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¿Es Escupiré sobre tu tumba 2 mejor que la original? Mi opinión honesta

Póster Escupiré sobre tu tumba 2

Ficha Técnica

  • Título: Escupiré sobre tu tumba 2 (I Spit on Your Grave 2)
  • Año: 2013
  • Dirección: Steven R. Monroe
  • Reparto: Jemma Dallender, Joe Absolom, Yavor Baharov, George Zlatarev
  • Género: Terror / Thriller / Rape & Revenge
  • Duración: 106 min.
  • País: Estados Unidos
★★★★☆ 4 de 5 estrellas

Katie es una joven que intenta abrirse camino en el mundo de la moda en Nueva York. Sin embargo, lo que empieza como una sesión de fotos rutinaria acaba convirtiéndose en una pesadilla inimaginable. Secuestrada, torturada y trasladada a la fuerza hasta Bulgaria, Katie tendrá que sacar fuerzas de la oscuridad más absoluta para sobrevivir y ejecutar una venganza tan sangrienta como necesaria.

No os voy a mentir: iba con el cuerpo preparado pero, aun así, me ha vuelto a pasar. Pensaba que después de haber visto la primera entrega de este «reboot», ya nada podría revolverme más el estómago, pero me equivocaba. Escupiré sobre tu tumba 2 es una película cruda, fría y despiadada que no busca hacer amigos ni dar concesiones al espectador. Es cine de género en su estado más puro y salvaje, una montaña rusa de sensaciones que empieza en la vulnerabilidad y termina en un estallido de violencia catártica que te deja pegado a la silla.

La trama parece sencilla sobre el papel: chica guapa y sola es víctima de un grupo de hombres desalmados. Pero aquí, el escenario cambia el juego. Al trasladar la acción a la Europa del Este, la sensación de aislamiento e indefensión de la protagonista es total. No es solo que esté sola contra unos sádicos, es que está en un país donde no entiende el idioma, donde las instituciones parecen mirar hacia otro lado y donde el «patriarcado» no es una palabra de moda en Twitter, sino una realidad estructural que permite que estos hombres actúen con una impunidad que pone los pelos de punta.

Escena de Escupiré sobre tu tumba 2

Lo que más me ha impactado de esta secuela es cómo maneja la atmósfera. Hay algo en la luz, en esos escenarios sucios y húmedos, que te hace sentir que la esperanza es un lujo que Katie no puede permitirse. Jemma Dallender hace un trabajo brutal. Pasa de ser una chica llena de sueños en Nueva York a un animal herido que solo vive para la justicia poética (y muy sangrienta). Ver su transformación es doloroso, pero necesario para entender el cambio de chip que da la película en su segunda mitad.

Hablemos del tema moral, porque aquí hay mucha tela que cortar. La película pone sobre la mesa el papel de la autoridad. Ese policía que ayuda a la chica americana… ¿lo hace por justicia o por una moralidad propia? La ambigüedad de ciertos personajes añade una capa de realismo sucio que hace que la película no sea un simple «slasher» de manual. Aquí la maldad no es un monstruo con máscara, son personas normales que deciden, por puro placer o sentimiento de superioridad, destruir la vida de alguien.

Momento crítico de la película

El ritmo de la película es una tortura china, en el buen sentido cinematográfico. Se toma su tiempo para que sufras con ella, para que sientas cada golpe y cada humillación. Esto hace que cuando llega la parte de la venganza, el espectador sienta una liberación casi primitiva. No es algo bonito de admitir, pero la película juega con esa sed de justicia que todos llevamos dentro cuando vemos una injusticia tan atroz. Es un cine que te obliga a mirarte al espejo y preguntarte: ¿hasta dónde llegaría yo?

A nivel técnico, la música y el sonido juegan un papel fundamental. Hay silencios que duelen más que los gritos. La dirección de Steven R. Monroe es directa, sin florituras innecesarias, centrándose en el dolor físico y emocional. No es una película para todo el mundo, de eso no hay duda. Si buscas un entretenimiento ligero, huye de aquí. Pero si buscas una obra que explore los límites de la resistencia humana y la oscuridad del alma, esta cinta cumple con creces.

