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«La Acompañante»: ¿Es Sophie Thatcher la nueva musa del terror inteligente?

Crítica de ‘La Acompañante’: Cuando la compañía perfecta es tu peor pesadilla

Póster de La Acompañante

Ficha Técnica

  • Título original: Companion
  • Año: 2025
  • Duración: 97 min.
  • País: Estados Unidos
  • Dirección: Drew Hancock
  • Guion: Drew Hancock
  • Reparto: Sophie Thatcher, Jack Quaid, Lukas Gage, Rupert Friend, Harvey Guillén, Megan Suri
  • Género: Thriller, Ciencia Ficción, Terror, Comedia Negra

«La muerte de un multimillonario desencadena una serie de acontecimientos para Iris y sus amigos durante un viaje de fin de semana a su finca junto al lago.»

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A veces, te sientas en la butaca del cine sin saber muy bien qué esperar. Ves un póster, lees una sinopsis que parece un cliché y te preparas para otra película de fin de semana que olvidarás antes de que terminen los créditos. Eso pensaba yo de «La Acompañante». Pero, de vez en cuando, el cine te da una bofetada (en el buen sentido) y te presenta algo retorcido, divertido y extrañamente profundo. La ópera prima de Drew Hancock es una de esas sorpresas que te reconcilian con el género del thriller de ciencia ficción, un terreno tan manoseado que encontrar algo con personalidad propia es casi un milagro.

La película arranca con todos los tropos que hemos visto mil veces: una pareja de enamorados, Iris (una magnética Sophie Thatcher) y Josh (Jack Quaid, que ha nacido para estos papeles de «buen tipo con algo que ocultar»), se van de fin de semana a una casa aislada en un lago con los amigos de él. El ambiente es idílico, casi artificial. Desde el primer minuto, algo no encaja. Iris parece demasiado perfecta, demasiado atenta, casi como si estuviera siguiendo un guion. Y, en cierto modo, lo está. El giro, que la película no tarda en desvelar, es que Iris no es humana. Es una «Acompañante», un androide de última generación diseñado para ser la pareja ideal. Pero, ¿ideal para quién y a qué precio?

Escena de La Acompañante

Lo que podría haber sido una versión más de «Ex Machina» o un capítulo alargado de «Black Mirror» se convierte rápidamente en una sátira negrísima y sangrienta sobre las relaciones, la masculinidad tóxica y la codicia humana. Hancock no está tan interesado en las tres leyes de la robótica como en analizar la estupidez supina del ser humano. Los amigos de Josh no son más que un catálogo de arquetipos detestables: el alfa competitivo, la pareja superficial, el conspiranoico… Y en medio de ellos, Iris, una máquina diseñada para complacer, empieza a observar, a aprender y, sobre todo, a detectar las grietas en la fachada de normalidad de sus anfitriones.

El guion es inteligente al jugar con lo que el espectador sabe y lo que los personajes ignoran. Nosotros somos cómplices del secreto de Iris, y eso genera una tensión deliciosa. Cada conversación, cada gesto, está cargado de un doble sentido. Cuando los secretos de los humanos empiezan a salir a la luz, la película se despoja de su piel de thriller psicológico para convertirse en un slasher con todas las letras, pero uno con un cerebro y un sentido del humor corrosivo. La violencia es explícita y festiva, casi catártica. Es como si la película nos dijera: «¿Veis lo que pasa cuando lleváis al límite a quien habéis creado para serviros?».

Sophie Thatcher en La Acompañante

Sophie Thatcher es, sencillamente, el alma de la película. Su transformación de una «esposa-robot» sumisa y de ojos abiertos a una entidad consciente y letal es fascinante. Transmite una ternura inicial que hace que su posterior rebelión sea aún más impactante. Por su parte, Jack Quaid vuelve a demostrar que es uno de los actores más interesantes de su generación, capaz de equilibrar encanto y una ambigüedad moral que te mantiene en vilo. Hay una química innegable entre ellos que eleva el material por encima de una simple película de género.

