Ficha Técnica
- Título original: Back in Action
- Año: 2025/2026
- Plataforma: Netflix
- Dirección: Seth Gordon
- Reparto: Jamie Foxx, Cameron Diaz, Glenn Close, Kyle Chandler, Andrew Scott.
- Género: Acción, Comedia, Espionaje.
Valoración CP Cine
1 de 5 estrellas (Siendo generoso)
Sinopsis
«Emily y Matt renunciaron hace años a ser espías de la CIA para formar una familia. Pero, cuando se descubre su tapadera, se ven arrastrados de nuevo al mundo del espionaje.»
La Crítica: ¿Era necesario este regreso?
A ver, seamos sinceros desde el principio. Cuando me enteré de que Cameron Diaz salía de su retiro para volver al cine junto a Jamie Foxx, sentí esa pequeña chispa de nostalgia. ¿Quién no recuerda a la Cameron de los 90 y los 2000? Pero esa chispa se apagó más rápido que mi interés a los diez minutos de empezar «De vuelta a la acción». Lo que Netflix nos ha vendido como el gran evento de acción del año no es más que un refrito de clichés tan gastados que dan hasta un poco de vergüenza ajena.
El argumento es algo que hemos visto, literalmente, decenas de veces. Y no exagero. Tenemos la típica premisa de «mamá y papá guardan un secreto». O bien es ella la espía letal, o es él, o son los dos, como en este caso. Viven su vida feliz, americana, suburbana, con esos problemas del primer mundo que intentan hacernos creer que son universales. No sé si tienen hipotecas o créditos bancarios (porque en estas películas el dinero nunca parece ser un problema real, todo es de cartón piedra), pero de repente, por una «cuestión X» del guion que apenas se sostiene, hay que volver al ruedo.
¿Es que nadie piensa en los niños?.
Y aquí es donde la película se desmorona. De un segundo a otro, pasan de preparar fiambreras escolares a pegar tiros como vaqueros profesionales. Todo es súper técnico, todo es perfecto. No han perdido ni una sola habilidad a pesar de llevar años inactivos. ¿Dónde está el óxido? ¿Dónde están los dolores de espalda? Es una fantasía de poder tan perezosa que insulta un poco a la inteligencia del espectador medio. Yo no soy director de cine, soy un simple consumidor que ve muchas cosas, pero sé reconocer cuando me están dando gato por liebre.
Hablemos del reparto, porque es el gran reclamo y, a la vez, el gran problema. Tenemos a dos actores principales que, siendo brutalmente honesto, podrían pasar más por abuelos jóvenes que por padres de niños pequeños en plena edad escolar. La química que se supone que deben tener se siente forzada, como si estuvieran leyendo las líneas de diálogo pensando en el cheque que van a cobrar al terminar el día. Jamie Foxx, que suele tener carisma para regalar, aquí está en piloto automático. Pero lo de Cameron Diaz me ha dolido especialmente.
Era una de mis actrices favoritas de comedia, pero aquí… no sé ni cómo decirlo sin sonar cruel, pero hay que decirlo. A mi gusto, tiene la cara desfigurada por las operaciones. Se hace difícil concentrarse en su actuación cuando la expresión facial es tan rígida. Y no es la única; Glenn Close aparece en la cinta y sufre del mismo mal. Es una pena ver a actrices de este calibre atrapadas en una estética tan artificial que distrae de la trama. Desmerecen de principio a fin lo que podría haber sido un regreso triunfal. En lugar de ver a los personajes, ves el bisturí y el bótox, y eso te saca totalmente de la película.
El regreso que prometía mucho y se quedó en nada.
La palabra que mejor resume las casi dos horas de metraje es: aburrimiento. La misión que tienen que llevar a cabo da una pereza inmensa. No hay tensión, no hay riesgo real. Sabes exactamente qué va a pasar en la siguiente escena, quién va a traicionar a quién y cómo van a escapar de la situación imposible con una explosión generada por ordenador que se nota a leguas. Es el epítome del cine de algoritmo de Netflix: coger actores famosos, un género popular, mezclarlo todo y esperar que la gente lo ponga de fondo mientras plancha la ropa.
Es triste porque el género de espías jubilados puede dar mucho juego si se hace con cariño (ahí tenemos la primera RED, por ejemplo). Pero aquí no hay cariño. Hay una producción industrial, fría y calculada. Los chistes no aterrizan, las secuencias de acción son genéricas y la trama familiar es tan empalagosa como inverosímil. Intentan mezclar Mr. & Mrs. Smith con Spy Kids, pero sin la sensualidad de la primera ni la inocencia divertida de la segunda. Se queda en tierra de nadie.
Acción genérica para un domingo de siesta.
Le doy un aprobado raspado a la fotografía en algunos momentos puntuales, pero siendo misericordioso. La realidad es que es una película de 2 sobre 10. Le pongo una estrella sobre cinco porque no puedo ponerle media. Es totalmente innecesaria. No aporta nada a la carrera de sus protagonistas y, lo que es peor, no aporta nada al espectador más que tiempo perdido. Si queréis ver a Jamie Foxx en acción, poneos Django o Collateral. Si echáis de menos a Cameron Diaz, Algo pasa con Mary siempre estará ahí. Pero huid de esto.
En resumen: es una oportunidad perdida. Podría haber sido una sátira mordaz sobre envejecer en el mundo del espionaje, o una comedia de acción vibrante. En su lugar, es un producto plano, con caras inexpresivas y un guion escrito en una servilleta. Hacedme caso, vuestro tiempo vale más que esto.
«¿Soy yo el único que piensa que Hollywood debería dejar de desenterrar a viejas glorias si no tiene un guion decente?»
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