La venganza en Escupiré sobre tu tumba 2

Hay un componente religioso o espiritual latente en toda la obra. Esa idea del pecado, del castigo y de la redención a través de la sangre. Katie se convierte casi en una figura bíblica de castigo. La impunidad con la que trabajan sus captores al principio se vuelve contra ellos de la forma más irónica y cruel posible. Es un recordatorio de que, a veces, el infierno no es un lugar al que vas, sino algo que la gente puede crear aquí en la tierra para otros.

En conclusión, «Escupiré sobre tu tumba 2» es un ejercicio de estilo dentro del género *Rape & Revenge* que no desmerece a su predecesora. Es más grande, más sucia y, si cabe, más desesperanzadora. Me ha dejado dándole vueltas a la cabeza durante horas a temas como el privilegio, la seguridad y la delgada línea que separa la justicia de la barbarie. Una película que te remueve las entrañas y te obliga a reflexionar sobre la violencia en nuestra sociedad.

¿Hasta dónde llegarías por justicia?

Esta película nos pone frente a un espejo muy incómodo sobre la violencia y la impunidad. Me encantaría saber qué sentisteis vosotros al verla. ¿Creéis que la venganza de Katie es justificada o la película cruza una línea que no debería?

¡Cuéntamelo abajo en los comentarios, te leo!

Kevin Bacon contra gusanos gigantes: Todo sobre la película Temblores

Póster Temblores

Ficha Técnica

  • Título: Temblores (Tremors)
  • Año: 1990
  • Dirección: Ron Underwood
  • Reparto: Kevin Bacon, Fred Ward, Finn Carter, Michael Gross, Reba McEntire
  • Género: Ciencia ficción, Terror, Comedia
  • Duración: 96 min.
  • País: Estados Unidos
★★★★☆

4 de 5 – Un clásico de sobremesa

En Perfection, un remoto pueblo del desierto de Nevada, algo se mueve bajo la arena. Dos manitas locales, Val y Earl, descubren que su tranquila vida está a punto de convertirse en una lucha por la supervivencia contra gigantescos gusanos carnívoros que detectan cualquier vibración. La caza ha comenzado.

Hay películas que no necesitan una trama compleja para ganarse un hueco en nuestro corazón, y «Temblores» es el ejemplo perfecto de ese cine de los 90 que solo buscaba entretenernos durante una tarde de calor. Recuerdo perfectamente verla en La 1, con el ventilador a tope, flipando con esos gusanos que salían de la nada. Es una cinta sencilla, directa y, aunque se nota que ha envejecido en algunos aspectos, mantiene ese espíritu de aventura que hoy parece haberse perdido entre tanto CGI digital sin alma.

Lo primero que destaca es ver a un jovencísimo Kevin Bacon en un registro totalmente despreocupado. Su química con Fred Ward es, sin duda, lo mejor de la película. No son héroes musculosos ni científicos brillantes; son dos tipos normales, un poco vagos, que se ven envueltos en una situación surrealista. Esa humanidad hace que conectes con ellos desde el minuto uno. No hay pretensiones de salvar el mundo, solo quieren sobrevivir y salir de ese pueblo olvidado de la mano de Dios llamado Perfection.

Kevin Bacon en Temblores

Hablemos de los «Graboides». Para la época, los efectos especiales eran una auténtica maravilla de la artesanía. En lugar de abusar de efectos por ordenador, tenemos animatrónicos y marionetas que se sienten reales, que tienen peso y textura. Es cierto que hoy en día algunas costuras se le ven, pero prefiero mil veces un gusano de goma que se puede tocar a un borrón digital moderno. La tensión que logran crear simplemente con el movimiento de la tierra es un recurso que funciona de maravilla.

El ritmo de la película es envidiable. No pierde el tiempo en explicar de dónde vienen los monstruos (¿son mutantes?, ¿son prehistóricos?, ¿extraterrestres?), porque realmente no importa. Lo que importa es que si haces ruido, te mueres. Esa premisa tan básica mantiene el suspense durante toda la hora y media. Además, el guion tiene un toque de humor socarrón que le quita hierro a las escenas más tensas, convirtiéndola en una experiencia muy ligera y disfrutable para cualquier tipo de público.