Visualmente, Hancock sabe sacar partido de su único escenario. La casa junto al lago, un símbolo de estatus y escapismo, se convierte en una jaula de cristal donde los instintos más primarios salen a flote. La fotografía juega con los colores fríos y metálicos para recordarnos la naturaleza artificial de Iris, en contraste con la calidez del entorno natural que los humanos parecen decididos a corromper. No es una película que vaya a revolucionar el lenguaje cinematográfico, pero está rodada con una eficacia y una confianza que asombran para ser un debut.

Sin embargo, «La Acompañante» no es perfecta. Su tercer acto, aunque entretenido, puede resultar un poco más convencional de lo que prometía su arranque. Cae en algunos clichés del «villano que habla demasiado» y la resolución, aunque satisfactoria, podría haber sido un poco más valiente en su mensaje final. A veces, la mezcla de tonos, entre la comedia negra y el terror puro, puede descolocar a quien busque una experiencia más directa. No es una película de terror que te haga saltar de la silla, sino una que te deja con una sonrisa incómoda y un mal cuerpo que dura horas.

Jack Quaid en La Acompañante

Al final, «La Acompañante» es una reflexión muy actual sobre la soledad en la era tecnológica y hasta qué punto buscamos en la tecnología un reflejo idealizado de nosotros mismos, una versión sin los defectos que tanto odiamos. La película plantea una pregunta perturbadora: ¿quién es el verdadero monstruo? ¿La inteligencia artificial que aprende a ser violenta para sobrevivir o los humanos que, con su egoísmo y crueldad, le enseñan el camino? Es una mezcla salvaje entre «Thelma y Louise» y «Terminator», con el comentario social de «Barbie» pasado por un filtro de sangre y vísceras.

En definitiva, es una propuesta fresca, original y muy disfrutable. Un debut prometedor que te hará mirar dos veces a tu asistente virtual y preguntarte qué piensa de ti realmente. No es una obra maestra, pero sí una de esas películas de «culto instantáneo» que se comentan a la salida del cine. Y en un panorama lleno de secuelas y remakes, eso ya es una victoria. Merece la pena, aunque solo sea por ver a Sophie Thatcher repartir justicia poética con la frialdad de un procesador y la furia de una mujer harta de que le digan lo que tiene que hacer.

Y tú, ¿confiarías en una IA para ser tu pareja ideal? ¿O crees que es el primer paso para nuestra propia extinción? ¡Deja tu opinión en los comentarios!

Heretic: Análisis del thriller teológico que desafía tu fe

Poster de la película Heretic

Ficha Técnica

  • Título Original: Heretic
  • Dirección: Scott Beck y Bryan Woods
  • Guion: Scott Beck y Bryan Woods
  • Reparto: Hugh Grant, Sophie Thatcher, Chloe East, Topher Grace
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2024
  • Duración: 110 min.
  • Género: Terror, Thriller Psicológico
  • Distribuidora en España: DeAPlaneta

Sinopsis

«Dos jóvenes misioneras se proponen convertir a un hombre excéntrico, el Sr. Reed. Lo que comienza como una visita rutinaria para discutir sobre la fe, pronto se convierte en un peligroso juego de gato y ratón. Atrapadas en su hogar, las jóvenes descubren que el Sr. Reed las obligará a cuestionar sus propias creencias en un laberinto mortal donde cada elección podría ser la última.»

Tráiler

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Crítica

Hay películas que ves y olvidas al día siguiente, y luego hay películas como «Heretic». Esas que se te clavan en el cerebro y no te sueltan. Desde que vi el tráiler, supe que esta no era la típica cinta de sustos fáciles. Scott Beck y Bryan Woods, los genios que nos mantuvieron en silencio con «A Quiet Place», regresan, pero esta vez el terror no está en el sonido, sino en las ideas, en la fe y, sobre todo, en la perversión de la misma. Y en el centro de todo, un Hugh Grant que ha decidido colgar su sombrero de galán de comedia romántica para convertirse en una de las presencias más inquietantes que he visto en una pantalla en años.

La premisa es sencilla, casi teatral. Dos misioneras, interpretadas con una vulnerabilidad y fuerza creíbles por Sophie Thatcher y Chloe East, llegan a la puerta de un hombre para hablar de Dios. Pero este hombre, el Sr. Reed, no es un converso potencial. Es un coleccionista de creencias, un arquitecto de laberintos psicológicos. Hugh Grant lo encarna con una amabilidad superficial que esconde un abismo de malevolencia. Su encanto británico, ese que nos enamoró en los 90, se retuerce aquí en algo siniestro. Cada sonrisa, cada pregunta cortés, es una trampa. Es una clase magistral de cómo usar un arquetipo actoral para destruirlo y construir algo nuevo y aterrador.

