Cine · Paul Thomas Anderson
Entré prácticamente a ciegas y terminé encontrándome con una película extraña, inquietante y visualmente magnífica, aunque sus 161 minutos no siempre jueguen a su favor.
Tengo un pequeño problema con las películas que se acercan peligrosamente a las tres horas: cada vez tengo menos aguante. Una batalla tras otra dura 161 minutos y, en mi caso, eso significó verla en dos tiempos. No es necesariamente culpa de la película —aunque luego hablaré de su ritmo—, sino de una tolerancia personal cada vez menor hacia metrajes tan largos. Aun así, la terminé. Y me alegro de haberlo hecho.
Datos de la película
Ficha técnica
- Título
- Una batalla tras otra
- Título original
- One Battle After Another
- Año
- 2025
- Dirección y guion
- Paul Thomas Anderson
- Reparto
- Leonardo DiCaprio, Sean Penn, Benicio Del Toro, Regina Hall, Teyana Taylor y Chase Infiniti
- Fotografía
- Michael Bauman
- Montaje
- Andy Jurgensen
- Música
- Jonny Greenwood
- Duración
- 161 minutos
- Género
- Thriller, acción y comedia negra
De qué va
Sinopsis
Bob es un antiguo revolucionario que vive apartado junto a su hija Willa, arrastrando todavía las consecuencias de un pasado que nunca ha terminado de desaparecer. Cuando un viejo enemigo reaparece dieciséis años después y Willa queda en peligro, Bob se ve obligado a volver a enfrentarse a aquello que creía haber dejado atrás.
A partir de ahí, Paul Thomas Anderson construye una historia de persecuciones, paranoia, violencia, familia y viejas convicciones políticas en la que los personajes tienen que convivir con las consecuencias de sus propias decisiones.
Mi experiencia
Entrar sin saber demasiado
Llegué a Una batalla tras otra prácticamente a ciegas. No había visto el tráiler y tampoco tenía demasiado claro qué me iba a encontrar. Sabía que estaba recibiendo buenas valoraciones, había visto el póster y, sobre todo, tenía un incentivo bastante importante: Leonardo DiCaprio es uno de mis actores predilectos.
A eso había que añadir dos nombres como Sean Penn y Benicio Del Toro, otro actor que siempre consigue despertar mi interés. Sobre el papel ya había suficientes motivos para verla. Lo que no esperaba era encontrarme exactamente con esta película.
Y esa ha sido probablemente una de sus mayores virtudes: la sorpresa.
La película funciona sobre todo por el estado en el que consigue colocarme: nerviosismo, aceleración y una ansiedad que parece contagiarse desde los personajes hasta la propia forma de contar la historia.
Tono y sensaciones
Una película difícil de encerrar
Me cuesta definir Una batalla tras otra dentro de un único género. Hay thriller, comedia, acción y un trasfondo político constante, pero mi sensación va incluso hacia una especie de película con ecos de otro tiempo.
Hay algo en determinados personajes, ambientes y formas de representar el conflicto que me lleva mentalmente a décadas como los setenta y los ochenta. No porque estemos exactamente ante una película de época, sino por una determinada textura y por la manera en que presenta determinados conflictos ideológicos y morales.
Leonardo DiCaprio
La ansiedad como forma de narrar
Leonardo DiCaprio era uno de mis principales motivos para ver la película y ha terminado siendo también una de las cosas que más me han gustado.
Su personaje vive nervioso, desbordado y por momentos casi incapaz de seguir el ritmo de su propia historia. Me gusta especialmente que la película no intente convertirlo constantemente en una figura heroica o segura de sí misma. Hay torpeza, desconcierto y una sensación permanente de que los acontecimientos le vienen demasiado grandes.
En algunos momentos me recordó inevitablemente al DiCaprio de El lobo de Wall Street. No porque ambos personajes tengan demasiado que ver, sino por esa capacidad del actor para lanzarse al exceso: la aceleración, la gestualidad, la desesperación, la forma de perder el control y convertir el caos en algo que también puede resultar cómico.
Aquí vuelve a hacerlo y, para mí, lo hace extraordinariamente bien.
Una secuencia
El gimnasio y el momento en que todo acelera
Una de las escenas que más recuerdo es el encuentro en el gimnasio entre Leonardo DiCaprio y Benicio Del Toro. No necesito que ocurra algo especialmente espectacular para que me funcione: es la propia presentación de la situación, la interacción entre ambos y, sobre todo, el cambio de velocidad que noto a partir de ahí.
Desde ese momento siento que la película empieza a apretar.
Benicio Del Toro está bien, aunque para mí su interpretación queda algo más plana frente a lo que están haciendo DiCaprio y, especialmente, Sean Penn. Quizá también sea consecuencia del propio personaje y de la función que ocupa dentro de la historia. En cualquier caso, siempre es un placer encontrármelo en pantalla.
El principal reparo
Cuando los 161 minutos empiezan a pesar
No todo me funciona igual. Hay un tramo intermedio en el que Una batalla tras otra se me hace bastante densa. La película tiene que conectar lo que viene del pasado con el conflicto que terminará ocupando su recta final y precisamente ahí es donde más he notado su duración.
