Cine · Opinión y reflexión
La nueva visita a Eternia tiene música, espectáculo y un Skeletor visualmente fascinante, pero parece más interesada en hablar el lenguaje de la generación Z que en recuperar la épica de quienes crecimos con la saga.
Mi relación con He-Man viene de antes de esta película. Conocía la serie y los juguetes, así que no llegaba a esta adaptación desde cero. Tampoco esperaba que el cine de 2026 reprodujera sin cambios los códigos de los años ochenta. Lo que sí esperaba era una aventura con una personalidad reconocible, capaz de actualizar la saga sin ocultar aquello que la convirtió en un fenómeno para varias generaciones.
Ficha técnica
He-Man y los Masters del universo
- Título original
- Masters of the Universe
- Año
- 2026
- Dirección
- Travis Knight
- Duración
- 132 minutos
- Reparto
- Nicholas Galitzine, Camila Mendes, Idris Elba y Jared Leto
- Música
- Daniel Pemberton
- Valoración
- ★★½ · 2,5 de 3 estrellas
Regresar a Eternia sin pedir que siga siendo 1983
Conocer la serie o haber jugado con sus figuras no implica querer una adaptación encerrada en la nostalgia. He-Man siempre fue un producto de su tiempo: músculos imposibles, colores intensos, criaturas extrañas, tecnología, magia y una lucha muy clara entre héroes y villanos. Todo aquello puede reformularse.
Mi desconcierto no nació de que la película quisiera modernizarse. Apareció por la manera elegida para hacerlo. El lenguaje es demasiado actual, rápido y autoconsciente. Los personajes parecen obligados a mantener una conversación fluida, ligera y llena de humor incluso cuando la historia reclama algo de solemnidad.
Desde el principio tuve la sensación de estar ante una película mucho más cercana a las últimas sagas de Marvel que al espíritu que esperaba encontrar en Eternia. No porque He-Man deba ser serio en todo momento, sino porque aquí el humor acaba ocupando el lugar de la épica.
Una película pensada para quienes no crecieron con He-Man
Es evidente que una franquicia no puede depender eternamente del público que la conoció en su primera etapa. Cada nueva versión necesita encontrar espectadores propios. El problema aparece cuando ese intento de renovación parece construido a partir de una idea demasiado concreta de lo que busca la generación Z.
La película se mueve con la rapidez de quien teme perder la atención del público. Encadena bromas, criaturas, canciones, combates y efectos visuales. Siempre está ocurriendo algo, pero ese movimiento constante impide que el mundo, los personajes y los conflictos respiren.
Una combinación demasiado reconocible
El resultado me parece un refrito bien presentado. Hay algo de Guardianes de la Galaxia, algo de El Señor de los Anillos, algo de Ready Player One y, entre todas esas influencias, una parte de He-Man que intenta encontrar su sitio.
No me molesta que la película dialogue con el cine contemporáneo. Lo que echo en falta es que Eternia tenga el peso suficiente para no parecer una suma de referencias ajenas.
Un protagonista torpe sin que la interpretación sea el problema
El espíritu tozudo y patoso del protagonista acabó enganchándome. Esa torpeza pertenece al personaje y a su historia, no al actor. El príncipe Adam todavía no sabe ocupar el lugar que le corresponde y debe aprender a convivir con un legado demasiado grande.
Ese enfoque no perjudica al personaje. Al contrario, permite que el héroe tenga un punto de vulnerabilidad. El problema es que la película rodea esa evolución de tanto humor que muchas escenas no alcanzan la fuerza emocional que podrían tener.
Había material para construir una historia clásica sobre identidad, responsabilidad y pertenencia. La película lo utiliza, pero casi siempre tiene demasiada prisa por llegar a la siguiente broma o a la siguiente secuencia visual.
La música, el diseño visual y un Skeletor deslumbrante
Superado el desconcierto inicial, la música y la acción consiguieron que disfrutara de la película sin más. La selección ochentera funciona, y la presencia de Queen fue una delicia. En esos momentos la película encuentra una energía directa, reconocible y eficaz.
La banda sonora es lo que más salvo del conjunto. No solo acompaña la acción, sino que consigue transmitir parte de la épica que echo de menos en los diálogos y en el tono general. La música parece entender mejor que el guion el tipo de espectáculo que necesita este universo.
A partir de este punto se comenta la entrada de Skeletor en Eternia y la impresión que deja el tramo final.
Skeletor entra en Eternia, pero la épica no termina de llegar
Uno de los pocos momentos en los que sentí que la película podía atraparme de verdad fue la entrada de Skeletor en Eternia. Su presencia cambia la energía de la historia. El diseño del personaje, la forma en la que ocupa la pantalla y la amenaza que proyecta hacen que la aventura se acerque, por fin, a la escala que esperaba.
Sin embargo, ese impulso no desemboca en un final realmente memorable. El tramo final confirma la sensación de oportunidad perdida. Están los personajes, las armas, la acción y el enfrentamiento, pero falta una emoción capaz de elevar todos esos elementos.
La conclusión cumple con su función dentro del espectáculo, aunque no transforma la película. Cuando terminó, no me quedaron ganas de volver a verla. No porque la experiencia fuera desastrosa, sino porque parece agotarse en el mismo momento en que se consume.
Una recomendación limitada al buen rato
Recomendaría He-Man y los Masters del universo a quienes disfruten del cine fantástico, la acción, las aventuras de gran presupuesto y las películas que mezclan humor, criaturas, canciones y nostalgia.
Puede proporcionar un buen rato, especialmente cuando la música y el espectáculo visual se imponen. No la recomendaría, en cambio, como una recuperación especialmente profunda o memorable de la franquicia.
Una Eternia reconocible que todavía busca su identidad
Esta nueva película reúne muchas de las cosas que esperaba ver: la Espada del Poder, Eternia, sus héroes, sus criaturas y un Skeletor espectacular. Durante algunos momentos, especialmente cuando aparecen la acción y la música ochentera, consigue convertirse en una aventura disfrutable.
Pero parece construida con demasiadas referencias externas. Veo ecos de Guardianes de la Galaxia, El Señor de los Anillos y Ready Player One, además de algo de la esencia de He-Man. Esa combinación termina pareciéndome un refrito bien presentado antes que una adaptación con una voz verdaderamente propia.
Tal vez la intención era crear un He-Man para quienes no crecieron con He-Man. Puede que esa decisión abra la puerta de Eternia a una nueva generación. A mí me dejó en un lugar intermedio: disfruté de la música, de algunas imágenes y de un villano magníficamente diseñado, pero esperaba más épica y menos miedo a tomarse en serio su propio universo.
La conversación continúa
¿Para quién debería hacerse una nueva película de He-Man?
¿Crees que una adaptación debe dirigirse principalmente a quienes crecieron con la saga o encontrar un lenguaje completamente nuevo para las generaciones actuales?
