el juego de palabras) la trama espacial y hace que el peligro se sienta más físico y menos virtual.
Tensión, miradas intensas y tecnología imposible. La fórmula perfecta.
En conclusión, si te acercas a Geostorm buscando fallos de guion, los vas a encontrar a patadas. Si buscas rigor científico, te va a dar un derrame. Pero si te acercas a ella con el corazón abierto de un niño que solo quiere ver cosas grandes chocando y héroes improbables triunfando, te vas a encontrar con una joya. Es una carta de amor al cine de catástrofes de los 90, firmada con cariño y pirotecnia. A veces, la mejor cultura no es la que te hace pensar, sino la que te permite sentir y disfrutar sin barreras.
¿Placer culpable o genialidad?
«A veces necesitamos que el cine sea simplemente eso: un espectáculo ruidoso que nos haga olvidar que mañana es lunes. Geostorm no pide perdón por ser lo que es, y por eso la aplaudo.»