Es probablemente el momento en el que mi poca tolerancia actual a las películas demasiado largas también juega en su contra.
Pero hay algo curioso: al mismo tiempo que considero que ese tramo podría haberse aligerado, también puedo entenderlo como parte de la propuesta de Anderson. La película quiere que la resolución llegue. O, al menos, así la he vivido yo.
Ese alargamiento del conflicto aumenta la ansiedad. Quieres que los personajes se encuentren, que las piezas terminen de encajar y que algo rompa definitivamente la tensión acumulada. Quizá parte de esa densidad sea deliberada.
La entiendo. Eso no significa que deje de parecérseme larga.
En vídeo
Tráiler de Una batalla tras otra
A partir de este punto comento personajes, conflictos y elementos importantes de la parte final de la película.
El núcleo moral
Sean Penn y el verdadero centro de la película
Aunque DiCaprio sea el protagonista y quien lleva buena parte de la película sobre sus hombros, para mí el verdadero núcleo argumental está en Sean Penn y su personaje, Steven J. Lockjaw.
Penn me parece increíble. Y su personaje me resulta profundamente inquietante.
No es únicamente por lo que hace. Es el conjunto. Su aspecto físico, su comportamiento, su manera de moverse, sus obsesiones, sus contradicciones y todo lo que representa producen una sensación constantemente desagradable.
Es un personaje detestable, racista, delictivo e incongruente.
Y ahí es precisamente donde la dimensión política de Una batalla tras otra me interesa más. No tanto por la política entendida como una sucesión de discursos, bandos o ideologías, sino por los valores y la moral que acompañan a esas posiciones.
Lockjaw concentra buena parte de eso.
La película puede hablar de radicalismo, poder, racismo o enfrentamiento político, pero detrás de todo ello aparecen personas que construyen una determinada manera de entender a los demás y a sí mismas. Sean Penn convierte esa contradicción moral en algo prácticamente físico.
Frente al caos nervioso de DiCaprio, Penn aporta otra forma de ansiedad. No es la del hombre superado por los acontecimientos, sino la que produce alguien al que, simplemente, no quieres tener cerca.
Más que el discurso político en sí, me interesa la moral que hay detrás de él. Y es Sean Penn quien concentra mejor todo ese lado desagradable y contradictorio de la película.
Puesta en escena
Una maravilla visual
Si hay algo con lo que no tengo demasiados reparos es con la manera en que está rodada. La fotografía me ha encantado.
Los planos, las secuencias, la composición y la forma en la que Paul Thomas Anderson mueve la película me parecen una maravilla. Incluso cuando tengo problemas con el ritmo, visualmente siempre encuentro algo que me mantiene dentro.
Y creo que esa parte técnica es fundamental para que toda esa sensación de ansiedad funcione. No se trata solamente de que Bob esté nervioso. La película consigue contagiar ese nerviosismo mediante su puesta en escena y su ritmo. Cuando acelera, acelera de verdad. Y cuando decide retenerte antes de llegar a la resolución, también lo notas.
La resolución
Un final demasiado previsible
Después de todo lo anterior, quizá esperaba algo más del desenlace.
El final me ha parecido bastante esperable. No considero que estropee la película, ni mucho menos, pero después de toda la tensión, la rareza y las situaciones por las que hemos pasado esperaba una resolución algo menos previsible.
Incluso habría agradecido un final más contundente, posiblemente más sangriento, que estuviera a la altura de toda la violencia moral y física que la historia había ido acumulando.
Es uno de los elementos que impiden que mi valoración suba más.
Conclusión
Una sorpresa que recomiendo, aunque no a todo el mundo
Entré sin ver un tráiler y prácticamente sin saber qué película iba a encontrarme. Salgo habiendo visto algo bastante diferente de lo que esperaba. Y eso cada vez lo valoro más.
Leonardo DiCaprio está magnífico y consigue recuperar ese registro acelerado y descontrolado que tanto me divierte en él, aunque aquí esté puesto al servicio de un personaje completamente diferente. Sean Penn me parece todavía más impresionante y construye al personaje que, para mí, termina concentrando el verdadero conflicto moral de la película.
Y aunque Benicio Del Toro tenga un papel que me resulta algo más plano, su presencia siempre suma.
A todo ello se añade una puesta en escena que me ha encantado.
¿La recomiendo? Totalmente. Pero no creo que sea una película para todos los públicos. Su duración, su particular mezcla de tonos, sus cambios de ritmo y su forma de abordar la política y la moral pueden alejar a quien espere una película de acción más convencional o simplemente una historia más directa.
En mi caso, con sus defectos y sus 161 minutos —repartidos en dos sesiones—, ha sido una grata sorpresa.
La conversación continúa
¿Quién sostiene realmente Una batalla tras otra?
¿Es Sean Penn, y no Leonardo DiCaprio, quien realmente sostiene el corazón de Una batalla tras otra? ¿Y cómo habéis vivido vosotros ese tramo central en el que la película decide retrasar tanto la resolución?