Etiqueta: thrillers criminales

Juego de Ladrones 2: Pantera

Título original: Den of Thieves 2: Pantera

Dirección: Christian Gudegast

Guion: Christian Gudegast

Reparto: Gerard Butler, O’Shea Jackson Jr., Toby Kebbell, Michael Bisping

Género: Acción, Thriller, Crimen

Duración: 104 minutos

País: Estados Unidos / Reino Unido / Alemania

Año: 2024

Juego de Ladrones 2: Pantera es una de esas secuelas que no finge ser otra cosa: es una continuación directa, musculosa y explosiva de todo lo que fue la primera. ¿Más profunda? No. ¿Más ambiciosa? Tampoco. ¿Más europea, más violenta, más ridículamente testosterónica? Por supuesto. Y eso, para bien o para mal, es justo lo que esperábamos.

Gerard Butler vuelve con cara de “no he dormido en tres días” y barriga de inspector de kebabs, y eso es exactamente lo que necesitamos. Su personaje, Big Nick O’Brien, ha cruzado el Atlántico tras el gran golpe de Merriman (Pablo Schreiber en la original) y se planta en Londres con resaca, un fusil automático y cara de pocos amigos. ¿La misión? Cazar al escurridizo Donnie, interpretado por O’Shea Jackson Jr., que ha perfeccionado el arte del camuflaje entre la clase criminal europea.

Si en la primera película teníamos Heat en versión Costco, esta vez el modelo de inspiración está más cerca de Ronin, con sus persecuciones por calles estrechas, sus cafés de espías, y sus maletines sospechosos. Y aunque Pantera nunca alcanza la elegancia de aquellas referencias, sí logra algo importante: no aburrir nunca.

La dirección de Gudegast se ha refinado, aunque sin perder ese toque de bar de moteros en plena redada. La violencia sigue siendo cruda, seca, efectiva. Los diálogos… bueno, siguen sonando como si los hubiera escrito un tipo que se comunica principalmente con emojis de calavera, cerveza y explosión. Pero es parte del encanto. Uno no entra a Juego de Ladrones 2 buscando existencialismo. Entras buscando un atraco imposible, una persecución por Londres, y a Gerard Butler gritando “¡dónde coño está el dinero!” mientras se toma un Red Bull con whisky.

Lo mejor de esta entrega es su ubicación. Mover la acción a Europa le sienta bien a la saga. Hay un aire más internacional, una sensación de juego mayor, casi como si esto fuese la versión obrera de Misión Imposible. Las escenas en París, las referencias a diamantes africanos, las conexiones balcánicas… todo le da textura. No coherencia, pero sí espectáculo.

El personaje de Donnie, por su parte, crece. O’Shea Jackson Jr. sigue siendo el tipo tranquilo con mirada de “sé más que tú”, y aquí demuestra que puede sostener la narrativa por sí mismo. De hecho, en varios momentos parece que esta ya no es la historia de Big Nick, sino la de Donnie convertido en leyenda del bajo mundo.

¿Y qué hay del plan del atraco? Una locura. Intrincado, exagerado, rebuscado… pero condenadamente entretenido. Aquí no hay espacio para la lógica. Es como un truco de magia en plena rave: ruido, luces, y cuando te das cuenta, ya te han robado. Eso sí, todo se sostiene por el carisma y el ritmo. Porque aunque el guion tiene huecos como un queso gruyère en huelga, lo que importa es que siempre avanza.

Y sí, hay humor involuntario. Hay frases que harían sonrojar a un guionista de Fast & Furious, pero también hay algo profundamente honesto en todo esto. Pantera sabe lo que es: una película de acción pasada de vueltas, donde el cine se convierte en gimnasio narrativo. Aquí nadie viene a filosofar sobre la justicia social. Aquí se dispara primero y se pregunta después, si es que se pregunta algo.

En resumen:
¿Es mejor que la primera? No.
¿Es más absurda? Sí.
¿Te lo pasas bomba igual? Sin duda.