Escena de Temblores

A pesar de sus virtudes, es innegable que el tiempo ha pasado factura a ciertos diálogos y situaciones. Hay momentos que hoy en día se sienten algo infantiles o demasiado simples. Sin embargo, ese aroma a «serie B» con presupuesto de «serie A» es precisamente lo que le da su encanto. No intenta ser «Tiburón» ni «Alien», aunque bebe mucho de ambas. Se conforma con ser una montaña rusa de serie B que sabe perfectamente qué teclas tocar para que no apartes la mirada de la pantalla.

La atmósfera del desierto de Nevada está muy bien captada. Sientes el calor, el polvo y esa sensación de aislamiento total. Perfection es un personaje más, con su pequeña tienda y sus vecinos excéntricos. Destaco especialmente al matrimonio de supervivencialistas armados hasta los dientes; su arsenal es la fantasía de cualquier amante de las pelis de acción y protagonizan algunos de los momentos más divertidos del tramo final. Es cine palomitero en su máxima expresión, sin filtros ni complicaciones innecesarias.

Graboides en Temblores

En resumen, «Temblores» es esa película que te pones cuando no quieres pensar, pero sí quieres disfrutar de una buena historia de supervivencia. No ha inventado la pólvora, pero la usa con mucha gracia. Es un viaje nostálgico a una forma de hacer cine donde la creatividad y el ingenio suplían la falta de tecnología puntera. Si no la has visto, dale una oportunidad; y si la viste de pequeño, te aseguro que volver a ver a los Graboides en acción te sacará una sonrisa de pura nostalgia.

Al final, lo que nos queda es una obra resultona que nos recuerda que el cine de monstruos puede ser divertido, tenso y entrañable al mismo tiempo. No busques grandes lecciones filosóficas aquí, solo busca un sitio alto, no hagas ruido y disfruta de la caza. Es, sin duda, uno de esos placeres culpables que uno nunca se cansa de reivindicar frente a las superproducciones vacías de la actualidad.

¿Y tú, qué harías si la tierra empezara a vibrar?

Seguro que tú también la viste un sábado por la tarde… ¿Crees que ha envejecido bien o los Graboides ya no dan tanto miedo? ¡Cuéntamelo en los comentarios, te leo!

OBEDECE Y CONSUME: La sátira política detrás de los aliens de Están Vivos

Poster Están Vivos John Carpenter

Ficha Técnica

  • Título original: They Live
  • Año: 1988
  • Dirección: John Carpenter
  • Reparto: Roddy Piper, Keith David, Meg Foster
  • Género: Ciencia Ficción / Terror / Sátira
Valoración del «Experto Amateur»: ★★★★☆ (3.5/5)
Nota numérica: 6/10
«Un trabajador nómada encuentra unas gafas de sol que le permiten ver el mundo tal y como es. Al ponérselas, descubre que las vallas publicitarias y los medios de comunicación esconden mensajes subliminales de obediencia y consumo, y que la clase dirigente está compuesta por alienígenas de aspecto cadavérico que pretenden dominar a la humanidad.»
[youtube https://www.youtube.com/watch?v=ampNU-oYGZQ?si=KB23iZwx2353OOIB]

Gafas de sol, alienígenas y la cruda realidad

Jamás pensé que una película de este calibre, con estos efectos especiales tan desfasados, me haría reír tanto 37 años después. Pero así es el cine de John Carpenter: una delicatessen, un café para muy cafeteros del género sci-fi que, si entras en su juego, te regala una experiencia inolvidable. Están Vivos (o They Live para los puristas) es esa joya de 1988 que ha envejecido de una forma extraña: visualmente es hija de su tiempo, pero temáticamente parece que se escribió ayer por la tarde mirando Twitter (o X, o como se llame ahora).

No soy ningún crítico de la academia, solo un tipo que consume cine como si se fuera a acabar el mundo, y desde mi humilde sofá de «experto amateur», tengo que decir que esta película es una genialidad disfrazada de serie B. La premisa es tan absurda como brillante: un obrero de la construcción, interpretado por el inmenso (literalmente) Roddy Piper, encuentra una caja de gafas de sol en una iglesia abandonada. Hasta ahí, todo normal en el universo de lo raro. Pero cuando se pone las gafas, el mundo cambia. El color desaparece y la verdad se revela en blanco y negro.

Escena Están Vivos visión gafas
Cuando te pones las gafas y ves que tu revista favorita solo quiere que obedezcas.