Escena de la película Heretic

Lo que hace que «Heretic» sea tan efectiva es que no te ataca con monstruos, sino con dilemas. El Sr. Reed no quiere matar a sus víctimas (al menos no al principio), quiere romperlas. Quiere demostrar una tesis: que la fe es la herramienta de control definitiva. Las encierra en su casa, que es menos un hogar y más un tablero de juego existencial. Les da a elegir entre dos puertas: «Creencia» y «No Creencia». Y es aquí donde la película te agarra. ¿Qué harías tú? La elección parece simple, pero en el universo de Reed, ninguna salida es segura. Es una metáfora brillante sobre el libre albedrío y la predestinación, sobre si nuestras decisiones realmente importan cuando el sistema está amañado.

El guion es denso, lleno de diálogos que son duelos intelectuales. El Sr. Reed les da lecciones sobre la historia de las religiones, argumentando que todas son versiones de una idea primigenia: el control. Y mientras lo hace, la tensión se mastica. La casa se vuelve claustrofóbica, un personaje más. La dirección de fotografía de Chung-hoon Chung, que ya nos maravilló en «Oldboy», juega con las sombras y los espacios cerrados para crear una sensación de agobio constante. No necesitas ver la amenaza para sentirla en cada rincón de la casa, en cada palabra de Grant.

No es una película de terror al uso. Es un thriller teológico. Te hace pensar en tu propia relación con la fe, sea cual sea. ¿Creemos por convicción o por miedo? ¿Nuestra moralidad depende de un poder superior o es algo inherente a nosotros? La película no da respuestas fáciles. De hecho, te deja con más preguntas que al principio, y eso, para mí, es la marca de una obra inteligente. Te obliga a participar en el debate, a posicionarte, y te inquieta al mostrarte lo frágiles que pueden ser nuestras convicciones más profundas cuando se enfrentan a una mente brillante y retorcida.

Hugh Grant en Heretic

El desarrollo de los personajes de las dos misioneras es fantástico. No son simples víctimas. Tienen sus propias dudas, sus propias crisis de fe incluso antes de entrar en esa casa. Una es más devota y confiada, la otra más pragmática y escéptica. Esta dinámica interna es el motor que impulsa su lucha por la supervivencia, no solo física, sino espiritual. Tienen que usar su propio conocimiento de la fe para intentar contrarrestar los argumentos de Reed, convirtiendo la película en una batalla de escrituras y voluntades.

El clímax de la película es una auténtica locura. Cuando crees que has entendido el juego, Reed cambia las reglas. Los giros de guion no son gratuitos; cada uno profundiza en la tesis central de la película. El descubrimiento final sobre la naturaleza del «laberinto» y el propósito real del Sr. Reed es desolador y brillante a partes iguales. Es una bofetada de realidad sobre la naturaleza humana y nuestra necesidad de controlar a los demás, la raíz, según la película, de toda religión organizada.

Hugh Grant se merece todos los premios que le puedan dar. Es una transformación total. Olvida al tipo de «Notting Hill». Este es un Grant que se deleita en la oscuridad, que encuentra el terror en la calma y la erudición. Su actuación es tan magnética que, a pesar de ser el villano, no puedes apartar la vista de él. Es un monstruo, sí, pero un monstruo con una lógica impecable (dentro de su locura), y eso lo hace aún más aterrador.

Las protagonistas de Heretic

En definitiva, «Heretic» es una joya. Es cine de terror para adultos, de ese que te perturba a un nivel intelectual y emocional. No es para todos los públicos; si buscas sustos y sangre, quizás te decepcione. Pero si buscas una película que te desafíe, que te haga pensar y que te deje temblando no por lo que ves, sino por las ideas que planta en tu cabeza, entonces has encontrado tu próxima obsesión. Es una voladura de cabeza, un viaje sofisticado a los rincones más oscuros de la fe y la psique humana. Una película necesaria en tiempos donde el dogma y el control parecen estar más presentes que nunca.

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