Juego de Ladrones 2: Pantera es lo que pasa cuando alguien dice “quiero más de lo mismo, pero en Europa y con más acento británico”. Y lo consigue. No tiene la sorpresa de la original, pero se defiende como una bestia herida: a gritos, a golpes, y dejando el escenario lleno de casquillos.

Si te gustó la primera, esta es tu dosis de adrenalina. Si no te gustó… ¿para qué vienes aquí?

#Cine Juego de Ladrones (2018): una joya sucia y brutal del cine de atracos

Título original: Den of Thieves

Dirección: Christian Gudegast

Guion: Christian Gudegast

Reparto: Gerard Butler, Pablo Schreiber, O’Shea Jackson Jr., Curtis «50 Cent» Jackson, Meadow Williams

Género: Acción, Thriller, Crimen

Duración: 140 minutos

País: Estados Unidos

Año: 2018

Juego de ladrones es esa clase de película que te mete una bofetada de testosterona en la cara desde el primer minuto. No te pide permiso, no te da tregua. Arranca con un asalto brutal en Los Ángeles y no frena hasta el último giro. No es una cinta de arte y ensayo, no busca redimir nada. Es acción pura y dura, sin remordimientos. Es una hamburguesa triple con todo, después de una semana a dieta.

Desde el principio, la dirección de Christian Gudegast te sitúa en un terreno hostil y masculino, donde la ciudad es un tablero de guerra entre los que se supone que protegen el sistema (el equipo de asalto del sheriff de L.A., liderado por un Gerard Butler pasadísimo de rosca) y los que lo desafían con inteligencia y precisión militar (los ladrones, encabezados por un Pablo Schreiber magnético y contenido). Aquí no hay buenos y malos. Hay tipos duros, todos.

Gerard Butler, con su barriga cervecera, barba de tres días y camiseta sudada, hace el papel más sucio de su carrera. No interpreta a un héroe, sino a un hombre quebrado, a medio camino entre el poli justiciero y el delincuente. “Big Nick” O’Brien es un lobo disfrazado de perro pastor. Uno que se salta las reglas porque sabe que está rodeado de depredadores.

Lo interesante de Juego de ladrones no es solo su acción, que es espectacular. Es el aire de desesperación moral que la recorre. Nadie está limpio. Los tiroteos son orgánicos, largos, coreografiados con precisión y caos a la vez. Y cuando crees que ya lo has visto todo, el guion saca un giro final que, sin ser brillante, te hace sonreír. Porque es inesperado. Porque funciona.

Esta película huele a Heat de Michael Mann, pero con menos elegancia y más sudor. Es una prima bastarda de The Town, una versión más sucia, menos refinada. Y eso le sienta bien. Porque no pretende ser más de lo que es. No quiere ser profunda. Quiere entretener a un público que ama los atracos bien contados, los personajes con cicatrices y las situaciones donde todo se puede ir al infierno en cualquier segundo.

O’Shea Jackson Jr. sorprende. Su personaje tiene una evolución sutil, y el espectador lo acompaña sin saber bien en qué lado del juego está. 50 Cent está contenido y efectivo, y su escena con el novio de su hija es puro oro de testosterona cinéfila.

En lo técnico, el montaje es firme, con una edición que no abusa del corte rápido. Se respira tensión, sobre todo en la planificación de los atracos. El sonido de los disparos, seco y contundente, añade realismo. Y la música, sin destacar, acompaña sin molestar.

Juego de ladrones es la clase de película que disfrutas con las luces apagadas, el volumen al máximo y el cerebro en modo “modo atraco”. No necesitas pensar demasiado, solo dejarte llevar. No es cine para todos. Es cine para quienes aman los atracos con ritmo, los tiroteos con peso, y las historias de tipos duros que no piden perdón.

Yo la disfruté como un enano. Porque a veces, entre tanta oferta de cine “prestigioso”, apetece una cinta que te reviente el pecho con acción y te recuerde por qué amamos el cine: por su capacidad de llevarnos al límite, aunque solo sea durante dos horas.

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