Aquí es donde entra el concepto de la «Pseudo-Matrix» ochentera. Mucho antes de que Keanu Reeves esquivara balas en cámara lenta, Carpenter ya nos estaba diciendo que la realidad no es lo que parece. Sin ordenadores cuánticos ni trajes de cuero ajustados, Están Vivos nos planta una invasión alienígena silenciosa. No vienen con naves gigantes destruyendo la Casa Blanca; vienen con trajes caros, relojes de oro y puestos directivos. Los aliens han invadido la Tierra a través del capitalismo salvaje. Al mirar a través de las lentes, los carteles de publicidad ya no venden ordenadores o vacaciones, sino que gritan órdenes directas: «OBEDECE», «CONSUME», «CÁSATE Y REPRODÚCETE», «NO PIESES». Es una crítica social tan directa y sin sutilezas que resulta refrescante en estos tiempos donde todo el cine intenta ser políticamente correcto o excesivamente complejo.

Lo que hace que esta película sea una experiencia tan divertida es su honestidad. Sabe que es una película de acción barata y lo abraza con fuerza. Los efectos especiales de los alienígenas, con esas caras de calavera azulada y ojos saltones, hoy en día parecen máscaras de Halloween compradas en un bazar de todo a cien. Pero, ¿sabes qué? Da igual. De hecho, eso le añade encanto. No necesitas CGI de millones de dólares para entender que esos tipos son los malos. Su fealdad exterior es solo un reflejo de su corrupción interior. Y ver a Roddy Piper, que recordemos era luchador de wrestling profesional y no actor de método, pasearse con una escopeta y gafas de sol soltando frases lapidarias, es un placer culpable.

Alienígenas en Están Vivos
Roddy Piper listo para mascar chicle y patear traseros… y se le acabó el chicle.

Hablemos de la dupla protagonista, porque esto es oro puro. Roddy Piper (Nada) y Keith David (Frank) tienen una química brutal. Son dos currelas intentando sobrevivir en un sistema que los aplasta, y su relación pasa de la desconfianza a la hermandad a base de puñetazos. Y cuando digo puñetazos, me refiero a *esa* escena. Hay una pelea en un callejón que dura una eternidad (creo que son más de 5 minutos de reloj) solo porque uno quiere que el otro se ponga las malditas gafas de sol. Es absurda, es excesiva, es agotadora de ver, y es absolutamente genial. Es Carpenter diciendo: «Me da igual el ritmo narrativo, quiero ver a estos dos moles dándose de tortas hasta que no puedan más». Es testosterona ochentera en su máxima expresión.

La trama te lleva fácil hasta el final. No hay giros de guion incomprensibles ni tramas secundarias que no llevan a nada. Es lineal: descubre el pastel, busca aliados, consigue armas, intenta salvar el mundo. A veces, como espectador saturado de tramas enrevesadas tipo Nolan, se agradece una historia que va de A a B sin pedirte que tomes apuntes. Te sientas, te ríes, te sorprendes con la crítica mordaz al yuppismo de la era Reagan y disfrutas del viaje.

Por supuesto, no es una obra de arte al nivel de El Padrino, ni lo pretende. Tiene fallos de ritmo, actuaciones que rozan la parodia y agujeros de guion por los que cabría una nave espacial. Pero como curiosidad, recomiendo verla encarecidamente. Es, que ya merece. Es historia del cine de culto. Es el origen de memes, de logotipos de marcas de ropa urbana (como OBEY) y de una forma de entender la ciencia ficción como vehículo de protesta política.

Roddy Piper Están Vivos
Los villanos: feos, corporativos y directos al grano.

En conclusión, Están Vivos es una película necesaria. Nos recuerda que a veces hay que ponerse unas gafas diferentes para ver la realidad que nos rodea, aunque lo que veamos no nos guste. Y nos enseña que, si te quedas sin chicle, siempre puedes empezar a patear traseros. Si te gusta el cine imperfecto, con alma, con mensaje y con ganas de divertir sin pretensiones, esta es tu película. Dale una oportunidad, aunque solo sea por ver a los aliens tomando café mientras planean la dominación mundial a través de la televisión por cable.

¿Y tú qué opinas?

«Si tuvieras esas gafas de sol ahora mismo y salieras a la calle en tu ciudad… ¿Qué mensaje subliminal crees que verías más a menudo?»

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